Dile No al Deseo 12. Mentiras piadosas y miradas que paralizan
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12. Mentiras piadosas y miradas que paralizan

Mentiras piadosas y miradas que paralizan

Katherine preparaba unos arreglos florales para dejarlos listos para el día siguiente, pero su mente estaba muy lejos de allí.

—¡Katherine! ¡Katherine! ¡Lucecita, aterriza! —la llamó Nasly, chasqueando los dedos frente a su rostro.

—¿Qué pasó? —reaccionó Katherine, mirándola fijamente, un poco desorientada.

—¡Ya vámonos! Es hora de cerrar. Son las seis de la tarde, nos pasamos por una hora porque estaba organizando la parte de atrás. Vámonos, que se hace tarde —dijo Nasly, tomándola del brazo con suavidad.

—Es cierto, vámonos —respondió Katherine, caminando hacia la parte trasera del mostrador en busca de su cartera.

—¿En qué estabas pensando, Katherine?

—Me da miedo ir a la cárcel —confesó, soltando una risa tímida.

—Lo sé. Por esa misma razón te invité, para que dejes tus miedos atrás y pruebes cosas nuevas… un poco peligrosas —bromeó Nasly con una sonrisa pícara.

—¿Como ir a la cárcel? —preguntó Katherine con sarcasmo.

—Sí, algo así. La verdad es que no quiero ir sola y sé que puedo contar contigo para esto —dijo Nasly, abrazándola con cariño.

—Claro que sí —respondió Katherine, devolviéndole el abrazo.

Ambas salieron de la floristería y Katherine aseguró la cerradura de la puerta principal.

—¿Qué vas a hacer hoy? —le preguntó a su amiga.

Nasly se quedó en silencio unos segundos, pensativa.

—Iré a casa a relajarme, estoy muy cansada. ¿Y tú?

—¡Lo mismo! Ahora que lo pienso, estoy bastante agotada. Anoche no pude dormir nada bien por culpa de Jade y su incomodidad, pero esta noche sí dormiré en mi cama, súper cómoda. De solo imaginarlo ya me da sueño —dijo Katherine, y ambas estallaron en carcajadas.

Se despidieron y cada una tomó el camino hacia su respectivo hogar. Katherine caminó unas cuantas cuadras y, cuando estaba a punto de llegar a su edificio, divisó a lo lejos una figura conocida. Jade estaba sentado en los escalones de la entrada.

Katherine se detuvo en seco. «¿Qué hace él aquí? ¿No se suponía que estaba en su casa?», se preguntó, alarmada. «¿Qué hago? ¿Voy? Aunque… espera, ¡esa es la misma ropa que traía hoy en la mañana! Sí, lo es. Lo siento, Jade, pero hoy no».

Dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso en dirección a la floristería, esta vez con paso apresurado.

De pronto, al doblar una esquina, vio la cafetería.

El mismo lugar donde se había cruzado con esos ojos oscuros que la hipnotizaron.

Sin pensarlo mucho, entró. Pidió un té de manzanilla para calmar los nervios y se sentó cerca de un ventanal de cristal para observar hacia afuera.

Justo en ese momento, su teléfono comenzó a vibrar dentro de su bolso. Era un mensaje de Jade.

Katherine: Hola, ¿qué pasa?

Jade: Estoy esperándote afuera de tu edificio. ¿Te falta mucho para llegar? Estoy muy cansado, ya quiero dormir. (Acompañó el texto con un sticker bostezando).

Katherine: No voy a llegar a casa. Estoy cuidando a Nasly, que se siente muy mal del estómago. ¿No te diste cuenta de que estaba enferma hoy cuando pasaste?

Jade: ¿No vas a venir? Puedo esperar un rato más.

Katherine: No, ella se siente pésimo. Creo que me quedaré a cuidarla toda la noche. (Envió un sticker con carita triste).

Jade: ¿Puedo pasar a buscar las llaves entonces? Envíame la dirección.

Katherine: ¡Todavía no las encuentro! Esa es otra razón por la que prefiero quedarme aquí.

Jade: Está bien. Que se mejore Nasly. Espero que descanses, mi querida lucecita. Me voy a casa. Adiós.

Katherine suspiró, sintiendo un inmenso alivio. De inmediato, llamó a Nasly para pedirle ir a su casa un rato y así hacer que su coartada fuera cierta por si Jade averiguaba algo, pero su amiga rechazó la llamada y le escribió por chat.

Nasly: ¿Qué pasa? Hola.

Katherine: Hola, necesito ir a tu casa ahora, ¿puedo?

Nasly: Tuve que salir corriendo a casa de mi madre a buscar los papeles para llevarlos mañana a la cárcel.

Katherine: Puedo esperarte allá.

Nasly: Voy a tardar mucho. Incluso creo que me quedaré a dormir aquí; mi mamá no se siente bien y tendré que cuidarla.

Katherine: Está bien. Nos vemos mañana, Nasly.

Sabiendo que el camino estaba despejado, Katherine salió de la cafetería y se dirigió a su edificio. Al llegar, notó con satisfacción que Jade ya se había ido. Subió feliz a su apartamento, se quitó la ropa, tomó una ducha larga y se tiró en la cama, durmiéndose profundamente.

Al día siguiente, los fuertes toques en la puerta la despertaron. Era Nasly.

—¡Vámonos, que estamos llegando tarde! —apresuró su amiga en cuanto Katherine abrió.

Katherine corrió al baño, se dio una ducha rápida y se vistió con ropa formal: un pantalón de tela fina que se ajustaba perfecto a su figura, una elegante camisa blanca y unos zapatos altos. Lucía espectacular. Bajaron corriendo, pidieron un taxi y se dirigieron directamente a la comisaría.

Al entrar, Nasly le explicó la situación a la recepcionista para poder entregar los papeles de su primo, y la oficial les indicó el camino hacia el área de detención.

Mientras caminaban por los fríos pasillos de las celdas buscando a su primo, Katherine giró el rostro hacia uno de los barrotes.

Sus ojos se abrieron de par en par. El corazón le dio un vuelco tan violento que casi se desmaya, perdiendo por completo la noción del tiempo y del espacio al ver quién estaba del otro lado