Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

―Tiene agallas, Sullivan, le concederé eso.

No tiente más su suerte. Lo que hace que yo no me baje de mi montura y le retuerza el pescuezo, más allá de que mi ropa acabaría impregnada de su sangre y sería un desperdicio tener que quemarla, es que tiene información que yo deseo.

No me moleste más porque corre el riesgo de medir sus fuerzas conmigo y no miento cuando le digo que haría bien en no subestimarme.

―Lo sé, excelencia. Todo lo que ha dicho lo sé. Los investigadores que su ayuda de cámara ha contratado le dieron buenos informes sobre mí, pero no han sido capaces de localizar a Thorpe. ¿Cómo consiguió sacar al vizconde de la cama de lady Snow? ―preguntó bufón Sullivan.

―Muy bien. ―York bajó del caballo de un salto, lo cogió por las solapas del magnífico abrigo verde y le asestó un puñetazo.

Sullivan trató de darle otro. York lo esquivó con facilidad.

Lo que no vio venir Malcom fue que el hombre, con su fornido cuerpo, lo agarraría de la cintura para derribarlo.

El maldito tenía la fuerza de un toro español.

Ambos cayeron al suelo. Malcom consiguió rodar con él sobre el terreno, y en un gesto rápido sacó una pequeña navaja de su bota y la colocó sobre el cuello de Sullivan.

Avery se quedó muy quieto en el momento en el que sintió el acero en su carne.

―Si no es capaz de pelear limpiamente, es usted la basura de hombre que supuse.

―Si fuese esa porquería a la que alude, señor Sullivan, ya estaría desangrándose en el suelo y agonizando. Nadie en mi presencia calumnia a mi duquesa y sale impune. Sucio o limpio el honor de mi dama exige justicia del modo en el que sea necesario.

―Futura duquesa ―dijo con los dientes apretados.

―He pasado por alto dos veces su temeridad.

Diga una palabra que ofenda a lady Snow o a lady Evangeline y el East End dejará de tener a uno de sus demonios correteando por sus calles.

¿He sido claro? ―preguntó mientras el cuchillo hacía más presión en la carótida.

York sabía cómo sesgar una vida con la precisión de un cirujano.

―Si cree que la muerte no ha llamado a mi puerta una docena de veces… No me echaré a temblar tal y como espera que haga ―le advirtió, mientras tiraba de su cuello para que la punta del metal se hincase con mayor eficiencia. York vio un pequeño brote de sangre.

―¡Maldita sea! ―El duque se puso de pie y desde su posición vio recostado al hombre sobre la tierra seca―.

Yo no fui quien le negó la mano de mi hija.

Lady Snow no fue quien le despachó de la finca.

Incluso la mujer a la que ama cree que fue abandonada.

¿Qué esperaba conseguir viniendo a tratar que yo le matase?

Si morir es lo que desea, el Támesis alberga más cuerpos en su fondo de los que debería ―le dijo con enfado.

―Aleje a su hermano de ella. ―Avery se puso de pie y lo enfrentó con los brazos cruzados.

―No. ―Él sabía a lo que el otro se refería. La amistad entre Liam y Evangeline parecía estar floreciendo cada día más. Isobel también se mostraba preocupada por esa situación.

―Si quiere que le diga lo que desea saber sobre Thorpe, lo hará.

York le dio una larga mirada de arriba abajo.

Giró sobre sus talones, tomó las riendas de Dragon, puso un pie en el estribo y montó sin apenas esfuerzo.

No sería tan corpulento como el hombre que lo desafiaba con la mirada al tiempo que mantenía sus brazos cruzados, pero sí tenía mayor agilidad y más astucia.

La gente tendía a subestimarlo cuando opinaba que debajo de esa belleza evidente no había nada más. Una ventaja que Malcom hacía suya.

―Yo no tengo potestad para gobernar sobre mi hermano, ni aunque la tuviera lo haría. A ambos nos queda confiar en el buen juicio de la dama para que se dé cuenta de que Banstorn no es para ella.

Avery se aproximó hasta el duque. Levantó el mentón cuanto pudo.

―Si Evangeline sufre ―prescindió del título de la mujer a sabiendas de lo que hacía―, lo haré responsable a usted, excelencia . Y estaré más que encantado de llevarle al infierno conmigo. No me subestime tampoco.

―¡Ah, el amor! ―exclamó con diversión―. Cuán excepcional y alentador puede ser cuando se obtiene a cambio del ofrecido. Devastador e imprudente si se pierde. Como usted, señor Sullivan.

―Váyase al hades, York ―se atrevió a decir.

El duque lo miró con una brillante sonrisa.

―Ya he estado allí. No fue divertido. Creo que viví veintiocho años en ese lugar…

―alegó pensativo mientras miraba al suelo.

Levantó la mirada y se concentró en el hombre que lo examinaba―.

Es una lástima que se rindiera tan pronto con la dama.

Mi duquesa ―alegó con impertinencia para molestar al otro― no me dijo una sola palabra mala sobre usted, así que asumí que no era un mal tipo.

Veo en lo que se ha convertido y lo desprecio por ello.

El padre se marchó a los dos días para no regresar y dejó a su familia a cargo de una persona que solo ansía la felicidad de sus hijos.

