Capítulo 10
La vuelta a la realidad
El vizconde se dejó caer sobre su cuerpo con cuidado de no lastimarla. Ella lo abrazó con sus piernas y sus brazos. La mano derecha le llegaba hasta el cabello para acariciárselo una y otra vez.
―¿No sientes lo mismo que yo? ―le preguntó él, sin moverse de su posición.
―¿Qué? ―Ella no sabía a qué se refería. Todavía estaba abatida, porque en esta ocasión había logrado tocar el sol y era un milagro que no se hubiese abrasado.
―No ha sido fruto del momento, Aura Holt. Te amo ―le dijo con el corazón latiendo fuertemente, al tiempo que contenía la respiración.
―Lo sé, Thomas. De otro modo no hubiese yacido contigo.
―¿Es todo lo que tienes que decir, Aura?
―No comprendo lo que…
―¿Me amas? ―preguntó sin amagos.
―Por supuesto que sí, creía que lo había dejado claro esta noche.
Él se separó de ella para ponerse rostro frente a rostro. La mirada de uno sobre la del otro. Sus cuerpos, unidos al calor que desprendía la chimenea, hacían que el frío no existiese.
―Entonces dímelo, porque un hombre también necesita sentirse seguro y correspondido.
Ella le sonrió y le acarició la mejilla.
―Te amo, Thomas. No dudes de mí, jamás. Te seré leal hasta el fin de mis días.
Se movió hacia un lado para quedarse boca arriba y la obligó a que su cuerpo se tendiese en parte sobre el suyo. La tenía bien sujeta. Dos cuerpos desnudos tocándose sin pudor. La cabeza femenina se quedó apoyada sobre el lugar exacto en el que el corazón de él pulsaba más pausado.
―¿Amabas a tu esposo?
―No rompas el momento con esas preguntas, te lo suplico. ―Se aferró más a él.
Hubo un momento de silencio. No deseaba empujarla, pero él debía explicarle un par de cosas importantes.
―¿Lo rompería si te explicase mi matrimonio con Emily?
―¿Te ayudaría si te escuchase?
―Creo que sí. Llevo demasiado tiempo guardando silencio sobre el asunto y contigo no pienso cometer los errores del pasado.
―Entonces abre tu alma y libera el dolor que sé que te oprime.
Él se quedó muy callado valorando las palabras que acababa de decirle.
―¿Qué sabes y quién te ha contado algo al respecto?
Ella levantó la cabeza, su barbilla quedó apoyada sobre su pecho.
―Te lo diré si estás preparado para afrontar lo que supondrá descubrirlo.
―Dime, te lo ruego, que mis hijos no tienen nada que ver ―imploró, intuyendo que le acababa de pedir un imposible.
―Nunca había visto algo así. Flavian está fuera de lo común, lo sé, pero Basil… A veces siento que estoy frente a un hombre que se camufla en el cuerpo de un muchacho.
―¿También te has dado cuenta? Me siento estúpido por no haber visto mucho antes el potencial de ambos.
―Eso me recuerda que sus vacaciones deben interrumpirse. Tienes que buscar a un buen tutor lo antes posible.
―¿Uno al que tú le darás el visto bueno?
―Espero que cuente mi opinión, pero te aconsejo que hagas la entrevista con los chicos delante y deja que Basil dé su conformidad. Tiene algo… ¿intuición tal vez? Lo que sea, es asombroso.
―¿Qué saben los mellizos sobre mi matrimonio?
Se planteó si ser suave o no. Decidió que era cuestión de valentía.
―Todo, Thomas. Desde la traición de tu esposa, que huyó con su amante, hasta que saltó al vacío.
―¡Infierno! ―Se sintió miserable.
―Tus hijos son más fuertes de lo que parecen. No te apenes. Está bien que ellos comprendan el motivo por el que te encerraste en tu caparazón. Creo que Basil es más consciente de toda la situación que tú mismo.
―Yo era muy joven cuando me casé con Emily. Ella también, por supuesto. Eso creo que influyó mucho en nuestro proceder.
―¿Hubo amor?
―Fue un matrimonio de conveniencia. Mi padre lo preparó todo al saber que su vida se apagaba.
Antes de que mi esposa se quitase la vida, yo me consideraba un hombre sensato y feliz, creyente de Dios, que no cuestionaba la gran suerte que tenía.
No fui a la guerra como el resto de mis amigos, me quedé en Londres y atendí mis obligaciones, a mi familia.
Estaba convencido de que había amor entre nosotros.
Emily, aunque solía estar alicaída y nunca se recuperó por completo tras alumbrar a los mellizos…
En fin, su tristeza era demoledora, pero todo cambió poco antes de que ella decidiese escapar con él.
―¿Lo conocías?
―Valiant Crosby, conde de Rashcute. No sabía de su existencia hasta que lo vi muerto en el interior del carruaje. Él estaba casado y era padre de cuatro hijos. Fue demoledor para la otra parte también.
―Lo siento.
―No, no lo entiendes. Hubo un accidente, el carruaje volcó.
Ella seguía viva, dentro, cuando llegué.
La saqué de allí a la fuerza. Mi esposa lloraba por otro hombre mientras lo llamaba una y otra vez por su nombre.
Jamás usó el mío. Yo fui Portman siempre.
