Dirty (Los Rebeldes MC nº 6) Capítulo 4
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Capítulo 4

Holly

Me froto la frente mientras las risas y los chillidos de los niños llegan desde el patio, todos disfrutando del descanso bajo el cálido sol antes de empezar con la fonética.

La calma que suelo sentir en la escuela se disipa poco a poco, y la tensión me va subiendo hasta el punto de que sé que voy a estallar.

—Por favor, Holly, lo único que quiere es conocer a su nieta, ni siquiera sabe cómo se llama. Han pasado casi ocho años desde que perdió a Adam, por favor...

La voz de Freya resuena en mi cabeza; no consigo quitarme de encima sus palabras de esta mañana, y una pesada inquietud se aferra a mí.

Di por sentado el silencio, años y años sin saber nada de ellos, hasta ahora... y ni siquiera sé por qué.

Miro por la ventana justo cuando Lyra pasa corriendo con la sonrisa más grande del mundo en su precioso rostro, y Caleb justo detrás, pendiente solo de ella. El pecho me duele con una mezcla de felicidad y culpa, y me acuerdo de la llamada telefónica y de todo lo que intento no sentir ahora mismo.

Él dice que es la hermana pequeña que nunca quiso, que es su mejor amiga, y que tenga este tipo de amistad a su edad me tranquiliza un poco.

Todo lo que hago es por ella: todo el trabajo duro, que no nos falte un techo, asegurarme de que esté a salvo, aunque eso signifique mantenerla alejada de la familia de su padre biológico.

Vuelvo a mirar el plan de clase en mi escritorio e intento contener el pánico que amenaza con desbordarse, la culpa que siempre siento cuando pienso en Adam.

Que su hermana me haya llamado así, de repente, después de años de silencio, lo ha traído todo de vuelta. Ahora sus ojos fríos y sin vida no paran de aparecérseme, el sonido ensordecedor del metal al chocar contra el árbol, y la ansiedad me sube.

Quiero pensar que, si no hubiera estado drogado, no me habría engañado, que no habría intentado matarme.

Luego pienso en las doce chicas que dieron la cara, todas asegurando que él las había agredido o violado antes y durante nuestra relación, y solo de pensarlo me entran ganas de vomitar.

Sus declaraciones contradecían por completo al chico que yo creía conocer antes de aquella noche, antes de que mi mundo empezara a cambiar, antes de que todo se torciera.

Ni siquiera puedo decir que lo hicieron por llamar la atención, porque la prensa se hizo eco del accidente, como le gusta llamarlo a su madre.

Tenían pruebas, pero estaban demasiado asustadas para enfrentarse a él, un chaval de diecisiete años.

Nada es como pensé que sería, pero hago todo lo que puedo por mi hija, para darle la vida que se merece. Espero y rezo para que nunca descubra la verdad sobre su padre, sobre su pasado y lo que hizo, lo que estuvo a punto de hacerme a mí. Por eso, básicamente, le dije que no tenía padre.

***

—¿Dónde está mi papi, mamá? —pregunta Lyra con inocencia mientras vemos a algunos de mis alumnos correr hacia sus padres. Trago con dificultad y le aprieto un poco la mano.

Mierda, sabía que este día llegaría, pero es que... joder, no estaba preparada.

Me aclaro la garganta para deshacer el nudo, miro a mi preciosa niña, que tiene la nariz de su padre, e intento:

—Siempre hemos sido tú y yo, cariño...

***

Juro que oí cómo se le rompía el corazón cuando pronuncié esas palabras.

La vergüenza me pincha bajo la piel. No sabía qué más decir. La pregunta de Lyra me pilló desprevenida y, para ser sincera, nadie me dio el manual de instrucciones sobre qué decir cuando tu querida hija pregunta dónde está su padre, sobre todo cuando ese padre casi nos mata.

La culpa me carcome. Siento que le fallé en ese momento, pero el miedo pesa más. Prefiero que crea que no tenía papi a que descubra la verdad sobre el monstruo en que se convirtió, la máscara de buen chico que llevaba puesta y la realidad de que él murió y yo sobreviví.

