Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 13 #4
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Capítulo 13 #4

―No deberías decir esas palabras, Jacob. ―Ella le colocó la mano sobre la muñeca masculina para que dejase de tocarla. Su primo lejano situó su otra mano sobre la de ella para evitar que lo apartase.

―¿Y negar la verdad cuando todavía eres libre?

―No pienso cambiar de opinión.

―¿Sobre mí o sobre tu boda, Atenea?

―Eras al que más beneficiaba la muerte de mi familia. Te convertirías en el último Darkworth vivo, serías duque. Las evidencias te señalan. Si haces el mismo trabajo que mi hermano, debes darte cuenta de lo que todo parece.

Él comenzó a negar con la cabeza, al tiempo que la soltaba.

―Nunca me has querido si piensas así. No sabes lo que fueron los días siguientes a tu muerte.

Dejé mi corazón en aquel ataúd junto a ti, Atenea.

No sé si hay alguien que desea hacer daño a esta familia o si se trata de desgracias fortuitas, pero te juro por el amor que siento por ti y que jamás se extinguirá, que solo soy culpable de amarte y de salvar a tu hermano en Francia.

Te enterré una vez, no me quedaré para ver cómo te casas con otro hombre.

Mi madre y yo nos marcharemos lo antes posible ―le informó.

Se levantó dispuesto a irse de allí. Aura sintió las lágrimas caer por las mejillas.

―¡Jacob! ―lo llamó. Él frenó su caminar, pero no se dio la vuelta para mirarla―. Mi padre dijo tu nombre antes de morir ―desveló. Entonces él se dio la vuelta para observarla una última vez.

―No sé lo que dijo, cómo lo dijo o lo que pensó mientras se apagaba su vida, Atenea.

Sí sé quién soy, a quién amo y lo que haría por ti.

Te quiero tanto que me echaré a un lado para que seas feliz.

Te tengo tal estima que permitiré que me desprecies e insultes mi honor sin tomar represalias, sin enfadarme contigo.

Eso es amor, Aura Atenea. Amar significa creer, confiar y sacrificarse por la persona adecuada.

Tú no me has amado nunca, no confiaste en mí, huiste sin enfrentarme, sin darme una oportunidad.

Yo te habría protegido con mi propia vida, porque no soy la amenaza.

Te deseo lo mejor, Aura ―se despidió de una vez por todas.

Ella lo vio marchar. Tan imponente como años atrás. Un hombre de espalda ancha, con rasgos duros. Su mirada siempre cambiaba cuando la miraba a ella. Sus ojos negros se tornaban más cálidos, más brillantes. La había observado del mismo modo desde que salió del despacho de su hermano.

No podía negarlo. Si era el hombre despreciable que ella creía, resultaba muy convincente simulando todo lo contrario.

Se quedó en la fuente unos minutos más. Llevó la mano derecha al interior, para tocar el agua fresca que allí había.

Cuando su padre decidió que habría un compromiso entre ambos, se prometieron muchas cosas.

Hubo besos que casi se les fueron de las manos.

Era cierto. Ella había sido una joven ingenua, llena de pamplinas románticas sobre sus nupcias.

Jacob Donaldson acababa de abrir una grieta en su determinación, aunque sabía que había hecho bien postergando el compromiso año tras año.

Cerró los ojos. Tenía ante ella a su padre sosteniendo una viga en llamas para que ella huyese con Robin.

Le extendió su reloj de oro, una ofrenda para que pudiese contar con unos recursos durante un tiempo.

Luego le pidió que corriese. Ella le dijo que no.

Él gritó más fuerte para que huyese de Darkworth Park.

Y mientras se marchaba, escuchó a su padre decir el nombre de Jacob con claridad.

Le costó semanas componer el rompecabezas, pero todo tenía sentido para ella.

Nunca había dudado de que Jacob la amase, aunque sí de la calidad de su amor, dado que estaba segura de que solo pretendía casarse con ella y convertirse en duque…

Eliminar a sus rivales fue lo más lógico.

Aura no supo cuánto tiempo se quedó allí, rememorando el pasado una y otra vez.

Tratando de ver los fallos en su razonamiento.

¿Y si todos esos años había estado equivocada?

¿Sería alguien del servicio? ¿Quién? ¿Por qué motivo?

Aquiles confiaba en su primo con la misma testarudez que ella lo acusaba.

Le había suplicado a su hermano que no le quitase el ojo de encima a Robin y él lo había jurado. Un hombre que tuviese un ápice de duda no llevaría a su heredero de regreso al infierno. Si no era Jacob, otra persona que les deseaba la extinción andaba suelta… Y eso todavía era más descorazonador.

―¿Estás bien? ―le preguntó Thomas, cuando llegó a su lado. Se sentó en el mismo lugar en el que Jacob había estado antes.

―Trato de esclarecer un misterio que parece no tener fin. ¿Cómo sabías que estaba aquí? ―inquirió.

―Te he visto desde mi ventana. Tu tía fue muy amable al indicarme el lugar exacto en el que estabas y con quién ―le dijo, con una sonrisa pacificadora.

―Tenía que hablar con él tarde o temprano.

―¿Debo preocuparme, Aura? ―demandó con suavidad.

―¿Por un hombre al que acuso de matar a buena parte de mi familia, Thomas? ―cuestionó, para ver si él veía la contradicción en su pregunta.

―No me parece que tu primo se haya dado por vencido. Lo que he visto ha sido a un rival quemando el último cartucho, y no puedo culparlo por intentarlo, corazón mío. Yo en su caso te hubiese raptado y estaríamos de camino a Gretna Green.

