Capítulo 15
Logan
Ese beso, el que me había dado por un impulso en el parque, se rememoraba en mi cabeza una y otra vez, en bucle, y eso me asustaba. Lo hacía por dos razones: la primera, porque me gustaba demasiado; la segunda, por su pasado, ese que nos alcanzaría en un momento o en otro.
Estaba completamente seguro de que su padre no dejaría de buscarla nunca, y la única solución que encontraba para eso es que fuera al sheriff con las pruebas que tenía, pero no me atrevía a comentarlo con ella.
Encontré refugio en mi hijo, con el que me senté a colorear en el salón de mi madre, mientras que no estaba la comida lista.
Escuchaba sus voces de fondo, como si fuera un murmullo, pero no quería estar pendiente de ellos ni de lo que hablaban, porque sabía que mi carácter saldría a la luz, ya que estaban hablando de lo que había sucedido en el bar.
Y nos sentamos a la mesa, mi madre se quedó asombrada por la manera en la que mi hijo devoraba la verdura, porque lo hacía como si fuera el mejor manjar del mundo, y la responsable no era otra que Audrey.
—Hijo, esto es un milagro, no dejes que esta mujer se vaya nunca de tu lado —dijo mi madre.
—Mamá, algún día tendrá que hacerlo cuando se enamore, se case y forme su propia familia —respondí.
Tal y como terminé de pronunciar estas palabras, supe que había metido la pata, porque no solo le dolió a ella, sino que también me dolieron a mí, y supe que ya estaba perdido.
¿Podría recular ahora y decirle que quería que lo intentáramos? ¿Me tomaría por un inmaduro que no sabía lo que quería? Podría ser, por eso, lo mejor era que dejara todo tal y como estaba y que, si tenía que fluir algo entre nosotros, que fluyera.
Después de comer, volvimos al rancho, mientras que mi hermano se quedaba en casa de mi madre, pues había quedado en recoger a su chico a las tres y media en la estación, que venía a pasar unos días con él.
Ya tenía ganas de conocerlo, por eso les dije que vinieran al rancho al día siguiente, a comer con nosotros, a pesar de que Noah llegaría más tarde, pero tenía la esperanza de que no se fueran hasta más tarde.
El trayecto lo hicimos en completo silencio, ya que el niño estaba dormido y nosotros, sumidos cada uno en sus cosas, sin atrevernos a hablar con el otro sobre lo que estábamos pensando, hasta que ella decidió romper el hielo, justo antes de bajarnos del coche.
—Logan, yo entiendo que ese beso te ha descuadrado, pero te prometo que…
No la dejé seguir hablando, puse mi mano en su cuello, haciendo que se estremeciera, la acerqué a mí, y la besé. Fue un beso pausado, lento, como si quisiera saborearla antes de que se separara y me diera el tortazo que me merecía.
Pero no fue así, nos separamos cuando ya nos faltaba el aire, pero no de manera abrupta, sino que lo hicimos poco a poco, dejándonos breves besos de pico después de esto.
—Sé que pensarás que te voy a volver loca, pero, por mucho que me digo que no ha sido nada más que un calentón, no es eso lo que siento.
—Yo tampoco, siento que me estoy… no sé si enamorando, ilusionando o qué nombre ponerle a lo que siento, pero no ha sido un simple polvo, como me dijiste ayer.
—Vamos dentro y continuamos hablando, por favor. Quiero entenderte y que me entiendas tú, quiero exponerte mis miedos y mis dudas, y que tú hagas lo mismo.
—Está bien, ahora continuamos hablando.
Nos bajamos del coche, despertando a Noah, que ya había cogido las fuerzas suficientes para permanecer despierto el resto de la tarde, por lo que bajó y se marchó corriendo a hacia la casa.
Estábamos a punto de entrar cuando uno de los peones llegó corriendo a buscarme, algo había sucedido, a juzgar por la cara que traía, que no era, precisamente, la de las buenas noticias.
—Logan, menos mal que llegas, tenemos un problema con una de las reses.
—¿Qué ha pasado, Peter?
—Ha caído en una zanja y no hay manera de sacarla de ahí.
Me giré hasta donde estaba Audrey, que había escuchado la conversación, y asintió con la cabeza, como diciéndome que lo entendía y que ya hablaríamos más tarde.
