Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 16 #4
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Capítulo 16 #4

―¿Y si su hijo hubiese bebido té hoy con nosotros, señora? ―interrumpió Flavian la conversación al darse cuenta de lo que Basil acababa de deducir.

―Yo no bebo jamás té. Lo aborrezco ―habló Jacob, quien al comprender lo que había hecho su madre se acercó hasta ella.

Se colocó tras su espalda y le apretó los hombros―.

Odiaba a mi padre porque era un monstruo que te hacía infeliz con sus rameras, amaba a mi hermana, porque cuando llegó a mi vida era un bebé indefenso y solo me dio amor.

Adoraba a Darkworth al igual que a Aquiles y a Atenea.

La esposa de mi primo era una buena mujer que admiraba a su marido.

Robin era un bebé inocente… Madre, te he amado, protegido e idolatrado toda mi vida, y en estos momentos solo siento ganas de apretar tu cuello.

―Juraste que traerías de vuelta a Aquiles y lo hiciste.

No te conformaste con cumplir el juramento que le otorgaste a una mujer que no te merecía, sino que la resucitaste, a ella y a Robin.

Por eso eres excepcional, por eso eres diferente a tu padre, a mí o a Melania.

Aunque en mi defensa diré que mi dama de compañía provocó el segundo incendio sin mi consentimiento, dado que no me atrevía a poner en riesgo una vez más la vida de la mujer con la que soñabas día y noche.

Melania sabía que era nuestra última oportunidad para conseguir lo que tanto deseaba para ti.

Mi muchacha fiel se ha desvivido por complacerme en mis ambiciones.

Siento que pague el precio. ―La mirada de Alice se posó sobre Aura―.

Lloré de verdad cuando te creí muerta, por ti y por mi hijo, por trastocar un amor tan grande.

Nunca sabrás el error que has cometido al airar al único hombre que habría dado la vida por ti sin pestañear.

¿Puedes decir lo mismo de tu vizconde, mi querida niña?

Aura se levantó del asiento. La miró con severidad y repugnancia.

―No soy tu niña, no eres nada mío. Solo una gran y pesada carga ―la corrigió―.

Mi esposo y sus hijos me protegerán hasta el último aliento del mismo modo que sé que lo haría tu hijo.

Lo que no preví fue que tú serías la amenaza contra la que todos debíamos luchar.

¿De qué te sirven tus manipulaciones? Has traído vergüenza a lo que más amas.

Jacob no te lo perdonará jamás. Yo te repudiaré con todo mi ser.

Melania tratará de salvar su cuello haciéndote responsable a ti de todo.

Mi hermano escupirá sobre tu tumba. Mi sobrino crecerá sano, fuerte, y se convertirá en el futuro duque de Darkworth.

¿Qué te queda a ti? ¿Esperas que tengamos compasión por beberte tu propio veneno?

Todos los allí presentes eran conscientes de que el líquido que Alice había bebido estaba cargado con la última dosis letal pensada para haberlos matado a todos.

―Ah, he confesado mis crímenes, partiré en paz. Certifico que mi hijo es inocente de todas mis acciones, y solo lamento marcharme de este mundo y no llevaros a todos conmigo, por arrebatarle a mi Jacob lo que merecía. Mi hijo debería ser duque.

La mujer cayó al suelo llegados a ese punto. El señor Donaldson fue incapaz de sostenerla. Alice Marie Anne Donaldson se quedó en el suelo extendida. Todos se acercaron a fin de comprobar que estuviese muerta.

Aura miró a su primo.

―Lo siento, Jacob.

―Aura, por Dios… no digas nada. Soy yo el que debe pedir disculpas ―dijo él con los ojos aguados. Se giró hacia Aquiles―. ¿Cómo podrás mirarme a la cara después de esto? ―le preguntó.

―Los pecados del padre no son los del hijo ―terció Basil con suavidad―. Supongo que se puede aplicar aquí, aunque sea una madre y no un padre.

―Muchacho ―le habló Jacob a Basil―, viste a Melania cometer una barbaridad y pese a ello seguiste dudando de mi madre… Eres perspicaz. Tenías razón, te lo reconozco, ¿pero por qué sospechaste de ella? No lo entiendo.

―Porque su madre, desde que llegamos, no le dirigió ni una sola palabra a Robin ―señaló Flavian en lugar de su hermano.

Todos lo miraron con aspecto interrogante―.

¿Qué? ¿Una tía dulce que no se preocupa por un niño pequeño que regresa de la tumba?

Hasta yo me di cuenta de que había algo extraño.

Solo que con Aquiles sí se comportaba con suma devoción.

―Es cierto ―certificó Basil―. Mi hermano se dio cuenta de que su madre ―le dijo a Jacob―, evitaba todo el tiempo la mirada de Robin. Creo que nadie la ha visto hablar con nuestro hermano pequeño ―expuso, al tiempo que le revolvía el cabello al niño que estaba a su lado.

Jacob se agachó y recogió el cuerpo inerte de su madre.

