Capítulo 17
Un viaj e
Avery Sullivan supo que debió haber asesinado a Thorpe en cuanto salió a flote aquella información sobre una dama que se mató cuando bajaba por las escaleras mientras estaba en compañía de ese maldito.
Y quedó comprobado que tuvo que haberlo hecho porque, en estos instantes en los que el hombre de confianza que había puesto a vigilar al vizconde le acababa de informar sobre lo acontecido con la futura duquesa de York, intuía que el duque lo mataría a él con sus propias manos.
―No hay tiempo para mucho. ¿Qué camino tomaron?
―Al norte. Han ido a Gretna Green. ―Confirmado, Sullivan sabía que York lo asesinaría.
―¿Cómo estás tan seguro?
―Porque entré en la mansión de lady Snow y le apoyé mi cuchillo en la garganta a uno de sus lacayos y cantó como un pajarillo.
Necesitaba saber qué le había dicho él para que ella, una mujer que mañana se casa y de la que todo Londres dice que está enamorada, se marchase por su propio pie y con urgencia con un hombre como él.
―Buen trabajo, Cook. Voy tras ellos, informa al duque de lo que me has contado a mí y dile que no tarde en alcanzarme.
―¿Vas a ir solo a salvar a la madre de una dama que no sabe ni que existes, jefe? ―se atrevió a preguntar su hombre de confianza.
Cuando Avery le pidió a Cook que ejerciera de espía para vigilar los movimientos de Thorpe, tras llegar de Escocia porque no se fiaba de él, tuvo que narrarle prácticamente toda su vida.
Cook era el mejor y lo necesitaba, pues él había introducido en la vida de las damas a Thorpe sin saber el tipo de persona que era y eso lo llenaba de culpa.
―Si no rescato a la madre de ella… Evangeline…
―recapacitó sobre sus palabras. La mujer que amaba no sabría nunca nada sobre él, como su hombre acababa de decir, pero si no trataba de enmendar el desastre, York pondría precio a su cabeza, y si ya era malo enfadar a un vizconde violento, no quería pensar en lo que sería hacerlo con un duque con poder y engreimiento―. Debo hacerlo. Busca a York, por favor.
―Es tu decisión, amigo mío.
Cook y Sullivan se separaron en ese momento. Sullivan subió sobre el lomo del caballo que le había comprado a Albemarle y esperaba que en verdad fuese un animal capaz de volar.
***
Mientras el mundo parecía irse al traste, el duque de York disfrutaba de lo que parecía el comienzo de una apacible vida, ajeno a todos los problemas tan grandes que tenía.
Llevaba días sin discutir con el señor Wilson.
El maldito lo vio con un ojo morado la noche anterior y no preguntó ni por lo sucedido.
¿Es que todo Londres deseaba verlo amoratado?
Después de dejar a Lucien convaleciente y aparentemente fuera de peligro en una lujosa habitación del establecimiento del señor Sullivan, todos se habían ido a casa con los ánimos afectados.
El apuñalamiento de Phenton había causado un gran revuelo y sería un tema muy difícil de afrontar, pero para hacerlo, primero su amigo debía recuperarse.
York lo ayudaría en cuanto necesitase, pero no todavía porque Malcom también tenía muchos asuntos por delante.
―Está especialmente callado esta mañana, señor Wilson.
No es que me queje del inusual silencio, pero me provoca cierta…
indisposición. ¿A qué se debe, amigo mío?
―Su ayuda de cámara lo acababa de rasurar y todavía no había dicho ni una sola palabra desde que entró en la habitación. El silencio estaba matando a Malcom.
―Lo estoy, excelencia porque las regañinas de su futura esposa serán más efectivas que las mías y he decidido ahorrar esfuerzos.
―No sea absurdo, Wilson. Isobel no tiene motivos para enfadarse conmigo.
Soy el perfecto caballero de brillante armadura que defendió su honor, y ya puestos el mío propio.
Fue una delicia pelear contra él y no estar en clara desventaja ―dijo, esperando haber sonado seguro de sí mismo en lo relativo a la cuestión que afectaba a su futura esposa.
¿Se enfadaría ella cuando le contase la hazaña?
Sí. Lo haría. Mejor evitarla hasta el día del enlace.
―Lo hará en cuanto vea que su flamante prometido se presenta en su boda con una imperfección semejante. ¿De qué le sirve la belleza a un duque si no puede lucir exultante en el día más importante de su vida, y demostrarle a su dama que es la perfección personificada?
Los dos hombres se quedaron mirándose a los ojos un instante.
―Sé que se está burlando de mí y no me gusta.
―Usted preguntó, yo respondí. ―Le colocó una toalla húmeda sobre el rostro para calmar la irritación de la piel.
Oyeron gritos en la parte de abajo.
―¿Qué sucederá? ¿Tendré suerte y será Thorpe irrumpiendo en mi ducal casa para exigir un nuevo combate? ―preguntó esperanzado.
―Supongo que pronto lo averiguaremos porque alguien se acerca a la carrera.
York se levantó de la silla, y lamentó llevar puesta la estúpida camisa de dormir. Se sentía ridículo. Suspiró y se preparó para ver al causante de tanto alboroto.