Me acerqué a ella y le dejé un breve beso en los labios, para que entendiera que, aun con esa conversación pendiente, seguía pensando lo mismo que antes y, al girarme, vi la sonrisa de Peter, que decía más de lo que él pensaba.
Nos pusimos rumbo hasta la zanja donde había caído la res, y lo tuvimos que hacer a caballo, que era tal y como había venido él, pues el coche no llegaba hasta donde estaban las reses pastando.
Me subí a mi caballo, que durante el día se encontraba ensillado, por si había alguna emergencia, como era este caso, para no perder el tiempo y poder acudir de manera inmediata. Peter no se mantuvo en silencio por mucho que lo intentara.
—Jefe, veo que has seguido nuestros consejos con respecto a la chica.
—No quiero oír ni una sola palabra sobre ello.
—Una no, vas a escuchar muchísimas, sobre todo cuando llegue a los oídos de John.
—Ni que os penséis que os voy a servir de cachondeo, porque os amonesto de empleo y sueldo.
—Eso sí que lo veo difícil, mucho más que el hecho de que John se calle la boca.
Sin poder remediarlo, ambos soltamos una carcajada, pero yo, mientras que negaba con la cabeza, por la manera de ver la vida que tenían estos dos. No eran mis empleados, eran mis amigos y sufrían conmigo todo lo que me pasaba, tanto lo bueno como lo malo.
Mis amigos, cuando se enteraron de la marcha de Britany, no dudaron en hacerse cargo del rancho mientras que yo intentaba poner mi vida en orden y me pusieron su hombro para que llorara y me desahogara a gusto.
Por eso, estaba completamente seguro de que, por mucha coña que tuvieran, si ellos me veían feliz, también vivirían esa felicidad conmigo. Es más, estaba seguro de que se comportaron de ese modo con Audrey para hacerme abrir los ojos.
Llegamos hasta donde estaba la res y supe que la cosa sería complicada y que nosotros solos, con los medios con los que contábamos, lo tendríamos demasiado difícil.
—¿Cómo ha sucedido, John? —Le pregunté a mi peón.
—No sabemos, estaba aquí, de pie, cuando, de repente, la vimos caer. Es como si el suelo se hubiera abierto de repente.
—¿Me quieres decir que toda esta zona tiene el suelo inestable?
—Hombre, tanto como toda esta zona, no sabría decirte, pero esa en la que está la res, sí que lo era.
—Entonces, tendremos que tener cuidado de no caer con ella.
Analizamos la situación y no tuvimos más remedio que llamar a la guardia forestal, explicándoles lo que nos sucedía. Lo primero que nos aconsejaron fue que quitáramos al resto de las reses de la zona y que las lleváramos a una zona segura.
Eso fue lo primero que hicimos, mientras ellos no llegaban para ayudarnos a rescatar a la que había caído. Según nos dijeron, de todos modos, habría que sacrificarla, pues una caída de esa envergadura y con ese peso le dejaría secuelas.
John se quedó junto a ella, mientras que el resto de los peones, junto a mí, nos dedicamos a llevar a las reses a la otra parte del rancho. No fue sencillo y nos llevó mucho más tiempo del que pensábamos que nos llevaría.
Cuando llegamos de vuelta, Peter y yo, porque el resto de los peones se quedaron en la otra parte, vigilando que las reses no se escaparan, ya la guardia forestal había sacado a la otra res, que estaba siendo revisada por el veterinario.
Entre unas cosas y otras, cuando miré el reloj, eran más de las doce de la noche y no había vuelto a casa. Pensaba que Audrey ya estaría acostada y dormida, así que no me metí prisa y me quedé allí hasta que el veterinario nos explicó lo que sucedía.
A simple vista, la res no había sufrido más que contusiones por el golpe. Sus extremidades no estaban rotas, pero eso sí, no sabía si había algún daño interno. Para averiguarlo, tendría que volver al día siguiente con varios aparatos de diagnóstico por imagen.
Quedamos en vernos al día siguiente, a primera hora, que sería cuando realmente nos dijera si tenía que sacrificarla o no, después de realizarle las pruebas pertinentes.
Me despedí de mis chicos y me marché a casa, donde no esperaba encontrarme a nadie despierto, pero en la que, nada más llegar, vi la luz de la cocina encendida.