Capítulo 7 #4
Él suspiró. No podía dejarla desatendida.
―¿Tienes una habitación en la posada?
―¿Cree en el destino?
―Sí.
―Vaya… había esperado que fuese todo lo contrario, casi estaba ideando una lista para enumerarle y hacerle ver que…
―Dime en qué problema estás.
―¡No estoy en ningún apuro! ―soltó indignada.
―Habla, pequeña arpía. Te has acercado a mí para que te lleve a mi casa y sospecho que hay mucho más. Tu carácter indómito te delata.
―Traté de robar un caballo.
―¿Entiendes que es un crimen que se paga con la horca?
―Se me acabó el dinero y no sabía cómo seguir mi camino.
―Dime qué más tengo que reparar de tu estropicio.
―Mi cena.
―¿Qué pasa con ella?
―No puedo pagarla.
―Sigue ―le ordenó que le contase todas las cosas que había trasgredido.
―No tengo habitación esta noche.
―Sigue ―la volvió a invitar.
―Eso es todo.
―Larga lista para una mocosa.
―¡Oiga! ―levantó la voz con enfado. Era una mujer y no le gustaba esa palabra tan despectiva.
―Si yo soy un viejo, tú eres una mocosa ―le dijo con acritud.
―No me lo perdonará jamás, ¿verdad? ―Ella sospechaba que le había dado una gran patada en su orgullo masculino al decir que lo consideraba viejo y poco apuesto.
―Tal vez en mi lecho de muerte.
―Hay una cosa más que debería explicarle…
―¡Cómo no! ―exclamó con dramatismo, al tiempo que volvía a suspirar.
―Es sobre el caballo.
―¿El que no conseguiste robar?
―No lo hice, pero el mozo de cuadras me pescó y creo que pretende cobrar su silencio de un modo… indecoroso.
York entendió lo que ella trataba de decir. Maldijo sin contención.
―Señorita Pharma, no es un placer haberla conocido.
―No me importa… siempre y cuando me ayude.
―¿Por qué debería hacerlo? ―A Malcom no le pasó desapercibido que la joven se mostraba más comedida y dulce después de revelar sus serios apuros. Era todo sonrisas en esos instantes.
―Porque es un duque…
―¿Qué tiene que ver eso con nada?
―Porque es un duque apuesto, inteligente, magnánimo y… muy bueno… y no tan viejo.
Él suspiró. Era lista.
―Eres demasiado audaz para tu propio bien. Nadie cuestionaría a tu padre si te enviase a un convento en Irlanda. Dedicar tu vida al culto religioso en un ambiente rígido e inflexible calmaría tu temperamento.
―Me acabaría escapando tarde o temprano. O tal vez me volviesen a invitar a marcharme. Sería una pérdida de tiempo inmensa. Además, mi hermano jamás dejaría que padre hiciera algo como eso.
―Tienes a tu hermano comiendo de la palma de tu mano, ¿no es cierto, pequeña arpía?
Ella volvió a encogerse de hombros.
―Es mi hermano. Me adora. No tiene otro trabajo que hacer, más que el de preocuparse por mí. ―York supo que ella no estaba bromeando, que estaba convencida de lo que acababa de señalar. ¡Pobres señores Pharma! Porque el padre tenía un problema con esa hija y el hermano todavía más.
―No quisiera emparentar contigo.
Ella le sonrió. Le mostró cada uno de sus bonitos y perlados dientes y a York se le encogió el corazón, solo que no sabía el motivo por el que comenzó a sentir estupor.
―Pretendo convertirme en la condesa de Snow en un plazo corto de tiempo. Pero no diga nada, es un secreto. ―Le guiñó un ojo.
York comenzó a toser. Se acababa de atragantar con su propia saliva. Luego, cuando se recuperó del shock , comenzó a reírse sin poder contenerse. Y las carcajadas salieron más indolentes a medida que la veía ponerse roja de furia.
―Lo he dicho completamente en serio.
―Y no seré yo quien se ría de una mujer segura de sí misma.
―Lo está haciendo, excelencia, y resulta ridículo. ―Una vez más a él le pareció estar escuchando a Isobel.
