Capítulo 27
Audrey
Me costaba mantener los ojos abiertos durante mucho tiempo, pero había vuelto a la vida, según me dijo el doctor que había venido a verme, por lo que podíamos estar más que felices.
Se encargaron de hacerme mil preguntas, al igual que millones de pruebas para ver hasta dónde me había afectado el coágulo que había tenido en la cabeza, además de los golpes.
Según me explicó el doctor, me habían tenido que hacer una serie de intervenciones quirúrgicas que, aun saliendo bien, no sabían cómo había podido quedar todo hasta que no me pusieran de pie, pero eso sería otro día, primero tenía que recuperarme del todo.
—¿Cómo te encuentras, mi vida? —me preguntó Logan, una vez que me hubieron desconectado de todas las máquinas.
—Agua, por favor —dije, con la garganta completamente seca.
—Un momento, mi amor, que ahora mismo te la traigo. Noah, no te muevas del lado de mamá, por favor —le dijo al niño.
—Mami, ¿vas a volver a casa? —preguntó el niño, algo confuso.
—Por supuesto que va a volver a casa, mi vida. Se casará con papá y seremos felices de por vida —dijo Logan, que entraba en la habitación.
Lo miré, sorprendida, porque no me esperaba que dijera eso. Para mí que, en cuanto que viera el peligro al que estaría sometido su hijo, me pondría las maletas en la puerta.
—¿Estás seguro de querer eso? ¿No tienes miedo de que pueda volver a suceder algo así, de nuevo?
—A la primera pregunta, la respuesta es un sí rotundo, e igual de rotundo es el no de la segunda.
—¿Por qué dices eso?
—Sandy ha hablado y ha contado todo y, gracias a eso, no irá a la cárcel, aunque se tendrá que marchar del pueblo, porque tiene una orden de alejamiento de todos nosotros.
—¿Perdona? Necesito saberlo todo.
—Y lo harás, pero más tarde, ahora tienes que descansar.
—¿Te parece poco tiempo el descanso de casi cuatro meses que he tenido?
—No, eso me ha resultado insultantemente largo, no lo dudes. Pero no es el momento, ya hablaremos de ello.
Mientras que el doctor hablaba conmigo, Logan llamó a su hermano para contarle las buenas nuevas y, en poco tiempo, ya estaban todos allí en la habitación, con flores y con bombones.
—Mi niña, vaya susto que nos has dado —me dijo la señora Mary.
—Cuñada, menos mal que despertaste. Seguro que lo has hecho después de un beso del príncipe azul —me decía Paul, con una sonrisa.
—Pues claro, tito Paul, se lo he dado yo y ha despertado —dijo Noah, haciendo que todos riéramos por sus ocurrencias.
En el momento en el que incorporaron un poquito la cama para que no quedara tan acostada y me pudiera marear, Noah quiso que su padre lo sentara a mi lado, y ahí permaneció todo el tiempo que estuvo conmigo, recostado sobre mi pecho.
Llegada la hora en la que se terminaba la visita, Paul fue el encargado de llevarse a Noah, puesto que Logan dijo que se quedaba conmigo, que teníamos mucho que hablar y que, después de tanto tiempo, no me iba a dejar sola.
—No hace falta, de verdad, tendrás miles de cosas que hacer en el rancho.
—El rancho puede esperar, además que están allí Peter y John, que se pueden ocupar de todo durante unos días, no pasará nada.
—Está bien, pero tan solo esta noche. Mañana te vuelves al rancho.
—¿Tantas ganas tienes de perderme de vista?
—Todo lo contrario, pero tampoco quiero que el niño esté solo, tiene que contar, al menos, contigo.
—No, contará con los dos, te lo aseguro.
—Cuéntame todo lo que ha pasado durante el tiempo que he estado dormida, por favor.
—Ahora mismo, pero primero, tengo que decirte algo. Es doloroso, pero te aseguro que juntos lo superaremos.
—¿Te has acostado con alguien mientras que estaba aquí, en el hospital? Puedo llegar a entenderlo, aunque…
—¿De qué coño hablas? ¿Crees que he tenido cuerpo para acostarme con nadie? He pasado los peores meses de mi vida, te lo juro.
—¿Entonces? ¿Qué es eso que me tienes que contar?
—Cuando ese cabrón te dio aquella paliza, estabas embarazada de seis semanas, de nuestro primer hijo en común, pero lo perdiste por los golpes.
