Capítulo 5 #2
El chico agitó los hombros.
―¿Por qué una mujer debería preocuparse de un par de niños que no eran suyos cuando su verdadera madre no los quería?
Aura sintió su corazón resquebrajarse.
―Estoy segura de que no es fácil hacerte daño, Basil. Eres muy inteligente como para permitirlo.
―Yo cumplía los castigos, no me importaba, pero Flavian es más débil y nadie hace llorar a mi hermano. ―La vehemencia de sus palabras denostaron que él era un verdadero protector.
―Te prometo que trataré de no ser como las demás.
―Usted es diferente. Mi hermano cree eso. Yo lo dudo.
―¿Por qué?
―Porque mi hermano me pidió que la protegiese y no le contase a mi padre lo del cuchillo.
―Pero se lo dijiste ―dijo con suavidad.
―No quiero que me separe de mi hermano. A mi padre le gusta usted y eso me da igual, pero a Flavian también y no quiero que le haga daño, por eso le conté hoy mismo su amenaza y le dije que se marchase por donde vino.
Ella entendió que era un muchacho que creía tener el peso de la protección de su familia sobre sus hombros. Tan joven pero tan mayor a la vez… Su mente, superior a la de cualquier otro, estaba resultando más una maldición que una bendición.
―No podría hacerlo. Ni separarte de tu hermano ni de tu padre, ni haceros daño. No está en mi naturaleza ser malvada.
―Dijo que era una novia de Lucifer ―le recordó con su habitual seriedad.
―Sí, bueno. Las quemaduras que tengo en mi rostro suelen echarme una mano cuando quiero parecer algo que no soy. ¿Me creíste cuando lo dije?
―No. No soy un niño, señora Holt.
―Verás, antes te estaba contando algo sobre mi hermano Aquiles.
―La institutriz de las varas.
―Sí. Mi padre la trajo a casa porque tenía muchas referencias.
A mi hermano no le gustó. Supo que no era buena, del mismo modo que sospecho que tú lo presientes cuando alguien no te gusta.
Creo recordar que yo tenía una edad parecida a la tuya.
Aquel mes, mi padre se marchó de viaje y yo pesqué un resfriado que no me permitía concentrarme en las lecciones que esa mujer exigía que aprendiese.
Una tarde usó la vara sobre mis manos y me las dejó ensangrentadas.
Cuando por la noche mi hermano, que tenía cuatro años más que yo, se enteró, entró en la habitación de la mujer con una vara en la mano, le pegó un fuerte golpe en la espalda con ella y la echó a la calle sin pestañear.
Aura sintió una lágrima que caía por su mejilla derecha. No se la limpió.
―La protegió.
―Mi hermano me amaba del mismo modo que tú amas y proteges a Flavian.
Aquiles habría hecho por mí todo cuanto estuviera en su mano para salvarme de todo mal.
Esa es la función de los hermanos. No importa si son mayores o más pequeños que nosotros, porque yo ahora mismo haría cualquier cosa por él.
En caso de necesidad mataría por mi hermano.
Asesinaría por Robin. Espero no tener ocasión de tener que averiguar si sería capaz de hacerlo en verdad, pero creo que lo haría si alguien quisiera hacerles daño, porque protegemos a los que queremos incluso poniendo nuestra vida en peligro si hace falta.
―Entonces… ¿lo entiende? ¿Comprende lo que siento cuando se trata de mi hermano?
―Si te refieres a que Flavian es lo primero para ti, y que para él tú eres también lo primero, sí.
Aquiles y yo éramos eso mismo. Como ves, Robin, solo me tiene a mí, pero yo no soy su hermana.
El favor que te voy a pedir es que protejas a Robin como si fuese Flavian.
Él te necesita, debe aprender a ser fuerte como tú.
No lleva tu sangre, no lo conocías hasta antes de esta tarde, y tal vez esté abusando de tu confianza, aun así, te suplico, Basil, que le des una oportunidad para ver si podrías convertirlo en tu hermano.
Nos quedan un par de años por delante antes de que os marchéis a Eton y te prometo que pondré de mi parte lo mejor de mí.
No me conoces, lo sé, pero de igual modo también sé que eres capaz de detectar si hay maldad en mí.
Tan joven como eres, Basil, y Dios te ha dado unas capacidades admirables.
Aprovéchalas tal y como lo has estado haciendo hasta el momento porque lo haces bien.
Solo trata de no meterte en problemas y confía en mí si hay alguna cuestión que debería ser atendida por un adulto.
No actúes por tu cuenta, dame una oportunidad.
¿Puedes confiar en la institutriz que tu padre ha contratado para tu hermano y para ti? ¿En mí?
―Usted no quería ser nuestra institutriz ―le recordó.
―Tu padre es un hombre muy parecido a ti, más de lo que él cree, porque no acepta un «no» por respuesta. No quería el puesto, es verdad. Yo, al igual que tú, tengo la misión de proteger a Robin sin importar las consecuencias.
―¿Por qué?
―Es complicado de explicar.
―¿Por qué? ―reiteró.
Ella se tomó un segundo para escoger sus palabras.
―Porque la familia que debe protegernos, a veces no lo hace, así que Robin y yo estamos solos.
―Mi madre nos abandonó antes de morir.
