Capítulo 16
Más acció n
York se quedó en pantalones en medio del ring. El pecho descubierto y sin zapatos. Estaba esperando al vizconde, quien seguía desvistiéndose con lentitud.
El griterío era constante. No podía ser de otro modo, el club de Sullivan tenía en la planta inferior del edificio un cuadrilátero y las apuestas no tardaron en lanzarse a favor de uno y otro.
Malcom estaba muy tranquilo. También ansioso. Toda la furia que había cosechado contra Faran Spooner iba a salir desbocada al fin.
El duque miró el alboroto que tenía a su alrededor.
Ladeó la cabeza para mirar a Phenton, y maldijo en alto una ristra de palabras malsonantes que harían sonrojar al mozo de un puerto.
Su compañero tuvo el tino de eludir su mirada.
Entonces la vista de York volvió a centrarse en los rostros que había reconocido entre la multitud que se había congregado para ver una pelea que no estaba programada.
Su hermano Liam, quien ya sacaba unas monedas del bolsillo para entregárselas al corredor de apuestas, lo miró con una sonrisa.
A su lado, Portman hacía lo mismo. Hasta ahí más o menos todo podía ser normal.
Lo irritante de la situación fue cuando vio al duque de Kensington y al conde de Exeter también haciendo su jugada.
Y sí, Samuel, el esposo de Angela estaba con ese grupo.
Malcom se acercó a la esquina para hablar con Phenton.
―¿Has puesto un maldito anuncio en el periódico? ―masculló entre dientes.
―No deberías enfadarte, amigo mío, porque he traído refuerzos ―respondió con tranquilidad Phenton.
―¿Refuerzos? ―bufó―. Exeter y Kensington habrán venido para ver si Thorpe me da una paliza como antaño.
Monty le habrá prometido una fortuna a mi oponente si me deja medio muerto…
o algo peor. Liam no va a perderse un bonito combate en el que su hermano mayor pueda sangrar un poco.
En cuanto a Portman, invertiría mejor su tiempo en buscar una institutriz para las monstruosidades que ha engendrado.
―Se quedó un momento pensativo, y sin apartar la mirada de Lucien le dijo―: Es curioso que no contemos con la presencia de Albemarle.
Sospecho que al hombre que te priva de la mujer con la que te has encaprichado, no lo has invitado a ver el espectáculo…
Y es extraño del todo porque tengo entendido que manco y todo, Ryan Cross es uno de los mejores, así que si se trata de refuerzos… él debería estar aquí…
―Bien sabes que Albemarle no pisará un lugar en el que yo esté. Nos apañaremos con lo que tenemos. Además, no debería serte demasiado difícil dejar en el suelo a tu oponente.
―Ya… por eso has decidido traer a mis queridos amigos.
―La culpa es de tu hermano ―se defendió―. Banstorn sabe la rivalidad que tienes con Monty y cuando se lo cruzó en White’s compartió nuestro plan. Kensington iba con él.
―No podías callarte, ¿verdad? No logro entender cómo fuiste espía y sobreviviste, pues está claro que no sabes mantener la boca cerrada… Es una suerte, Phenton, que no tengas hermanos pequeños. Todo lo convierten en una rivalidad constante ―dijo mientras negaba con la cabeza.
En ese momento se acercó hasta ellos Monty, en compañía de Exeter y Kensington. Los tres amigos lo miraron con diversión.
―Enhorabuena por tu compromiso. Tenía entendido que los futuros esposos celebraban sus futuras nupcias de un modo menos violento… más placentero ―habló el duque de Kensington.
―¿Burdeles? ―tomó la palabra York―. ¿Por qué debería ir en estos momentos en busca de placer extraño cuando tengo todo lo que deseo al alcance de mi mano?
La cara de Kirk Baldrick, antiguo capitán del regimiento 69, fue un espectáculo. La de lord Exeter no se quedó atrás.
―¿Os lo dije o no os lo dije? ―comentó Monty orgulloso―.
El maldito truhan se ha puesto de rodillas.
No, de rodillas no. Es la bonita alfombra persa de la dama y apuesto mi título y fortuna a que se dejaría pisotear las veces que hiciera falta por los bonitos escarpines de la inminente duquesa de York.
―Una sonrisa socarrona acompañó su hipótesis.
York levantó una ceja.
―¿Lo dices por experiencia, Monty? Creo que todavía tienes el tacón de Angela clavado en la sien…
Phenton y Kensington estallaron en carcajadas.
―No sé de qué os reís, vosotros no estáis en mejor situación que ellos dos ―comenzó a explicar Exeter.
Para el que fuese coronel del regimiento 69, el amor era lo mejor que le podía pasar a un hombre.
Estar al servicio de su esposa Briana fue toda una bendición.
De hecho, su condesa tenía el mundo a sus pies porque él le bajaría la luna si hiciera falta.
Luego siguió diciendo que―: Tú ―señaló a Phenton―, lloras por la atención de la hermana de Albemarle y todo Londres lo sabe.
En cuanto a ti ―miró a Kensington―, la sociedad ha dejado de llamarte demente porque tu esposa es un poderoso bálsamo para tu alma atormentada.
Si nuestras damas exigen que nos pongamos de rodillas, creo que es un precio pequeño que debemos pagar.
