Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Hubo unos minutos de silencio que no les molestaron. Ella había vuelto a acomodar la cabeza sobre su torso.

―Con Emily nunca fue así.

―Siento que no tuvieses un matrimonio feliz. Lo siento tanto por todos vosotros… ―Le dolía el corazón al imaginar lo que habían pasado los tres, los cuatro si contaba a la vizcondesa.

―No quiero traicionar la intimidad que tuve con Emily, pero nunca hicimos el amor del modo en el que tú y yo lo hemos hecho. Ni tan siquiera la toqué como a ti, de aquel modo decadente y tan dulce en medio del vestidor. Lo nuestro era algo básico.

―¿Un método para procrear? ―preguntó con suavidad. Era algo muy común en los enlaces de la clase alta. Él asintió.

―En cuanto se quedó embarazada no me admitió en su cama. Yo tampoco intenté un acercamiento. Los dos fuimos separándonos… Aunque no sé si en algún momento llegamos a estar unidos. Supongo que Rashcute se quedó su corazón y ella ya no lo poseía para ofrecérmelo cuando nos casamos.

―Solo la clase alta se atreve a opinar que una esposa debe ser tratada con respeto y ofrecer un hijo, y que a una amante es a quien hay que usar para el placer.

Me gustó el East End porque allí la gente sabía que una esposa era capaz de cumplir ambas funciones.

Imagino que también era porque la mayoría no podía permitirse mantener a dos mujeres.

―No le fui desleal a Emily nunca, Aura. Mis votos se cumplieron.

―Eres un hombre excepcional.

―¿Es ahora cuando vas a decirme adiós y te irás de mi lecho?

―Debo irme, Thomas, por más que me duela dejarte aquí, tengo que ir con Robin.

―Te lo he prometido, pero no me gusta separarme de ti. Está bien. Me quedaré en la cama, donde las sábanas olerán a ti, extrañándote hasta mañana.

―Espero que podamos comportarnos con normalidad después de…

―De amarnos ―terminó él por ella―. ¿Cómo será nuestra relación a partir de aquí, Aura? No creo ser capaz de verte y no correr para besarte.

―Actuaremos con normalidad y las noches serán nuestro refugio.

―Supongo que será lo mejor… por ahora ―dijo enigmático.

No se le escapaba el hecho de que ella no le había hablado sobre ningún detalle de su pasado.

No la forzaría, le daría un poco de tiempo.

No había motivo para precipitar las cosas, puesto que todo estaba siendo colocado en el lugar donde tocaba.

Ella se levantó de la cama y comenzó a vestirse a toda prisa. Tenía que comprobar que Robin estaba bien. Él la siguió. Su virilidad estaba más que dispuesta a volver a la batalla. La mirada de Thomas se dirigió allí.

―¡Dios! ―exclamó, sintiéndose el peor de los villanos.

―¿Qué? ―preguntó con pavor.

―He sido un salvaje. Debí haberme aliviado esta tarde antes de yacer contigo… Estuve a punto de hacerlo, lo juro, pero no quería… ¿Te duele?

Aura no entendía el motivo de sus palabras. Lo miró con atención. Y vio que la mirada de él estaba fija en su miembro. Se puso muy nerviosa. No porque él fuese grande, sino porque… Entonces él la miró a los ojos.

―Ha sido maravilloso, te lo prometo.

El vizconde dejó de observarla para examinar la colcha que cubría la cama, y que ellos no habían apartado del lecho. ¡Sangre! La miró interrogativo.

Aura se dio cuenta de que él tenía el entrecejo fruncido y de qué había sido lo que captó su curiosidad instantes antes.

―Hasta mañana ―comenzó a ir hacia la puerta.

―¡Aura! ―gritó para frenarla.

―¿Qué? ―Se dio la vuelta, tratando de aparentar normalidad.

―¿Eras virgen? ―preguntó sin ceremonias.

Ella se rio.

―Tengo un hijo, Thomas. ¿Cómo podría ser eso?

―Has sangrado ―le dijo con una tranquilidad que no sentía.

Ella le sonrió.

―Todas las mujeres sangran una vez al mes, Thomas.

―Nunca he conocido a una que permitiese darle placer a un hombre si estaba con tal indisposición.

―Creí que ya había terminado mi ciclo. Deben de ser los últimos instantes. Me sentía perfectamente bien para intimar contigo. Lo siento si te desagrada que haya habido un poco de sangre, pero no pensé que todavía…

―No es eso ―dijo al comprender la explicación de ella.

―¿Entonces, qué es?

Él la miró con gran seriedad.

―Desde que te conocí, he sabido que ocultabas algo. Phenton no ha sido capaz de encontrar nada sobre Aura Holt, así que…

―¿Has hecho que el duque de Phenton me investigue? ―El tono de ella cambió a uno más serio y cortante. Recordaba muy bien a ese noble porque no todos los días entraba en la panadería un duque acompañado por el señor Cook.

―Ibas a cuidar de mis hijos, tuve que hacerlo.

―No. Recuerdo perfectamente aquella situación. Tú me obligaste a ser la institutriz de tus hijos antes de saber nada sobre mí.

―¿Y qué quieres que piense? No me hablas de tu vida, del padre de tu hijo…

―Porque no quiero hacerlo. ¿Qué más deseas de mí, Thomas? Accedí a trabajar para ti, y no porque me dejases sin opciones, porque los dos sabemos que la señora Garland me hubiese reincorporado de inmediato si hubiese llegado a descubrir tu mentira.

