Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

―Un libertino… ―York pronunció esas palabras y percibió que su pecho comenzaba a sentirse pesado.

Algo lo asfixiaba. Regina. Ella no era como Evangeline.

La morena era complicada, muchísimo más que la hermana mayor.

Decidida. Terca. Insoportable cuando se lo proponía.

Hija de un conde. Demasiado audaz en sus acciones y pensamientos.

Si tan empeñada estaba en proteger la identidad de un hombre que York mismo podría dejar sin sus partes privadas, debía ser alguien cercano.

Ella no había tenido ocasión de ser perversa con una persona fuera del círculo más próximo.

No bailaba con nadie, no hablaba con otros hombres…

Frunció el ceño. Solo se peleaba con su hermano Liam.

Ellos dos eran dos chispas que en caso de juntarse podrían provocar un incendio.

Su hermano no deseaba casarse, pero sí estaba interesado en ella, aunque no lo reconociese.

York conocía la mirada que Liam reflejaba cuando ella estaba cerca.

La deseaba, pero no la toleraba. ¿Podría ser que Regina hubiese acabado consumida por lo que su hermano pudo haberle despertado?

Liam no haría nunca algo así… Su hermano no seduciría a una mujer inocente por mucho que la ansiase.

Masculló una maldición en alto con ese pensamiento que dejó a Regina y a su esposa con la boca abierta.

¡Su hermano podría hacer cualquier cosa cuando deseaba algo que creía que no lograría!

Sí. Liam sería capaz de seducir a Regina y acostarse con ella.

Sí. Había sido demasiado tiempo como su hermano y reconocía que eran iguales cuando de cazar se trataba.

El duque apartó la silla con delicadeza. Se puso de pie y estiró su chaleco y su chaqueta. A continuación, miró a su esposa y a Regina y se movió hacia la puerta con paso decidido, pero sin correr.

El mayordomo le había informado de que su hermano estaba en casa y que deseaba hablar con él.

Puesto que Regina había solicitado una entrevista primero, le dijo que lo atendería después.

Seguramente Liam estaría conversando con Evangeline, una hermana que se había ganado su amistad y confianza pero por la que no sentía el menor interés… carnal.

Abrió la puerta y dejó salir al león que la mayor parte de las veces mantenía encerrado en su jaula. Se preparó para rugir el nombre de su hermano como si fuese un hombre dispuesto a entrar en la batalla de Waterloo.

―¡Liaaaaaam! ―Lo mataría. Mataría a su hermano y luego lo obligaría a casarse con Regina.

―¡York, York, York! ―lo llamaba Isobel por su título, para hacerlo reaccionar.

Ella sabía lo que estaba pensando su esposo, porque la duquesa misma creía que lord Liam W.

Banstorn podría ser el culpable de los males de Regina.

No era tan apuesto como su marido, pero sí tan fantástico como para hacer pecar a una virgen que sería castigada en la hoguera si perdía su virtud.

Regina no pudo soportar más la presión y comenzó a llorar mientras seguía, corriendo, al duque y a Isobel.

Cuando las dos mujeres ingresaron en la salita donde Evangeline y Liam habían estado conversando momentos antes, se quedaron atónitas con lo que vieron. York, que rara vez perdía los nervios, parecía estar dispuesto a asesinar a su hermano con sus propias manos.

Regina se colocó al lado de los dos hombres que forcejeaban, mientras que Isobel y Evangeline permanecían asombradas con la escena. Malcom logró inmovilizar a Liam contra la pared más cercana y su hermano pequeño no podía moverse.

―No es él. No es él. Lo juro. No es él. ¡Suéltalo, York! ¡Déjalo ir, por amor de Dios! ¡No le hagas daño! ―pedía Regina entre llantos.

El duque giró el rostro y miró a la muchacha que le agarraba el brazo mientras le reclamaba una y otra vez que soltase a Liam.

―¿Mi hermano no es el padre de tu hijo? ―preguntó, manteniendo bajo control su respiración.

Se escuchó un jadeo. Fue de Evangeline. La mirada de Liam, fija sobre York.

Estaba asombrado. Incrédulo. Pensó en las palabras que su hermano acababa de pronunciar.

Las reproducía en su mente una y otra vez.

¡Embarazada! La sorpresa dio paso a la rabia.

Una rabia que tenía que controlar, y que no sabía exactamente de dónde estaba brotando.

Se tragó la angustia que le subía por la garganta.

Buscó a la arpía morena. La observó con detenimiento.

Luego miró a Eve. Maldijo en su interior.

Se acababa de dar cuenta de que las dos hermanas habían ido juntas en algún momento al club y que Regina también se había entregado a… ¡Ranfield! Tenía que ser él.

―¿¡Por qué demonios ibas a suponer que yo había tenido algo que ver con ella!? ―farfulló con enfado Liam, mirando de nuevo a su hermano.

El duque lo examinó.

―¿De verdad quieres que lo diga aquí? ―lo retó.

―¿Qué tendrías que decir, si no es una disculpa por dudar de mi honor? ―rebatió, malhumorado y tratando de mostrarse sereno.