—No me lo estás diciendo en serio, ¿verdad?
—Jamás osaría bromear con algo así, mi vida. Entiendo que estés desconcertada, pero tienes que asimilarlo y llorar todo lo que necesites…
—Ese hijo de puta, no tuvo suficiente con quitarme todo lo mío, mi futuro, mi vida, que también tuvo que quitarme a mi hijo.
Me puse a llorar porque no tenía otra forma de expresar el dolor que sentía en ese momento. Aunque Logan no me soltó la mano, tampoco articuló una palabra, se limitó a dejarme sacar todo lo que llevaba dentro, mostrándome su apoyo.
—Quiero denunciarlos, a él y a mi padre, que fue el que dio la orden para que acabara con mi vida.
—Ya está denunciado, mi amor. Sandy se encargó de delatarlo y de explicarle a la policía todo. Deben de estar a punto de detenerlos a los dos.
—Ojalá y sea lo más pronto posible, porque lo quiero entre rejas, que sufra una cuarta parte de lo que yo he tenido que sufrir.
—No dudes de que ahí estarán muy pronto y se pudrirán entre rejas. Te lo prometí cuando te encontramos y pienso cumplir mi promesa.
Estuvimos hablando un buen rato más, hasta que el cansancio me fue venciendo poco a poco, casi sin darme cuenta, y se me cerraron los ojos, dejándome caer en los brazos de Morfeo.
—Duerme, mi amor, descansa, que todavía te queda mucho por delante para volver a estar al cien por cien.
A la mañana siguiente, cuando abrí los ojos, me encontré con que Logan estaba a mi lado, con la cabeza apoyada en mi cama, como si no quisiera separarse de mí, como si tuviera miedo de que me volviera a pasar otra vez lo mismo.
—Buenos días, Bello Durmiente.
—Buenos días, preciosa mía. ¿Cómo estás?
—Loca por poder levantarme y volver a casa de una vez.
—Pronto, mi vida, ya lo verás.
En cuanto que dijo esto, apareció el fisio por la puerta de la habitación, y yo aproveché para mandarlo al pueblo y decirle que no volviera hasta dentro de dos días, que, además, era fin de semana y podía venir con Noah.
Sí, esa era la excusa para que tuviera que volver. No es que no quisiera tenerlo allí, a mi lado; lo que ocurría es que allí no hacía nada más que perder el tiempo, y no quería que se arrepintiera de haber dejado sus obligaciones a un lado.
Estos dos días me habían dado un montón de caña en la fisioterapia, porque yo lo pedía y, después de marcharse, yo seguía haciendo lo mismo que había hecho durante la sesión, para conseguir recuperarme lo antes posible.
Y así fue porque, después de la tercera sesión, me pude poner de pie y dar los primeros pasos, ayudada por un andador para adultos, pero, para mí, eso era ya un logro.
Me quedaban pocas sesiones más para poder volver a casa y, si estaba en mi mano que fuera antes de tiempo, no sería por mi falta de esfuerzo que lo consiguiera después.
—No me lo puedo creer. Si hace tres días todavía estabas en la cama.
—Ya ve, señor Miller, esta es la mejor paciente que me he encontrado en mi vida —le dijo el fisioterapeuta con una sonrisa.
—Estoy harta de ver estas cuatro paredes y me muero por sentarme en el porche y ver el sol —contesté.
—Pues eso va a ser difícil, porque no para de llover ni de nevar.
—Joder, se me había olvidado de que estamos en el mes de febrero. Yo me quedé anclada en el mes de septiembre, cuando ocurrió todo.
Logan me miró con una sonrisa que reflejaba un poquito de pena y de lástima por lo que me había sucedido, pero lo entendía. No sentía lástima de mí, sino de todo lo que me había tocado vivir.
Noah, al final, no había venido porque era el cumpleaños de su amiga del alma, Bethany, y no quería faltar. Por eso, su padre lo había dejado allí durante todo el fin de semana, que sería el tiempo que él pasaría conmigo en el hospital.
Se había traído una Tablet para que pudiéramos ver películas, aunque lo que más me apetecía era mirarlo a él, besar su boca y acariciar su cuerpo. Ojalá y pudiera volver a sentirlo como nos gustaba muy pronto, que mi recuperación fuera bien y volver a casa en esa misma semana.