―¿¡Mentiras!? ¿Tú hablas de falsedades cuando sé que ocultas algo?

Ella suspiró.

―Por amor de Dios, Thomas, acabamos de hacer el amor… ¿es preciso estropearlo todo tan pronto?

―No estoy estropeando nada. Tú has sangrado ―le recordó.

―Y te he dado una explicación sobre ello.

―No sé si confiar en ti y eso me perturba. En estos momentos, después de abrirte mi corazón, mientras el tuyo permanece cerrado, me doy cuenta de que estoy en clara desventaja. ¿Cómo podré hacerte mi esposa si tú…? ―caviló.

―¡Thomas! ―lo frenó―. Vas muy rápido.

―¿Rápido? Te he dicho que te amo, te he tenido en mi cama, te he poseído en mi cama ―rectificó raudo―.

Creo que esto va como debe ir. Te prometo que estaba dispuesto a darte el tiempo suficiente para que te aclimatases a la situación, pero eso ha sido antes de que sangrases ―le reprochó, haciéndole ver que no se creía sus explicaciones.

―Muy bien. La próxima vez que quieras que hagamos el amor, me aseguraré de no estar manchando. ¿Te vale con eso?

Él, que había estado cerca de la cama mientras ella se vestía, dio dos zancadas y la pegó a su cuerpo. El vestido lo tenía medio abierto por la parte del pecho. Bajó su boca y le dio un beso urgente, posesivo, pensado para reafirmarse ante ella. Tan pronto como inició esa caricia, la terminó.

―Cuando me llames porque no soportas tenerme cerca y que no te llene, lo haré, corazón mío, pero solo después de que me cuentes la verdad sobre ti.

Se dio la vuelta y se dirigió hacia la cama. Ella se dio cuenta de que le había dado permiso para marcharse. Se encaminó hacia la puerta, abrió con suavidad y cerró sin apenas hacer un poco de ruido.

***

La cordialidad regresó para dejar apartada a la intimidad.

Ella se comportó durante los siguientes días como si nada hubiese sucedido.

Él hizo lo propio. Tanto trataban de aparentar normalidad, que los muchachos, incluido Robin, se dieron cuenta de que algo sucedía y no estaban seguros de si era bueno o malo.

Mentiría si no confesase que se estaba volviendo loca.

Lo mismo le sucedía a él. Thomas Foster se prometió no cometer el mismo error dos veces.

Aura no era Emily, pero no se arriesgaría.

Cuando la mujer que amaba y con la que deseaba casarse confiara plenamente en él, se dejaría llevar sin echar el freno.

La amaba con todo su ser, y le molestaba en exceso que fuese tan tozuda y reservada.

Aquella sangre lo desconcertaba. No estaba familiarizado con los periodos femeninos, pero sí recordaba muy bien la prueba virginal de Emily cuando la tomó en el lecho.

Al menos Rashcute no se llevó con él eso.

¿Estaría ella diciéndole la verdad y solo se trataba de unos restos de su ciclo femenino?

No lo sabía. Pero de lo que sí era consciente era de que ella nunca hablaba de su pasado y eso lo hacía ser suspicaz.

¡No sabía cómo actuar con ella! Se había propuesto darle más tiempo para que recapacitase sobre si estaba dispuesta a afrontar el futuro con él.

Y a Dios rezaba, aunque ya no fuese tan creyente como antaño, para que claudicase.

Así que dos semanas completas pasaron sin que Aura Holt hiciese un solo movimiento.

Los cinco salían a pasear, iban a la playa, seguían compartiendo las comidas, pero no había cercanía y por supuesto las noches eran muy solitarias.

Incluso ella los había acompañado en dos ocasiones a montar a caballo.

Trato correcto pero familiar, adecuado, pero sin mayor implicación personal… ¡Todo un infierno!

Esa tarde se sentó tras su escritorio dispuesto a atender el correo y las cuestiones de importancia. Las mañanas eran para la familia, y después de comer, era hora de trabajar.

Abrió la primera carta y gruñó. El duque de Phenton había sido apuñalado una vez más y ya iban dos, por lo que su amigo York lo instaba a regresar a Londres con urgencia, puesto que las fiebres lo habían alcanzado y se temía lo peor.

Abrió la puerta y al primer lacayo que encontró le dijo que trajese a la señora Holt a su despacho. Diez minutos después, la institutriz de sus hijos se personó ante él. Estaba sentada enfrente y lo miraba como si fuese solo una empleada más.

―Acabo de recibir malas noticias. El duque de Phenton ha sufrido un percance y es necesario ir a Londres.

―Lo siento muchísimo ―le dijo afligida. Era obvio que Thomas estaba angustiado.

―Mientras te esperaba he hecho los arreglos para que la casa de la ciudad se prepare.

―Por supuesto.

―No sé cuánto tiempo estaremos allí… ―No quería pensar en que ocurriese lo peor. Phenton estaba hecho de material duro, ¡tenía que sobrevivir!

―¿Estaremos? ―preguntó con suavidad.

―¿Qué es lo que no entiendes? ―Se sintió ofendido al darse cuenta de que ella esperaba que se marchase solo.

―Yo… bueno…

―¿Qué, Aura? ―inquirió con cansancio, intuyendo por dónde iba a salir ella.

―¿Debo ir a Londres? ―Trataba de aparentar normalidad.

―¿Por qué no lo harías si tengo la intención de llevarme conmigo a mis hijos?

―Pero… ―Su voz se quebró.

Él suspiró.