Diez razones para (no) volver a enamorarme Capítulo 12
35%

Capítulo 12

Audrey

Os prometo que me parecía mentira todo lo que estaba viviendo en esta casa, esos sentimientos que se estaban adueñando de mi corazón, aunque yo intentara retenerlos.

Cuando vi a Logan bajar de su habitación, después de haberse dado una ducha, y con el pelo mojado y despeinado, con esas gotas que resbalaban por su cuello, os prometo que tuve que hacer un esfuerzo enorme para no lanzarme y lamerlas, una a una.

Pero lo que más me sorprendió fue la manera en la que trataba a su hijo, protegiéndolo como si fuera de cristal, pero sin dejar que el niño descubriera el mundo.

En el momento en el que se subió a dejarlo en su habitación porque se había quedado dormido encima de la mesa, aproveché para recoger todo, hacerme un té y subir a ducharme.

Quería probarme toda la ropa y ver si necesitaba lavarla, aunque Logan me había dicho que estaba sin estrenar, así que no pensaba que tuviera que hacerlo, pero no estaba de más comprobarlo.

Justo me estaba sirviendo el té cuando apareció por la cocina. Tenía cara de cansancio, pero también noté en él las ganas de conocerme más, de que le contara más de mi vida.

Nos tomamos ese té allí, juntos, pero en silencio, como si ninguno de los dos quisiera perturbar la tranquilidad del otro. Al final, y como si hubiéramos tenido la conversación de nuestras vidas, decidimos irnos a dormir.

—Bueno, yo antes tengo que pasar por la ducha, que no lo he hecho todavía.

—¿De verdad? Pensé que lo habías hecho cuando terminaste de duchar a Noah. Perdona por no decirte nada.

—No tenías que hacerlo. Es el primer día; seguro que mañana me organizo mejor.

—Querrás decir que nos organizamos mejor porque somos un equipo, que no se te olvide.

Esas palabras me gustaron mucho porque no me trataba como a una empleada, sino como a una amiga que estaba allí para ayudarlo, y eso decía muchísimo de él.

Nos despedimos al final de la escalera, donde él entró en su habitación y yo en la mía, no sin antes entrar en la de Noah para ver cómo estaba, y que dormía plácidamente.

Cogí mi ropa interior y la camiseta que me gustaba usar para dormir y que había visto tiempos mejores, todo, había que decirlo, pero que a mí me encantaba, siendo mi preferida para irme a la cama.

Entré en la ducha y dejé que el agua cayera sobre mi cabeza, relajándome todavía más de lo que ya estaba. No pude evitar pensar en mis padres, en Jacob y en lo que estarían liando para buscarme.

Esperaba que no dieran conmigo nunca, en la vida, porque eso significaría que podría seguir viviendo tranquila, sin el miedo constante de que me pudieran llevar de vuelta a la fuerza, aunque entendía que esa sensación iría conmigo siempre.

Salí de la ducha y me sequé, poniéndome las braguitas y la camiseta, que, dicho sea de paso, casi no me tapaba el culo, pero como iba para mi habitación, poco me importaba.

Estaba a punto de entrar en mi habitación cuando escuché a Noah protestar, como si estuviera teniendo una pesadilla o algo, así que no me lo pensé y entré a su habitación para ver lo que le sucedía.

—Noah, mi amor, ¿qué te ocurre?

—Estaba soñando feo, además, quiero ir a hacer pis, que no lo he hecho antes de acostarme.

—Ven conmigo, que yo te acompaño.

Bajé al niño de la cama y le di la mano, para acompañarlo al baño y que hiciera sus necesidades, pero con lo que no contaba era con que me iba a encontrar a su padre en el pasillo.

Me miró de arriba abajo, comiéndome con la mirada, y eso me ruborizó muchísimo, porque, de repente, me di cuenta de las pintas que llevaba y no quería que pensara que era una descarada ni nada por el estilo.

—Logan, yo…

—Audrey, por mi salud mental, vuelve a tu habitación, yo me ocupo de Noah.

—No, vuelve tú, que te tienes que levantar temprano, yo puedo ocuparme, que para eso es mi trabajo. Tan solo quiero que no pienses que…

—En estos momentos, mi capacidad de pensar está anulada, te lo prometo. Tengo puestas todas mis fuerzas en no lanzarme hacia ti y hacerte mía contra esa pared.

Mis mejillas eran ya del color de la escarlata y no quise discutirle más, me di la vuelta y entré en mi habitación, cerrando la puerta a mis espaldas. Tenía que pensarme, muy en serio, eso de ponerme esa camiseta y empezar a utilizar un pijama.

Para quitarme todo esto de la cabeza, y como sabía que no podría dormir, me puse a abrir las cajas y a comprobar lo que me servía y lo que no de esa ropa que había en ellas.

Todo era precioso y de muy buen gusto porque, dentro de que era ropa vaquera típica de la zona, no era de esas que miras y te dañan los ojos, sino que eran en colores pastel.

Empecé a probarme una tras otra, y si con una me veía preciosa, con la siguiente me veía todavía más atractiva. Tal y como me había dicho Logan, todas estaban con sus etiquetas, incluidas las botas que había que, por suerte, eran todas de mi número.

Lo coloqué todo en el armario y las botas en el zapatero que tenía en mi habitación, pero, con todo el esfuerzo, estaba sudando de nuevo, por lo que no me iba a acostar así.

Esta vez cogí un pijama, aunque ya de poco servía, y volví a entrar en el baño. Estaba quitándome la camiseta cuando escuché que se abría la puerta de su habitación.

Llamadme masoquista, pero no pude evitar abrir la puerta del baño así, tal y como estaba, esperando encontrármelo al final del pasillo, pero me equivoqué, porque estaba justo detrás de la puerta.