Me muerdo el labio inferior, preocupada, mientras la duda me inunda como siempre que sé algo de Freya. El vacío en el estómago se me hace más profundo y me deja insegura y llena de ansiedad por cada decisión que he tomado.

Sé que su madre y su hermana son familia de Lyra, pero... Suspiro y me recuesto en el asiento. Su madre sigue sin aceptar la realidad y es una amenaza para Lyra.

Matty me contó que el tío Mathew habló con papá la semana pasada en su llamada mensual.

Por lo visto, la señora Collins sigue empeñada en conseguir la custodia completa de Lyra, aunque hay una orden de alejamiento judicial que nos protege.

Mientras tanto, todo el pueblo intenta ignorarla, conscientes de lo que pasó, de que me repudiaron, de que me fui y no he vuelto.

Ni me planteo si mi nombre salió en sus conversaciones. Supongo que no, igual que no pregunto cómo están mis padres. Los dos me fallaron cuando más los necesitaba, así que, por infantil que suene, para mí es como si fuera huérfana.

La única familia que necesito son Matty y Lyra. Solo tengo que intentar superar esta culpa de superviviente que arrastro conmigo, lo cual es absurdo teniendo en cuenta que fue Adam quien estrelló el coche a propósito después de obligarme a sentarme en el asiento del copiloto.

***

—Sobreviviste, Holly. Adam no, y tu hija es lo único que queda de él. Por favor, ella merece conocer a su nieta, y yo merezco conocer a mi sobrina. No es justo que la mantengas alejada —insiste, y aprieto la mandíbula mientras miro la hora.

Los niños entrarán pronto.

—La respuesta es no. Sé lo que tu madre ha estado diciendo, las amenazas de quitarme a mi hija.

No me vengas como si Adam fuera un santo.

Agredió a doce chicas, que sepamos. Me habría violado si no le hubiera dicho que sí cuando le entregué mi virginidad.

Joder, me fue infiel, y como me estaba alejando de él, me pegó, ¡y luego casi me mata!

Tu madre no merece conocer a mi hija después de todas las mentiras que ha soltado, y tú tampoco, sobre todo después de años de silencio.

Lo siento, pero mi hija y su seguridad van primero. No vuelvas a contactarme.

***

Suspiro hondo. Siento que estoy siendo una arpía, como si los estuviera castigando por lo que hizo Adam, lo cual es ridículo porque la señora Collins no se ha quedado precisamente callada durante estos casi ocho años.

Siento que no puedo escapar de mi pasado. El peso de los viejos recuerdos y los errores se aferra a mí, me presiona por mucho que intente seguir adelante. A veces resulta asfixiante.

Suena el timbre. Trago con dificultad, me aclaro la garganta y me pongo de pie. Cojo el rotulador de la pizarra y empiezo a escribir las instrucciones para la clase de fonética de hoy, intentando con todas mis fuerzas quitármelos de la cabeza.

Si vuelve a llamar, tendré que denunciarla.

***

Sonrío mientras los niños forman una fila ordenada frente a mí, con Lyra y Caleb al final. Thomas me dedica una amplia sonrisa, y el hueco entre sus dientes me hace reír.

—¿Tienes tu diente, Thomas? —le pregunto, y él asiente mientras levanta la bolsita de plástico con su diente dentro. Vuelvo a reír.

El pobre chocó con otro niño en el recreo y se le cayó el diente.

Habría jurado que iba a llorar, hasta que mi pequeña mencionó al Ratoncito Pérez y sus ojitos verdes brillaron de emoción.

—Muy bien, chicos, seguidme en fila india —digo, y todos asienten mientras salgo del aula. Me encuentro de nuevo con la Sra. Jones, que me mira con desprecio mientras sus niños gritan y se empujan.

Una vez más, me siento muy ufana, y no me importa.

Le dedico una sonrisa educada y camino hacia las puertas principales mientras echo un vistazo a los niños para asegurarme de que todos van bien. No puedo evitar sonreír al ver a Lyra y Caleb hablando en voz baja, probablemente planeando otra quedada sorpresa para jugar.