―Arreglemos tus problemas más urgentes. Nos ocuparemos de tus pretensiones… matrimoniales más adelante.
York tomó nota mental de poner a una doncella muy estricta y cualificada al servicio de la señorita Liberty Pharma en cuanto llegasen a York Park.
Ella se veía muy diferente al resto de muchachas y no le gustaría que Theodore se viese en un aprieto por las locas ocurrencias de una joven dama decidida.
***
Con los pocos restos de la dignidad que todavía le quedaban y tragándose el dolor de su maltrecho corazón, Liam consiguió dar con su hermano. No fue una tarea fácil, dado que el duque no estaba donde creyó que lo encontraría, por lo que acabó en los establos de la posada.
―Supuse que estarías aquí. Entre los caballos. Aunque no es un lugar agradable donde un duque de tu posición deba pasar la noche.
Lo observó tendido sobre el pesebre. A un gran duque como él en los establos… sobre el heno de los animales… Curioso. Su negro humor se aligeró tibiamente. No haría que su hermano cargase con la pena y la ira que sentía. Nadie sabría el golpe tan duro que acababa de recibir una vez más.
―Lo sé.
―¿Por qué hay una joven en nuestra habitación?
Cuando Liam entró en el cuarto que se suponía que iban a compartir los dos y descubrió a esa ocupante… No fue un encuentro agradable.
―¿La puerta estaba abierta? ―preguntó mientras fruncía el ceño. Liam se colocó a su lado y se sentó.
―Así es.
―Le dije que la cerrase con llave.
―Oh, sí, lo hizo en cuanto me amenazó con el atizador de la chimenea y me dio con la puerta en las narices. Estará a salvo toda la noche.
―Es fiera ―reconoció York.
―¿Por qué le diste nuestra habitación?
―Porque había esperado poder acomodarla con Regina, pero tú no salías de allí dentro y no supe qué pensar. ―No tenía caso andarse con medias tintas.
―No ha pasado nada. El niño estaba presente. No soy tan depravado. ―No le contaría ni a un alma viviente la decepción sufrida.
―Cosas más extrañas han sucedido mientras un inocente niño dormía en una confortable cama.
―La silla no era lo suficientemente cómoda ―dijo con humor, tragándose la congoja que sentía―. Además la dama no estaba dispuesta a darme el capricho y no dirán que el disoluto Liam Banstorn forzó a una mujer.
―Supongo que es mejor así. ―York conocía muy bien a su hermano. Por más que se escudase en palabras vacías e insinuaciones vanas, era consciente de que Liam sufría. Más que nunca. No se lo haría saber.
―No lo creo en absoluto. ―Regina era la madre de las bestias testarudas―. Dime quién es la joven fiera. ―Mejor centrarse en otras cosas menos… más… menos dolorosas.
―Es la hermana de un amigo de Theodore. ¿Conoces a Bruce Pharma?
―Sí. Prometedor. Él y Theodore nos dejarán a la altura de las suelas de un par de escarpines en poco tiempo. Son peor de lo que éramos nosotros a su edad.
―El joven Pharma debe de estar en York Park y la muchacha lo busca… Por cierto, ¿has convertido a Snow en tu pupilo?
―No me apasiona la idea de serlo, pero prefiero vigilarlo de cerca. Disolutos, pero no dejamos bastardos a nuestro paso. Alguien debía enseñarle algunas cosas al cachorro.
―No lo hacemos, no. No engendramos fuera del matrimonio. A Isobel no le gustará tu influencia ―refunfuñó la última parte.
―No tiene por qué enterarse. ¿Debo suponer que nos llevamos a la muchacha con nosotros mañana por la mañana? ―Sospechaba que la joven estaba en problemas y su hermano siempre había tenido complejo de héroe. Desde que se casó con Isobel ese ideal se hizo virulento.
―Eso me temo. Según las informaciones de la pequeña arpía…
―¿Es una arpía?
―Formidable, debo añadir.
―Oh, ¿cuándo nos han dejado de gustar a los hombres las damas dóciles y sensatas? ―divagó.
―Sí… eso mismo me preguntaba yo mientras esquivaba su afilada lengua.