Con la defensa que le acababa de hacer Exeter, York se quedó asombrado.
―Gracias.
―Dámelas dejando que Thorpe te magulle un poco antes de machacarlo.
―York le echó una mirada ceñuda y el conde se apresuró a matizar―: No creas que he olvidado que estuviste a solas en un carruaje con mi esposa y que la cobijaste en tu casa cuando ella era todavía soltera ―rebatió Frederick, conde de Exeter.
―¡Angela estaba con nosotros! ―se defendió Malcom.
―¿Y eso debe ser un consuelo? ―rebatió Frederick.
La mujer de Monty podía ser muy vengativa si se lo proponía, y ciertamente Frederick no obró del mejor modo cuando se propuso conquistar a Briana en su momento.
Toda una suerte que su esposa no acabase rendida a los pies del hombre por el que todas las mujeres del reino suspiraban con solo escuchar su nombre.
―Las damas se escondieron en mi carruaje porque vosotros dos hicisteis algo muy malo…
¡No fui responsable de que vinieran a pedirme auxilio y me utilizaran para su propia venganza!
Además, después de cuatro años, creo que va siendo momento de que olvidemos ese asunto.
―El duque estaba recordando un encuentro del pasado que molestó muchísimo al esposo de Angi y a su amigo, puesto que ella y Briana lo eligieron a él para darles su merecido, cuando ellos las disgustaron muchísimo por algún asunto que él no recordaba con claridad.
―Sí, sí… lo olvidaré en cuanto te vea sangrar. Me contentaré con que te dejes dar un puñetazo ―siguió Frederick mientras esbozaba una sonrisa―. Imaginaré que soy yo el que te lo da.
―Yo también haré eso ―se sumó Monty a la propuesta de su amigo Frederick.
―Haré lo mismo ―añadió Kensington.
―¿Qué te he hecho yo? ―se quejó Malcom a Kirk.
―Me robaste a dos viudas antes de marcharme a la guerra ―respondió el aludido.
―¡Maldita sea! Yo no tengo la culpa de ser como soy ―soltó York enfadado.
―Sí, supongo que una cicatriz en el rostro te haría menos irresistible… ¿podemos darle un cuchillo a Thorpe? ―Esto fue dicho por Liam y York gruñó.
―Incluso mi hermano se suma a mi castigo… ―York vio a Liam sonreír. Se giró para examinar a su amigo Thomas y le preguntó―: ¿Hay algún crimen por el que deba pagar en tu nombre, Portman?
―Mi esposa solía decir que eras demasiado apuesto para tu propio bien y que eso te traería infelicidad, porque las mujeres no te valorarían más que por tu aspecto. Creo que ha sido así durante toda tu vida.
―¡Eres ridículo, Portman! ¿Qué tiene que ver eso ahora? ―inquirió muy molesto Malcom.
―Ah, yo solo trataba de hacer ver que tú ya has tenido suficiente castigo, así que no te dejes golpear por Thorpe y termina pronto para que podamos acabar en White´s ridiculizándote por ser un hombre enamorado que aseguró que jamás caería en la trampa del amor.
―Muy bien ―volvió a hablar York―. Así que mis amigos y no tan amigos ―dijo en clara alusión a Monty, Kensington y Exeter―, desean que me deje dar un golpe para que ellos puedan sentirse menos amenazados por mi atractivo…
Y tú, Portman, quieres ir a un lugar privado para que todos podáis reíros de mí lo suficiente. ¡Grandioso!
―Es justo ―dijo, al unísono, toda la comitiva que tenía a su lado.
No hubo tiempo para más charla. Sullivan, quien iba a dirigir el combate, lanzó un silbido para poner silencio en el lugar.
Incluso la habitación inerte, que estaba fría y decorada con piedra incrustada, se quedó expectante por la pelea que iba a comenzar.
El duque de York no atendía a lo que el antiguo administrador del esposo de Isobel decía.
Sus ojos estaban clavados en su oponente.
Faran lo miraba con desdén, como si fuese a terminar con él en el primer minuto.
Ladeó la cabeza y observó al grupo de hombres que parecían haber venido a divertirse a su costa más que a ayudarlo y apoyarlo.
Cuando se quedó frente a frente con Faran, Malcom bajó los puños y un derechazo le dio en la mandíbula, en la parte derecha.
El duque volvió a girarse para mirar al grupo.
Todos, en especial Monty, e incluso Portman, parecían satisfechos con que se hubiese dejado atizar sin oponer resistencia.
Bueno. Al menos, una afrenta estaba saldada y esperaba que la estrategia de hacerle ver a su rival que iba a ser un blanco fácil diese en el clavo y Thorpe se confiase.
La verdad era que no entendía bien qué mal les había hecho a Phenton o Portman, probablemente alguna mujer también…
En cuanto a Liam… seguro que su hermano solo pretendía molestarlo porque sí y nada más.
York vio venir a Faran y se concentró en la pelea. Los gritos animaban a uno y a otro. De nuevo el puño del vizconde trató de darle en el mismo lugar, el duque lo esquivó sin problemas.
―¿Creías que te lo pondría tan fácil, Thorpe? ―inquirió con una sonrisa.