Ayer consiguieron convencernos a Ice y a mí de dejar que Lyra fuera a casa de los abuelos de Caleb por la tarde a cenar, y tengo que admitir que la casa se quedó en silencio, demasiado silencio para mi gusto.

Matty tenía una cita y pasó la noche con una mujer de la que aparentemente se arrepiente mucho, porque es una pesada de campeonato —sus palabras, no las mías—, y no sé, fue raro estar sola.

Niego con la cabeza, me detengo ante las puertas y me giro hacia mis pequeños mientras la Sra. Jones grita: —¡Volved a la fila! —Pero no la miro; en su lugar, digo:

—Cuando diga vuestro nombre, podéis iros, ¿de acuerdo?

—Sí, Srta. Robins —dicen al unísono, y reprimo una sonrisa al oír el gruñido a mi lado.

Oh, sí, estoy muy, muy ufana.

Me giro y, como cada día, empiezo a llamar a cada niño, comenzando por —Peaches—, porque sí, alguien le puso a su hija Peaches.

Voy llamando a mis alumnos uno por uno mientras localizo a sus familiares, hasta que llego a Caleb y frunzo el ceño al ver a un hermano nuevo del club, con pelo negro y ojos azules, que me mira con expresión cautelosa y el ceño fruncido.

A este no lo conozco, y la inquietud me invade mientras le miro el pecho.

Cuando ve que tiene mi atención, me dedica una sonrisa tensa, y sé que probablemente piensa que me lo estoy comiendo con los ojos mientras examino su chaleco, pero en realidad solo me estoy asegurando de que es un hermano de los Rebels.

—Estoy aquí para recoger a mi sobrino —dice el hombre con brusquedad cuando no digo nada, y Caleb exclama:

—¡Tío Ace! —Sonrío ante la emoción del niño y me relajo un poco al verlo saludar con la mano, pero sin moverse hasta que le dé permiso.

Niego con la cabeza, vuelvo a mirar al hombre y digo:

—Lo siento, no lo había visto nunca, así que solo quería asegurarme de que era un Rebel. ¿Está en la lista de recogida?

El hombre se relaja con gesto comprensivo y dice:

—Sí, lo que pasa es que hace tiempo que no vengo a recoger al enano. Soy Ace.

Asiento mientras reviso mi lista y lo encuentro al final, entre los hermanos con el apellido Lee, como Caleb. Me giro hacia el niño y digo:

—Muy bien, cariño, puedes irte. He comprobado que es de fiar.

Ace resopla y Caleb se ríe. Sonrío mientras el niño corre hacia su tío, y Lyra viene a cogerme la mano libre.

—Hola, Lyra —dice Ace con suavidad al verla, y Lyra se esconde a medias detrás de mí y murmura:

—Hola, señor Ace…

Supongo que lo conoció en casa de los abuelos de Caleb.

—¿Alguna vez vas a dejar lo de «señor»? —le pregunta mientras se agacha a su altura. Siento las miradas de mi compañera clavadas en mí.

Lyra niega con la cabeza y me río mientras él sonríe. Se pone de pie, me mira y asiente.

—Ha sido un placer conocerla, Srta. Robins —dice, y le dedico una sonrisa educada para que no se haga ideas, lo que solo consigue que sonría más. Me vuelvo hacia Lyra y le presto toda mi atención.

—¿Lista para ir a casa? —le pregunto, y ella asiente antes de decir:

—¡Adiós, Caleb! ¡Adiós, señor Ace! —Les digo adiós con la mano y guío a Lyra de vuelta a las puertas mientras ellos se despiden.

La Sra. Jones me fulmina con la mirada, pero la ignoro y mantengo la atención en mi hija, como siempre.

Lyra entra dando saltitos en el gran edificio mientras volvemos a por nuestras mochilas, y me hace ilusión pasar la tarde con ella…

al menos hasta que el lío de una noche de Matty intenta interrumpir, acusándome de tener una aventura con su hombre.

Me quedo en shock mientras él parece mortificado de que la mujer haya descubierto dónde vive.

Vaya, estar soltera es definitivamente lo mejor.