Capítulo 24
Audrey
Mientras que iba por los pasillos del supermercado, tuve otra vez la sensación de que alguien me estaba vigilando, pero esta vez, mucho más acuciada, como si estuviera demasiado cerca.
No quise mostrar miedo, pero las manos me temblaban un poco. Por eso, cogí las cuatro cosas que sabía que faltaban y me fui directamente hacia la caja, sin entretenerme en comprar nada más, ya vendría el lunes con Logan.
—¿Te ocurre algo, Audrey? —Me preguntó la chica de la caja, que ya me conocía.
—No te preocupes, Sammy, es tan solo que debo estar incubando algo y, de pronto, como que me ha entrado un escalofrío.
—Si necesitas que alguno de los chicos te acompañe a casa, no dudes en decírmelo.
—No, de verdad, estoy bien, ha sido algo momentáneo.
Puse mi mejor sonrisa, pero no sé si la chica llegó a tragarse mi mentira porque siguió observándome hasta que salí del establecimiento. Llegué al coche y abrí el maletero. Solté la compra y el bolso, pero, por suerte, no iba el móvil dentro.
De repente, la voz que más había temido volver a escuchar estaba ahí, detrás de mí, como si fuera un fantasma que me estuviera acechando, aunque en cierto modo, lo era.
—Vaya, vaya, has cambiado la vida de una señorita por ser la puta criada de un pueblerino.
—¿Qué quieres, Jacob?
—Es obvio lo que quiero, ¿no crees?
—Si piensas que voy a volver a mi casa contigo, estás loco.
Jacob me cogió por el pelo, dándome un jalón que me acercó a él, como si fuera una muñeca de su propiedad y tuviera todo el derecho del mundo a hacer algo así.
—Has sido muy lista y, si no llega a ser por esa mujer que nos llamó, no te hubiéramos encontrado nunca. Ya casi habíamos perdido toda esperanza de hacerlo.
—Suéltame o gritaré.
—Grita todo lo que quieras. Aquí, en esta parte del aparcamiento del supermercado, no te oirá nadie.
—Mi novio vendrá a buscarme si tardo mucho.
Ya no sabía qué inventarme para que me soltara, para que me dejara en paz. No quería que me llevara con él y, aunque tuviera que morir luchando, no lo iba a permitir, no dejaría esta vida que tan feliz me estaba haciendo.
—Tu novio debe estar ahora bastante entretenido arreglando la cerca de las reses, y no creo que quiera arruinarse por venir a buscarte.
—¿Me has estado vigilando?
—Por supuesto, y no sabes lo que me ha costado llegar hasta ti sin que ese paleto estuviera cerca.
—Logan no es ningún paleto…
Me soltó una bofetada, la primera de las muchas que vendrían después, porque eso lo tenía claro, como consiguiera llevarme con él, las palizas serían mi tónica diaria.
—Ese desgraciado será lo que yo diga que sea, aunque lo mismo tengo que agradecerle que te haya enseñado a follar, porque tengo que reconocer que, con esta ropa, se me ha puesto demasiado dura.
—Aléjate de mí; me das asco.
Y ahí fue la segunda, con la que me partió el labio, haciendo que tuviera que escupir la sangre que se me acumuló en la boca. Lo vi mirarme con odio, pero también con un deseo que me provocó náuseas.
Dios mío, que alguien me vea y me aleje de este monstruo, que me salve de sus garras y me permita seguir viviendo mi vida tal y como la tenía hasta ahora. Por un momento, me di cuenta de lo feliz que había sido en estos meses y no quería perderlo.
De un puñado, me metió en su coche, en la parte del maletero, dándome un porrazo fuerte para que no pudiera gritar ni moverme. Os prometo que vi el final de mis días y, aunque no quería mostrar debilidad y llorar, no pude evitarlo.
—Harry, la tengo. ¿Qué hago con ella? —Le dijo a mi padre por el altavoz del coche.
—Me da igual lo que hagas, pero no puedes traerla aquí, no podemos arriesgarnos a que destroce tu boda y la nueva vida que nos espera. ¿Has conseguido la cámara con las pruebas?
—Sí, me he camelado a esa mujer, de tal manera que no ha dudado en dármela, además de darme un buen repaso, que todo, hay que decirlo.
—Ja, ja, ja, eres un cabrón con suerte, porque seguro que esa mujer que te ha llamado está que te mueres de buena.
—No lo sabes tú bien. Creo que la voy a invitar a la boda y así tú también la pruebas en el baño, o la llevas a tu habitación, como quieras. Es ambiciosa y no dudo que, en cuanto le ofrezcas algo jugoso y suculento, caerá contigo.
—¿Qué vas a hacer con mi hija? No quiero que nos dé más quebraderos de cabeza, además, su madre ya la da por muerta desde que salió de esta casa.
—Entonces, no se hable más. Nos vemos en unas horas. Cuida de mi prometida.
—No dudes que lo haré, sabes que se muere por que pase un buen rato con ella.
En esta ocasión fue Jacob el que soltó una carcajada y yo me tuve que aguantar la boca para no gritar. Tenía que lograr salir de aquí, como fuera, y lo único que se me ocurrió fue sacar el móvil y llamar a Logan, volviendo a guardarlo, sin volumen, en mi bolsillo.
Ojalá me pudiera escuchar, ojalá viera que estaba en peligro y viniera a buscarme, aunque no sabía si llegaría a tiempo, porque ya nos habíamos alejado bastante del pueblo.
En un determinado momento, Jacob paró el coche, abrió el maletero y me sacó a la fuerza, de la misma manera en la que había entrado en el aparcamiento del supermercado.
—Debería hacerte ver cómo se comporta un hombre que desea a una mujer, pero no tengo tiempo para eso.
