Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Así el duque y el señor Sullivan salieron de la estancia para pasar al despacho de York.

―¿Fumas? ―le preguntó Malcom, nada más tomar asiento tras su escritorio. Avery hizo lo propio.

―No. Ahora ya no. No lo disfruto como antes. He perdido el gusto, aunque sospecho que Eve tiene mucho que ver. Ella odia besarme cuando…

York lo miró con severidad y él dejó la frase en suspenso. Avery no entendió el malhumor de York, pues no era su hija de sangre y era lógico que hacían mucho más que besarse, Niall era la prueba evidente…

―Yo tampoco. Entonces estaré acertado al suponer que ha sido un subterfugio para ponerme al corriente sobre Regina.

―Así es.

―¿Voy a necesitar otra copa? ―preguntó York.

―Un par, pero no te las sirvas.

―¿Por qué?

―Porque tal vez debamos ir a por ella en cuanto terminemos de hablar.

―¿Qué? ―No entendía nada.

―Según me ha comentado Eve, le escribió una carta y no… no vendrá.

―¿Por qué?

―Porque Ranfield está de viaje, en Francia, creo, y no quiere contrariarlo.

―Maldita sea. ¿Por qué contrariaría a su esposo visitando a su madre y disfrutando de la compañía de su hermana y su sobrino? Las Navidades son para pasarlas en familia.

―Liam es parte de la familia. ―No era una pregunta.

―Por supuesto ―respondió de todos modos.

―¿No lo ves, York? ―le preguntó Sullivan.

Malcom se tragó una grosera maldición, digna de un estibador de los muelles, y no tuvo tiempo de alegar nada más. Un toque enérgico en la puerta interrumpió la conversación.

Mason Wilson accedió al despacho cuando Malcom le dio permiso para entrar.

―Lamento la interrupción. Acaba de llegar una carta de lord Liam, excelencia.

Mason le tendió la misiva. York no la abrió, en vez de eso le dijo a su tío:

―Prepare mi carruaje, Wilson, partiré de inmediato ―sentenció con enfado el duque.

―¿Disculpe? ―Mason no esperaba un pedido como ese. Se extrañó.

―Regina no tiene intención de venir. Sospecho que esta carta ―levantó el papel en alto― de mi hermano es la respuesta negativa a mi ultimátum para que viniese lo antes posible.

Lo bueno que tenemos en esta familia es que no vivimos demasiado lejos los unos de los otros.

Y eso me enfada, porque reunirnos bajo el mismo techo es una tarea hercúlea.

Esta Navidad lo haremos aunque tenga que usar mi pistola para obligarlos.

―Haré los preparativos, excelencia. ―Wilson sabía lo importante que era para la duquesa la reunión.

―¿Debo ir contigo? ―se ofreció Avery.

―No, prefiero que te quedes con las mujeres. Es temprano, con un poco de suerte estaré aquí antes de que caiga la noche. ―No lo tenía muy claro, pero…

―Así será.

―¡Señor Wilson! ―lo llamó, antes de que saliese por la puerta.

―¿Si, excelencia?

―Ponga entre las pertenencias mis pistolas de duelo, tal vez las necesite.

―Su hermano no se negará a venir en cuanto vea que ha ido expresamente a buscarlo. ―Mason sabía que el único que tenía poder sobre lord Liam era el duque. Solo le hacía caso a él.

―Lo sé. Liam vendrá de inmediato, pero Regina… Ella es otro cantar.

Avery Sullivan explotó en carcajadas mientras el señor Wilson se marchaba para prepararlo todo. El duque observó, con el monóculo en alto, a Sullivan en una muda pregunta.

―¡Dios santo, York! ¿No dirás en serio que serías capaz de apuntar a Regina para hacerla venir?

―Aquí todo el mundo ha olvidado que soy un maldito duque y que tengo amistad con el canalla príncipe regente.

Mi palabra debería bastar para cumplir mi bendita voluntad.

Y un cuerno que no usaré las pistolas si Regina me da problemas.

Quiero llegar a casa lo antes posible y no tengo paciencia para dialogar con ella.

―¿Con el Regente? ¿Acaso no sabes que ya es rey? ―preguntó, obviando la retahíla del duque. La buena sociedad se mantenía alejada, en la medida de lo posible, de ese hombre y York estaba reformado.