Le fui fiel y solo Dios sabe desde cuándo ella…
Respeté todos sus deseos siempre, su correspondencia, sus lecturas…
Nunca me inmiscuí en su vida privada. Tenía total libertad para hacer y deshacer las cosas a su antojo.
Yo era tan leal y fiel, que jamás se me pasó por la cabeza no recibir lo mismo que entregaba.
Si me hubiese hablado… si hubiera sabido lo desgraciada que era a mi lado, tal vez yo…
―No te fustigues por algo que no es responsabilidad tuya.
―Lo arrollador de toda la situación fue verla saltar para morir en compañía del hombre al que amaba.
No lo comprendí en ese momento. Pensé que la razón la había abandonado.
Cuando la marea trajo de vuelta los dos cuerpos a la orilla…
El cochero de Rashcute me informó de su identidad, así que tuve que visitar a su viuda y contarle la verdad.
―Debió de ser terrible para ti. Ojalá pudiese aliviar ese sufrimiento.
―Lo haces, y me aterra lo que siento por ti, porque sé que yo también sería capaz de saltar por ti si te perdiera.
―No digas eso, Thomas. Tus hijos. Ellos deben ser lo primero. Promete que… ¡No! Mejor jura que Basil y Flavian estarán por delante de todos, de todo.
―Siempre tan generosa… ―le dijo, mientras depositaba un beso sobre su cabello.
―No, es justo lo contrario. Soy egoísta porque Robin será lo primero y quiero que tú estés en igualdad de condiciones y no sentirme desleal.
―¿Acaso no recuerdas que te he prometido que os sostendría a todos en mis brazos, corazón mío? Confía en mi capacidad.
―Lo hago, solo que todo es complicado.
―Complicado fue tener que enfrentarme a la viuda del hombre que amaba a mi esposa. ―Regresó de nuevo a la historia original.
―Cuéntamelo todo.
―Tenían planes de fugarse y no regresar.
Rashcute le había informado de todo a su esposa.
Según me dijo la condesa, mi esposa y su marido habían estado intercambiando cartas durante años y cuando Emily le confesó que no podía seguir adelante con su vida, porque mis hijos y yo la hacíamos tremendamente infeliz, y que iba a quitarse la vida para morir en paz y no vivir en el infierno, y te aseguro que esas fueron las palabras que la viuda de Rashcute empleó y que yo sabía que eran ciertas, él decidió actuar y dejarlo todo por ella.
Se conocían desde pequeños y habían desarrollado sentimientos el uno por el otro.
Por lo visto los separaron antes de que la situación pudiese llegar a más, dado que mi esposa no había conocido a otro hombre.
No sé si durante nuestras estancias en Londres ella se encontró con él o no, ni deseo saberlo, aunque no me sorprendería que lo hubiera hecho.
Si lo pensaba fríamente, no sería descabellado suponerlo, dado que era habitual que ella le informase sobre salidas para tomar el té, bailes nocturnos a los que él no podía asistir… No quería pensar en ese asunto más de la cuenta.
―Lo siento por todos, Thomas, por ti especialmente.
Aunque también por la viuda del otro hombre, y por los dos amantes que encontraron esa forma tan horrible de morir, pero no puedo dejar de pensar en el tormento que todos debisteis pasar por una circunstancia del todo injusta.
¿Qué se arregla con matrimonios concertados?
Nada. Es una cuerda sobre el cuello que cada día tira un poco más hasta que asfixia.
―¿Tu enlace también fue una alianza familiar, Aura? Sé bien que tú no formas parte de un lugar tan bajo como el East End. Recibiste una educación excepcional.
―No hablemos de mí ―le pidió―. Sigue desahogándote, para que el pasado nunca más pueda resurgir y causarte mal.
―Tú eres mi luz ahora, corazón mío. No tengo miedo de nada ya. ¿Cuándo me contarás tu historia? Quiero saberlo todo acerca de ti.
―No creo que pueda hacerlo nunca, Thomas. Hay demasiado dolor detrás. Sé paciente y no me obligues a explicar lo que llevo tantos años queriendo olvidar, por favor. Conténtame a ese respecto. ¿Lo harás?
―Promete que no te perderé y que hablaremos de todo lo que nos afecte o preocupe. No quiero más silencios. Viví demasiados años entre ellos y no me gustaría regresar de nuevo a la oscuridad.
―No podría alejarme de ti y de los chicos. Más cuando sé que serás el padre que Robin necesita para crecer y convertirse en lo que debe ser.
―Tu hijo será el mío, si tú lo apruebas.
―Creo que has conquistado a Robin y poco necesitas mi permiso. Te adora, del mismo modo que lo hacen Basil y Flavian.
―Mi heredero todavía tiene sus reservas sobre mí.
No soy ni la mitad de inteligente que él y puedo ver eso.
¿Sabes que me ha dicho que aunque yo comience a gustarle, me retará a duelo si me atrevo a hacerte daño?
No oso subestimarlo. Deberías haberlo visto cuando lo dijo.
Yo estaba ayudando a Robin a subir al caballo y mi hijo mayor estaba a mi lado, ya sobre su montura, amenazándome desde la altura…
Temí que sacase allí mismo un florete y cargase sobre mí.
Aura se rio con sutileza.
―Harás bien en no tomar nunca a la ligera nada de lo que te diga. Su sentido de la protección y el honor, gracias a Dios, no se ha visto comprometido mientras estaba solo descubriendo el mundo.