Capítulo 14 #2
―Las cosas cambian ―expuso enigmático―. Por cierto, ¿encontraste al maldito que te apuñaló? ¿Tienes alguna pista?
―No. Nada. Y desde que me apuñalaron he sufrido un par de accidentes más. Un carruaje desbocado, un perro con muy malas pulgas… Alguien me quiere muerto y no sé de quién se tratará. Tengo demasiados enemigos.
―Tu vida no ha sido fácil.
―Lo cierto es que es mejor que no esté casado y con hijos todavía.
No me gustaría pensar en las consecuencias que podría tener en caso de contar con una amorosa familia.
―Suspiró y a su mente regresaron las dos únicas mujeres con las que se permitió tener ilusión.
Las había perdido a ambas. A la primera definitivamente, a la segunda…
eso era muy complicado. En fin, no se atrevía a buscar a una tercera, menos con lo que le estaba sucediendo.
―¿Esperas que traten de atacarte esta noche?
―Le he dicho a todo el que me ha querido escuchar mis planes en El placer del infierno. Me gustaría mucho que lo intentasen hoy de nuevo. Estoy más que preparado para atraparlos.
El carruaje se detuvo y los dos hombres salieron a la calle para subir las escaleras principales del club. Nada más entraron se toparon con el duque de York y con el vizconde Portman en el recibidor.
Liam suspiró y miró acusador a Phenton.
―¿Un espía? No sabes guardar un sencillo secreto, Phenton. Espero que ninguna misión especial dependiese de tu pericia, pues no quiero ni pensar en los buenos hombres que perecieron porque tú no supiste tener la boca cerrada.
―Eres el heredero directo del duque de York.
No hay nadie más vivo. ¿Crees que, en caso de tu muerte, me gustaría tener a tu hermano pegado a mis posaderas, recriminándome que yo sabía tus intenciones y que no las evité?
Guardar secretos era mi trabajo, pero mantenerme con vida era fundamental, Banstorn.
―Eres una vieja chismosa, Phenton.
―¿Habéis acabado ya o nos marchamos para que pueda explicarle un par de cosas a mi hermano mientras lo sacudo por la oreja como el niño insensato que es? ―se inmiscuyó el duque de York en la conversación.
El vizconde Portman se rio y los tres lo miraron con reprobación.
―Lo siento ―se excusó el vizconde―, solo estaba pensando en que York podría ser la institutriz que busco desesperadamente para mis hijos. Basil y Flavian necesitan mano dura y creo que podrías…
―Portman, esto es serio ―lo cortó Malcom―.
No es momento para sacar a colación a tus dos diablillos.
―York se había disgustado mucho cuando Phenton le contó las intenciones de su hermano.
¿No entendía que era el único reemplazo vivo y que tal vez no hubiese nadie más si Liam fallecía? ¡El título no se podía perder!
―No pienso marcharme de aquí ―dijo con serenidad Banstorn.
―¿Cómo dices? ―Malcom se lo cargaría al hombro si hiciese falta.
―Es fundamental que pelee con el hombre que me espera en el club porque tengo una demanda que hacerle y en caso de que no la cumpla, deberé retarlo a duelo. ―Liam era consciente de que posiblemente era el único que sabía el nombre del bastardo que había dejado embarazada a Regina.
York, que no se sorprendía de nada, se quedó petrificado. ¿Su hermano iba a poner en peligro su propio pellejo? ¿Cuáles eran sus motivos? ¿Por qué hacerlo si él no buscaba nunca enfrentamientos, solo placer?
La mirada de Malcom buscó la de Phenton, quien negó con la cabeza para confirmarle que no sabía nada más. Luego se concentró en Portman. El vizconde levantó las manos en señal de rendición. Thomas tampoco sabía nada.
―Dime lo que ocurre. ―Malcom era consciente de que debía ser un problema de proporciones bíblicas―. El hombre con el que pretendes pelearte e incluso arriesgar tu vida… ¿Te ha robado? ¿Te ha herido? ¿Ha faltado a tu honor de alguna manera?
―Es un asunto de honor sí, pero no es a mí a quien ha ofendido.
A mí no ―repitió con ira―. No me pidas más detalles porque no puedo dártelos.
Vas a tener que confiar en mí, Malcom ―usó su nombre de pila con sentimiento―, porque debo atender este asunto de inmediato y obligarlo a cumplir con su deber.
―No dejaré que pongas tu vida en peligro. Nada malo puede ocurrirte. Te debes al título, Liam. Es nuestro deber, nuestro legado, la única obligación que debemos atender ―razonó con suavidad su hermano.
Banstorn retó a York con la mirada. Veía la decisión del duque, su intransigencia. Así que decidió jugar su última baza.
―¿Si Isobel estuviese implicada te echarías a un lado a mirar?
Phenton y Portman se apartaron en ese momento para darles intimidad, sospechando que se trataba de un asunto delicado y no debían tratar de averiguar más.
Sobraría decir que los dos amigos de Malcom y Liam estaban incrédulos, porque Liam mantenía a las mujeres en un lugar…
Solo sabía divertirse con ellas. Nada más.
York maldijo con ganas tras haber escuchado lo que le relató Liam. Los hermanos tuvieron más intimidad para charlar.
―Dime quién es él.
