Dirty (Los Rebeldes MC nº 6) Capítulo 3
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Capítulo 3

Dirty

Hago todo lo posible por no reírme del ceño fruncido de Slicer, con su chaleco rosa lleno de pedrería reluciendo bajo el sol.

Las gotitas de diamantes blancos de las varias pollas hechas de joyas lo hacen todavía más gracioso, mientras Flame tiene cara de culpabilidad total, y me muerdo el puño con los hombros temblándome.

Joder, está ridículo, y me refiero a ridículo de cojones, y el hecho de que Dagger, su propio vicepresidente, parezca a punto de mearse de risa lo hace aún más difícil aguantarme.

Los hermanos Untamed son nuestros aliados que traen un montón de drogas —algo en lo que yo no me metía hasta ahora—, armas y efectivo para el cartel con el que ninguno de nosotros se llevaba bien.

Al final llegamos a un acuerdo: se podía ganar más pasta si trabajábamos juntos, y nosotros les llevábamos la mierda a ellos, o les traíamos drogas y armas a nuestros MC afiliados para que las distribuyeran, que es lo que hicimos hoy.

Son nuestros amigos, nuestra familia, y las jodidas mujeres que eligieron están locas de atar, y ningún hermano de los que estamos aquí querría estar en su pellejo.

Que la vieja de Doc sea mejor amiga de esas mujeres nos pone bastante nerviosos.

—¿Cómo coño arruinó Star el chaleco equivocado? —pregunta Doc con la voz teñida de risa, y suelto un resoplido contra el puño y me lo muerdo con más fuerza cuando Slicer me fulmina con la mirada, aunque sé que la cara se me está poniendo roja de intentar contener esto.

De todos los hermanos del MC Untamed Hell Fire, Slicer es el único que no la cagó ni hirió a su mujer como los demás.

Tuvo un rollo de una noche, pero supo que iba a reclamar a Meghan a pesar de acabar de conocerla, hasta que una camarera celosa le mintió a Meghan, que se largó antes de que Slicer se despertara a la mañana siguiente.

La pobre descubrió que estaba embarazada e hizo todo lo posible por contactar con Slicer, no por su chaleco ni para que la reclamara, sino para que pudiera formar parte de la vida de su hija. Llamó a todos los MC, incluido el nuestro, para comprobar si pertenecía a alguno.

Por desgracia, en ese momento no conocíamos su nombre legal, joder, solo los hermanos del mismo club conocían los nombres legales de los suyos. Era algo que se decidió hace años por si la pasma husmeaba, algo que ahora hemos vetado por razones obvias.

Cuando Meghan se trasladó a la zona para trabajar como doctora, contactó con los Untamed.

Una puta del club contestó, conocía el nombre legal de Slicer y mintió, lo que hizo que Slicer se perdiera un año más de la vida de su hija.

Incluso cuando ella encontró a Slicer, insistió en que solo serían amigos, que su hija necesitaba la atención exclusiva de su padre.

Él quería a sus dos chicas, pero Meghan se mantuvo a la defensiva y le tocó currárselo, aunque, para ser justos, el idiota se estaba tirando a la puta del club que mintió, justo contra las puertas de la iglesia en la boda de Dagger, y Meghan era la dama de honor de Mel.

Pasaron por el infierno antes de conseguir por fin su final feliz, por así decirlo.

Los Rebels ayudamos a deshacernos de los padres de Meg, que vivían en la zona y pertenecían a una secta enferma que preparaba a niños para que hombres de cuarenta años pudieran casarse con ellos a la tierna edad de diez años, algunos antes si eran impacientes.

Esos hijos de puta intentaron vender a su hija, Lilah, a un cuarentón que se suponía que iba a quedarse con Meg.

Ella les jodió los planes al quedarse embarazada, y ese fue el castigo que le impusieron sus padres.

Como sus padres ya no están y la puta del club, o sweetbutt como las llaman los Untamed, está fuera de escena, Meg y Slicer han madurado juntos y ahora están felizmente casados con más hijos, y el tío trata a Meg como a una reina.

En resumen, definitivamente no merece el chaleco de pollas con pedrería ahora mismo.

Flame, en cambio, sí, probablemente hizo algo para cabrear a Star, su mejor amiga convertida en vieja, y la cara de culpabilidad que tiene lo demuestra, joder, incluso intenta no mirar a su hermano.

—Yo, eh, accidentalmente o quizá a propósito puse mi chaleco debajo del suyo cuando estábamos entrenando porque sabía que la había cabreado y no quería que me lo destrozara después de oír a Annie alardear de los planes de Star —murmura Flame, y me estalla la risa al ver su cara de vergüenza cuando Slicer lo fulmina con la mirada.