―La dejaré en su habitación hasta que… ―Su voz se quebró. No se quedó para hacer ningún comentario más. Salió del lugar y el resto permaneció en el comedor.

―¡Dios bendito! Alice… La dulce, buena, tierna y amorosa, tía Alice ―musitó Aquiles.

―No hubiera sospechado nunca de ella ―confesó Aura.

―Pero creíste en mí cuando comencé a lanzar mi acusación ―dijo Basil con orgullo.

―Presumo de haber llegado a conocerte, a comprender la clase de joven que eres. Tú no actúas con maldad si no es por una buena causa. Tenía que escucharte. Me has salvado la vida dos veces ―manifestó, al tiempo que se acercaba a él para achucharlo y besarlo, mientras lloraba.

―No puedo estar más orgulloso de la mujer que he convertido en mi esposa y madre de mis hijos ―sentenció lord Portman―. Salvaste a tu sobrino porque sí existía una amenaza muy real. Y Basil no descansó hasta desvelar el misterio.

―¡Eeeeeh! ―saltó Flavian―. Yo he ayudado a mi hermano y Robin también.

―Por supuesto ―dijo Aura, mientras se dirigía en busca de los otros muchachos para achucharlos y besarlos a modo de agradecimiento.

El misterio había sido resuelto y ninguna verdad nunca resultó tan dolorosa como la descubierta. Pero los Darkworth y los Foster eran fuertes. Lograrían sobreponerse y nadie dudaba de que Jacob Donaldson también lo conseguiría.

Un galeno fue traído de inmediato a la finca para que los examinase a todos.

La que más desmejora presentaba era Aura, aunque se decidió que la salud de los implicados no corría riesgo.

La vizcondesa solo precisaba de una alimentación sana, descanso y tranquilidad para recuperarse.

Supusieron que las dosis que las villanas empleaban en su té mortal estaban pensadas para que sus víctimas muriesen poco a poco.

Salvo la que ella misma se sirvió cuando fue pescada en fragante delito.

Enterraron a la madre de Jacob en el cementerio del pueblo.

Se hizo un voto de silencio sobre las cuestiones familiares.

Tras darle sepultura, y después de que Melania fuese puesta a disposición de las autoridades competentes, Jacob partió hacia Escocia con el fin de olvidar toda la pesadilla vivida.

Terminó su relación en buenos términos con Aura y con Aquiles, y todos supieron que no lo volverían a ver jamás.

La vizcondesa Portman le pidió a su esposo permanecer unos días más en casa de su hermano. La sensación de libertad, de seguridad eran tan fascinantes…

―Casi lamento haber amenazado a tu primo ―observó Portman. El vizconde estaba dando un paseo por el jardín con su esposa. Aquiles y los tres chicos estaban haciendo una carrera muy por delante de la pareja.

―¿Cuándo ocurrió eso?

―Justo después de verlo tocarte en la fuente ―desveló con una bonita sonrisa.

―¡No me lo puedo creer!

―Sí, corazón mío, tu esposo sintió la férrea convicción de que debía reafirmarse contra su rival. En caso de haber tenido unos poderosos cuernos como los alces, nos hubiésemos liado a cornadas.

―Te aseguré que no había nada de lo que temer.

―No he sido tu salvador, mi hijo lo fue. Tampoco descubrí quién era el responsable de tu huida y la muerte de tu familia… Basil es tan excepcional que no me ha dado opciones para lucirme. Deja que presuma un poco sobre el hecho de haber defendido mi derecho sobre ti frente a tu primo.

―Jacob es impredecible, Thomas.

―Yo también lo soy ―dijo un poco molesto ante su falta de confianza en sus dotes de pelea. Ella lo percibió.

―Eres mi escudero, querido. Te elegí porque te amo.

―Sí, sí, pero cuando escuché hablar a tu malvada tía sobre el amor que os profesabais tú y Jacob… ¿De verdad lo amaste? ¿En pasado?

Ella se detuvo y lo hizo frenar a él también. Se colocó delante de su esposo y le sonrió. Acto seguido enlazó sus manos tras su nuca y lo besó con devoción. Se separó de él cuando lo escuchó gemir y supo que estaba cerca de sucumbir a los placeres de la carne.

―A ti te amo muchísimo más, por eso me casé contigo.

―¡Vamos, tortolitos, que hay niños delante, conteneos un poco! ―gritó Darkworth al verlos tan íntimos. Los chicos se rieron.

El vizconde le dio un ligero beso en los labios y procedió a seguir andando con su esposa del brazo.

―Esta noche continuaremos donde lo hemos dejado, corazón mío ―informó a su vizcondesa.

Aura se imaginó de pronto haciendo placenteras travesuras, por lo que esperaba que el resto del día avanzase a toda prisa.

La vida era dulce. El futuro se adivinaba plácido. Glorioso de hecho. La oscuridad quedaba atrás. El sol y la luna se habían alineado para traer luz a la vida de Aquiles, Robin, Basil y Flavian.

Definitivamente, Aura y Thomas debían considerarse afortunados después de haber perdido tanto en el camino, y encontrar mucho más al final del largo recorrido.