Capítulo 19
Logan
Después de la comida y casi con el tiempo justo, nos montamos los cuatro en el coche para ir a recoger a Noah, pero no solo haríamos eso, sino que también iríamos a comprarle a Audrey un teléfono móvil.
Los chicos sabían mis intenciones, por lo que se quedaron en el rancho terminando todo lo que quedaba pendiente. Ellos eran conscientes de que jamás, en mi vida, había abandonado mis obligaciones y que esto era una excepción.
Mi hermano y mi cuñado se quedaron con nosotros porque querían ver al niño, bueno, Fred, en realidad, lo que quería era conocerlo, e iban a pasar el resto de la tarde junto a nosotros.
Llegamos a la puerta del colegio, pero yo llevaba a Audrey con mi brazo por encima de sus hombros, dispuesto a demostrarle a Sandy que ya no tenía cabida en mi vida.
—Mira, si ahora vienes con escolta y todo. Tranquila, chica, que no te iba a pegar —le dijo delante de todo el mundo.
—Por supuesto que no, porque entonces tomaríamos otro tipo de medidas —le dijo Fred, que sabía de leyes.
—¿Es una amenaza?
—No, más bien una advertencia —le contestó mi hermano.
—Vaya, chica, no sé qué les das a estos hombres para que todos te defiendan. Lo mismo, y es que te va el sexo en grupo.
—Como me vaya o me deje de ir el sexo, no es asunto tuyo. Además, deja salir a Noah, que nos tenemos que ir.
—Logan, ¿nos vemos otra vez esta noche y rememoramos lo de ayer? Y a ver si me contestas al teléfono, que siempre tengo que llamar a Peter —me dijo ella, con toda la maldad del mundo.
—En primer lugar, anoche no estuve contigo porque estuve con mi chica, y no, no te voy a contestar más porque no me interesas. ¿Te ha quedado claro?
—Con tu chica a partir de las dos, que antes, sabes muy bien que estuvimos juntos —seguía insistiendo.
Miré a Audrey, que esperaba que no se creyera ni una sola palabra de todo lo que esta mujer estaba diciendo, y podía demostrarle, hablando con los chicos o con el veterinario.
Mi chica me miró, sonriente, y se acercó a darme un breve beso en los labios, que me supo a poco, pero que me decía que no creía nada de lo que estaba hablando.
Cuando volvimos la cara, ya no estaba allí, se había marchado y, en su lugar, el que estaba era Noah, que nos miraba con una sonrisa. Sabía que mi hijo estaría encantado en el momento en el que le dijéramos que estábamos juntos, pero quería esperar un poco.
Paul lo cogió y se lo subió a los hombros, como hacía siempre que estaba junto a él, haciendo que mi hijo riera. Justo cuando estábamos saliendo del recinto escolar, vino una de las profesoras a llamarme.
—Señor Miller, ¿podemos hablar un momento, por favor? —Me dijo la que había sido la profesora de mi hijo hasta este año.
—Claro, sin problema. Chicos, ¿me esperáis en el bar? —respondí.
—No te preocupes, que nosotros nos quedamos con ellos hasta que vuelvas —me dijo mi hermano.
Los vi seguir camino del bar, entre bromas y risas, y me giré para ver qué era lo que quería la profesora de Noah. Sabía que era amiga de Sandy y que lo que me fuera a decir tendría que ver con ella o con Audrey, pero tenía curiosidad por saber lo que se había inventado.
—Usted dirá.
—Logan, no hace falta que nos hablemos de usted a estas alturas.
—Tú has sido la primera que te has dirigido a mí como señor Miller.
—Sí, pero era porque había gente delante.
—Bueno, da igual, ve al grano, que, como has podido comprobar, me están esperando.
—Estoy preocupada por Noah.
—¿Qué le ocurre a mi hijo?
—Pues que tiene el nombre de esa mujer en la boca durante todo el día. Audrey me ha dicho esto, Audrey ha hecho esto otro, y no creo que sea bueno para él.
—¿Cuál es el motivo por el que no te parezca bueno para él?
—Pues, que acaba de llegar al pueblo, no sabéis nada de su vida y le dejas a tu hijo durante mucho tiempo, y puede hacerle algo que luego tengas que lamentar.
—¿Intentas llamarme irresponsable?
—No es eso, pero me extraña muchísimo que, por un polvo, puedas poner la vida de tu hijo en peligro.
—En primer lugar, no es un polvo, es una relación. En segundo lugar, conozco absolutamente todo lo que corresponde a su vida; que no vaya por ahí pregonándolo no significa que esté ajeno a ella, y en tercero, pero no menos importante, la felicidad de mi hijo es lo principal.