En sus habitaciones privadas se adentró un lacayo que iba precediendo a otro hombre. La singularidad de la estampa radicaba en que el pobre sirviente tenía apostado bajo su cuello un cuchillo.
―¿Es usted el duque? ―le preguntó el asaltante. York asintió. Si venía a matarlo, mejor que llevase una pistola y no un metal cortante. Se dijo a sí mismo que podría reducirlo con facilidad, más porque Wilson ya había sacado una pequeña pistola de un cajón y estaba apuntando al hombre.
―Y usted… ¿es? ―dijo con tranquilidad.
―Me manda Sullivan. ―Cook dejó en libertad al lacayo y colocó las manos en alto en señal de rendición en cuanto sintió a su izquierda el martilleo de una pistola.
―¿Qué sucede? ―Sospechaba que era importante si un hombre se había atrevido a allanar su casa él solo.
―Thorpe se ha llevado a su prometida alegando que Evangeline había sido secuestrada por Sullivan.
―Wilson. ―El ayuda de cámara dejó de apuntar al intruso y ya estaba sacando el traje de montar del duque mientras Malcom sostenía las pistolas para llevárselas―. Vaya diciendo lo más importante mientras me preparo ―invitó a explicarse al extraño.
―Sullivan ha partido hace unos instantes para tratar de dar con ellos lo antes posible. Me ha pedido que se una a él en la persecución. Es un buen rastreador y sabe que van en carruaje, así que deberán ir por caminos que no están escondidos.
El invasor se dio la vuelta en cuanto York comenzó a vestirse a toda prisa. El señor Wilson salió para mandar que prepararan al caballo del duque con las pistolas en la mano.
―¿Tiene idea de a dónde se dirigen? ―preguntó con los pantalones puestos.
―El vizconde y la dama van hacia Gretna Green.
Sullivan me asignó la tarea de vigilarlo, no preví lo que ha sucedido…
―dijo exasperado―. Si ambos montan lo suficientemente rápido deberían alcanzarlos con prontitud.
Sé que Sullivan lo hará porque conoce caminos que no son transitables.
Con suerte los alcanzará antes de que se cumplan los propósitos de Thorpe.
Un viaje así podría durar de cinco a seis días dependiendo del cambio de caballos.
Dos jinetes al galope deberían ser más rápidos y cuentan con ventaja porque el vizconde no está al corriente de que les he dado el aviso de lo sucedido.
York suspiró, al tiempo que asentía ante la explicación del desconocido.
Si el truco de Thorpe era casarse con ella para evitar su boda, había sido doblemente estúpido.
Primero, porque lo mataría y la haría viuda de nuevo.
Enterraría su cadáver en una zanja y nadie tendría que enterarse de que fue él el responsable, dado que jamás encontrarían al raptor de su mujer.
Y segundo, porque lo iba a matar igualmente aunque no se casase con ella.
Si le había puesto un solo dedo encima, lo destriparía como a un cerdo.
―Bien. Supongo que tengo una misión.
―No parece afectado, excelencia. ―Cook había esperado histerismo o que moviese a toda una legión…
Lo que fuese que hicieran los tipos aristocráticos para poner en orden sus asuntos.
Incluso creyó que contrataría a un par de matones para que llevaran a cabo el trabajo sucio, pero el hombre sí estaba dispuesto a intervenir sin demora.
―Y es por ello por lo que Faran Spooner lamentará el día en el que nuestros caminos se cruzaron.
El duque salió a la carrera dispuesto a llegar hasta donde hiciera falta para recuperar a Isobel. Al fin la había encontrado y no iba a consentir que nadie le arrebatase lo que llevaba tanto tiempo esperando.
Llegó a la entrada y su caballo, Dragon, ya lo aguardaba allí.
―En las alforjas tiene lo necesario. Un par de pistolas, varios cuchillos y una manta. Algo de comer y también bebida.
―Por amor del cielo, Wilson, no es un picnic.
―No es para usted, es para la futura duquesa. Tráigala de vuelta y trate de no morir en el intento ―le recomendó Wilson. El duque asintió―. Si mi edad me lo permitiese montaría a su lado ―se lamentó.
―Lo sé y no se preocupe, tío ―usó el parentesco porque la ocasión lo merecía―, la traeré de vuelta sana y salva, aunque solo sea para no escucharle decir durante el resto de mi vida que he perdido a otra dama.
―Tras decir esto, espoleó a su montura e inició el viaje más importante de su vida.
Y mientras lo hacía rezó una plegaria para que ella estuviese bien.
―Lo hará porque está irremediablemente enamorado y sabe que su vida sin ella no tendrá ningún sentido.
Que Dios se apiade de Thorpe cuando lo encuentre…
―Wilson suspiró satisfecho tras decir en voz alta lo que sabía que sentía su sobrino.
Si Dios existía, y él sabía que lo hacía, guiaría a Malcom por la senda correcta y lo haría triunfar en la lucha final contra el destino.
Era un hombre decidido, fuerte y se había entrenado bien para ir a la lucha.
Un entrenamiento que nunca había dejado de lado porque el ejercicio y la preparación le gustaban.