Capítulo 24 #3
—Joder —murmura la asistente cuando los labios de Marina le recorren el cuello.
—¿Qué te gusta? Dime lo que más disfrutas, te haré lo que quieras… —asegura Marina con voz ronca.
Olga se detiene porque necesita unos segundos para procesar esto.
Dos años deseándola, dos años soñando con cómo sería, sintiéndose depravada cuando se tocaba pensando en ella e imaginando mil cosas que deseaba hacerle, y ahora Marina está aquí, desnuda delante de su sofá, dispuesta y deseosa de darle placer.
—Quiero que te sientes ahí y separes las piernas.
Marina contiene la respiración mientras la mira, con el pulso latiendo entre sus pliegues con una intensidad que duele.
—Vale.
Se mueve despacio, con esa elegancia suya que la hace parecer una diva incluso estando desnuda.
Marina se gira cuando llega al sofá, se deja caer despacio en el centro y separa las piernas, ofreciéndole a Olga un manjar que ha querido probar durante tanto tiempo que duda que logre saciarse esta noche.
Camina hasta ella, pero no se arrodilla todavía, se sube a horcajadas sobre Marina dejando una de sus piernas entre las suyas y la besa mientras empieza a moverse en busca de fricción.
—¿Te importa? —susurra contra su boca—. Necesito calmarme un poco, no podré dedicarte la atención que quiero si no libero un poco de tensión.
Marina no responde, se gira un poco hacia ella, le pone las manos en el culo y la empuja contra su muslo.
Los jadeos de Olga llegan enseguida, y Marina se traga cada uno mientras le acaricia los pechos.
El cuerpo de Olga comienza a tensarse, su abdomen se pone rígido y tembloroso y los jadeos se vuelven entrecortados mientras Marina concluye que esto le gusta demasiado.
Quiere que se corra sobre su pierna porque que le baste solo eso para llegar le da una idea de lo mucho que Olga la desea, y ella quiere que la desee, quiere estar debajo de ella, y encima, y darle todo lo que le pida.
Los movimientos de Olga se han vuelto rápidos y Marina deja de besarla porque necesita verlo, quiere ver esa mirada que siempre es vergonzosa convertida en puro fuego mientras se corre sobre su pierna.
El primer gemido de Olga le atraviesa todo el cuerpo como un torrente de fuego, el segundo la deja sin respiración y el tercero hace que Marina quiera tocarse para calmarse, pero su mano se queda quieta sobre su sexo porque ahora es incapaz de hacer dos cosas a la vez, y entre tocarse y ver a Olga correrse por primera vez, elige lo segundo.
—Jo-der —susurra cuando la asistente suelta un último aullido suave y se inclina hacia delante.
Marina la abraza, y le besa el cuello y el hombro mientras Olga tiembla entre sus manos.
—Verte ha sido lo más erótico que he hecho en mi vida, te lo juro —confiesa Marina.
Olga abre los ojos y sonríe contra su hombro, y ya no despega los labios de su piel, empieza a repartir besos por toda la línea de su clavícula, después sube por su cuello, sigue la línea de su mandíbula y vuelve a bajar para buscar sus pechos.
Se entretiene con cada uno arrancando un suspiro tras otro de su jefa, que se ha recostado hacia atrás con la espalda arqueada hacia ella para ofrecerle su cuerpo, y Olga sigue descendiendo.
Se baja del sofá, se arrodilla en el suelo y besa su abdomen y su vientre mientras Marina se va deshaciendo.
—¿Qué haces? —pregunta Marina cuando Olga se detiene, pero cuando la ve con la mirada fija en su sexo y nota el roce de su dedo en la abertura, el temblor la vuelve a sacudir y por un momento está a punto de cerrar las piernas.
—No. —Olga le pone una mano en la rodilla y la mira.
Marina está roja, tiene el ceño fruncido y la mirada de desesperación de quien necesita que la toquen, y a ella no le gusta hacer esperar, así que se dobla un poco más, le separa los labios con los dedos y pasa la lengua plana desde su entrada hasta su clítoris.
—Madre mía, Olga —canturrea Marina, y mira hacia abajo un segundo para ver a su amante mirarla desde abajo, con la boca pegada a ella y un destello de fuego en las pupilas.
Marina empieza a arder. Se nota empapada como nunca y el hormigueo le empieza en el vientre y le baja entre los muslos con cada movimiento de la lengua de Olga.
Normalmente le cuesta llegar al primer orgasmo, es una mujer que necesita que se tomen su tiempo con ella hasta tenerla muy excitada, pero eso no le está pasando con Olga, es justo lo contrario, Marina está tensando cada músculo del cuerpo porque no quiere correrse tan rápido, necesita seguir sintiendo la boca de Olga, los lametones de su lengua y los sorbos que da contra su clítoris o sus labios, pero no puede más y, cuando está a punto de apartarla para que le dé unos segundos, Olga la mira de nuevo desde abajo y el orgasmo la atraviesa sin que se lo espere, haciendo que hunda la mano en el pelo de su amante y se impulse contra su boca mientras tiembla descontrolada y grita como si fuera la primera vez que tiene un orgasmo.
—Cielo santo, cariño, ha sido… —jadea Marina cuando Olga la mira con una sonrisa juguetona.
—Pues solo acabo de empezar.