―Olvida lo que he dicho. Es un secreto entre George y yo. ¿Ya es rey? ―cuestionó incrédulo. Debería prestar más atención a los asuntos del reino. No, mejor no, eso sería aburrido y tedioso.

―¿Lo llamas por su nombre de pila? ―Avery estaba atónito.

―Ocupo un lugar en la sucesión a la Corona.

Soy un duque ―le recordó con fastidio―. Estoy lejos de sostener las riendas del reino, pero tengo amistad con el regente, con el rey ―se rectificó― y no dudaría en usarla en mi propio beneficio.

Así que recuerda esto que voy a decirte y que negaré fuera de estas paredes…

si alguna vez haces algo que haga enfadar a tu esposa, a mi duquesa o a mí, pediré un asesinato libre de culpa y Prinny, me gusta más llamarlo George porque queda más serio ―le aclaró―, me lo concederá sin preguntas si soy yo y le pago bien.

Avery era consciente de que el duque hablaba en serio.

―¿Qué favor le hiciste para lograr ese trato?

―No quieres saberlo.

―Por descontado que sí quiero.

―No, porque entonces tendría que matarte.

―Preocúpate más por Ranfield que por mí ―le dijo sin darse cuenta, en medio de un bufido.

York se acercó al borde de la mesa, hasta que su pecho tocó contra la madera. Se veía amenazante.

―¿De qué no he sido debidamente informado, Sullivan?

―No soy un chismoso. Ya te he dicho demasiado.

Si quieres saber más sobre la cuestión, tal vez sí debas llevarte tus pistolas e interrogar a Regina.

―No esperó respuesta, Avery se levantó y caminó hacia la puerta.

Tras dar dos pasos, se giró y lo miró desde su posición para decirle―: Les diré a las dos damas que la carta que ha llegado es de lady Ranfield y que te pide que la custodies hasta aquí.

Tu esposa actúa muy bien, posiblemente mejor que una actriz consumada, pero puedo ver una tristeza enorme en sus ojos.

Evangeline también se dará cuenta porque la conoce mejor que yo.

―No es…

El señor Sullivan levantó la mano para acallar al duque. York se quedó asombrado con la osadía. Se contuvo de ponerse a vociferar.

―Ya te he dicho que no soy un entrometido. Me meteré en la vida de los demás cuando reclamen mi ayuda. Si mi familia me llama iré. No estorbaré si no me lo piden. Y… sé que eres un duque y todo eso, lleno de poder… bla, bla… rico, apuesto…

―Inteligente ―señaló York, aguardando lo que Sullivan pretendía decir.

―Lo que sea, incluso salido del mismo culo de Zeus…

―El vocabulario de Sullivan era a veces abrupto porque había residido en el East End―.

Sin embargo, no tienes que amenazarme con la muerte en caso de que me porte mal con mi esposa.

La amo con la misma intensidad que tú a la tuya, así que… te agradecería un poco de respeto.

El duque no pudo castigarle por ello. Afirmó con la cabeza complacido con la explicación de Avery. Que lo comparasen con un dios del Olimpo era gratificante, independientemente de que hubiese señalado que salió por esa parte de Zeus…

―¿Regina necesita llamar a alguien? ―inquirió, volviendo al asunto sobre prestar ayuda y demás.

―Es demasiado orgullosa para hacerlo. La conozco mucho. De pequeña fue igual. ―Avery conocía a las hermanas desde hacía muchos años, dado que había sido el administrador del anterior conde de Snow―. Ojalá mis suposiciones sean erróneas.

―¿La maltrata? ―se aventuró a preguntar.

―Orgullosa, pero no estúpida ―precisó―. ¿Crees que esa hermana dejaría a alguien ponerle la mano encima?

―No, si ese alguien no quiere acabar con un tiro en sus partes íntimas.

―Lo mismo pienso yo. ¿Snow vendrá? ―le preguntó en alusión a la asistencia de Theodore, el hermano de Eve y Regina.

―Dijo que llegaría esta noche y sé que vendrá.

―De acuerdo.

Avery se marchó del despacho y York se quedó pensativo. ¿Qué demonios estaba pasando con su familia y por qué nadie le contaba las cosas?

Se levantó de mala gana y se encaminó hacia los establos, donde ya estaría preparado el carruaje. No tenía tiempo de cambiarse la ropa si quería recoger a Liam, a Regina y al niño de esta última, y traerlos a casa lo antes posible.