Capítulo 20
Audrey
Una vez que estuvimos ya en casa, y como la cena estaba lista, mientras que yo duchaba a Noah, Logan se metió a su baño y, cuando terminaron, me di una ducha yo.
Cuando bajé a la cocina, allí estaban los dos, poniendo la mesa y calentando la cena, riendo entre ellos y gastándose bromas. Me encantaba verlos así, distendidos y divirtiéndose como si fueran dos niños.
—Vaya, veo que no me habéis esperado para la diversión.
—Audrey, ya está todo listo. Hoy te toca a ti sentarte —me anunció Loga.
—Eso, hoy servimos nosotros, serás nuestra invitada de honor —respondió su hijo.
Entre los dos, me llevaron hasta la mesa, cogiéndome cada uno de una mano, y haciendo que me sentara, mientras que ellos cogían la fuente de la ensalada para ponerla en la mesa y cortaban la carne para servirla en cada plato.
La cena transcurrió entre risas y comentarios de Noah sobre lo que había hecho en el colegio y que a nosotros nos hacía tantísima gracia, hasta que, después del postre, el niño dijo que tenía sueño.
—Es normal, cariño, hoy no has podido dormir ni un ratito de siesta —le dije yo.
—Venga, campeón, vamos a la cama —dijo su padre, cogiendo su manita.
—Papi, ¿puede venir también Audrey? —preguntó, como con miedo de decepcionar a su padre.
—Por supuesto que puede, mi vida, siempre que ella quiera, claro.
—Venga, vamos todos, ahora, cuando baje, recojo la cocina —le dije.
—La cocina se puede esperar a mañana —me dijo su padre.
—¿Y acostarme con todos esos tiestos? Qué poquito me conoces. No podría conciliar el sueño, te lo aseguro. Esas sartenes estarían dando vueltas en mi cabeza durante toda la noche.
Logan soltó una carcajada, mientras que yo negaba con la cabeza y subía con el niño por la escalera.
En esta ocasión no me había puesto mi camiseta cuando salí de la ducha, sino que había utilizado un pijama veraniego, cuyo pantalón era demasiado corto, como me lo hizo saber Logan minutos más tarde.
Metimos al niño en la cama y nos sentamos en su cama, cada uno a un lado suyo, y cogí el cuento de la noche anterior y empecé a leerlo hasta que, poco a poco, fue cerrando sus ojitos y quedándose completamente dormido.
Salimos de su habitación y bajamos a la cocina, pero mucho antes de recoger la cocina, Logan me hizo saber cómo lo había puesto este pantaloncito que llevaba puesto.
Mientras que enjuagaba los platos y la fuente para meterlos en el lavavajillas, mi chico me abrazó por detrás, clavando su erección en mi trasero, y haciendo que la sangre hirviera en mis venas.
—No quiero que nadie más te vea con ese pijama.
—No pretendo pasearme por el pueblo así, créeme.
—Ni por el rancho, o tendré que partirles la cara a la mitad de los peones, y eso supondría que me quedara sin mano de obra.
—Tampoco eres exagerado tú, qué va.
—¿Te has mirado en un espejo? Mira cómo me tienes desde que has subido por esas escaleras.
—Anda, déjame recoger todo esto, que ya es muy tarde.
—Entre los dos, lo haremos mucho más rápido y tendremos más tiempo para nosotros.
En menos de media hora, ya lo teníamos todo recogido e íbamos camino de las habitaciones, bueno, en realidad, de la suya, porque a la mía no me dejó ni entrar.
—Quiero que mañana, cuando vengas de dejar al niño en el colegio, pases todas tus cosas aquí, no quiero pasar ni una noche más sin dormir contigo.
—Pero… ¿y el niño?
—Ya lo has oído esta tarde, está encantado, como su padre, de que seas mi novia, mi pareja, mi mujer, o como quieras llamarlo.
Cerró la puerta y me pegó a ella para besarme como tan solo él sabía, encendiéndome mucho más de lo que ya lo estaba. Metió sus manos por debajo de mi camiseta y acarició mis pechos como a mí me gustaba, volviéndome loca.
En menos de diez minutos, ya estábamos los dos completamente desnudos y sin habernos movido de esa puerta. Logan se había arrodillado ante mí, levantó una de mis piernas y se la colocó en el hombro, lamiendo mi sexo a continuación.
