Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

―¿No podemos hablar de ello una vez que te haya poseído? ―preguntó con cautela―. No quiero dejarte escapar ―insistió en ello sin darse cuenta.

Isobel lo miró con atención.

―Has preguntado si había otro hombre antes…

ahora me dices que no quieres que escape…

Malcom, si vamos a casarnos despojémonos de nuestros lastres.

Te he confesado un hecho delicado que en caso de saberse podría ser motivo de anulación de mi matrimonio.

Te he hablado del mayor de mis miedos, pues no quiero volver a ser una esposa sin un hombre a mi lado, que me cuide, que me proteja, y lo más importante: que me ame y respete.

No toleraré que haya terceras personas entre nosotros.

Surgirán problemas, desavenencias, todavía no nos conocemos bien, pero no somos jóvenes, así que nuestra madurez debería servir para solventar los inconvenientes que surjan en el camino.

Era muy reacia a dejarte entrar en mi vida, lo has logrado y no te haré a un lado.

Debes ser consciente de que tengo a mi cuidado a tres hijos que nunca fueron una imposición.

Me casé con él porque amaba a Evangeline, Regina y Theodore y lo volvería a hacer de nuevo sin dudar un instante, a sabiendas del destino que correría.

Estoy sola, Malcom, lo he estado toda mi vida.

Mi familia… son ellos tres, pero no pueden darme lo que sé que ansío.

No se trata solo de placer, sé que tú serás más que competente en ese aspecto, quiero un compañero, a un hombre a mi lado, no por encima de mí, alguien… en quien confiar.

Malcom se levantó y se colocó a su lado, sostuvo su mano derecha entre las dos de él.

―Tendrás de mí todo aquello que demandes.

Cuando quieras estar acompañada, yo estaré a tu lado.

En el momento en que necesites estar sola, me iré y volveré en cuanto me llames.

Serás mi esposa en todos los sentidos. Las adversidades llegarán y las afrontaremos juntos.

Si me lo permites, tus hijos serán también los míos y cuando tengamos los nuestros propios me desviviré por ellos del mismo modo en el que lo haré por los tres que forman tu familia hoy en día.

Ella le sonrió y acercó su frente a la de él.

―Entonces seré tu esposa.

―Y yo tu marido.

―Dime lo que hay en tu pasado y sigamos, Malcom. ―Ella le había hecho varias confesiones y necesitaba conocer los secretos que ese gran hombre escondía bajo la capa de vanidad.

―Ah, pero lo que importa es el presente. Las cosas que sucedieron no son importantes. Hay asuntos que es mejor olvidarlos.

―Dime quién te hizo daño ―le dijo con suavidad.

Se retiró hacia atrás, sin dejar de sostener su mano y suspiró con fuerza.

―No podías contentarte con lo que te entrego, con las promesas que te acabo de hacer.

Isobel, la hija de un sencillo pero gran hombre, necesita llegar hasta el fondo de mi corazón.

Excavar para que no quede nada sobre lo que hablar.

Nunca permitirás que me esconda en mi vasto humor hilarante, en las batallas dialécticas que trataré de librar contra ti cuando pretendas exponer mis tiernos sentimientos y mis dolores más secretos… ¿verdad?

―Te haré feliz. Pondré toda mi voluntad y empeño.

Si hay dos cualidades que me definan son esas.

Soy toda voluntad y empeño, Malcom. Soy fuerte, más de lo que parezco.

Llevo mi casa con amor, pero si necesito ser firme no me tiembla el pulso.

La sinceridad será nuestra base. Comparte conmigo lo que creas que debes, aunque te pido que no me dejes al margen de tus necesidades, temores, alegrías o penas.

Yo haré lo mismo. No te forzaré a que lo hagas cuando yo lo decida, te daré tiempo para que estés preparado.

He visto tus máscaras, permitiré que se las muestres a los demás…

conmigo quítatelas y confía en mí. Sé que no eres un hombre fácil y que la confianza debe ser ganada.

No te soltaré de la mano mientras tú no lo hagas tampoco.

―Mi amor… tan elocuente y sabia. No sirven los subterfugios, ya lo veo.

No te darás por vencida con facilidad, demandarás mi corazón desnudo para desentrañar mi alma, y yo complacido, como un perro fiel, te daré todos tus caprichos.

Y lo peor de todo es que no me resistiré…

Años de preparación para ser lo que soy y tú me destruyes en un pestañeo…

―suspiró con fuerza mientras la miraba a los ojos con intensidad―.

Confío en ti y te premiaré con la verdad.

No es fácil para un hombre desembarazarse de años de silencio y soledad, Isobel.

He tenido más mujeres de las que un hombre debería disfrutar.

¿El motivo? Todavía no lo sé. ¿Llenar el hueco de la soledad?

Si así fue, no lo conseguí. Me rompieron el corazón siendo joven.

Estuve prometido. No me di cuenta entonces de lo que supuso el golpe, pero fue certero, no lo vi venir y no estuve preparado para lo que significó perder a la mujer que amaba.