No hablamos; tan solo nos miramos un segundo y nos lanzamos el uno al otro como si lleváramos días sedientos y el otro tuviera en su boca el manantial del que queríamos beber.

Logan puso sus manos en mi trasero, mientras que yo metía las mías por debajo de su camiseta. Me moría por ver esos músculos que estaba tocando, por lo que no me lo pensé y jalé hacia arriba, despojándolo de ella.

A estas alturas, notaba cómo estaba completamente duro y pensar que todo eso era provocado por mí me volvía loca, y así se lo hice saber con mis movimientos, pues me estaba frotando con él para buscar el placer.

—No sigas, Audrey, o terminaré antes incluso de que empecemos.

—No me importa; tenemos mucho tiempo.

Logan entró conmigo en la ducha, pero lejos de permitirme seguir con lo que estaba haciendo, me posó en el suelo y se arrodilló delante de mí, llevándose las braguitas con él mientras que iba bajando.

Levantó mi pierna, dejándola apoyada en el bordillo que había dentro de la ducha, y en el que estaban ordenados todos los botes de champú y gel de baño.

Me miró a los ojos, puso una sonrisa en sus ojos, y me lamió el sexo de abajo arriba, para, a continuación, centrarse en mi clítoris, ese que succionó, mordisqueo y acarició con su lengua, haciendo que alcanzase un orgasmo demoledor.

Cuando terminó de beberse todo mi orgasmo, se puso de pie, me puso de cara a la pared, se agarró de mis caderas, poniéndolas a su altura y me penetró, de una fuerte estocada que provocó que saliera un grito ahogado de lo más profundo de mi ser.

Así estuvimos un buen rato, él bombeando dentro de mí y yo yendo a su encuentro con mi trasero, ese que amasaba como si le fuera la vida en ello, y que me estaba volviendo loca.

En el momento en el que yo alcancé mi segundo orgasmo, y viendo que él iba a verse arrastrado por mí, salió de mi interior y se derramó en mi espalda, ya que no habíamos tomado precauciones.

Nos duchamos en completo silencio, sin saber qué hacer o qué decir, pues habíamos mandado a freír espárragos todo lo que habíamos dicho antes, durante la comida en casa de su madre.

Cuando nos hubimos secado y vestido de nuevo, y antes de irnos a dormir, Logan me sujetó del brazo, con la clara intención de decirme algo, por eso me frené. No lo hizo con fuerza, sino con determinación.

—Audrey, esto que ha pasado esta noche no ha sido más que un arrebato, un calentón que hemos tenido los dos.

—Sí, no te preocupes, haré como que no ha pasado nada.

—Será lo mejor para los dos, así no nos sentiremos incómodos en el día a día.

Entré en mi habitación, y no precisamente con la mejor de las actitudes, porque esas palabras sobraban, no hacía falta que me dijera que había sido tan solo un polvo para él, eso ya lo tenía claro.

Me acosté y me tapé con la sábana, con la clara intención de dormir, pero no podía. Me puse a dar vueltas para ver si encontraba la postura, pero no lo conseguía, por lo que me levanté y cogí el libro que estaba leyendo, a ver si así me entraba sueño.

Por suerte, no tardé mucho en dormirme después de que me pusiera a leer y apartara de mi cabeza todo lo que había sucedido con Logan hacía un rato, por lo que, al menos, dormiría las horas necesarias para no caerme por las esquinas.

Cuando el despertador sonó, ya llevaba un buen rato despierta. Había escuchado cómo Logan salía a primera hora de la mañana, por lo que supe que estaba sola en la casa.

Me levanté, fui al baño a hacer pis y lavarme los dientes, antes de vestirme y bajar a la cocina, donde prepararía el desayuno, ya que Logan me había dicho que, los fines de semana, cuando el niño estaba en casa, volvía para hacerlo con él.

Una vez que lo tuve todo preparado, volví a subir para despertar al niño, que fuera al baño, se lavara los dientes y lo ayudara a vestirse, aunque de manera cómoda, porque no iba a salir del rancho.

Logan me había dicho que, una vez que terminara el colegio, prepararía la piscina para que pudiéramos disfrutar de ella, y que no lo hacía antes porque, si lo hacía, no había manera de que Noah entrara en la casa por las tardes.

Estábamos sentados ya en la cocina y le estaba sirviendo la leche al niño, cuando entró Logan, seguido de dos de sus peones, que me miraron de una manera que no me gustó nada.

Iba a decirles algo, pero no me dio tiempo porque Logan se me adelantó, zanjando el asunto en un momento y dejándome algo más tranquila, la verdad.

—A ver, chicos, sé que la presencia de Audrey es una novedad aquí, pero quiero que la miréis y la tratéis como si fuera de mi familia… ¿Estamos?

—Sí, Logan, no te preocupes, que así lo haremos.

—Perfecto, pues entonces, id a la buhardilla y bajad algunos de los muebles, dejándolos en el porche trasero, como ella ha dicho.

—Audrey, ¿tienes alguna preferencia entre ellos? —Me preguntó uno de los peones, con total cordialidad.

—No, podéis bajar los que os sean más cómodos; es tan solo para entretenerme cuando no tenga nada que hacer. Gracias.

Logan intentaba mirar para otro lado, pero, sin darse cuenta, sus ojos volvían a mí, una y otra vez, y tuve que darme la vuelta para que no me viera sonreír.

—¿Vas a seguir queriendo ir al pueblo para ver dónde está el colegio?

—Claro, pero si tienes cosas que hacer, no hay problema; puedo ir yo sola, no pasa nada.

—No, mientras que termináis de desayunar, termino de echarles de comer a los animales y nos vemos en media hora.