14. Celos, pizzas y la celda quince
Celos, pizzas y la celda quince
«¿Es él?», se preguntó Katherine, mirando fijamente al hombre sentado a la orilla de la cama, detrás de las rejas de la cárcel.
Al ver a Katherine tan concentrada, Nasly siguió la dirección de su mirada y también se quedó observando a John fijamente mientras caminaban por el pasillo.
«Es hermoso. Tiene algo que me llama mucho la atención», pensó Katherine mientras sus miradas chocaban con las de John. «Quiero saber su nombre».
Siguieron caminando y, una vez que pasaron de largo la celda, Katherine finalmente volvió en sí.
—¿Lo conoces? —le preguntó Nasly, curiosa.
—No. Solo lo vi una vez en la cafetería, el día que te conté que pasó toda esa locura. Y no sé… fue algo extraño. Me habló ofreciéndome un panecillo o un pastel, creo, no recuerdo con exactitud —dijo Katherine, acariciándose el cabello, algo confundida.
—Entiendo… Quiero saber más detalles. Es guapo, bastante guapo. Sí, me gustó. Creo que iré a hablarle —dijo Nasly, tocándose los labios y mirando al techo de forma pensativa.
—No puedes ir, creo que no te dejan —replicó Katherine, cruzándose de brazos con una actitud de evidente inconformidad.
—Bueno, eso ya lo veremos —dijo Nasly riendo—. Al menos, ¿sabes su nombre?
—No, no pudo decirme. Lo arrestaron de inmediato, todo pasó muy rápido. Además, si él está aquí, no es de fiar —dijo Katherine, levantando las manos y encogiéndose de hombros.
—Me gusta. Pero sí, tienes razón, hay que ver por qué está aquí. Espero que no sea por algún crimen grave, porque sí está guapísimo. Tiene una mirada tan intensa, la mirada de un hombre que va en serio en la vida —afirmó Nasly con total confianza.
Katherine rodó los ojos.
—¿Y tu primo en qué celda está? —preguntó, tratando de cambiar de tema de inmediato.
—Ni idea. Perdí la razón al ver tanta belleza en ese chico. Tal vez está más adelante.
—Sí, ya deberíamos llegar —murmuró Katherine, acomodándose el cabello por los nervios.
Caminaron un rato más hacia adelante por los pasillos, inundadas por un silencio incómodo, hasta que finalmente llegaron a la celda del primo de Nasly.
—¡Hola, primo!
—Hola, prima, ¿cómo estás? —respondió Kendall, poniéndose de pie.
—Bien, ¿y tú? Ah, mira, ella es mi amiga Katherine. Katherine, este es mi primo Kendall.
Al ver a Katherine, Kendall quedó cautivado al instante por su belleza.
—Un placer, Katherine —dijo, extendiendo la mano a través de los barrotes.
Katherine la tomó con amabilidad.
—El placer es mío.
—Estoy bien, Nasly. Gracias por traerme los papeles. Sé que en unas cuantas horas estaré en casa. Puedes decirle a Katherine que vaya y hacemos algo… pedimos pizza, tal vez —sugirió Kendall, lanzándole una mirada coqueta a la chica.
—Vamos a ver —respondió Nasly.
—Me parece bien —dijo Katherine, sonrojándose levemente.
—¡Vámonos, Katherine! Necesito el número del chico de la celda quince —la interrumpió Nasly, impaciente.
—Un placer, Katherine. Espero volver a verte pronto —se despidió Kendall.
—Lo mismo digo. Adiós, Kendall.
Ambas se alejaron caminando, pero casi de inmediato, Nasly empezó a correr y tomó a Katherine del brazo.
—¡Vamos rápido!
Llegaron a toda prisa de regreso a la celda 15. Estando exhaustas, se tomaron un segundo para recuperar el aire. Entonces, Nasly tomó a Katherine por los hombros.
—Ve, acércate tú y pregúntale su nombre. Al menos, como lo viste anteriormente y te conoce, creo que preguntarle el nombre sería la excusa perfecta para conseguir también su número de teléfono —le susurró Nasly, empujándola sin compasión hacia el frente de la celda.
Sonrojada y nerviosa, con las piernas temblando y jugando torpemente con su cabello, Katherine dio un paso al frente y se acercó a los barrotes.