Joder, esa es sin duda la mejor idea que ha tenido Flame en su vida, pero conociendo a su mujer, seguro que ahora mismo está destrozando algo que le importa, y se me hace un nudo en el estómago solo de pensar en lo que podría estar destruyendo.

No querría estar en su pellejo.

—Cabrón, le arruinaste la pintura cuando la tiraste, una pintura con la que quería darte una sorpresa, pero no, tenías que cotillear, ¿verdad? Deberías haberte disculpado —gruñe Slicer, y Flame hace una mueca mientras yo me río más fuerte, sin poder evitarlo.

Joder, menos mal que nunca he sentado la cabeza.

Flame me mira con el ceño fruncido antes de murmurar:

—Espera a que te toque caer, hermano —y dejo de reírme al instante mientras mis hermanos se mean de risa por mi reacción, esos cabrones.

Ni de coña voy a conocer a nadie.

—Qué va, eso no va a pasar nunca —suelto al momento, y Doc se ríe.

—Yo dije lo mismo y mírame ahora —me recuerda, y luego señala a Anchor con la cabeza—. Mira a ese cabrón, y a Stone, a Tank, y ni me hagas empezar con Trigger, joder, me jugaría mi puta Harley a que hasta Ace caerá.

—Trigger no cuenta, el idiota reclamó a Ash cuando eran críos —replico, y justo cuando estoy a punto de decirle que Ace preferiría quemar su Harley antes que enamorarse de alguien, Trigger, que estaba supervisando a los prospectos y no lo vi acercarse, interviene:

—Pero yo también la cagué y tengo que currarme cada día no perder a mi mujer otra vez.

Mierda.

Trago saliva mientras una sombra le oscurece el rostro, con el dolor grabado a fuego por lo que le hizo a esa mujer perfecta.

No habla mucho de lo que hizo, no le gusta que se lo recuerden, pero cuando lo hace, se le nota el amor que siente por su mujer, cómo el dolor de ella lo consume, aunque ahora son felices y están trabajando en su matrimonio.

—¿Cómo está Ashley? —pregunta Dagger con sinceridad, y Trigger sonríe con suavidad.

—Está bien, le encanta la clínica veterinaria, sobre todo trabajar con Brit, y no para de amenazar con traer animales a casa, y yo le he dicho que si eso es lo que quiere, adelante.

Poco a poco está aprendiendo a perdonarme cada día.

Habrá momentos en que dude de sí misma, que dude de nosotros, pero intento asegurarme de quitarle esas ideas de la cabeza.

Me aseguro de cogerle el teléfono al momento si me llama, incluso cuando estoy de viaje, y sé que las cosas nunca serán iguales por mi culpa, pero puedo intentar con todas mis fuerzas que todo sea aún mejor.

Fui un idiota, fui egoísta y nunca volveré a darla por sentada, ni a ella ni a nuestros hijos —admite antes de mirarme—.

Cuando lo sepas, te dejará de culo, o como en mi caso, te cagarás de miedo.

Nos tienes a todos los hermanos, e intervendremos para asegurarnos de que no cometas nuestros errores si vemos que vas por el mismo camino.

—Eso no me hará falta, hermano, porque no pienso enamorarme de nadie —digo con suavidad, esperando que no vuelva a cerrarse en banda.

Desde que se enteró de lo de Ash, lo ha pasado mal mentalmente, algo que él mismo reconoce que es egoísta, ya que fue Ashley quien vivió la pesadilla.

Ella tuvo que lidiar con un aborto espontáneo y descubrió que su marido le había puesto los cuernos.

Aunque no se tiraba a la zorra a diario como pensábamos, sí que mojó el churro con ella.

Sacar el tema le jode bastante y no quiero que vuelva a hundirse.

Ash y sus hijos no se merecen eso, y siendo sincero, una pequeña parte de mí sabe que él tampoco. Ya se ha castigado bastante.

—Si es así, entonces ¿por qué no quieres conocer a la profesora de Caleb? —pregunta Doc con una sonrisa burlona, y me quedo paralizado, con el cuerpo en tensión.

Hijo de...

—Espera, ¿qué profesora? —pregunta Slicer, olvidándose por un momento de su chaleco, y fulmino a Doc con la mirada, deseando que tuviera turno en el hospital hoy en vez de estar aquí, para que cerrara el pico.

Responde ignorando mi mirada:

—La profesora de segundo de Caleb, la clase que él eligió y a la que su padre todavía no ha ido.

Slicer arquea una ceja hacia mí, pero me limito a negar con la cabeza mientras Trigger decide hurgar en mi miseria.

—Solo lleva unos meses en el cole y básicamente todos los hermanos la hemos conocido y nos parece la hostia de guay, pero el imbécil de aquí —me señala con el pulgar— se niega a conocerla después de que Caleb dijera lo genial que sería que él y la Srta.