Me abandonó por un hombre amable, tierno, educado y que me consta que la ama más que a su propia vida, pero es inferior a mí en rango, riqueza, atractivo e inteligencia.

Mi vanidad me sirvió para soportar lo que supuso aquello.

Secretamente esperé su infelicidad. Muy canalla por mi parte, lo sé.

Si hay algo más peligroso que una mujer despechada, es un duque apuesto al que han desairado.

El paso de los años quiso que nos reencontrásemos y fuésemos…

tal vez no amigos, pero sí cercanos. He visto su vida.

Es plena, Isobel. Ella vive rodeada de amor, de familia, de felicidad, mientras que yo no tenía nada…

hasta que me hiciste subir en el pescante de aquel carruaje.

Ese día venía de verla. Le expliqué escuetamente…

no sé lo que dije, pero sí recuerdo que me habló de amor, de la persona correcta con la que compartir mi vida.

Tonterías absurdas a las que no di mayor importancia.

Y te vi. Tan acostumbrado a que las mujeres clamen por mi compañía, a que me observen con atención, me desvistan con la mirada y hagan malabares para que les haga caso…

Pero tú no hiciste nada de eso. Me miraste a los ojos y me mandaste como a un niño castigado a la parte trasera del vehículo sin un trato preferencial.

Entraste en aquella posada y fuiste directa a ver a otro hombre.

¡Qué desconsiderado por tu parte! Una desfachatez…

apartar al formidable duque de York por Faran Spooner, un simple vizconde… ―dijo con horror fingido.

Ella le sonrió. Entendía lo complicado que resultaba para él hacer ese tipo de confesiones y lo valoraba más por ello.

―Bueno, también pudiste hacer algo para impresionarme.

―De haberlo intentado hubiera acabado con una bola de barro sobre mi preciosa cara, o tal vez estiércol de caballo.

Cuando me enteré de quién eras… ¿Qué pasó con la devota joven que siempre tenía a Dios en sus pensamientos?

Y lo más apremiante… ¿Cuándo te convertiste en una mujer deslumbrante, Isobel?

No negaré que cuando te conocí siendo aquella joven no me pareciste nada del otro mundo.

¡Un necio todavía peor que tú por haberme colocado en un pescante!

En mi defensa diré que no hacía demasiado que mi corazón estaba roto y que la guerra parecía un buen lugar en el que refugiarme.

No sé si recordarás que ya te hablé de mi ayuda de cámara…

mi querido señor Wilson se ha ocupado de que sea un ser humano más o menos decente y me quitó la absurda idea de marchar al campo de batalla.

―¿Todavía la amas? ―inquirió con comprensión y suavidad.

―Tendrá un lugar especial en mi corazón.

No debes sentirte insegura, no es amor por una mujer, es fraternidad por una amiga.

―Suspiró―. Soy un hombre malvado, Isobel.

No me he dado cuenta del modo tan horrible con el que he procedido con ella.

Su esposo no me tolera y me enorgullecía de que así fuese.

Los celos de su marido me hacían sentir mejor conmigo mismo.

No eran celos lo que él sentía ante mí. Comprendo que él no desea compartirla con nadie, pues es lo que yo siento ahora mismo por ti.

Oh, Isobel, desde que me reencontré con mi amiga después de haber estado muchos años sin hablarnos, he anhelado su vida, me convencí de que su esposo me robó lo que por derecho debió haber sido mío.

Me equivoqué, lo veo ya, pero he sido muy desagradable con él, dado que he flirteado a cada ocasión que he podido con ella, incluso delante de él.

Me pongo en la piel del marido celoso, si otro hombre tratase de buscar tu atención, lo mataría con mis propias manos, y si una mujer coquetease conmigo en tu presencia, me temo que me vería obligado a cortar mi amistad con ella en el acto.

Mi amiga ha sido paciente conmigo. Estoy seguro de que le hubiese ahorrado muchos quebraderos de cabeza si me hubiese invitado a no regresar jamás.

―Pero te has dado cuenta de tu error y eso es bueno, Malcom.

―Y ahora será cuando me dirás que deberé disculparme con ambos… ¿me equivoco?

―No te obligaré a hacer nada que no desees, mi amor ―dijo acariciando su mejilla.

―¿Me amas, Isobel? ¿Sería posible que al fin alguien considerase que bajo mi apariencia hay alguien a quien amar?

Los ojos de él brillaron llenos de esperanza. El corazón de Isobel palpitó con fuerza.

―Eres mucho más que un título y un hombre terriblemente apuesto, Malcom. ¿Tantas mujeres y ninguna te lo pudo demostrar? Las maldigo a todas ellas por no haberse tomado el interés en desgranar tu ser.

―Estás tú, Isobel.

―Si me quieres, me tienes.

―¿Puedo besarte ya, amor mío? ―preguntó muy cerca de sus labios.

―Hazme el amor, Malcom. Llévame a la cama y reclámame como yo lo haré contigo.