Dile No al Deseo
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1. Un buen día para ser arrestado
Un buen día para ser arrestado
Tras enjuagarse el cuerpo, se enrolló una toalla blanca a la cintura, se cepilló los dientes frente al lavamanos y dejó el espejo empañado a sus espaldas.
Bajó a la sala de su casa impecable, lujosa y moderna.
En la cocina, se sirvió un poco de agua, tomó el periódico de la mañana y comenzó a leer en un absoluto y reconfortante silencio.
Al terminar de leer, subió de nuevo a su habitación para vestirse.
Eligió un pantalón fino de corte elegante y un poloche tipo polo de alta calidad.
Para rematar el atuendo, se colocó un sombrero clásico al estilo de su abuelo; toda su vestimenta derrochaba una caballerosidad de la vieja escuela que intimidaba y atraía a la vez.
De repente, su teléfono celular vibró sobre la mesa. Al contestar, una voz femenina y completamente desconocida sonó del otro lado de la línea:
—Te van a arrestar. Ten cuidado y no te resistas, ¿de acuerdo?
Josh soltó una risita baja, ronca y entretenida.
—De acuerdo.
—¿No quieres saber quién soy? —insistió la misteriosa mujer con un tono afilado y cortante.
—No me interesa —respondió Josh con total frialdad, y de inmediato le colgó el teléfono.
Miró su propio reflejo en el espejo una última vez, acomodando el ala de su sombrero. Hoy es un buen día para ser arrestado, pensó con una tranquilidad perturbadora.
Salió de la casa y caminó con paso firme hacia la cafetería de la esquina.
Al entrar, se dirigió a la barra y pidió un café negro sin azúcar.
Fue en ese preciso instante cuando la vio.
Ella prácticamente irradiaba belleza por cada poro; llevaba un vestido rosa que dejaba más que clara su vibra inocente, dulce y risueña, mientras su largo cabello castaño caía de forma hermosa y ondulada sobre sus hombros.
Rompiendo su habitual silencio, Josh dio unos pasos hacia ella y la abordó con elegancia.
—Saludos, jovencita. ¿Puedo brindarte un pastel?
La joven asintió con la mirada, cruzando sus ojos con los de él en una conexión instantánea.
Pero en ese preciso segundo, la paz de la cafetería se hizo añicos.
Las sirenas policiales resonaron con fuerza afuera, las puertas se abrieron de golpe y varios oficiales fuertemente armados entraron al lugar, atrapando a Josh para llevárselo a la patrulla policial.
Sin embargo, Josh no se resistió en lo absoluto.
Se dejó llevar por las autoridades de una manera casi irreal, como si estuviera flotando en la playa, dejándose arrastrar pacíficamente por las olas del mar.
Mientras avanzaba, miraba a la chica y se preguntaba internamente: «¿De dónde vino ella?
¿Y hacia dónde va?». El tiempo se detuvo por completo en su mente, hasta que un tirón brusco del policía lo hizo caer secamente en la realidad.
«Cierto», se dijo a sí mismo, y una pequeña sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
Katherine se quedó completamente congelada en su sitio mientras un escalofrío helado recorría todo su cuerpo.
Nerviosa y temblando, se encogió en una esquina del restaurante, preguntándose con el corazón acelerado qué terrible crimen habría cometido un hombre como él.
Entonces, un intenso sonrojo le subió por las mejillas al darse cuenta de que, incluso mientras los oficiales lo forzaban a subir al vehículo, él no había dejado de mirarla ni un solo segundo.
Ya dentro de la patrulla en movimiento, Josh miró de reojo por la ventana. En la acera, observando detenidamente toda la escena, estaba una mujer con lentes negros y un vestido azul marino completamente ceñido al cuerpo. Lenta y burlonamente, ella levantó la mano y le dijo adiós.
El rostro de Josh se endureció por completo. El juego acababa de comenzar.