—Déjame tranquila, por favor. Me quedaré aquí, en este pueblo, y no diré nada a nadie, como no lo he hecho hasta ahora, te lo juro.
Supliqué todo lo que pude y más, pero no me sirvió de nada, a juzgar por la risa tan malvada que soltó Jacob mientras que me escuchaba hacerlo. Lo primero que hizo fue darme un puñetazo en la boca del estómago, que me dejó doblada en dos.
A raíz de eso, las patadas y los golpes fueron continuos y cada cual más fuerte que el anterior. Llegó un momento en que ya ni me dolían y pensé, de verdad, que había muerto.
Por mi cabeza pasaron las imágenes de Logan conmigo, con el niño, riendo, cenando, en la piscina, y entendí que ellos habían conseguido que me sintiera como no había logrado nadie en mis veinticinco años.
Era como si mi alma hubiera abandonado mi cuerpo, hasta que, en uno de los golpes, todo se volvió negro de repente, y dejé de sentir nada, ni bueno ni malo. ¿Sería así como se sentía cuando una persona se moría?
—Y ahora, ¿no querías quedarte aquí para siempre? Pues eso mismo vas a hacer, pero si yo no disfrutaré más de ti, tampoco lo hará nadie —fue lo último que escuché de sus labios.
Me cogió por un brazo y me llevó arrastrando hasta que, cuando le pareció, me soltó y, de una patada, rodé por una colina abajo, hasta que un golpe con una piedra me frenó, y ya no sentí nada más.
No os puedo decir el tiempo que estuve ahí porque ni yo misma podría calcularlo. Tan solo que durante un buen rato sentí frío y, durante otro, noté cómo me caía agua en la cara, por lo que estaba claro que estaba lloviendo.
Tuve un miedo atroz, pero no me podía mover, era como si algo me lo impidiera. Un peso, un animal que estuviera encima de mí, no lo sé, y volví a perder la conciencia.
Varias veces me ocurrió lo mismo, me refiero a despertar y volver a dormir, hasta que, una de las veces, escuché cómo me llamaban, como había gente pronunciando mi nombre.
Quise gritar que estaba ahí, quise decirles a todos aquellos que me llamaban que me ayudaran, pero no tenía fuerzas, no me salía la voz, y eso me destrozó más de lo que ya estaba.
Mis lágrimas caían sin control por mi rostro, como habían caído en varias ocasiones, casi de manera automática. Sentía como si mi cuerpo fuera por un lado y mis emociones por otro, no sé si me explico.
Y lo escuché, cerca de mí, diciéndome que aguantara, que ya mismo venían a buscarme, que tenía que ser fuerte porque Noah y él me necesitaban, e hice el esfuerzo de abrir los ojos.
Tenía que verlo, tenía que retener la imagen de su cara, aunque fuera por última vez, porque, después de esto, estaba segura de que no me querría a su lado, no sabiendo que la vida de su hijo podía estar en peligro.
—Audrey, mi amor, no te rindas, cogeremos al cabrón que te ha hecho esto, aunque sea lo último que haga —me decía, mientras que las lágrimas caían por su rostro.
—Caballero, apártese, por favor, y déjenos hacer nuestro trabajo —escuché que le decía alguien, un hombre al que no conocía, y enseguida me puse en tensión.
—Tranquila, mi amor, son los sanitarios y yo no me separaré de ti, te lo juro por mi vida.
Y hasta ahí os puedo contar porque ya no recuerdo nada más. De vez en cuando, escuchaba la voz de Amy o de la señora Mary, pero las que más oía eran la de Logan y la de Fred.
No sé por qué; no os puedo explicar el motivo, pero a Fred lo oía muy a menudo, diciéndome que no me rindiera, que era fuerte y que tenía que seguir adelante porque tenía que ser la madrina de su boda.
Después, otros días, escuchaba llegar a Logan, bueno, más bien lo sentía, su olor, ese que se quedaba en la funda de la almohada cuando se marchaba por la mañana y que tanto me gustaba, y sentía su mano y su beso en la frente.
Hablar tan solo lo escuché una vez, en la que le decía a alguien que sabía que saldría adelante, que yo era fuerte y confiaba en que no lo dejaría solo, y eso me daba fuerzas para seguir adelante.
Podría ser que fueran imaginaciones mías, o que todo fuera producto de un sueño, aunque más bien sería una pesadilla, porque, si era así, en cuanto que me despertara me comería a besos a todos, e iría a la policía a denunciar a mi padre y a Jacob.
Tenía una pesadez en los ojos que no podía con ellas, era como si me hubieran maquillado los párpados con cemento en vez de con sombra de ojos, pero, en cuanto que escuché esa vocecita a mi lado, hice todo el esfuerzo del mundo porque me viera con los ojos abiertos.
—Mami, por favor, despierta, no me puedes dejar solito, te quiero mucho.
Tenía que abrirlos, tenía que demostrarle a mi niño que estaría siempre ahí, con él y para él, y eso hice, aunque tan solo fue cuestión de segundos, lo suficiente para que su padre también se diera cuenta.
—Audrey, mi amor, vuelve a abrirlos, por favor. Déjanos ver que estás reaccionando.
—Te lo dije, papá, que en cuanto que me escuchara, se iba a despertar.
Volví a abrirlos, pero esta vez con un poquito más de tiempo, incluso hice una mueca que simuló ser una sonrisa, aunque no sé si llegué a conseguirlo, la verdad. Eso sí, pude ver que me encontraba en un hospital y volví a recordar todo.
En mi mente, era como si me hubiera reído a carcajadas, pero nada más lejos de la realidad, aunque a Logan le sirvió para salir al pasillo corriendo y llamar a un médico, que entró apresuradamente en la habitación.