Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 4 #4
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Capítulo 4 #4

―Lo sé, porque si lo fuese haría unos minutos que estaría estirada sobre mi escritorio y los dos seguiríamos dando rienda suelta al deseo.

―Me ofende, lord Portman ―reiteró.

―Le juro por mi honor que no es así como debe tomar mis palabras. Es usted una mujer con un envoltorio de lo más sugerente, es bonita, pero es su audacia la que haría que mis amigos se sintieran tentados a probar suerte con usted. No son unos necios y saben valorar la excelencia cuando la ven.

Ella rodó los ojos.

―Imagino que espera que agradezca su lisonja y siga delante.

―En realidad no. No la veo muy proclive a dar las gracias.

―Sigamos, por favor.

―Adelante.

―¿Dónde estaba? ―se preguntó ella en voz alta.

―¿Pensando de nuevo en mis besos y caricias, señora Holt?

Aura decidió dejarle ese punto claro de una vez por todas, para ver si él así entendía que tenía pocas posibilidades de… triunfar.

―Milord, cuando algo como sus besos o caricias pasen por mi mente, le prometo que lo sabrá.

―Tentador, señora Holt. Confío en que no tarde mucho.

Ella resopló.

―Olvide esa cuestión de una vez por todas.

―Lo intentaré.

―Ya lo recuerdo. Mis exigencias. Sí. Eso era. Solo la educación de Robin. ¿Está conforme con lo que le pido? Él será instruido en lo mismo que sus hijos sin distinción.

―¿Qué hay de su sueldo?

―Mientras tenga un lugar sobre mi cabeza y comida en la mesa, no me importa eso.

Thomas Scott Foster se quedó muy quieto, examinándola como si quisiera leerle la mente.

―Es usted una mujer muy poco común.

―Lo dice por mis quemaduras.

Era hora de usar esa baza. Mostró la piel lacerada para ver si así se lo sacudía de encima.

―Minucias sin importancia. Usted, Aura no es…

―No creo recordar haberle dado permiso para utilizar mi nombre de pila ―lo cortó con firmeza.

―No creo necesitarlo. ―Usó la misma fórmula que ella.

―Yo diría que sí, milord.

―Está bien, no se enfade, Aura. Puede llamarme Portman, Aura. Le ofrecería que usase mi nombre de pila, dado que yo pienso usar el suyo, Aura. Me llamo Thomas, por cierto ―le aclaró―, pero sé que lo declinará con rapidez, Aura, aunque no pierdo la esperanza de que…

―Va a gastarme el nombre de tanto pronunciarlo ―lo cortó. Estaba siendo ridículo.

―Lo he hecho solo para que se acostumbre. ¿Me llamará Thomas, Aura?

―Lord Portman estará bien, puede dirigirse a mí como señora Holt.

―Creo que no lo haré, Aura.

―¿Entiende que se está comportando como un niño pequeño de nuevo?

―Sí, y me gustaría mucho que me… castigase ―se atrevió a decirle con humor.

Ella se puso de pie con un salto. Comenzaba a notar las mejillas encendidas.

―¡Por amor de Dios! Dejaremos esta entrevista aquí y ahora, antes de que la situación se le vaya de las manos, porque de lo contrario saldré por la puerta principal para no regresar y Basil, Flavian y Robin no merecen eso por su culpa.

Así que, buenas tardes, lord Portman. Yo misma averiguaré dónde soy necesaria y pondré sus asuntos en orden.

No solo sus hijos deben ser instruidos, sino también su personal, así que cuando vengan a usted en tromba con quejas, espero contar con su total respaldo.

―Lo haré, pero debe comprender que el puesto de esposa no está disponible.

Ella comenzó a andar hacia la salida. Tomó el pomo de la puerta, se giró levemente, lo miró con una tibia sonrisa y le dijo:

―Mientras usted tenga claro que el de amante tampoco está a su alcance, creo que nos irá bien, milord. ―No la acobardaría. En el East End había tratado con hombres mucho más peligrosos que él.

―No deshaga su equipaje, saldremos en breve en dirección a Roseclouds, en el campo estaremos todos mejor para esta nueva… aventura ―dijo con parsimonia.

―Se lo digo en serio, no haga ese tipo de bromas delante de los muchachos, porque le daré un fuerte tirón de orejas o algo peor.

―Se lo prometo. Aunque debería haberme pedido que no hiciese ese tipo de bromas, como usted ha dicho, ni cuando estemos a solas, así que… tengo esperanzas.

―Es usted imposible, milord.

―Portman.

―¿Qué? ―Ella se había perdido.

―Use mi título.

―Iré a avisar a los chicos, lord Portman.

Él se sonrió. Iba a ser divertido estar con ella. Era dura, se lo reconocía, pero él era más molesto que el rey de los tediosos.

―Una cosa más… ―le dijo, cuando la vio abrir la puerta y dar un paso para dejarlo solo en el despacho.

―¿Sí? ―se vio en la obligación de preguntar al ver que él no decía nada. La estaba poniendo nerviosa aposta.

―Que tenga una buena tarde, Aura.

Ella suspiró con resignación al escuchar su nombre de pila una vez más, mientras pensaba en que tenía un arduo trabajo por delante, y no solo con tres chicos muy peculiares, sino también con el padre de los mellizos.

Tuvo que haber incluido en sus peticiones algo muy sustancioso, para sí misma, en compensación por esa última labor que sería más pesada que un trabajo en las minas de carbón, aunque no se le había ocurrido nada que añadir en sus exigencias.

Si tan solo él no le resultase tan tentador… o se hubiese podido mostrar insultada ante sus desvergonzados flirteos…