Disolución 13 #5
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13 #5

Hace muchos años, Stanley llevó a cabo un experimento y liberó algo que llevaba incontables milenios aletargado, una fuerza primordial que escapa a nuestra comprensión.

Y se ha lanzado a la caza, de él y de todos los que se encontraban en aquella habitación.

Está hambrienta y jamás se va a saciar. Esa es otra razón por la que Stanley pierde recuerdos, porque esa fuerza está devorando partes de su pasado.

Y pronto, cuando haya terminado, vendrá a por todos nosotros también.

Dios mío.

Estoy intentando detenerla. Por eso te presiono tanto.

Hemos implementado sistemas, capas y capas diseñadas para contenerla, pero ella se resiste.

Podemos mantenerla a raya a duras penas, pero nos hace falta conocer el panorama completo.

Para conseguirlo, necesitamos a Stanley.

Solo él sabe cómo derrotarla del todo. Solo él descubrió la solución, por lo que, en algún lugar de tu memoria, de este recuerdo que me estás relatando, se encuentra la clave para saber dónde se oculta.

Hassan, yo... no lo sé.

No, todavía no, pero ya nos has prestado más ayuda de la que crees.

Sunrise me había tenido a oscuras durante demasiado tiempo.

Sin ti, no habría conseguido nada de esto.

Debemos seguir adelante. Todo depende de ello.

No nos queda mucho tiempo. Vuelves a estar en el Instituto. ¿Recuerdas algún detalle más?

Respiro de forma profunda y agitada, hiperventilando.

Estoy desesperada por llenar mis pulmones una y otra vez.

No consigo sacarme de la cabeza el horror de lo que he visto, aquel vacío imposible e inmenso.

Me haces preguntas, pero no puedo concentrarme en nada salvo en el pánico.

Me cuesta respirar, estoy demasiado inquieta para quedarme sentada o tumbada.

Cuando me inyectas algo en el brazo, se me normaliza la respiración. Consigo recostarme y dejo que la mente vuelva a la normalidad. Una sensación de debilidad se extiende sobre mí como melaza, como alquitrán, y me empuja hacia atrás, contra el borde de la bañera.

Al volverme hacia la derecha, veo a Stanley a mi lado, durmiendo plácidamente. Me pregunto si le habrás administrado lo mismo que a mí.

—¿Qué has visto? —me preguntas, inclinándote sobre mí—. ¿Qué ha pasado?

—¿Qué me has dado?

—Un sedante —dices—. Para calmarte los nervios. Nada más. Tienes que decirme qué has visto desde ese camino de acceso.

Intento describírtelo lo mejor que puedo. Estoy un poco mareada por la droga que me has inyectado, así que creo que se me embarullan un poco las palabras. Te hablo de la boda y de Stanley.

—¿Él estaba ahí, esperándote?

Se me corta la respiración. No quiero contártelo. No debería, porque sé que no eres de fiar. Pero tú estás ahí, de pie sobre mí, mirándome con expectación, y las palabras de Stanley resuenan en mis oídos.

«Ahora mismo, por tu seguridad, lo mejor es que Hassan siga creyendo que eres un peón.»

—Sí —digo pausadamente, sopesando qué revelarte y qué no—. Sí, preparó nuestro encuentro.

—¿Cómo lo preparó? Descríbemelo.

Así que te hablo del fuego, las flores y los símbolos en las paredes.

Conforme avanzo en mi narración, empiezas a presionarme para que sea más precisa: «¿Qué flores, exactamente?

», «¿Cómo eran los símbolos?», «¿Qué te dijo?

». Trato de explicártelo lo mejor posible, aunque me guardo algunos detalles.

Me presionas cada vez más, encorvado sobre mí como un buitre. Nunca te había visto tan exaltado.

—Solo me dijo que necesitaba que lo apoyara en mi futuro —asevero, omitiendo por completo el resto de nuestra conversación—.

Que necesitaba que yo siguiera viajando atrás.

Y ya está. Entonces todo se volvió... —Niego con la cabeza.

Todo lo sucedido a partir de ese momento ha desaparecido, dejando en su lugar un espacio en blanco. Nunca ocurrió.

Y sin embargo ahora me lo estás relatando todo, incluidos los pormenores que en aquel momento optaste por ocultarme.

Sí.

¿Por qué?

Porque estoy cansada, Hassan. Porque quiero que esto se acabe. Y porque intenté mentirte en el pasado y mira cómo he acabado: drogada y sometida a un interrogatorio dentro de una puta piscina. Resulta evidente que mi plan, fuera el que fuese, no dio resultado. No salvó a Stanley.

En efecto. ¿Y cómo reacciono a tus revelaciones?

Asientes, sonriendo. Pareces satisfecho con tus descubrimientos. Te apartas de la bañera para ver cómo está Stanley, mientras yo empiezo a notar de lleno los efectos del sedante. Cierro los ojos y doy un profundo y largo suspiro.

Sin embargo, cuando me estoy sumiendo en el silencio, entreabro un ojo. Estás agachado sobre Stanley, examinando su rostro durmiente. Sacas un cigarrillo, lo enciendes y le das una larga calada mientras las volutas de humo danzan en el aire por encima de tu cabeza.

Me imagino que crees que me he dormido y que estás solo en la sala, porque observo que te inclinas hacia él y te oigo murmurar una frase de lo más curiosa.

—Caballo a cinco rey, viejo amigo —susurras—. Jaque.