Dile No al Deseo 45. Dos años después
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45. Dos años después

Dos años después

Dos años pasaron como el agua. John Nishpor salía por fin de su celda.

—Adiós, amigo —dijo Luke, y ambos se fundieron en un fuerte abrazo.

—¿Qué dices? Ve a mi casa a comer todos los días de incógnito —respondió John con una leve sonrisa.

—Ya me estás buscando problemas —bromeó Luke, y ambos rieron—. Vamos, te acompañaré hasta la salida.

Caminaron juntos por los pasillos hasta llegar al exterior. Afuera, un vehículo grande y lujoso aguardaba a John. Su equipo de seguridad estaba listo, abriéndole la puerta trasera del auto con total reverencia.

—John, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. Tienes mi número guardado; espero que algún día podamos ir por unos tragos, amigo —dijo Luke, sintiéndose repentinamente nostálgico.

—Te digo lo mismo, Luke. Estoy aquí para lo que necesites —afirmó John, abrazándolo de nuevo antes de partir.

John subió al vehículo y su chófer arrancó en dirección a su hogar. Durante todo el trayecto, se sintió inmensamente tranquilo y feliz de por fin ser libre. Al llegar a su mansión, entró y descubrió que todo estaba exactamente tal y como lo había dejado aquella fatídica mañana.

El recuerdo de Katherine invadió su mente al instante; se sintió nostálgico al rememorar su rostro y su figura. De pronto, el timbre de su teléfono interrumpió sus pensamientos.

—Conque libre… —se escuchó la voz de Carol al otro lado de la línea.

—Deja tus juegos y déjame en paz —sentenció John con frialdad, cortando la llamada de inmediato.

Se preparó un café negro, fuerte, tal como le gustaba, y se sentó a tomarlo despacio, disfrutando de recuperar su antigua rutina. Luego subió a darse una ducha; el agua caliente cayendo sobre su cuerpo era algo que anhelaba profundamente. Al fin, John volvía a sentirse en casa.

Se vistió con la ropa que tanto amaba, con su característico estilo elegante y casual, y salió a caminar por el jardín.

Poco después, llamó a su chófer para que lo llevara a aquella cafetería que había visitado antes de su arresto.

Al llegar, bajó del auto y entró; el lugar le trajo un aluvión de recuerdos agridulces.

John se acercó a la caja, recordando el momento exacto en que vio a Katherine por primera vez.

Compró una bolsa de panes y, al no ver a la joven por ningún lado, salió del local con una profunda decepción oprimiéndole el pecho.

Le indicó a su chófer que regresaran a casa.

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Katherine iba de camino a su trabajo. Iba un poco tarde, pero caminaba feliz y radiante mientras se acercaba a la entrada de la floristería.

Justo en ese momento, el fiscal Nilow pasaba conduciendo su auto con tranquilidad por la misma calle.

Nilow observó a Katherine por la ventana y frunció el ceño, reconociéndola de inmediato.

Disminuyó la velocidad y la siguió con la mirada hasta verla detenerse en la puerta del local.

Katherine sintió que la observaban; notó el auto oscuro en la calle, pero le restó importancia e ingresó a la floristería.

El fiscal Nilow pisó el acelerador y siguió su camino, apretando el volante con furia, tramando su próximo movimiento.