Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

Malcom dio varios pasos adelante y buscó la mirada de Isobel.

―¿Estás bien?

―Arréglalo, te lo suplico, y no dejes que Regina se vaya con él ―le dijo la duquesa, cuando llegó junto a su esposo, en confidencia.

―Siento que las felices navidades terminen de este modo, Isobel.

Ella suspiró.

―No dependía de ti que la felicidad acabase extinguiéndose. Sabíamos que tarde o temprano él llegaría.

―De un modo u otro lo arreglaré.

―Lo sé.

York cabeceó complacido por la confianza que le otorgaba su esposa. Se dio la vuelta para ver si Ranfield tenía intención de seguirlo o no. Lo observó hablando con Regina.

―No te atrevas a amenazarla con ninguna de las artimañas que traigas en mente, porque lo que lograrás será que la nieve se tiña de sangre y no será la mía ―ladró, indolente, Malcom.

―¿Amenazar a la mujer que amo? ―preguntó ofendido―.

No he hecho las cosas bien, lo reconozco, y es hora de pagar por mis actos.

Vengo a postrarme a sus pies. A los de todos vosotros ―señaló mirándolos a todos los que allí había―.

No. No quiero amenazar a mi condesa, solo recordarle que nos amamos y que soy consciente de que he cometido un grave error con ella.

―Sígueme, Ranfield. Tenemos que hablar sobre asuntos que deben ser atendidos de inmediato ―le dijo en tono seco Malcom.

Ranfield asintió y comenzó a ir tras sus pasos.

Isobel y Evangeline llegaron hasta Regina.

―¿Qué te ha dicho? ―indagó la duquesa.

―Que me ama y que jamás lo olvide ―susurró entre llantos.

―¿Le crees? ―preguntó su hermana.

―Sí. Sé que me ama, pero no confía en mí. Ha tensado tanto la cuerda que él solo la ha cortado ―señaló compungida.

―¿Qué hay de verdad sobre lo que ha dicho de Avery? ―Fue Eve la que siguió con las preguntas.

La condesa tragó saliva. No podía seguir callando más sobre ese tema en cuestión.

―Es cierto, pero el asunto es mucho más complejo de lo que él ha indicado.

―¡Cielo santo! ―gritó Isobel llena de sorpresa.

―¿Por qué no me lo dijiste, hermana? ―siguió con el interrogatorio Evangeline.

La duquesa sostenía a Niall porque Eve se lo había entregado. Kyle seguía con Regina.

―Ranfield sufrió muchísimo a manos de su padre.

Tú no lo recuerdas porque cuando él nos visitaba en Snow Cottage ―la casa de campo que en esos momentos era propiedad de Theodore―, tú solo tenías ojos para Sullivan.

El destino reunió a esos dos hermanos bajo el techo de nuestro padre.

El anterior conde de Ranfield era un ser malvado que infringió todo el daño que pudo sobre su propio hijo solo por placer.

Le desveló a mi esposo la existencia de Avery.

Hablaba maravillas de él mientras que su heredero solo recibía malas palabras y acciones, incluso palizas…

―Eso es horrible ―dijo Isobel conmocionada, con una mano sobre su boca y los ojos abiertos y tristes.

―Logró que su hijo odiase a Sullivan con todas sus fuerzas.

―¿Por qué? ―cuestionó Eve. No entendía nada.

―Porque el padre de ellos así lo disfrutaba. Estaba loco. ¿No te acuerdas de Ranfield en absoluto? ¿De verle siempre con morados, o cojo y solitario?

―Y tú deseabas salvarlo ―señaló la señora Sullivan. Regina siempre había tenido predilección por quienes estaban heridos o rotos.

―Creí que podría. Me enfadé muchísimo cuando descubrí que él era el responsable de que mi padre os separase.

―¿Qué? ―Eve no esperaba esa revelación.

―Cansado y harto de los ataques constantes del anterior conde, Lawrence no veía otra opción más que destruir a su hermano, tal y como su progenitor deseaba que ocurriese. Así que le habló a nuestro padre de la relación que teníais Avery y tú. Y le desveló que era un hijo ilegítimo.

―¿Ranfield y su difunto padre tuvieron la culpa de nuestra separación? ―Evangeline deseaba gritar, llorar y asesinar al esposo de Regina.

―Lo siento.

―¿Lo sientes, hermana? ¡Sabías algo así y no me lo dijiste! ―explotó.

―¿Qué traería confesar lo que descubrí cuando me prometí a él? Solo dolor para ti y para tu esposo. No quería que…

―¡Regina! No… No digas más. No… no… ―Evangeline cogió a Niall y se dispuso a ir en busca de su esposo.

―¡Eve! ―la llamó.

La duquesa la detuvo en cuanto trató de marcharse tras su estela.

―Ahora no. Está muy enfadada y dirá cosas que no siente movida por la rabia. Deja que se calme ―le recomendó.

Isobel abrió los brazos y Regina se cobijó en ellos, con Kyle todavía ahí. Los tres se sostuvieron.

―Todo me sale mal, madre. Haga lo que haga, los que están a mi lado sufren.

No puedo arreglar ningún desastre. Mi esposo es un hombre atormentado al que no puedo reparar, mi hermana me odia por ocultarle la verdad, Sullivan tomará medidas con respecto a Ranfield en cuanto sepa la verdad, Liam tiene el corazón roto porque no lo elegí…

¿Qué hay de malo conmigo? ¿Por qué no puedo hacer el bien?

―preguntó con las lágrimas surcando sus mejillas.

Isobel no supo qué contestar a todas esas cuestiones impregnadas de agonía. La sostuvo con mayor firmeza en sus brazos e hizo lo único que una madre podría hacer:

―Te prometo que todo se arreglará. Confía en mí, Regina. Todo va a salir bien. Lo ves todo oscuro ahora mismo, pero a su debido tiempo la tormenta pasará.

Regina la creyó. No importaba si eran palabras vacías o si en verdad sucedería. La condesa se aferró a la promesa de la esperanza como si fuese un clavo ardiendo.