Capítulo 1 #2
―Te aconsejo que no lo hagas y que te olvides de mi hermana, porque desprecia a los hombres.
Creo que blindó su corazón hace tiempo. Así que, si tienes pensamiento de buscar una esposa, tal y como exige York que hagas, mueve tus garras hacia otro lado porque no miento cuando te aseguro que con Regina no tienes ninguna posibilidad.
Liam llevó una mano a su cintura y cambió el peso de su pierna izquierda sobre la derecha. La miró con el ceño fruncido y una diversión burlona se reflejaba en sus ojos.
Evangeline lo inspeccionó con atención. Su atuendo era muy interesante. Iba enfundado en tonos oscuros, azul casi negro, pero su chaleco era de un azul cielo que hacía que sus ojos resplandecieran. En verdad era un espécimen masculino de lo más sugerente.
―¿Estás lanzando una apuesta?
―¿Sobre mi hermana? ―Él levantó una ceja sardónica.
Por un segundo Evangeline creyó que el duque era él y no su hermano.
Definitivamente los dos únicos miembros vivos de la familia Banstorn eran iguales―.
Tan arrogante, que me siento tentada a lanzar una apuesta solo para que comprendas que no todas las mujeres desean que visites su alcoba.
―Hay muchos lugares en los que puedo visitar a una mujer, Eve… y corromperla.
―Y tan escandaloso que no debería sorprenderme el hecho de que no tengas en cuenta que hablas con una mujer soltera e inocente.
―¿Inocente, Eve? Vamos, tuve que ir al invernadero a salvarte de ti misma. Lord Denzel estaba ansioso por más. ¿Qué crees que habría pasado si no llego a intervenir?
Ella suspiró. El episodio al que Liam acababa de hacer referencia ocurrió hacía tiempo, pero ella lo recordaba como si fuese la noche anterior. Cierto que la cosa… Bueno, las conversaciones de Liam eran más inapropiadas de lo que resultó ese encuentro con Denzel.
―Me acababa de pedir matrimonio y sugirió darme un beso. ―La cosa se descontroló, era verdad.
―El tipo tenía sus manos sobre tus…
―Sé lo que ocurrió, Liam ―lo interrumpió―, yo estaba allí. ―El bochorno fue espectacular cuando él la salvó de lo que pudo haber sido su ruina por cómo procedió después el caballero en cuestión.
―No me importa que seas una libertina, Eve. Lo que sucede es que las mujeres se casan primero y luego ya son malvadas. No lo hagas al revés. El juego es diferente para las damas. Tu reputación debe ser preservada.
―¿Supiste algo de Denzel? ¿Por qué un hombre pediría mi mano y luego desaparecería inesperadamente?
―No es extraño que el género masculino dé un paso al frente y luego recule con facilidad. La soga matrimonial es cosa seria. No puedo culparlo por huir.
―¿Y qué hay de Merithon? ¿Y de Windermere?
―¿Estás segura de que los tres pidieron tu mano en santo matrimonio, Eve?
Ella lo observó con cara de pocos amigos.
―¿Crees que mi desesperación por casarme me haría inventar tres compromisos? ―refutó la dama con enfado.
El vizconde Merithon fue un pretendiente de lo más solícito la temporada pasada. Y en esta, los condes de Windermere y Denzel se esfumaron también después de que ella accediese al cortejo y diese su aprobación para casarse.
Evangeline tenía una lista muy corta con los mejores partidos de Londres y parecía ser que los ahuyentaba.
―No sé lo que pasó, Eve, pero es bueno que nadie sospeche que pidieron tu mano. Es cierto que las páginas de chismes hablaron del cortejo de Merithon y Windermere, y aunque ambos se casaron con otras damas, por lo que he escuchado saliste ganando en el cambio.
―¿Lo hice?
Él afirmó tajantemente con la cabeza antes de responder:
―El vizconde tiene dos amantes instaladas en la misma calle y Windermere… no quieras saber sobre los gustos de él. No te convenían. Fíjate que te digo que estarías mejor instalada como mi esposa.
―¿Es una proposición? ―preguntó ella con una sonrisa.
―El infierno se congelará antes de que acabes con un hombre como él. ―La voz censuradora que provino del lateral izquierdo era la de Regina.
Evangeline negó con la cabeza. Eran como el agua y el aceite.
―Liam solo estaba bromeando, Regina.
―No me pareció que York dijese en broma que era indispensable que se casase pronto ―habló la hermana menor Dreyer.
―¿Es una oferta, lady Regina? ―Liam arrastró el título de ella.
―¿Para que se vaya al infierno, milord? Por supuesto que sí.
