Dimensiones del thriller oscuro 1: pack - 5 libros en 1 (Dark Thriller Dimensions) CAPÍTULO 34
18%

CAPÍTULO 34

ROSE

—¿Cuándo recoge ese hombre a Sir Charles? —pregunta papá con frialdad.

Suspiro. —En un par de horas.

Un silencio incómodo se instala entre nosotros como un peso insoportable.

—Tu madre me habló de ese tal Noose.

Alzo la mirada hacia papá. No le digo que Noose quiere casarse conmigo. No quiero atarme a alguien que se siente responsable de mí. Que solo siente deseo.

Sé que amo a Noose. Dios, sí que lo amo. Pero Charlie y yo queremos un hombre que nos quiera de verdad, no por obligación.

¿Y cómo puede funcionar? Drake pasa por el apartamento y a Noose tienen que recordarle cada vez lo que Drake me hizo. Lo que le hizo a mi hermana. Y luego Drake se lleva a mi sobrino y Noose me ve deshacerme en lágrimas.

No va a funcionar.

—Es mi novio. —Estoy orgullosa de poder mantener la voz firme.

—Rosie…

Levanto la mano. —No son iguales.

—Norah dice que los dos forman parte de esa banda de motociclistas.

No puedo mentirle a papá. No lo haré. —Esa parte es cierta. Noose está en un club de motociclistas. Drake también. Pero son dos clubes distintos, diferentes entre sí.

—Desde donde yo estoy, parece lo mismo.

Bajo la cabeza. Ya nada es simple. —Para mí también es difícil, papá. Drake se está llevando a Charlie.

Cuando sus ojos se encuentran con los míos, los tiene llenos de lágrimas. Las mías me caen por la cara. —Oh, Rose. —Papá me estrecha entre sus brazos—. Lamento lo que dijo mamá. Solo reaccionó sin pensar. Superaremos esto.

Mientras Drake tenga a mi niño, no superaremos nada.

Noose

Wring y Lariat no dicen nada, con la barbilla apoyada en la mano como si fueran el reflejo el uno del otro.

—¿Matrimonio? Joder, Noose, ¿estás loco? —Snare golpea la mesa con el puño.

Sigo mirando mis manos callosas.

Sí, para encerrar.

—Una semana, tío, una semana. Eso es lo que llevas conociendo a Rose. —Su cicatriz se ondula mientras pone cara de exasperación.

Me encojo de hombros. —Lo sé. ¿No crees que sé lo loco que estoy?

—Cuando decides algo, vas a por todas —comenta Wring con sequedad.

Trainer mantiene la boca cerrada, al igual que el resto de los hombres reunidos para la asamblea.

Vince tamborilea con los dedos sobre la mesa. —Vale. A Diablo ya le han avisado de que está tocando los cojones con la propiedad de alguien, ¿y ahora vas y hablas de casarte con esta chica? Pfft. —Su bufido desdeñoso resuena en la habitación silenciosa.

—No puedo estar sin ella.

—¡Joder, que se mude contigo! ¡Hazla tu vieja fija! —se queja Snare, cruzándose de brazos—. ¿Qué pasa? ¿Te ha cortado los huevos?

Eso parece. —Ya se lo pedí.

Lariat se inclina hacia delante. —¿Y bien? El suspense me está matando. Suéltalo.

—Dijo que sí.

Snare golpea la mesa. —Pues ya está. —Se seca la frente con gesto teatral—. ¿Para qué coño necesitábamos una reunión para que Noose nos diga que se le muda un chocho fijo?

Me vuelvo hacia Snare. —Rose no es un chocho.

Arquea una ceja, lo que le tensa la cicatriz, pero no dice nada.

Recorro con la mirada a los hermanos. —Quiero a Diablo fuera de la ecuación.

—¿Sancionado? —pregunta Wring con su calma habitual.

—Sí.

—¿Cargarte al hijo de puta sin más? —pregunta Snare—. Oh, eso no va a ser nada obvio. No. Ni de coña. —Sacude la cabeza y luego me mira con los ojos entrecerrados.

—No puedo dejar que se quede con el niño. Le hace daño a Rose. —Y es una puta injusticia.

—Así que necesitas que te busquemos una excusa para ajustar cuentas —el Prez va al grano.

Asiento.

Lariat silba entre dientes. —Si lo haces con cuerda, hasta el último madero de aquí al quinto pino sabrá que fuiste tú.

—Sí.

—¿Puedes aguantar que lo haga otro, Noose? —pregunta Wring en voz baja.

Me entiende. Odio delegar, pero que acabe muerto es más importante que mi venganza, por muy dulce que sea. —Puedo aguantarlo.

El Prez golpea con el mazo. —Hecho. —Su mirada penetrante sostiene la mía—. ¿Cuándo quieres que actuemos?

—El sábado.

Es una cita.

Rose

Doy un paso detrás de otro.

Noose me devolvió a casa de mis padres, sana y salva. Charlie y yo pasamos unos días más preciosos a solas, fingiendo que Drake no me lo había arrebatado.

Ahora toca despedirse.

