Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 12 #5
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Capítulo 12 #5

―¿Te quedarías más tranquila si despidiese a todo mi servicio? ―No sabía qué ofrecerle para acallar la ansiedad que sabía que Atenea tenía en su ser.

―No son los criados. Es Jacob, estoy segura de ello. Los criados no ganan nada con nuestras muertes. Llevo años pensando en ese asunto, planteándome todas las conjeturas posibles.

―No estás siendo razonable, Atenea.

―No sé los motivos que ha tenido para liberarte de tu cautiverio, pero te aseguro que es él. Mi intuición no me ha fallado en tres años. Así que no voy a poner en riesgo la vida de Robin.

―¿Cómo dices?

―No vas a llevarte a Robin a ninguna parte hasta que encuentres la amenaza.

―No tienes potestad para decidir eso, Atenea. Sé que tu intención es buena, pero él es mi hijo ―se vio en la obligación de reafirmarse.

―¿Quieres apostar algo, azucarillo? ―lo retó ella.

Su hermano se levantó del sofá, dejando a Aura con Thomas.

―¡No es Jacob! Seguramente todo sea un cúmulo de mala suerte. No negaré que hay demasiadas muertes y es sospechoso. Tantos accidentes…

―No arriesgaré la vida de Robin ―insistió, al tiempo que se ponía de pie y se enfrentaba al duque de Darkworth.

Viéndola erguida, con la nariz ligeramente levantada, sin estar dispuesta a aceptar otra cosa que no fuese su palabra, Thomas pensó que su futura esposa no había sido tan tentadora jamás.

Era formidable. Una mujer capaz de luchar sin temor a nadie y, en honor a la verdad, aunque él fuese su hermano, Darkworth resultaba temible en esos momentos.

Thomas se preparó por si tenía que intervenir.

No conocía al tipo y no estaba seguro de si podría dañar a Aura.

―Lo mejor es que nadie sepa que sigo viva, tampoco que Robin no murió en el incendio ―siguió hablando con su hermano.

―Lo de Robin podría ser plausible, lo tuyo…

Ella se desinfló. Después de la fiesta de compromiso y del espectáculo dado… Todo el mundo se daría cuenta de quién era la nueva prometida de Portman.

―Lo importante es que Jacob no se entere de nada ―señaló ella.

―Él está aquí ―susurró Aquiles.

―¿Qué? ―preguntó con los ojos como platos.

―Me llegó una invitación del duque de York para un baile… He estado fuera mucho tiempo, le pedí a tu prometido que me acompañase ―le explicó a su hermana.

―¡Aquiles! ―se quejó con enfado. Entonces se dio cuenta de que la figura masculina que había divisado mientras bailaba el vals era la de Jacob.

―¿Quieres dejar de recordar que ella ―Thomas señaló con el dedo― estaba prometida a otro hombre? Va a ser mi mujer.

La amenaza de la última parte de Thomas la hizo sonreír.

―Vamos, querido ―comenzó a hablar la aludida―, es del todo evidente que te amo y no pienso casarme con un asesino.

La ratificación de ella ante su hermano lo llenó de orgullo.

―¿Lo amas? ―intervino el duque.

―No he cambiado tanto en ese sentido, Aquiles. ¿Crees que aceptaría a un hombre al que no amase? ―preguntó con suavidad.

―No, supongo que la hija de Darkworth, la que ponía a todo el mundo en jaque, dispuesta a que se cumpliese su voluntad cuando se proponía algo, no lo haría.

―Sigue con el mismo espíritu, doy fe ―terció Portman―. Tu hermana no se detiene ante nada y la amo por ello. ―Decidió dejar claros sus sentimientos.

Aquiles pareció convencerse de que lo que tenían Atenea y el vizconde era amor de verdad.

―Daré mi consentimiento ―dijo el hermano de ella.

Aura rodó los ojos. ¡Hombres! Le había explicado que había sido muy capaz de cuidar de Robin y de sí misma en su ausencia y Aquiles necesitaba dar la conformidad a su acción. ¡Como si alguien pudiese evitar que se casase con Thomas Scott Foster!

