Capítulo 16
Avanzar hacia el futuro
Evangeline no se atrevía a mirarlo. Todo era más fácil cuando había llevado aquellas máscaras.
Se sentó en el sillón que había cerca de la ventana y sintió como Avery se colocaba junto a ella.
Mantenía la mirada gacha. Al menos hasta que Sullivan le tomó la barbilla con dos de sus dedos y la instó a mirarlo.
Uno al lado del otro, sus ojos al fin se encontraron sin velos, sin mentiras, sin ocultar nada.
―¿Por qué no me lo dijiste, Eve? Si recuerdo lo que ha pasado entre nosotros solo siento ganas de darme golpes y más golpes. Debiste habérmelo dicho en cuanto te sugerí ser mi… ―Su voz se apagó. Estaba compungido.
―¿Qué te debía yo a ti? ¿Tuviste tú cortesía cuando aquella mañana en Snow Cottage me dejaste pensando que nos casaríamos pronto, y no te volví a ver? ―rebatió ella molesta.
―Tú sabes lo que he sufrido desde que te dejé, te confesé, sin saberlo, todo lo que había en mi pasado.
Tú averiguaste el modo tan característico que tenía de encontrarme con las mujeres y eres consciente del motivo.
Fue por ti y solo por ti, porque te amaba, te amo y te amaré como a ninguna otra.
Te lo prometí. No habría más mujer que tú y he tratado de cumplirlo.
Hasta que llegaste, ninguna logró romperme.
No comprendía el motivo por el que esa pequeña francesa tan audaz y a la vez tan inexperta, logró resquebrajar mi armadura.
Lo veo al fin. Eras tú y por eso, aunque no supiera tu identidad, algo dentro de mí la adivinaba y me dejé llevar por lo que siempre me has inspirado.
―Confesaría todo con el corazón en la mano. No se podía permitir perderla. Ya no.
―Me entregué a ti y maltrataste mi cuerpo, para luego echarme de tu cama y gritarme. No sentí amor, Avery, pero sí todo lo contrario.
―Me enfadé. De verdad que estaba roto, Eve.
Una mujer a la que consideraba una extraña consiguió que faltase a mi promesa sobre mantenerme fiel a la única dama que amé.
No sabía que eras tú y la culpa me golpeó con fuerza.
Lo siento. He buscado por todos los lugares a esa cortesana que me doblegó para pedirle perdón…
―Se sonrió―. Y te aseguraste de que no pudiese dar con ella porque la fabricaste por mí… para mí.
―Necesitaba saber el motivo de tu abandono. Cuando Regina me dijo que Liam podría llevarnos a un club donde había un señor Sullivan… Tenía que comprobar si realmente eras tú.
―No te he perdido de vista estos años, Eve.
He estado acechando en las sombras con el único propósito de protegerte.
En mi obsesión por ti, hice que conocieseis a Faran Spooner, el vizconde Thorpe que secuestró a Isobel.
―Ella lo miró con horror―. Lo siento mucho, porque no sabía que él era un hombre horrible.
Traté de enmendar mi error y salí a toda prisa para rescatar a Isobel.
No podía fallarte. Me tienes en tus manos para que decidas lo que haremos.
Ella negó con la cabeza.
―Es demasiado tarde para nosotros. Han sucedido tantas cosas… ¿Cómo pudiste aliarte con Thorpe?
―Debo confesarme, cariño. Debes saberlo todo y decirme si podrás perdonarme. No solo cargo con la culpa de haberte corrompido. Hay más.
―Temo lo que puedas decir ―confesó.
―Me deshice de tus anteriores pretendientes porque no te merecían, y lo hubiese hecho con Banstorn porque él tampoco era bueno para ti.
Evangeline se levantó y se movió hacia otro lugar lejos de él. Las lágrimas estaban derramándose. Sullivan la siguió y la abrazó por la cintura. Ella luchó, pero él consiguió que aceptase su consuelo.
―Me abandonaste sin ninguna explicación y luego te proclamaste mi paladín para evitar… ¿qué? ¿No tenía derecho a casarme con quien yo decidiese? Tú no tenías motivo para interferir.
―Mi amor por ti es así de egoísta, lo admito. No podía correr el riesgo de que cayeses en malas manos. Lo siento, fue infantil, simple y nada sensato lo que hice. ¿Quién puede culparme cuando lo que me motivaba me daba la creencia absoluta de estar obrando por tu bien?
―Tú has cambiado. Me di cuenta después de haber… copulado contigo. ―Ella había elegido esa palabra con precisión.
Se separó de él y se colocó tras el escritorio de York para sentirse protegida. Sullivan se quedó delante de la mesa para darle espacio.
―No digas eso. Hicimos el amor.
―No. Conseguiste que no pueda pensar en nada más que en dolor, en angustia al imaginar compartir una cama con un hombre.
―Lo siento, di por hecho que eras una mujer experimentada. Yo…. Lo siento ―repitió sin saber qué más alegar.
―¿Y eso te daba el derecho de comportarte como lo hiciste, con egoísmo y sin miramientos hacia mí?
―¡No sabía que eras tú, Eve! ―levantó la voz con rabia.
―Pero era una mujer, tenías ante ti a una mujer que había dejado claro desde el inicio que tú le importabas. No puedes justificarlo.
―Nadie era importante para mí. Ninguna. Solo tú.
―Avery… ―Usó su nombre con cansancio.