—Por eso lo digo. ¿Y si rompéis y se tiene que marchar de tu casa?
—En ese caso, que desde ya te digo que es poco probable, seguirá teniendo contacto con ella porque, como te he dicho, la felicidad de mi hijo es lo primero.
—Pues nada, yo te lo he advertido; luego no quiero lamentaciones.
Ni siquiera le contesté; me di media vuelta y encaminé mis pasos hasta el bar, donde me estaban esperando mi gente, e intenté relajarme por el camino, pero me fue completamente imposible.
—¿Qué te ha dicho esa mujer que traes esta cara? —preguntó mi hermano.
—Será mejor que no os lo cuente, porque os vais a enfadar casi más que yo.
—Entonces, cuéntalo y así estoy prevenida —me dijo Audrey.
Les hice un breve resumen y, mientras que mi hermano negaba con la cabeza, Audrey cambiaba de color, poniéndose blanca como la pared, y supe lo que estaba pensando.
—Ni se te ocurra, siquiera, pensarlo —le dije.
—Estoy incomodando vuestra vida y, quizás, sea mejor que me marche a otro lugar y os deje vivir tranquilos, como estabais antes de mi llegada.
—¿Cómo quieres que vivamos? ¿Amargados? ¿Sin amor? Porque si es eso lo que pretendes, yo mismo te llevo a la estación de autobuses.
—No es eso, de verdad, pero…
—Pero nada, Audrey. Esa mujer lo ha dicho buscando que lo nuestro se termine y en beneficio de Sandy, que es su amiga del alma.
—¿Estás seguro de querer eso?
—Más que de nada en el mundo. Te quiero a mi lado, como mi pareja, y estoy seguro de que Noah también. ¿Verdad, cariño?
—No metas al niño en esto.
—Claro que me tiene que meter, Audrey. Y sí, yo quiero que ella sea tu novia, y que me venga a buscar al colegio y, algún día, poder decir que es mi madre.
Cuando mi chica escuchó eso de la boca de mi hijo, no pudo retener las lágrimas, así como tampoco fue capaz de resistirse a darle un abrazo y un montón de besos, primero al niño, y luego a mí.
—Gracias, Logan, por abrirme las puertas de tu casa, pero, sobre todo, las de tu corazón, a pesar de lo que llevo a cuestas.
—No, mi amor, las gracias te las tengo que dar yo a ti, por devolverme las ganas de creer en el amor, de volver a ser feliz.
Nos dimos un beso y, cuando terminamos de tomarnos el refresco que teníamos delante, nos marchamos a la tienda de telefonía, donde quería comprarle a Audrey ese tan ansiado teléfono.
La chica de la tienda nos atendió con muchísima amabilidad y simpatía y nos mostró el último modelo de una de las principales marcas de teléfonos, pero Audrey dijo que eso era demasiado, que quería algo más normalito.
Pensaba que lo pagaría ella, pero no lo iba a permitir, aunque ella no lo supiera todavía. Por eso, le hice un gesto a la chica para que no le hiciera caso y me pusiera para llevar, junto a una tarjeta que incluí en mi contrato.
—Eres indomable, de verdad —me dijo ella.
—Si quieres, después en casa te dejo que intentes domarme —le dije en el oído, y se puso roja como un tomate.
Solté una carcajada que resonó en toda la calle, mientras que ella me daba un golpe en el brazo para reprenderme.
Salimos de la tienda con el teléfono funcionando. Mi hermano y mi cuñado anotaron su número y lo guardaron en la agenda de sus móviles, dejándole a ella llamadas perdidas desde sus terminales, para que también los agendara.
Quedamos en volver a vernos el sábado, día en el que haríamos una barbacoa, junto a mi madre, Amy y todos los nuestros, e inauguraríamos la temporada de piscina oficialmente, algo que mi hijo estaba deseando que sucediera.
Volvimos al rancho y lo primero que tenía en mente era ir a hablar con Peter, pues quería saber si él había hablado el día anterior con Sandy, pero, por supuesto, lo haría delante de Audrey, pues no tenía nada que esconder.
—Peter, qué bueno que estás aquí.
—¿Qué te pasa?
—¿Tú hablaste anoche con Sandy? Y quiero la verdad.
—Estuve con ella cuando nos fuimos de aquí. Hace un tiempo que nos acostamos, pensé que no te importaba.
—Gracias, Peter, no te preocupes, que no me importa absolutamente nada, pero ten cuidado con ella.