―Te lo agradezco mucho. ―Se acercó hasta él y le dio un beso en la mejilla.

―Me reuniré con los abogados y prepararemos el contrato. ―Aquiles buscó la mirada del vizconde―. Enhorabuena, lord Portman, va a convertirse en un hombre muy rico, la dote de mi hermana asciende a una cantidad escandalosa.

―Tengo más dinero del que necesito, negocios fructíferos que harán que mis futuros nietos vivan con comodidad. Acepté a Aura antes de saber quién era o lo que podía traer bajo el brazo. Por lo que a mí se refiere, todo irá a un fidecomiso para nuestros hijos.

Aquiles estuvo complacido con tal pensamiento. Asintió con la cabeza para mostrar su conformidad.

―¿Cómo procedemos a partir de aquí, Atenea? Necesito ver a mi hijo, abrazarlo.

―Lo he criado como si fuese mío. No se me ocurrió otro modo, Aquiles. Me llama madre. ―Sonaba como si estuviese disculpándose. Aquiles frunció el ceño.

―Lo has protegido con tu vida y lo alejaste de lo que considerabas una amenaza. No tengo nada que reprocharte.

―Es un chico fantástico, muy cariñoso. Ha comenzado a hablar ahora. Creo que Robin sabía que regresarías y ha estado esperando a hablar para recibirte.

―¿Tiene algún problema? ―Se alarmó un poco el duque.

―No, imagino que Robin no tenía mucho que decir hasta que decidió hacerlo.

―Ella sonrió―. Thomas tiene mellizos, son unos chicos maravillosos que han acogido a Robin bajo su ala y lo han ido despertando.

Han sido Basil y Flavian, así se llaman los muchachos, quienes se las arreglaron para que tu hijo comenzase a hablar.

Tendremos que explicarle la situación con calma, me temo.

Nunca le hablé de un padre y puesto que él no preguntaba…

―Lo haremos poco a poco ―estuvo de acuerdo Aquiles―. Solo dime cómo lo hacemos.

―No tengo la menor idea, hermano. Solo sé que no voy a dejar que algo malo os suceda a ti o a Robin.

―¿No confías en mí? ―preguntó asombrado Aquiles―. ¿No crees que pueda protegernos a todos?

―No es eso… es que… ―señaló ella dubitativa.

―¡No confías en mí! ―exclamó incrédulo su hermano.

―Bienvenido a mi mundo, Darkworth ―le dijo Thomas―. Tu hermana se ocultó bien de todos, incluido yo. Me he enterado esta noche de todo lo que ella se ha negado a decirme durante estos meses. La saqué de la panadería del East End y…

―¿El East End? ―le preguntó asombrado a su hermana.

―Soy una mujer muy capaz de cuidarse por sí sola. Me pareció que nadie me buscaría en esa zona. Allí hice buenos amigos que me protegieron… hasta que los hijos de Thomas irrumpieron en mi panadería y trajeron a su padre hasta mí. ―La dama le sonrió al vizconde.

―Tenemos mucho sobre lo que hablar ―consideró Aquiles―. He supuesto que algo sí le habías escondido a tu prometido cuando te han presentado como Aura Holt. Es extraño pensar en ti por tu primer nombre cuando siempre te hemos llamado Atenea.

Aura se había quedado un momento en silencio. Portman y Darkworth sospechaban que ella estaba maquinando alguna cosa. El vizconde llamó su atención cuando le apretó la mano.

―¿En qué piensas, corazón mío?

―Tenemos que averiguar quién está detrás de las desgracias de mi familia.

―¿Y si son solo accidentes, Atenea? ―preguntó el duque.

―No. Regresaremos a Darkworth Park y esclareceremos los hechos de una vez por todas. He decidido que no quiero seguir escondiéndome.

―¿Cómo haremos eso, Aura? ―quiso averiguar Thomas.

―¿Tú me crees, querido? ―le preguntó a su futuro esposo.

Portman posó la vista en la del duque.

―Si Aura dice que hay alguien que intenta matarla, a ella o a Robin, es porque lo hay. Yo creo en sus suposiciones ―la apoyó.