―Me marché porque le prometí a tu padre que no interferiría en tu futuro.
Soy un bastardo, Eve. Un hombre con sangre sucia que no sabe quién lo engendró.
Ya te lo confesé. Los señores Sullivan me criaron y me dieron su amor, pero si ya era bastante malo que el humilde supuesto hijo de un abogado pusiese sus afectos sobre la hija de un conde, puedes imaginarte el deshonor que habría en que un bastardo te contagiase con sus sucios orígenes.
Tu padre lo averiguó y se libró de mí. Tenía que protegerte y le prometí que no interferiría, que siempre te protegería.
―Hablas de promesas hechas a mi padre, ¿y qué sucede con las que me hiciste a mí previamente?
Era yo quien tuvo que dar su aprobación, no mi padre.
El conde se marchó para no volver. Contaba con el respaldo del resto de mi familia, porque Regina te apoyaba, como sospecho que lo hace ahora, pues sé que ella ha debido contarte la verdad.
―Él cabeceó afirmativamente―. Isobel te habría dado sus bendiciones.
Pero no, tú tuviste que decidir por los dos porque era lo que imagino que considerabas correcto.
¿¡Y mis sueños!? ¿¡Y mis promesas, Avery!
? Yo estaba enamorada de ti, no me importaba nadie más que tú.
―Tu padre solo quería lo mejor para ti, hasta yo pude ver eso.
―¡Tú eras mi elección, lo mejor para mí! Yo sabía manejar muy bien a mi padre. Si hubieses confiado en mí y me hubieras confesado la situación, yo la habría podido arreglar. Él se replegaba siempre a mis deseos. Conocía a mi padre, te lo dije. Él no se hubiese opuesto.
―Lo hizo, Evangeline. Me dijo que si no me marchaba sacaría las pistolas del cajón. No podías arreglarlo.
―Tu falta de fe en mí no debería sorprenderme en absoluto. Imagino que no lo averiguarás jamás porque tú tomaste todas las decisiones y preferiste dejarme atrás ―aludió ella con gran pesar.
―Me sacrifiqué por ti, Eve. No solo perdiste tú.
Yo me vi solo y tuve que empezar de cero.
Acabé en un club de pecado, juego, pelea y vicio.
Peleo con todos los que se ganan el castigo y no me tiembla el pulso cuando debo matar a quien lo merece con mis puños.
¿Crees que esa era vida para la hija de un conde?
―Sé bien quién eres Avery Sullivan. No me asustabas. Todo nos ha conducido aquí, porque si recuerdas bien, yo te aseguré que no podías huir de mí y que allá donde fueses siempre te encontraría. Yo sí cumplí mis promesas, Avery Sullivan. Estamos aquí los dos. ¿Qué se supone que quieres de mí?
―A ti. No puedo dejarte a un lado, Eve. Te hice mía y mi egoísmo es… Todo me impulsa a luchar por ti. Lo que tenemos…
―¿Tenemos? No hay nada, solo un montón de mentiras y decepciones. ¿Creías que clamarías a los cuatro vientos que me acosté contigo y que ya estaría todo resuelto?
―No, por supuesto que no. No es fácil. Lo sé. No confías en mí y no te he dado motivos para hacerlo, pero si me lo permites, cada día te ofreceré todo el amor que siento por ti.
―Dime una cosa, dime la verdad.
―No volveré a mentirte, te lo juro, Eve.
―Muy bien. ¿Cuándo se puso en contacto mi hermana contigo y te explicó lo sucedido?
―No, no. No ha sido así. He hablado con Regina esta misma noche, me colé en la fiesta por la terraza para hablar contigo.
Ella se quedó un momento parada analizando la revelación.
―Si Regina no me hubiese descubierto, ¿qué habrías hecho? ¿Por qué has venido esta noche a mi casa?
Lo vio tragar saliva con fuerza y supo que lo que venía a continuación la enfurecería.
―Cuando tu hermana me dijo que tú habías sido aquella cortesana supe que no te dejaría marchar nunca.
―¿Qué me estás ocultando? ―Lo veía con cara de pánico.
―Antes de que tu secreto fuese revelado, había pensado en que tenía que hablar contigo y convencerte para que no aceptases a Banstorn.
Hay en Londres mejores hombres que te merecían.
―Había jurado no mentirle y no lo haría, y por la cara que ella estaba poniendo sabía que no estaba contenta con la revelación.
Ella se rio nerviosamente ante las palabras de él.
―¡Grandioso! Sí. Definitivamente resultas muy molesto, Avery Sullivan. Solo pretendías que no aceptase a mi más querido amigo, ese que he ofendido y que solo trataba de ayudarme, porque Liam sabía que yo me había entregado a ti y él siguió adelante con el compromiso.
Sullivan carraspeó.
―¿Se lo contaste a él? ―Pasó por alto los amargos celos de que ella llamase a otro hombre por su nombre de pila. No era momento de eso.
―Es mi amigo más querido ―razonó ella con la nariz en alto.
Él tragó saliva.
―Y aun así él iba a casarse con una mujer que no estaba intacta… ―Siguió cavilando―. ¿Llevas a mi hijo en tu vientre, Eve?
―¡No! No le haría algo así a Liam, a ti. No estoy embarazada. Un niño es un acto de amor, lo que tú me hiciste no podría ser considerado algo así ni en un millón de años.
Hubo un silencio de lo más incómodo que se sucedió durante varios minutos. Avery carraspeó.