Noose vendrá esta noche, porque se lo pedí. No puede estar aquí cuando llegue Drake.

Podría matarlo.

Me coloco detrás de Charlie, con las palmas apoyadas en su pecho, mientras Drake llega en un coche que no había visto nunca. Un trasto vintage tuneado con un motor escandaloso. Típico.

Sale de un salto, con paso ligero, y sube pavoneándose por el camino de entrada. El día resplandece, creando una falsa sensación de bienestar y belleza que no encaja con el mal que camina hacia mí.

—Hola, Rose.

No respondo.

Se pone en cuclillas y el cuero cruje con el movimiento.

—Hola, pequeño.

Charlie cruza los brazos.

—Es Sir Charles.

—¿Qué coño es eso? —Drake me mira.

—Esa es una palabrota —anuncia Charlie de inmediato.

—¡Sí! —dice Drake, levantándose de un salto. No es tan corpulento como Noose, pero es mucho más grande que yo.

Las palmas se me humedecen contra la camiseta de Charlie. Mi cuerpo lo recuerda todo.

A Drake le encanta intimidarme con su altura. Que lo haga si quiere. Yo me centro en Charlie. Supongo que no me pondrá las manos encima aquí mismo, en el camino de entrada, delante de los vecinos y de su «propiedad».

Me trago las emociones, deseando la presencia sólida de Noose con tanta intensidad que apenas puedo respirar.

Intento no entrar en pánico. Se supone que el prospecto sigue vigilándome.

—¿Sabes, Rose? —empieza Drake, arrastrando las palabras.

Mi cara no le devuelve nada.

—Puedes venir con nosotros si quieres. Ver todas las cosas geniales que tenemos planeadas para Charlie.

—¿En serio? —Charlie da saltitos de emoción—. ¿Quieres venir, tía Rose?

No. Sí. ¿Qué está tramando Drake? Otra vez, no creo que vaya a hacer nada. Ya me ha derrotado. Llevarse a Charlie fue el golpe final.

Charlie me agarra la mano, suplicante:

—Por favor, tía Rose.

Sus ojos castaño oscuro me miran desde abajo. La brisa le levanta el pelo casi platino.

Se había tragado mi explicación sobre Drake: que era amigo de Anna.

Este engaño es lo más terrible que he hecho en mi vida.

—Vale —acepto, controlando la respiración para dominar el miedo de estar tan cerca de Drake.

—Sígueme —dice Drake guiñándome un ojo.

Lo hago, y el corazón se me encoge. Supervisar a Charlie, asegurarme de que esté bien, es lo correcto.

Pero algo no encaja.

Noose se pondría furioso si lo supiera.

Apago el móvil.

Noose

—¡¿Qué coño?! —rujo al teléfono, y el marco de plástico cruje en mi mano.

Oigo un estruendo al otro lado de la línea.

Trainer recupera el teléfono.

—Acabas de dejarme sordo.

—Pregúntame si me importa —siseo entre dientes.

Silencio.

—Repítemelo con todas las putas letras. Diablo vino a buscar al niño; eso lo pillé. Y entonces, ¿qué?, ¿Rose va y se va trotando detrás de él? No.

Wring observa nuestro intercambio en silencio, junto con el resto de Road Kill. Vamos armados hasta los dientes. Cada uno lleva el arma que mejor maneja.

Ojalá pueda entrar ahí y cargarme a Diablo de forma legítima. Ha tocado lo que es mío. Que Rose sepa o no que he venido para quedarme no se discute. He venido. Punto.

Lo elimino y la amenaza desaparece. Pero tiene que ser un golpe legítimo, o Chaos y Road Kill entran en guerra. Por una mujer. La mala sangre entre nosotros no basta como motivo. Pero las mujeres hacen que los hombres guerreen. ¿Acaso no ha sido siempre así?

Pero ahora Rose se ha metido en el puto nido de víboras de Chaos.

¿Por qué?

¿Por qué iba Rose a irse con Diablo, un asesino y violador, y ponerse en peligro?

Lo único que tiene sentido es que Diablo la obligó.

—No lo sé, Noose —dice Trainer, intentando mantener la calma. Intentando calmarme a mí.

Que se olvide.

—Simplemente echó a andar detrás de él.

—Hay dos civiles ahí, Noose. ¿Eso cambia las cosas? —los ojos de Vince son duros pero cansados. Cansado de guerra. Simplemente cansado.

Aprieto los dientes.

—No.

—Bien —dice Wring—. Pero que te quede claro: ya la han jodido una vez, y ahora el crío está ahí, además de tu vieja. Sepa ella o no que es de tu propiedad, la has reclamado. Chaos lo sabe de sobra. Esto es un desafío directo.

Murmullos de aprobación recorren el aparcamiento.

—Sacamos a Rose de ahí, sana y salva —miro a cada uno a los ojos—. Y luego terminamos lo que Diablo empezó.

Nuestra información está fresca. Ubicación diferente, pero igual de remota.

Voy a recuperar a Rose y a Charlie. La cuerda que llevo en el bolsillo tiene el nombre del diablo grabado.