Aquiles se mesó el pelo y comenzó a caminar por la habitación.

―Jacob me salvó. De verdad que había tenido la oportunidad perfecta para matarme y nadie se hubiese enterado.

―Se paró en medio de la habitación y observó a la pareja que estaba en pie, abrazándose―.

Me va a costar pensar en ti como la mujer que se aferra a un hombre porque lo ama.

Siempre serás mi hermana pequeña ―le dijo con cierta tristeza, sabiendo que había recuperado a su hijo, pero que Atenea seguiría su propio camino.

―¿Qué pasó en Francia?

―La Corona me envió a hacer unas averiguaciones…

delicadas. ―Portman entendió que él era algo parecido a lo que hacía Phenton―.

Cayó sobre mí una banda de forajidos, me taparon la cabeza con una capucha, me pusieron a dormir después de darme con la culata de una pistola, y lo siguiente fue despertarme en una habitación con una cama y poco más.

Me mantuvieron allí hasta que Jacob llegó con refuerzos.

Si hubiese sido cosa de él, de verdad, Atenea… Nuestro primo me salvó.

―¿Cómo llegó hasta ti, azucarillo?

―No puedo decírtelo. ―Pasó por alto el mote que ella empleó.

―¿Perdona? ¿Crees que me quedaré de brazos cruzados y asentiré dando por buena esa respuesta?

―Responde, Darkworth. ―Se atrevió a apremiarlo el vizconde―.

Tu hermana ha sacrificado su vida por tu hijo.

Con tu padre fuera de combate y sin ti a su lado, ella tuvo que huir de quien consideraba que pretendía asesinar a tu heredero.

Dale todas las explicaciones que pida, es lo menos que se merece.

Aquiles valoró un segundo la petición que el vizconde le hizo sin acritud.

―Jacob también trabaja para la Corona.

Portman se dio cuenta de que era otro espía. Aura llegó a la misma conclusión que su prometido.

―No puede ser… ―dijo ella. Sus conjeturas eran adecuadas. Factibles. Era lo lógico.

―Es de los buenos. Llevaba tres años buscándome, hermana. Nunca tiró la toalla, del mismo modo que sé que llevó luto por ti cuando te creyó muerta.

Aura tuvo que dejar los brazos de Thomas y buscar asiento. La situación se estaba complicando más de lo que previó.

―Es tarde ―tomó la palabra Thomas―. ¿Por qué no nos vamos todos a casa y mañana, con las primeras luces, vemos qué hacer?

―Será lo mejor.

―Quiero ver a Robin. Necesito ver a mi hijo ―les informó Aquiles.

―Sí, por supuesto ―afirmó Thomas. Sabía que Aura seguía inmersa en sus pensamientos. Deseaba ayudarla, pero no sabía cómo hacerlo―. ¿Considerarías ser el invitado en el hogar del futuro esposo de tu hermana? ―se ofreció.

―Sería un placer.

―No veré a Jacob, no se acercará a Robin ―dijo Aura, tajante.

―Tu hermano te complacerá hasta que descubramos la verdad en todo esto ―alegó el vizconde, pidiendo con la mirada a Aquiles que claudicase sobre ese asunto.

El duque de Darkworth suspiró.

―Está bien, Atenea. Las cosas se harán como dices, porque te lo debo.

Después de hablar, Thomas le dio la dirección al duque y Aura y él se escabulleron. Se verían en casa del vizconde y decidirían el mejor modo de enfrentarse a los problemas cuando estuviesen más tranquilos.

Aquella noche, Aura despertó a Robin para presentarle a su padre. El resto de los detalles se los daría por la mañana. Lloró cuando vio al fin a Aquiles abrazar a su pequeño.

Las cosas iban colocándose poco a poco en su lugar. Solo quedaba descubrir quién quería ver el legado de los Darkworth arrasado.

Entre todos lograrían esclarecer un misterio que ella había estado segura de haber averiguado hacía años. Si Jacob Donaldson resultaba en verdad inocente, no tenía ni una pequeña pista sobre quién sería el culpable.