Si hubiera tenido un poco de sentido común, habría intentado prosperar y luego regresar para reclamar lo que cree que le pertenece.

Si no es mi hermano, otro será, pero no usted.

Mi duquesa no se la entregará jamás. No a un hombre que tal vez la ame más que cualquier otro, pero que regenta un club de perversión, vicio y juego, que tiene las manos manchadas de sangre y que no ofrece ninguna garantía de un futuro respetable para lady Evangeline.

―Pero no será usted, ni su hermano. Ninguno de los tres merecemos a una buena mujer, aun así, su título y riqueza se la dará.

Posiblemente con su hermano ocurrirá lo mismo.

Yo he desistido de la idea y si lo único que me queda es velar porque ella ―dijo refiriéndose a Evangeline―, haga una buena elección, ese será el trabajo del Ángel del Infierno.

―York había escuchado ese apelativo antes.

Así que Avery Sullivan era el Ángel del Infierno… Interesante.

―Sus manos siguen estando manchadas de sangre ―repuso el duque.

―Sangre de alimañas a quien nadie echará de menos ―expuso con orgullo.

―No puedo darle a Evangeline, mi duquesa no estaría de acuerdo ―comenzó a decir viendo la mirada de sufrimiento que él tenía. Era un hombre enamorado y Malcom sabía reconocer a los suyos―. Por mucho que yo tratase de…

―No se lo he pedido ―lo interrumpió.

―Está bien. ―Hubo un pacto implícito entre ambos.

―Debe saberlo. ―York divisó culpa en su mirada. Entonces lo supo. Ahí estaba la conexión.

―¿Que fue usted quien metió a Thorpe en la vida de mi duquesa? ¿Que lo animó a visitar a su prima con el fin de que le pasase información?

―Necesitaba ojos allí ―trató de excusarse―. No la tendrá nadie que no la merezca. ―York negó con la cabeza ante esa respuesta.

―Mejor le hubiese ido contratando a una serpiente venenosa para el trabajo.

Thorpe ya era bastante letal antes de que se quedase sin dinero.

Usted ha propiciado que él se sienta acorralado y Faran ―se permitió usar su estúpido nombre de pila― no juega limpio, sino que busca la ventaja.

No solo lo puso sobre Isobel, cualquiera de ellas, incluso el joven conde Snow, puede verse amenazado. ¿Dónde está él?

―En Escocia.

―¡Maldito infierno! Me caso… No puedo ir a buscarlo… ―dijo más para sí mismo que para su compañero.

―No tendrá que hacerlo, excelencia ―dijo con orgullo Avery.

Los dos se quedaron un instante midiéndose sin emitir un solo sonido.

―¿Tiene un plan? ―York rompió el silencio.

―Todo o nada. Un jugador como él no dejaría pasar esa opción con facilidad.

Vendrá esta noche al club para jugar. Providencia o no, el destino lo cruzó a usted hoy en mi camino y yo he traído a Thorpe a Londres.

No sé lo que hará o lo que le dirá. Supe que tendría problemas con usted en cuanto le vi aquel día en la posada.

―York no se mostró impresionado con la información que acababa de revelarle.

Seguramente era allí donde los dos se reunían para intercambiar impresiones sobre Evangeline.

¡Thorpe era un maldito espía para Sullivan!

―No sabe lo que ha hecho ―adujo York.

―Soy consciente de que he puesto a ese hombre en el camino de Evangeline, y no estoy dispuesto a que haga como usted y cambie el foco de su atención, en este caso hacia la hija pues la madre ya no está disponible.

―¡Cuidado, Sullivan! Puedo bajar del caballo y rematar lo que antes dejé a medias ―saltó a la defensiva. Avery puso las manos en alto en señal de rendición.

―Mataré a Thorpe si es necesario. Preferiría que fuese un asunto más civilizado y según he oído usted y él…

tienen su propia historia en común. Considérelo una cortesía, dado que si me ahorcan por asesinar a un vizconde poco podré hacer por mi dama.

Confío en que tenga un plan, excelencia, porque de lo contrario, mi solución será efectiva pero nefasta para mis intereses.

No solo sabe usted la clase de hombre que él es.

―Él también supo, tarde, el tipo de persona que era Thorpe. Nada bueno podía salir de ahí.

El duque suspiró pesadamente.

―Y aun así, aquí estamos… ¿De verdad creyó que podría controlarlo cuando lo extorsionó para meterlo en casa de lord Snow? Todavía no entiendo cómo un hombre como usted es capaz de sobrevivir en el East End. Incluso dudo de que sea el Ángel del Infierno.

―Los trapos sucios de su… amigo, a diferencia de los de usted, estaban bien escondidos, excelencia. Admito que fui confiado.

―Ya… Pues la próxima vez busque mejor antes de poner en peligro a la dama a la que usted ama y a todos los que ella adora… ―expuso con enfado.

―¿Qué va a hacer?

York maldijo por lo bajo.

―Algo que hará que mi mujer no esté contenta en caso de que se entere.

―Si está aguardando una disculpa por mi parte, puede esperar a que el cielo arda en llamas ―lo avisó.