Capítulo 19 #3
Tiene el pulso acelerado y las puntas de los dedos le hormiguean mientras empieza a repasar los papeles que hay dentro.
No entiende lo que acaba de hacer, nada justifica haberse acercado a ella de esa manera ni haber puesto una mano en su cintura como si el cuerpo de Olga le perteneciera, y mucho menos apartarle ese mechón, pero Olga estaba ahí, con los hombros hundidos y ese olor a lavanda de su pelo, y ella se ha sentido mareada al inhalar y, cuando se ha dado cuenta, se había pegado a su espalda.
¿Qué pretendía hacer? ¿Olisquearla como un perro?
Tampoco lo sabrá nunca porque cuando Olga se ha girado y la ha mirado con esas pupilas tan dilatadas, sus neuronas han colapsado y todo lo que ha quedado dentro de ella ha sido el vuelco que le ha dado el corazón y el pellizco intenso de su estómago.
Revisa un papel y lo deja junto al montón de los descartes, pero entonces parpadea y la imagen de algunas líneas le atraviesa la mente.
Marina lo coge de nuevo y empieza a leerlo con más atención de la que estaba mostrando hace un segundo, y de repente siente un vacío en el estómago, una especie de vértigo que le estira los labios y la hace levantarse de golpe.
—¿Qué pasa?
Olga también se levanta por inercia, como si Marina hubiera detectado un peligro y ambas tuvieran que huir, solo que ella no sabe hacia dónde.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué te ríes?
Los ojos de Marina brillan con un azul tan intenso que Olga deja de respirar.
—Lo tengo, esto es lo que buscas. —La jefa lo sacude en el aire.
—¿Qué? —La voz de Olga es un chillido estridente como el que soltó el primer día que coincidió con Marina en su nuevo despacho.
—Toma, compruébalo tú misma.
La vicepresidenta le tiende las dos hojas grapadas y Olga las coge con las manos temblorosas.
Empieza a leer y, conforme lo hace, la emoción y el alivio la van invadiendo.
No lo termina, ya ha leído lo suficiente como para saber que eso es lo que busca, así que suelta el papel sobre la mesa y, cuando se gira, suelta un grito agudo y se lanza a los brazos de Marina sin pensarlo.
Se cuelga de su cuello, riéndose y llorando al mismo tiempo, y Marina la recibe trastabillando hacia atrás antes de rodearle el cuerpo con los brazos y apretarse contra ella mientras aspira el aroma de su cuello.
El abrazo se alarga sin que ninguna haga nada por evitarlo, hasta que Olga empieza a pensar que su reacción ha sido demasiado invasiva y que a lo mejor está incomodando a su jefa.
Se separa despacio, pero no se despega de su cuerpo porque Marina le está mirando la boca de un modo que hace que una pulsión desesperante le lata entre las piernas.
—Marina… —Los ojos de su jefa se levantan y se clavan en los suyos.
Se quedan mirándose. Olga turbada por la necesidad que experimenta y Marina intentando encontrar una señal más clara de lo que lleva tiempo sospechando.
—¿Qué estás pensando, Olga? —susurra, repasando la línea de su cicatriz con la lengua por la parte de dentro del labio.
Olga abre la boca. Quiere decirle que son demasiadas las cosas que pasan por su cabeza ahora mismo, que la quiere besar y que no se atreve porque no quiere meter la pata y alejarla ahora que nota que parece que se acerca.
También le quiere decir lo mucho que le gusta, confesarle de una vez que lleva demasiado tiempo enamorada de ella y que ya no lo soporta, pero su lengua se ha quedado rígida y le pesa como si se hubiera convertido en hormigón.
—Dime lo que piensas, por favor —insiste Marina con el mismo tono bajo y cálido de antes.
La asistente traga saliva y abre la boca, pero lo único que le sale es una exhalación temblorosa que deja a Marina confundida porque no está segura de si lo ha hecho porque quiere besarla o porque todavía necesita dejar salir la adrenalina que ha acumulado tras el descubrimiento de que el papel existe.
Y teniendo en cuenta que últimamente siente que no se entera de nada y que lo más seguro es que su vida haya estado llena de señales que ella nunca ha visto, lo que no necesita ahora es dar un paso en falso y besar a esta mujer que parece más perdida que ella.
—Debería irme —dice, dando un paso atrás.
Olga siente frío en todo el cuerpo cuando se separa de ella, pero su cabeza todavía no funciona como debe.
—Claro, sí. Estarás cansada.
Marina asiente sin dejar de mirarla. ¿Cómo puede ser que con su edad no haya notado antes que le atraen las mujeres? ¿O es que la única que le atrae es Olga y por eso nunca ha tenido dudas? La cabeza va a estallarle, necesita alejarse de ella y pensar con calma.
—La verdad es que sí. Me alegro de que hayas encontrado el papel —dice y le sonríe, y el corazón de Olga empieza a dar saltos por su pecho.
—Gracias, pero ha sido gracias a ti.
La vicepresidenta le sonríe y sale de la habitación. Olga la acompaña hasta la puerta y no se produce ningún silencio incómodo porque Marina no lo permite.
—Nos vemos en la oficina —se despide, y atraviesa el umbral para caminar a paso rápido hacia el ascensor.