Ahora, si no le importa, mi hermana tiene la esperanza de casarse esta temporada y dado que será su segunda vez en el mercado matrimonial, no es bueno que la vean siempre con usted.
Ya sabe que la gente honrada no lo tolera.
―Esta hermana Dreyer había aprendido a no caer en las burlas de él, lo que sucedía era que cuando veía una ínfima posibilidad de que él y su hermana tuvieran algo más que, en su opinión, una lamentable amistad, ella no controlaba su temperamento.
Y le gustaba hablarle con formalidad en algunas ocasiones para mantener las distancias.
―Pequeña descarada ―dijo Liam con una sonrisa―, le perdonaré su nefasto intento de agravio porque me doy perfecta cuenta de que debe de ser duro para usted.
―¿Duro? ―Ella frunció el ceño y la pregunta no debió haber salido de su boca, porque en cuanto lo vio sonreír como si fuese un cazador que acababa de tender una trampa, Regina supo que iba a decirle algo que la irritaría profundamente.
El hermano de York tenía un talento natural para que esa hermana Dreyer planease cada noche la mejor forma de asesinarlo sin que nadie supiese de su acto.
―Sí, ya sabe, el hecho de amar y desear fervientemente al hombre que jamás podrá ofrecerle algo más que su…
¡Oh! ―exclamó con falso sentimiento―, ni tan siquiera puedo ser su amigo, milady .
Sería una crueldad por mi parte mantener su esperanza viva.
Así que le rogaría que dejase de admirarme a cada paso y ponga sus ojos en otro lugar.
Comienza a ser molesto sentir sus miradas sobre mí a todas horas.
No se equivoque, lady Regina, me halaga, pero no lo encuentro justo y aunque no lo crea, me preocupa su felicidad.
―Mentiría si Liam no reconociese que a medida que la veía ponerse roja de furia iba disfrutando más y más de su propio discurso.
Se sonrió y se felicitó a sí mismo en cuanto la observó erguir la espalda, apretar los puños e inspirar una buena bocanada de aire.
Era evidente que Regina estaba conteniendo toda su ira.
Ciertamente era una mujer llena de pasión.
Una imagen de ella, abandonada a su toque, cruzó su mente.
En esa epifanía la veía desencajada por los efectos del ardor, desgastada por sus lascivas caricias…
Liam sacudió la cabeza. Llevaba demasiado tiempo sin gozar de una mujer, porque Regina no era una conquista que él aceptase.
Por mucho que su hombría se hubiese removido inquieta en sus pantalones, esa dama era un polvorín que él no debía encender en el plano carnal. Con molestarla le iba bien.
Estuvo satisfecho en cuanto ella se dio la vuelta, los dejó solos y desapareció por las puertas francesas que daban acceso al jardín de los anfitriones del baile, los condes de Whathor.
―Has tenido suerte de que Regina no te diese un puñetazo, Liam. Algún día podría hacerlo. Ella es imprevisible.
―¿En medio de un baile? Tu hermana no es capaz de hacer algo semejante.
―Eso evidencia que no conoces en absoluto a Regina. No es una mujer común. Le importa bien poco su reputación y si la fuerzas descargará toda su ira contra ti y te dejará temblando. No la subestimes.
―Lo que sí me sorprende es lord Denzel ―dijo él, sumido en su propia cavilación. Evangeline rodó los ojos, era evidente que el asunto de Regina había concluido para él.
―¿También tenía alguna mancha en su historial, Liam?
―Si la tiene, no es de dominio público. Los otros dos se casaron y siguieron su camino, pero hace tiempo que Denzel desapareció y eso sí me preocupa un poco.
Ella se rio.
―¿Crees que lo tengo enterrado en el jardín o algo similar por el hecho de que se tomase libertades conmigo?
―No, en absoluto. Si disfrutaste de sus atenciones y habías aceptado ser su esposa, ¿por qué lo matarías?
―No disfruté de su manoseo. Lo cierto es que no me gustó en absoluto que me tocase. No esperaba…
―Buscas un esposo, Evangeline ―la cortó―. Te llevará a la cama y te reclamará como suya. Así que te recomiendo, que si en verdad no te gusta lo que te hace sentir un hombre, además de centrarte en su título, posición y riqueza, lo hagas también sobre lo que será compartir su lecho.
Se oyó un jadeo tras la pareja. Evangeline y Liam observaron la fuente de ese sonido. Vieron a York y a su esposa Isobel ante ambos.
―Sé que te gusta ser escandaloso, yo mismo me vanagloriaba de lo mismo, no obstante, lo preguntaré: ¿es necesario tener ese tipo de conversaciones en un baile público, Liam? ―lo amonestó el duque. Su hermano agitó los hombros en una clara señal de despreocupación.