Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 15 #4
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Capítulo 15 #4

―Me alegra que estés de tan buen humor, Thorpe ―habló con calma el duque.

No era el instante adecuado para perder los nervios―.

El señor Sullivan ya nos ha explicado vuestra…

asociación. Debe haber resultado feo para ti convertirte en el perro de un hombre que está por debajo de tu categoría… ¿Cómo lo has sobrellevado?

Lo vio sonreír con inocencia. Luego, Faran puso esa cara que York había visto tantas veces cuando se disponía a asestarle el golpe de gracia.

Se preparó para escuchar una grosería que debía evitar que le hiciese gruñir y escupir espuma por la boca.

No le daría lo que quería. Lo harían del modo en el que Phenton y él lo planearon.

―¿No lo sabes todavía? Con pasión… Imaginé que el conquistador ya sería consciente de las mieles que tiene que ofrecer su futura duquesa…

¿No te ha permitido la entrada en su cama todavía?

He oído que has tenido que prometerte… Yo salí libre como un pájaro de esa prisión.

Felicitaciones, York, sé que la dama te va a…

complacer en exceso. Le gusta dulce, al menos al principio…

pero si la animas lo suficiente se encenderá para exigir que seas rudo.

¿Quieres que te dé alguna lista para que te resulte más fácil dominarla en el lecho?

―preguntó de modo inocente, como si en verdad le estuviese haciendo un favor sincero.

York se alegró de que su prometida hubiese sido virgen, de que su sangre hubiese corrido por su misma carne íntima cuando la hizo mujer.

Confiaba plenamente en Isobel, y la habría creído con fe ciega en caso de que no hubiese sido pura, pero los celos que sentía, incluso sabiendo que eran infundados porque el relato era del todo falso, conseguían ponerlo nervioso.

El solo pensamiento de que el maldito vizconde pudiese estar imaginando que en verdad había hecho cosas íntimas con ella…

―Si lo que sostienes es cierto, Thorpe ―el duque alzó una ceja sardónica―, ese recuerdo conseguirá mantenerte caliente cuando te veas sin un techo sobre tu cabeza. Sin dinero, sin propiedades… Mal asunto. ¿Cómo vivirás sabiendo que lo único que te quedará de tu padre será el título?

La pregunta formulada por York no le hizo perder la compostura. Faran miró con fijación a Sullivan. Era evidente que había informado de esa delicada cuestión a su enemigo acérrimo.

―Pequeñas contrariedades que van a quedar de inmediato saldadas. Presiento que mi suerte está a punto de cambiar.

―¡Ah!, ¿debo suponer que has encontrado más fondos para seguir apostando?

―Mis asuntos son de mi incumbencia, no de la tuya, York ―alegó el vizconde.

―Son asuntos míos, dado que le he ganado los pagarés en un juego muy apasionante al señor Sullivan ―sentenció con el mentón en alto al tiempo que esbozaba una tibia sonrisa.

―Entonces jugaré contra ti. No supondrá un problema mayor, pues si recuerdas bien, solía ganarte en todo… ―expuso con fanfarronería.

York mantuvo la mirada sobre los ojos de Faran un largo rato y luego suspiró con pereza.

―Lo haremos fácil, Thorpe. Una única apuesta.

―Adelante ―se apresuró a decir.

―En el ring… ―dijo York.

Eso provocó que el vizconde rompiese a reír. Incluso estando apartados del resto de los socios del club, las carcajadas captaron la atención de más de la mitad de los presentes.

―¿Qué es tan gracioso? ―le preguntó Sullivan con discreción a Phenton.

―Thorpe pronto lo descubrirá.

―¿Descubrir? ―El aludido había escuchado la réplica de Phenton―.

Me temo que no. Lo que sucederá seguirá siendo lo mismo que ocurría en el pasado.

―Faran desvió la vista hacia York―. ¿Recuerdas lo que era estar en el suelo con las manos protegiendo tu cabeza mientras yo te demostraba que debías apartarte de mi camino?

―Recuerdo que eso era lo que les hacías a las mujeres que se negaban a otorgarte sus atenciones. Lo que no podías conseguir por las buenas lo reclamabas por las malas ―refutó con severidad.

Una mirada extraña cruzó el semblante de Faran.

―¿Vas a inventar calumnias, York? ―le reprobó el vizconde.

―Ninguna mentira hay ahí ―certificó Phenton.

―Yo también estoy al tanto de los hábitos de lord Thorpe ―se unió a la acusación Sullivan―. Y en caso de haberlo descubierto más pronto, no hubiese propuesto lo que acordamos.

―¿Creías que no sabíamos que eras una vil rata de la peor clase? ―Le tocó a Malcom hablar―. Aquella noche en Eton, cuando acorralaste a la muchacha… ¿quién crees que dio parte a la dirección, Thorpe? No eres más que un cobarde que pega a las mujeres.

―Si de verdad va a haber una pelea, será mejor que nos dispongamos ―zanjó la cuestión Faran con enfado―. Tienes mis pagarés, ¿qué quieres que ponga como fianza? Tengo doscientas libras. ―No mentía. Le había pedido ayuda a su prima Helena Gardener. La situación tan desesperada así lo exigía.

―Nada. Ni una sola libra ―apostilló Malcom.

―¿Qué clase de tonto eres, York? ―se mofó Thorpe.

Malcom sacó su monóculo del bolsillo derecho del chaleco azul oscuro, tirando de la delicada cadena de oro. Lo llevó hasta su ojo y lo observó con detenimiento.

―Tal y como me imaginaba, tú sigues siendo tú, pero yo no sigo siendo yo.

No vas a enfrentarte a un niño mucho más bajo que tú y con menos presencia.

Vas a estar frente a un igual. Voy a tener el placer de atizarte.

Eso será suficiente pago para mí. Si me ganas, tendrás tu fortuna de regreso.

Si gano yo, no volverás a mostrar tu cara por Londres porque te marcharás en el primer vapor que salga para los Estados Unidos de América.

¿Hay trato? Debo advertirte que soy muy superior a ti, así que haré gala de mi condición de duque sensato y te pediré que no seas negligente en cuanto a la decisión que vas a tomar.

Vas a escupir mucha sangre, Thorpe. Te daré un puñetazo por cada una de las veces que has insultado a mi duquesa y a su familia.

Podrías acabar bastante maltrecho, tal vez, incluso muerto.

―¿Y cómo conseguirás esa proeza? ¿Lanzarás una de esas sonrisas brillantes y me desharé en halagos hacia tu persona, York?

Creo que lo vas a tener complicado, y yo sería un mentecato si no aceptara algo tan fácil como lo que propones.

No soy una dama a la que harás temblar sus piernas, eso puede que funcione con jovencitas con el corazón roto que se sintieron abandonadas por el amor de la juventud ―dijo esa parte mirando a Sullivan.

Una vez más, Phenton tuvo que sujetar al antiguo administrador por el hombro―.

Tampoco soy una viuda aburrida y deseosa en busca de emoción en la cama de un semental.

Malcom esbozó una media sonrisa complacido por la respuesta dada. El duque creyó que le hubiese costado más trabajo llevarlo a su campo…

―¿Por qué no lo averiguamos? ―La pregunta fue lanzada con tanta seguridad por parte de Malcom, que Thorpe se estremeció.