Decir que alcancé el orgasmo rápido sería hasta exagerar en el tiempo que tardé, pues tan solo le hicieron falta dos pasadas de su lengua por mi clítoris para conseguirlo.
Cuando lo hice, en sus labios se mostró una sonrisa de satisfacción, de saber que había conseguido lo que estaba buscando y mucho antes de lo que tenía previsto, al parecer.
—Me encanta lo receptiva que eres.
—No me había pasado esto antes, te lo prometo. Mi novio decía que era una persona frígida, que me costaba practicar el sexo porque no me gustaba.
—A lo mejor el que no te gustaba era él, o no sabía hacerte el amor como tú te mereces.
—¿Y tú? ¿Sabes hacerlo?
—Ahora mismo te lo demuestro, y luego me cuentas.
—¿Me vas a dejar domarte, como has dicho?
—Estoy a tu entera disposición, para que hagas conmigo lo que quieras.
—Eso me gusta, y mucho.
Me levantó y me llevó hasta la cama, besándonos como si no hubiera un mañana, y donde lo hicimos en mil posturas, haciéndome vibrar con cada una más que en la anterior. Me encantaba el sexo con él, y lo sabíamos los dos.
Tal y como me había prometido, una de las veces fui yo la que quedó encima de él, a horcajadas, encima de su regazo, y ahí, os prometo que me volví loca, haciendo que llegáramos al orgasmo los dos, al unísono.
—Joder, Audrey, ha sido increíble.
—Sí, pero con el calentón del momento, hemos olvidado usar protección.
—Yo estoy limpio, y tú, creo que también, y si lo dices por el tema del embarazo, eso sería lo más bonito que nos diera la vida.
—¿Estás seguro? Llevamos muy poquito tiempo juntos y…
—¿Y qué? Desde el primer momento tengo claro que si alguien me iba a hacer replantearme mi soltería de nuevo, esa ibas a ser tú, como estarás comprobando.
Nos reímos juntos y seguimos hablando de todo lo que pensábamos hacer, hasta quedarnos dormidos, abrazados y con mi cabeza reposando en su pecho, que me parecía la más buena de las almohadas.
Cuando me sonó el despertador, ya Logan no estaba a mi lado, como era habitual, puesto que él se levantaba demasiado temprano para atender sus obligaciones.
Su lado de la cama estaba frío, pero el olor de su piel todavía se mantenía en las sábanas, y a mí me encantaba girarme y oler su fragancia en la funda de la almohada, era algo que me fascinaba hacer antes de levantarme.
Entré en la ducha y me vestí antes de bajar a preparar el desayuno para llevar a Noah al colegio. En esta ocasión llevaría mi nuevo teléfono móvil, que era de última generación, y donde tenía todos los teléfonos agendados, y eso me daba una seguridad pasmosa.
La tarde anterior le había dicho a Logan que me activara el localizador, no porque estuviera acostumbrada a que me vigilaran desde que era una niña, sino porque algo me decía que debería hacerlo, por mi seguridad, y lo hizo.
Una vez que tuve todo listo en la cocina, subí a despertar a Noah, pero me lo encontré ya despierto y con su uniforme puesto, ya que hoy tocaba educación física e iba con el chándal.
—Vaya, estás hecho ya un hombre, eh…
—No, todavía soy un niño, pero tengo que aprender a vestirme y a ser independiente, como los mayores.
—¿Quién te ha dicho eso?
—Me lo dijo el tío Paul ayer, que lo intentara y, cuando no pudiera hacer algo, pidiera ayuda.
—¿Necesitas que te ayude con algo, mi amor?
—Sí, con las zapatillas de deporte, que me las he puesto ya tres veces y, al levantarme y poner los pies en el suelo, me siento raro, como si me costara caminar.
—Claro, mi vida, como que te las has puesto al revés, pero te contaré el truco para que no vuelvas a ponértelas así.
—¿Qué truco es ese?
—Mira, las tiras del velcro que tienes que pegar siempre tienen que quedar en la parte de dentro del pie, las dos juntas.
—¿Me dejas probar a ver si puedo?
—Claro, vamos con tiempo. Inténtalo.
Noah lo consiguió a la primera y una sonrisa de lo más bonita se pintó en su boca. Se puso a saltar de la alegría, mientras que iba al baño a peinarse y lavarse los dientes, para luego coger la mochila y bajar a desayunar.
Salimos de la casa después de dejar la cocina recogida, yo no había desayunado, pues Logan me dijo que lo haríamos juntos cuando viniera de vuelta.