Capítulo 1 #4
Aura miró al que acababa de hablar mostrándose muy segura, luego enfocó la vista para atender aquello que se proponía hacer, bajó el cuchillo de pronto, permitiendo que el joven retirase la mano antes de que ella cumpliese con su amenaza. Un trozo de su chaqueta se quedó sobre la encimera.
―¡Maldición, no te muevas! ―Dios la perdonaría por emplear ese tipo de lenguaje ante los muchachos, y en especial por darles el susto de su vida, aunque el otro hermano estaba muy tranquilo, solo el que tenía cerca parecía en verdad asustado.
Agarró una vez más la mano del joven, quien estaba pálido como la muerte, y se dispuso a repetir la operación.
―¡Basil, lo hará, me cortará la mano, haz algo, te lo suplico! ―El cuchillo estaba de nuevo alzado sobre su muñeca.
El aludido se levantó de golpe y agarró la mano de Aura sin vacilación. La dejó helada debido a la rapidez y sigilo que empleó. Ciertamente no lo había visto venir. De pronto se sintió pequeña e insignificante ante ese hermano.
―¿Qué quiere que hagamos? ―preguntó Basil con cierta docilidad, impregnada con un enfado sutil.
Se dio cuenta de que ese muchacho no estaba acostumbrado a perder una batalla. La mejor baza que tenía contra él era su hermano y Aura lo había aprovechado. Su padre siempre alababa su inteligencia por encima de su aspecto. Ella estaba orgullosa de ser una mujer con recursos.
―Pediréis disculpas, más os vale que sean sinceras, limpiaréis y ordenaréis toda la cocina mientras nosotras charlamos frente a un té caliente, y cuando hayáis acabado de cumplir vuestro castigo, un amigo nuestro os acompañará a casa.
―Ese sería Cook, o alguno de sus subordinados, pensó Mary mientras escuchaba a la señora Holt razonar.
―No tiene ni idea del riesgo que ha corrido, señora Holt ―se atrevió a desafiarla Basil.
Ella se adelantó hacia él con aires de superioridad, lo miró con altanería, y luego le dijo:
―Todavía puedes ser tú quien pierda un brazo. Nadie castigaría a una mujer por darle su merecido a un ladrón. ¿Quieres ver si de verdad es un farol, muchacho? Porque te aseguro que cumplo todas y cada una de mis promesas.
El joven y Aura se quedaron observándose durante lo que parecieron horas. Ella juraría haberlo visto levantar el labio en una sonrisa muy tenue, aunque no estaba segura, dado que si lo hizo fue durante una fracción de segundo. Ni ella ni Basil parecían estar preparados para dar su brazo a torcer.
La panadera consideraba que los dos necesitaban disciplina, y este muchacho más que el otro. Su determinación no lograría que ella se acobardase. Aura Holt no había llegado hasta donde se encontraba sin hacer sacrificios que dejarían a más de uno con la boca abierta.
Entonces ocurrió lo que ella había estado esperando. Su pequeño villano dio un paso atrás. Se contuvo de mostrar la sonrisa de suficiencia que pugnaba por dibujarse en su rostro.
―Les pedimos disculpas, con sinceridad. Ha estado mal todo lo que hemos hecho ―señaló Basil.
Cuando Mary y Aura buscaron con la mirada al otro muchacho que no había recuperado todavía el color en sus mejillas, este dijo:
―Lo sentimos enormemente. No volverá a suceder.
―Muy bien ―indicó con naturalidad Aura―. Os diremos cómo limpiar y ordenar, y cuando acabéis, si os portáis bien, tendréis una pequeña recompensa por vuestras disculpas y vuestro esfuerzo.
Los dos asintieron. Se quedó perpleja porque uno de los hermanos estaba sonriendo muchísimo, tanto que parecía haberse recompuesto del enorme susto.
No comprendía lo que se traían entre manos ambos, pero todo indicaba que formaba parte de un plan elaborado, por lo que se dijo a sí misma que no bajaría la guardia.
Mary comenzó a explicarle a cada uno lo que debían hacer, mientras la señora Holt preparaba los paños y los cubos de agua templada.
Cuando los chicos comenzaron las labores, ellas se apartaron para tener un poco de intimidad.
―¿Qué opinas? ―preguntó Aura.
―Que has estado soberbia. Tuve que contenerme para no gritar, porque creí que en verdad le seccionarías la mano como si fuese un buen bistec de ternera.
―Es evidente que el que me ha desafiado es el que lleva la batuta del concierto de sus fechorías. El otro lo sigue porque debe de ser el menor.
Mary sacó el trozo de tela que había guardado en uno de los bolsillos de su delantal blanco y que pertenecía al joven.
―Sus ropas son finas. ¿Qué hacen aquí cuando la noche está a punto de caer, señora Holt?
―Quizás sean los hijos consentidos de algún abogado que se está haciendo de oro. Ya sabes de lo que hablo, el padre trabaja mucho y no tiene tiempo de vigilar a dos pequeños incordios desafiantes.
―Pero no han podido con usted.
―No es tan fácil doblegarme. ―Su educación no lo permitiría nunca.
―Cuando les dijo que era una bruja salida del infierno… Casi me desmayé. Debería haber visto la cara que puso el muchacho que tiene pinta de ser más débil que su hermano.
―Aunque no lo creas, Mary, tuve el impulso de levantarme las faldas y mostrarle la cicatriz.
―¡Señora Holt! ―gritó. Aura no supo si se escandalizaba por su afirmación o por el hecho de haber confesado que ella tenía más quemaduras que Mary no conocía.
―Lo sé. Si lo hubiese hecho, ese pequeño ogro me habría arrojado unas monedas a la cara para premiar mi comportamiento indecoroso.
―Se giró para ver cómo barrían los dos hermanos en silencio.
El que la había desafiado levantó la cara y la miró de un modo que le hizo sentir un escalofrío.
Él poseía un fuerte carácter que si lo empleaba adecuadamente le abriría las puertas de muchos lugares.
Ella estaba convencida porque le recordaba un poco a la soberbia de su propio hermano mayor.
¿Quiénes serían esos dos muchachos?, se preguntó con suma curiosidad.
―Se ven ahora mansos, bueno más o menos ―dijo Mary, mientras los observaba también. Uno de ellos seguía teniendo esa mirada desafiante tan aguda…
―Iré a buscar al señor Cook y le contaré lo que ha pasado, me debe algún que otro favor. Espero que pueda llevarlos a su casa, o mandar a alguien, y logre averiguar si tienen familia. Deben tenerla si se visten así ―especuló.
A Aura Holt tampoco le había pasado desapercibida la calidad del tejido cuando cogió al otro muchacho bajo la amenaza de cortarle una mano… o un brazo. Alguien se responsabilizaba de ellos. Y el dinero que traían…
La panadera se dirigió a la cocina de nuevo para coger la bolsa que ellos habían traído como una ofrenda de paz. Se la daría a Cook para que se la devolviese a quien estuviese al cargo de los dos bandoleros insensatos.
―Vaya, señora Holt ―le dijo Mary, al ver que ella se detenía en la puerta de salida y se giraba para ver la escena―. Yo llevaré cuenta de que no hagan ninguna calamidad. No se preocupe ―habló más alto para que la escuchasen―, también sé cómo manejar un cuchillo.
Aura se sonrió, en especial al ver que el muchacho más dócil agachaba la cabeza ante la insinuación de su compañera. El otro hizo oídos sordos sin inmutarse, aunque la miró a ella de un modo que le hizo sentir un escalofrío por todo el cuerpo.