―Lo siento mucho. Mi madre también murió siendo yo muy joven. Al igual que tú, solo tuve a mi padre y a mi hermano. Tengo un poco de experiencia con lo que has tenido que lidiar.
―Tú eres una hermana pequeña. ―A Aura eso le sonó a acusación.
―Pero te he dicho que eso no era prioritario para proteger a los hermanos. ¿Acaso Flavian te dejaría en la estacada si tuvieses un problema?
―No. Él no lo haría.
―¿Vas a confiar en mí? ―preguntó con esperanza.
―No lo he decidido todavía.
―¿Por qué? ―Le tocó el turno a ella de emitir esa pregunta.
―Mi hermano no se sobrepondría si llegase a cogerle cariño y nos abandonase. Creo que mi padre tampoco. Usted es peligrosa para mi familia. ―Él no mentía. Se había dado cuenta de lo que implicaba su presencia para Flavian y para su progenitor. No le agradaba esa idea.
―¿Y qué pasará si la que os coge cariño soy yo y me abandonáis? ¿No te has planteado esa posibilidad, Basil?
―Mi padre no volverá a casarse de nuevo. Usted, si no se protege, sufrirá. ―La estaba avisando de que escondiese su corazón, ella lo sabía. Basil la desconcertaba por completo.
―No eres más que un muchacho y ofreces mejores consejos que cualquier buen amigo que yo pudiese tener. ¿Cómo lo haces?
―Nadie presta atención a los niños o a los jóvenes, señora Holt, y eso me da mucha ventaja.
Usted misma creyó que era un muchacho común cuando nos vimos en la panadería porque yo lo quise así.
Solo hay que atender mejor las cosas que se presentan ante nosotros.
Mi padre la mira de un modo diferente a las demás mujeres.
Nos pidió por favor que no la dejásemos marchar.
Mi padre no nos ha pedido nada, nunca, solo que nos portásemos mejor.
―No te fías de mí.
―El duque de Phenton dice que usted esconde algo ―reveló, para sorpresa de Aura.
―¿Tienes por costumbre espiar a tus mayores? ―La pregunta salió en tono de regañina. Sospechaba que él habría escuchado alguna conversación privada.
―No. Solo escucho. Ya le he dicho que nadie nos presta atención. Incluido nuestro padre. Hacía meses que vagábamos por la ciudad y él no lo sabía.
―¿Qué hacíais tan lejos de casa todas las veces que vinisteis al East End?
―Queríamos conocer El placer del infierno. Todos hablaban mucho de ese lugar y quería ver por qué era tan famoso.
―Para ser alguien que se empeña en proteger a su hermano a toda costa, lo pusiste en serio peligro. Ese club no es algo que deba ser conocido por dos muchachos inocentes.
―Nadie se fija en los niños, ya se lo he dicho antes. No corríamos peligro.
―En dos que van bien vestidos sí lo hacen.
Alguien os pudo haber retenido contra vuestra voluntad y pedir un rescate a vuestro padre.
―Omitió que había quienes hacían daño a los muchachos por pura maldad.
Gracias al dueño de ese club, al señor Sullivan, muchos villanos habían aprendido por las malas que en su zona nadie hacía daño a las mujeres y a los niños, sin embargo, el riesgo fue serio para los hijos del vizconde.
―Sé disparar, señora Holt.
―¿Quién te enseñó? ―No se sorprendió en absoluto ante la revelación. Más porque sospechaba que él había pretendido incomodarla desde el principio de la conversación. Presentía que la estaba poniendo a prueba todo el tiempo.
―Yo solo. El funcionamiento de una pistola es muy simple. Solo hay que apuntar y disparar.
―¡Por qué no me sorprenderá tu confesión! ―dijo mirando al techo del carruaje―. ¿Sabe Flavian?
―No es tan bueno como yo.
―Dudo que alguien llegue a ser mejor que tú, Basil. Cuando alcances la edad de tu padre, posiblemente antes, vas a ser brillante, creo que por eso tu padre teme que desarrolles tus dones hacia el lado equivocado.
―Mi madre no nos quería, señora Holt. Solía decir que casarse con mi padre fue el error de su vida, y que tenernos a nosotros uno todavía peor. Hace tiempo que convivo con el lado equivocado de las cosas y sigo libre…
Ella suspiró. Lo entendía.
―La familia muchas veces no está a la altura de las circunstancias. Evidentemente, tu madre no lo estuvo.
―Ella decía que éramos hijos del diablo.
―Ah. Supongo que tu madre consideraba a tu padre como el diablo y por eso os llamaba así ―conjeturó.
―Podría ser.
―Eso debería ser un elogio para ti.
―¿Por qué?
―Porque sé que admiras a tu padre y buscas su aprobación. Así que si tu madre os comparaba con lord Portman, es porque los tres sois iguales.
―Llamar a alguien hijo del diablo dudo que pueda ser una cualidad buena, como pretende hacerme creer. Me subestima una vez más y pretende tratarme como a un niño. Me ofende, señora Holt.
Aura agitó los hombros.
―Yo, tal y como has recordado antes, me referí a mí misma como una novia de Lucifer. Creo que llegar hasta el diablo y sus hijos era parte de mi sino, ¿no te parece?
Los ojos azules del joven, que durante toda la conversación no habían abandonado los verdes azulados de ella, se desplazaron hasta Robin.