―¿No te lo contó Phenton? ―Pensó que el chismoso le habría dado un buen informe.
―No. Nómbrale.
―El conde de Ranfield. ―No podía callar más. Su hermano tenía que entenderlo.
―¿Estás seguro de que es él?
―Sí.
―Dame una razón de peso, Liam.
―Ella lo ama ―susurró―. Sé que es él.
York se quedó un momento en silencio analizando lo que acababa de escuchar. Veía la verdad en los ojos de Liam.
―¿Eres consciente de la posición en la que me pones, hermano? Soy yo quien debe retarlo.
―No lo harás. No es tu causa.
―Ah, ya ves, creí que te casabas con la hermana. ¿Qué legitimidad tienes para proponerte a hacer lo que estás tan seguro de ejecutar?
―La que me otorga el privilegio de conocer su nombre.
―Yo también sé quién es él ahora ―rebatió.
―Bien. A lo largo de mi vida me he postrado a tus peticiones. La última de casarme ha sido terriblemente compleja cumplirla, pero te dije que lo haría y lo voy a hacer. Pienso ser inflexible en esta cuestión sobre Ranfield.
―¿Por qué?
―Si esperas que confiese que estoy enamorado de ella, puedes perecer aquí, porque eso no va a pasar.
―Veo la culpa en tus ojos, Liam. Dime por qué debes ser tú quien haga esto si ella está a mi cargo, y tiene mi protección por ser mi pupila y la hija de mi esposa.
―Yo la traje aquí. A ella y a Evangeline, una noche. Mi prometida deseaba ver a Sullivan y me convencieron.
―¿Es ahora cuando debo retarte yo a ti a duelo, hermano? ―preguntó tratando de controlar la rabia que sentía.
―Ellas debieron encontrar el modo de regresar sin ser descubiertas. Sé que no sucedió la noche que yo las traje porque las cuidé bien. Te avisé en su momento de que la arpía morena te traería problemas y es lo que ha sucedido. Ranfield debe casarse con ella.
―Y se casará. De eso no hay duda alguna. Insisto en que yo debo ocupar tu lugar en la satisfacción que le exigimos.
―No.
―Sí.
―No lo harás porque yo ya me peleé con él cuando vi que besaba a Regina la única vez que las acompañé aquí y quiero ganar claramente esta pelea.
―No voy a centrarme en lo que me hace sentir toda esa estúpida cosa del beso, porque ya no tiene sentido enfadarse por el pasado, así que te preguntaré: ¿cómo diablos te ganó alguien peleando?
―Lo subestimé y bebí más de la cuenta ―confesó. Ya no tenía caso callar el resto de las verdades.
―¡Liam! ¿Tenías una pelea y te emborrachaste? ―No daba crédito a lo que escuchaba.
―Sí, bueno. Ella lo besó a él cuando a mí no quería… ―Se calló al ver la ceja alzada de su hermano. No había sido su intención seguir cantando como un pajarillo todas sus miserias. El momento de confesión ya había terminado.
―Y por supuesto, no estás enamorado.
―No lo estoy ―lo negó tajantemente.
―Por tu bien espero que sea así, porque vas a casarte con la hermana y pretendes proporcionarle un esposo a ella. Dios no quiera que te des cuenta en algún punto de que cometiste un terrible error, Liam, porque no podrás deshacer las cosas.
Él carraspeó y apartó la mirada de su hermano.
―¿Aceptarías que un bastardo de mi esposa tuviese tu título?
York, que jamás se quedaba sin palabras, no pudo emitir sonido alguno. Los dos se quedaron un largo momento mirándose sin hablar. Al fin Malcom soltó el aire de sus pulmones.
―Debiste tenerla presente mucho antes de que las cosas se descontrolasen.
―Oh, hermano, no eres inteligente si me acusas de haber hecho eso.
―Que precisamente tú estés cuestionando mi lúcida mente en estos momentos… ―Dejó la frase en suspenso.
―Si Isobel se hubiese enamorado de otro y tú supieras que no tenías nada que hacer… ¿qué habría sucedido, Malcom?
Hubo un interminable minuto de silencio.
―Hablaremos de esto una sola vez y nunca se mencionará.
―Liam lo vio ponerse todavía más serio―.
En verdad te respondo que no lo sé, Liam.
Sinceramente no lo sé, porque yo llevaba seis meses sin poder acostarme con una mujer porque mi cuerpo no reaccionaba, y fue ella la que me despertó de mi letargo.
Si de algo entiendo es de señales. Tenía que ser Isobel o no sería ninguna.
Si debe ser esa hermana y no a la que te has propuesto, que sea ahora, Liam.
Banstorn analizó cada palabra con cuidado. La confesión de su hermano había estado a la altura de las circunstancias. No lo ridiculizaría por ello. Además, conociéndolo como lo hacía, sería mejor no hablar sobre su… momentánea disfunción.
―¿Y tu heredero? Olvidas ese punto fundamental. Nuestra sangre.
―Puede tener una niña y no suponer un problema. Tu segundo hijo podría ser tu sucesor en el título.
―Tendrá un niño, no una chica ―señaló con total seguridad. York se desconcertó por su vehemencia.
―¿Cómo puedes saberlo? ―Había un cincuenta por ciento de posibilidades.