Al duque no le gustaba que lo tomasen por bobo. No. Posiblemente su hermano mereciese esa disculpa que había exigido, pero su proceder estaba más que justificado cuando creyó que Liam se había propasado con la hija de su esposa, con su pupila, a quien estimaba como un miembro de su familia directa.

―Ah, ya ves querido hermano, no esperaba que tú también me subestimases. La deseas ―espetó, como si hubiese descubierto un gran secreto―. Desde que la viste por primera vez y te envió al cuerno, has estado haciendo todo lo posible para que ella te tomase en serio.

Liam le dio un empujón y se negó a mirar a Regina o a desmentir la acusación. York retrocedió porque quiso apartarse de él.

Banstorn recompuso su atuendo, estirando su chaleco y la chaqueta, y se peinó.

―A falta de lord Snow, esto ha resultado un encuentro familiar de lo más… provechoso. Regina y yo tenemos que daros una excelente noticia. ―Su mirada se posó en la hermana mayor de las Dreyer―. Hemos decidido casarnos.

Se escucharon varias exhalaciones. Bueno. Liam no suponía que todos estarían rezumando alegría, pero al menos habría esperado que su prometida se mostrase más favorable, puesto que Eve se acababa de tapar la cara como si sintiese vergüenza ajena.

―Liam… ―comenzó a decir York.

―Voy a casarme con ella, aunque te interpongas y comiences a recitar las sagradas escrituras en mi contra, porque lo hemos decidido. Y ella está de acuerdo. ―No le había dicho que sí con palabras, pero sí había asentido antes de que el duque entrase hecho un basilisco.

―Liam… ―lo llamó Eve.

―¿Qué? ¿Ya te has arrepentido de tu decisión? ¿No quieres casarte conmigo? ―La miró con reprobación en cuanto ella se levantó y comenzó a andar hacia su posición, negando con la cabeza. Lo peor de todo era la mirada de tristeza que le ofrecía. Le acarició la mejilla.

―Has anunciado que ibas a casarte con Regina, Liam. No has usado mi nombre cuando has dado la noticia a la familia. ―Ahí Evangeline supo que su amigo sentía mucho más por su hermana de lo que estaba dispuesto a admitir.

Él carraspeó.

―Una confusión sin importancia. Todo debido a…

―Se le trabó la lengua al pensar en que Regina hubiese estado con otro hombre.

¿Habría sido antes de que él le dijese todas esas obscenidades durante aquel vals?

De pronto se sintió estúpido. ¡Regina estaba embarazada!

―. En fin, fue a causa de la situación de tu hermana y por el escándalo del mío.

Un descuido. Solo fue eso ―le dijo a Eve, sin apartar la mirada de ella.

Por algún motivo extraño sentía la imperiosa necesidad de justificar su desliz.

Él habría jurado que usó el nombre de Evangeline cuando informó de sus planes a todos los que estaban con ellos.

Isobel tuvo que buscar un sillón y tomar asiento. York se quedó en su posición, a un lado de la habitación. Regina se mantenía apartada, cerca de la ventana. Liam y Evangeline, también de pie en medio de la habitación, uno junto al otro, en esos momentos.

―¿Quién explicará la situación? ―tomó la palabra York.

―Haré un resumen rápido y después atenderemos un asunto más importante. ―Fueron las palabras de Eve, quien estaba pendiente de Regina. Su hermana miraba por la ventana.

―Te escuchamos ―le dio pie a hablar Isobel.

―Ningún pretendiente de los que me han cortejado ha estado mucho tiempo a mi lado.

Me he cansado de seguir buscando. Liam y yo somos buenos amigos y consideramos que podríamos tener un excelente matrimonio.

Decidimos hace largas semanas que nos casaríamos.

Hemos tenido tiempo de meditarlo y deseamos contar con vuestra bendición.

―Eve pensó que lo había resumido muy bien.

―No ―se negó Isobel―. Te conozco muy bien, Evangeline. Tú estás hecha para amar y que te amen con devoción. Una unión basada en la fraternidad que me consta que os tenéis Liam y tú, no te hará feliz. No deseo para ti que llegues al final de tu vida y te arrepientas de no haber vivido plenamente.

Eve se acercó a ella. Se agachó un poco y le dio un beso en la mejilla en agradecimiento por la preocupación que observaba en su madre.

―Te honran tus palabras. Siempre te he considerado una madre para mí. Te amo, Isobel. Entiendo tu posición, pero debes confiar en mí cuando te digo que no es una decisión basada en un capricho. Estoy segura del paso que voy a dar y te pido que sueltes mi mano y me dejes ir, por favor.

―Liam ―interrumpió York―, ¿serías tan amable de venir conmigo a mi despacho para hablar? De ese modo las damas tendrán unas palabras sin nuestra interferencia.

Banstorn buscó la aprobación de Eve. Ella asintió. Y Liam se marchó de la salita seguido por su hermano. Antes de salir, Regina buscó la mirada de Banstorn, los dos compartieron un breve momento. Ninguno de los dos consiguió adivinar lo que estaría pensando el otro.

Las mujeres se quedaron solas.