Ella se sonrió. Sabía que no estaba bromeando. Podía ver a Portman cumpliendo su aseveración con facilidad. Lo sentía tenso a su lado. Él estaba preocupado.

―No sé qué pensar sobre Jacob. ¿Qué te ha dicho Basil respecto a todo?

―Oh, vaya. Eso sí duele más que haberte visto besando a tu antiguo prometido.

―No lo he besado, Thomas. No mientas ―lo reprendió.

―Me ha parecido que a él ganas no le han faltado.

―Tú eres mi presente y mi futuro. No tienes motivos para dudar.

―Tal vez motivos no, pero me doy perfectamente cuenta de que entre vosotros hubo algo… ―No se atrevió a completar su frase.

―Yo era joven e impresionable. Ahora soy una mujer y te elegí.

―No quiero otro matrimonio como el que tuve, Aura. Te ruego que me rompas el corazón ahora si debes hacerlo porque no podría volver a pasar por lo mismo otra vez. Emily…

Ella se levantó y se colocó delante de él. Thomas llevó su cabeza sobre su vientre y Aura lo abrazó.

―Nunca te haría daño, Thomas Scott Foster, porque te amo. No lo dudes.

―Ah… Mi segundo nombre… No recuerdo habértelo mencionado antes. ―Pegado a ella era donde mejor estaba situado.

―Basil lo hizo hace tiempo ―añadió sobre esa cuestión.

Su heredero le contaba muchas e interesantes cosas sin que preguntase. Decirle el segundo nombre de su padre era una de ellas.

―Por supuesto, mi hijo, en el que confías más que en mí mismo.

―Si Aquiles supiera sobre las capacidades de tu hijo, te aseguro que comenzaría a gestionar su reclutamiento para la Corona ―añadió fascinada. Basil jamás dejaría de asombrarla.

―Mis hijos, cuando les he preguntado qué opinaban sobre nuestra llegada, no han dicho nada fuera de lo común. Al menos nada que no sea evidente.

―Así que les preguntaste… y me regañas por hacer lo mismo ―lo censuró.

Thomas levantó el rostro y apoyó su barbilla a la altura de su ombligo para mirarla y sonreírle.

―Tú me has enseñado a contar con Basil y Flavian, corazón mío.

―Me alegra serle de ayuda, milord ―dijo picarona―. ¿Qué han dicho que sea tan evidente?

―Ya sabes, han advertido que el señor Donaldson es mi rival.

―Oh, Thomas. Él es el pasado. Por favor, debes creerme.

―Ah, pero estoy tremendamente celoso, corazón mío. No puedes culpar a un hombre de arder en el infierno de los celos cuando ha visto a otro mirar con devoción y amor a la mujer que considera suya.

Aura bajó su boca para besarlo y tratar de calmar su ansia. El beso se fue complicando un poco. Hasta el punto de que el vizconde se puso de pie y la apretó contra su virilidad.

―Debemos parar… ―dijo ella entre jadeos.

―¿Me amas?

―¿Todavía tienes dudas, querido?

―Ven a mi cama esta noche, Aura. Deja que te tenga. Te necesito como nunca antes. Haré que tu hermano traiga a un vicario esta misma tarde.

Ella se separó un poco de él para mirarlo a los ojos.

―Nos casaremos en unos días, pero iré a verte esta noche.

―Ah, en estos momentos envidio a York ―confesó, al tiempo que la envolvía de nuevo en su abrazo. Aura apoyó su mejilla derecha sobre el punto exacto en el que su corazón latía con fuerza.

―¿Por qué habrías de hacer algo así? Es muy apuesto, pero tú no tienes mucho que envidiarle.

―Lo sé, Aura. No codicio su vanidad, aunque me conformaría con una pequeña porción, porque así no me sentiría inseguro.

Ella se rio con ligereza.

―Estás siendo poco razonable. No te he dado ni un motivo para que estés de ese modo.

―Estabas aquí a solas con él. Te ha tocado.

―¡Oh, Dios! ¿Vas a ser esa clase de esposo? ―preguntó con diversión.

―¿Uno que te amará, te colmará de caprichos y hará que sientas cada día que estás en el paraíso?

―Eso me gustaría mucho, pero yo me refería a uno que no confiará en mí y que me impedirá hablar con cualquier hombre.

―Oh, sí. Pienso encerrarte en una alta torre, de donde no saldrás jamás.

Ella se rio sin contención.

―Espero que ese plan incluya que tú estés conmigo allí dentro.

―Por supuesto. No soy un necio. En mi benevolencia permitiré las visitas de los chicos cuando te sientas sola.

―Eres todo caridad, querido ―ironizó.

Él sostuvo el rostro de Aura Holt entre sus grandes manos. Los dos se quedaron mirándose fijamente. Sin reír.

―¿Estamos bien, corazón mío?

―Mejor que nunca ―sentenció con sinceridad.

―Si tu primo no es quien está detrás de las muertes, ¿quién es?

Thomas tenía serias dudas al respecto. Había observado muy bien su relación con Aquiles nada más llegaron y… No estaba seguro de nada.

―¿También te da esa sensación? Confieso que estoy hecha un lío. ¿Crees que estoy equivocada con respecto a Jacob?

―No lo sé. Pero por lo que he visto, no lo veo capaz de hacer daño a tu hermano o a su hijo. Sin embargo, los monstruos saben esconderse bien. No bajemos la guardia tan pronto.

―¿Qué haré, Thomas? Yo me marcharé, pero Aquiles y Robin se quedarán. Si no descubro lo que sucede…

―Casémonos y esperemos.

―Sí. No hay más que podamos hacer.