Robins acabaran juntos. Así Lyra, la hijita adorable de la Srta.

Robins, podría ser su hermana y él siempre las protegería porque, por lo visto, Lyra no tiene papá.

Vale, Lyra es adorable de cojones, eso se lo concedo.

La he visto un par de veces, y juro que es la niña más mona del mundo con esos ojos azul hielo que te atrapan y te hacen imposible decirle que no.

Si me pidiera un cachorro, seguramente cedería al instante, pero eso no significa que tenga que conocer a su madre.

Los hermanos me sonríen de oreja a oreja, y al instante me pongo a la defensiva.

—Le voy a decir a Ash que dijiste que no te gustó su comida de anoche —le suelto al capullo, que refunfuña—: Golpe bajo, hermano.

Y se queja:

—Lleva dos semanas intentando perfeccionar ese pollo picante. Estoy casi seguro de que anoche le echó tres guindillas enteras. Me pasé toda la noche con el culo en llamas, y empiezo a pensar que lo hace aposta.

Los hermanos se ríen mientras Dagger arquea una ceja oscura hacia mí, y sé que está a punto de darme el tercer grado.

—Sabes que tarde o temprano tendrás que conocer a la profesora de tu hijo, ¿verdad? —dice, pero me limito a negar con la cabeza.

—No, no tengo por qué. Mi padre puede ir a las reuniones y si Lyra viene a jugar, él la recoge, o su tío, o lo que sea de ella, la trae y se la lleva.

No quiero que mi hijo se haga ilusiones —admito, y Dagger sonríe con suficiencia, pero ignoro su mirada y el pinchazo en el estómago que me da pensar en el tío que siempre anda haciendo los recados cuando Lyra y Caleb quedan para jugar, un pinchazo que no entiendo en absoluto.

—Eh, ¿cómo te sientes cuando Lyra está cerca? —pregunta Trigger de repente, y lo miro frunciendo el ceño.

¿Qué coño?

—Tío, eso suena fatal —le digo, agradeciendo que Thunder no esté aquí, porque a saber qué soltaría ese imbécil.

Trigger niega con la cabeza.

—¡Sabes que no me refería a eso!

—No es eso, deberías pedirle a Ash que te ayude a expresarte mejor —digo, y él pone los ojos en blanco y exige—: ¡Contesta la puñetera pregunta!

Suspiro.

—Es dulce, y siento el impulso de protegerla.

Y así es. Me ha confesado que no tiene papá, y siento el impulso de protegerla, de asegurarme de que nadie le haga daño. Siento que me pertenece, y no de forma rara, sino como si fuera mi hija, lo cual es muy extraño, y otra razón más por la que me niego a conocer a su madre.

Trigger sonríe de oreja a oreja, y me limito a negar con la cabeza ante el idiota mientras me suena el móvil, y murmuro:

—Salvado por la puta campana.

Los hermanos fruncen el ceño, pero enseguida se ríen cuando refunfuño:

—O no, es mi padre.

Lleva semanas intentando que vaya al colegio, y normalmente estoy dispuesto a hacer lo que mi padre me pida, pero esto es un no rotundo.

Suspiro y les hago una peineta a los hermanos mientras contesto.

—Papá, ¿Caleb está bien? —pregunto mientras voy hacia mi Harley, con las risas de los hermanos a mi espalda.

—Sí, está bien, no sé cómo se las ha apañado para convencer a la Srta. Robins y a mí de que Lyra venga a cenar esta noche. La cría es tan jodidamente dulce que casi cedo y la dejo subirse a mi moto, pero tu madre me recordó que su madre me arrancaría los huevos.

Sonrío levemente. Lyra tiene muchas ganas de montar en una Harley, pero no nos corresponde a nosotros.

—Ya, tiene sentido. Entonces, ¿para qué llamabas? —intento cambiar de tema, pero por desgracia no lo consigo, porque mi padre dice—: El baile del cole de Caleb la semana que viene, quiere que estés en la lista de acompañantes para supervisar.

Vaya sorpresa.

—Es un no —digo al instante, y mi padre suspira—: Alex...

Pero sus palabras quedan cortadas cuando Doc anuncia:

—¡Nos vamos!

—Mira, tengo que irme, dile a Caleb que no puedo, que estoy hasta arriba en el taller y que lo veré por la mañana —digo rápidamente, y mi padre resopla, pero cuelgo antes de que pueda intentar convencerme y me guardo el móvil mientras me subo a mi Harley y la arranco, tratando de no sentirme culpable.

Es lo mejor, lo sé, porque Caleb se hará ilusiones, y no pienso permitir que sufra porque se hizo una idea equivocada.