―Parece una joven interesante.
―Creo que Snow está en problemas por su causa ―retornó a la conversación que deseaba tener con Liam.
―¿Por qué?
―Ah, una nimiedad insignificante ―señaló perezosamente mientras bostezaba.
―Dudo que lo sea, me he enfrentado a alguien que casi me salta un ojo cuando me he metido en la que consideraba mi habitación. ―Evitó decir que no había sido muy complicado salir huyendo, dado que otra mujer le había clavado un puñal en el corazón sin mostrar piedad.
―Ha proclamado que será la próxima condesa de Snow.
―Todas desean a un hombre apuesto y con título. Gestionas bien el patrimonio del joven conde, así que la sociedad sabe que es rico como Creso. No es nada fuera de lo común.
―No me lo ha parecido. Se veía… No sé cómo explicarlo. Sí. Ya lo sé. Me ha parecido que estaba frente a una bonita bruja que lanzaba un sortilegio que acabará cumpliéndose.
―¿Pero Theodore sabe que ella existe? No parece su tipo… Le gustan rubias, y con suculentos pechos, con boca grande… si entiendes lo que quiero decir. ―Era bonita, lo poco que pudo ver bien de la joven parecía más que aceptable, pero lord Snow estaba a otras cosas más… exuberantes.
―¿Crees que ella pasaría desapercibida para cualquiera después de haberla tratado unos pocos segundos, hermano? ―dijo con tirantez.
―No ―apuntó, sin lugar a dudas.
―Bien. Lleguemos a casa y luego veremos cómo lidiar con todo esto.
―¿Por qué lo dices como si fuese un problema muy grande? ―York se sentía inquieto con la situación y Liam no sabía si era por su causa o por la muchacha―. A todo esto… ¿Cómo logró la joven que la ayudases?
―Me abordó en el comedor y, créeme, es muy convincente cuando está decidida a obtener lo que desea.
―Sabía de lo que hablaba, porque había tenido que pagar todos los gastos que ella había dejado pendientes y convencer al mozo para que no la acusase de robo fue…
Le dio unas buenas monedas. En otros tiempos hubiese deseado romperle los dientes por tratar de imponerse a una mujer para no descubrir su delito, pero no quería despertar más interés del que ya tenían entre el resto de los residentes de la posada.
A la pequeña arpía no le convendría, a su hermano Liam tampoco dado que se había metido en la habitación de una mujer casada.
―¿Qué es lo que te preocupa, York? ―preguntó con atención Liam.
―Es un problema muy grande, como bien has observado unos minutos antes, porque no solo vendrá Ranfield a buscar lo que cree que le pertenece.
La joven se ha escapado… la han echado ―se rectificó― de un internado, colegio o como se llame el lugar donde su padre la dejó, y tendré que enviarle una nota y enfrentarme a él, convencerlo de que la reputación de la dama estuvo salvaguardada…
Todo eso. O tal vez deje al hermano de la arpía ocuparse de la situación. No sé cómo procederé.
―No quisiera estar en tu lugar.
―¿Ni cuando Ranfield aparezca?
―No, creo que tú, un duque aterrador, rico, apuesto…
―Inteligente. ¿Por qué todo el mundo olvida que soy brillante en cuanto a inteligencia se refiere? ―inquirió enfadado.
―De acuerdo, un duque aterrador e inteligente sabrá cómo lidiar con el esposo de la condesa sin llegar a matarlo.
―Me lo pones complicado.
―No lo disfrutarías si fuese una cuestión menor.
―Te concederé eso. Ahora durmamos.
―No será lo mismo compartir este lugar apestoso contigo que lo que tenía planeado… si la silla hubiese sido más robusta… ― El hermano de York no quería que supiera que ella le había vuelto a dar calabazas.
Su razonamiento le valió un gruñido por parte de Malcom.
Curioso, dos gruñidos temperamentales en menos de un día… La cosa se preveía… Malcom no tenía ni la menor idea, pero no le gustaban las perspectivas que había en el horizonte.
La Navidad no sería tranquila ni pacífica. Él estaba seguro de eso.