Diciembre tenía otros planes ​Todo lo que todavía recordábamos #5
33%

​Todo lo que todavía recordábamos #5

No porque necesitara su permiso para marcharme.

Ni porque aquella respuesta demostrara que todos nuestros problemas estaban solucionados.

Sino porque había algo profundamente bonito en compartir una buena noticia y que la primera reacción de alguien fuera alegrarse por ti.

Sin preguntarte inmediatamente qué significaba para él.

Sin convertir tu felicidad en una amenaza.

Sin hacerte sentir que tenías que disculparte por conseguir algo que llevabas mucho tiempo deseando.

Apoyé el móvil sobre la mesa. Después volví a cogerlo.

Porque había una cosa que quería decirle.

Una que probablemente habría sido incapaz de expresar tres años atrás.

Clara: Marcos, si seguimos viéndonos, quiero que sepas que voy a aceptar esta oportunidad.

Lo envié.

Me quedé mirando la pantalla. Durante un momento temí haber sonado demasiado brusca. Que hubiera interpretado mi mensaje como una advertencia. O que pensara que estaba convirtiendo algo que ni siquiera había empezado en una discusión anticipada. Pero entonces respondió.

Marcos: Espero que lo hagas.

Y después:

Marcos: Me gustaría volver a verte, Clara. Mucho. Pero si alguna vez tenemos que hablar de cómo encajan nuestros planes, esta vez quiero que lo hagamos antes de tomar decisiones por los dos.

Leí el mensaje varias veces. Después dejé el teléfono sobre mis rodillas.

No era una declaración de amor. Tampoco una promesa de que nunca volveríamos a hacernos daño.

Pero había algo en aquellas palabras que me emocionó mucho más de lo que esperaba.

Porque Marcos no estaba diciéndome que todo sería fácil.

Estaba reconociendo que podía resultar complicado.

Y que, si decidíamos intentarlo, tendríamos que encontrar una manera diferente de hacerlo.

Aquella noche llegué a casa con una botella pequeña de vino y una bolsa de patatas fritas.

No era una celebración especialmente sofisticada.

Pero me había apetecido comprar algo para brindar por mí misma.

Por la plaza. Por el trabajo que llevaba años haciendo.

Y por haber tenido el valor de presentar una solicitud que, durante mucho tiempo, pensé que estaba fuera de mi alcance.

Me puse ropa cómoda, encendí las luces del pequeño árbol del salón y me serví una copa. Después abrí el grupo de WhatsApp.

Las de siempre 🍷

Clara: Chicas, me han dado la plaza del programa de Madrid.

La respuesta de Julia fue inmediata.

Julia: ¿¿¿QUÉ??? ¡CLARAAAAA!

Martina: ¡HOSTIA, QUÉ GUAY!

Vera: ¡MI NIÑA!

Me eché a reír.

Durante los siguientes minutos tuve que explicar las fechas, la duración y todo lo que todavía tenía pendiente de organizar.

Julia propuso celebrarlo con una cena. Martina dijo que habría que aprovechar para hacer una escapada a Madrid cuando estuviera allí.

Y Vera me recordó que llevaba meses hablando de aquella oportunidad y que estaba orgullosísima de mí.

Leí sus mensajes con una sonrisa enorme. Después llegó otro de Julia.

Julia: Por cierto, tenemos que vernos las cuatro antes de Nochebuena.

Martina: Sí, pero que alguien avise a Vera de que no puede obligarnos a decorar otro árbol.

Vera: Mi árbol es precioso.

Julia: Tu árbol tiene una rama mirando al techo y otra al suelo.

Vera: Es artístico.

Solté una carcajada.

Aquellas tres mujeres eran una parte enorme de mi vida.

Y lo habían sido incluso cuando Marcos se marchó, cuando yo no sabía cómo continuar y cuando empecé a construir una versión de mí que ya no dependía de los planes que habíamos hecho juntos.

Me gustaba pensar que nuestras vidas seguirían cambiando.

Que llegarían otras parejas, otros trabajos, otras ciudades y otras Navidades.

Pero que siempre encontraríamos la manera de volver a aquella mesa donde podíamos hablar de cualquier cosa y reírnos hasta que nos doliera la barriga.

Mi móvil vibró otra vez. Esta vez era Marcos.

¿Te apetece celebrarlo mañana? Invito yo.

Sonreí.

¿Celebrar qué?

Que has conseguido algo que querías muchísimo.

Me quedé mirando aquellas palabras.

Después escribí:

¿Y qué propones?

Una cena. Un sitio bonito. Y prometo no hablar de mudanzas internacionales.

Eso último me parece especialmente importante.

¿Entonces es un sí?

Miré alrededor. Mi salón. Mi árbol. La copa de vino que había dejado sobre la mesa.

La casa en la que había aprendido a vivir sin él.

No quería renunciar a nada de aquello. Ni a mi independencia.

Ni a mis amigas. Ni a la oportunidad que acababan de ofrecerme.

Pero tampoco quería seguir utilizando el miedo como excusa para cerrar puertas que quizá merecían permanecer abiertas.

Volví a coger el teléfono.

Sí, Marcos. Me apetece mucho.

Esta vez no me quedé esperando una respuesta con nervios. Simplemente me acomodé en el sofá, bebí un poco de vino y sonreí cuando su mensaje apareció en la pantalla.

Genial. Mañana a las ocho. Y, Clara...

¿Qué?

Me alegro de que hayas vuelto a escribirme.

Me quedé mirando aquellas palabras durante un buen rato.

Después pensé en el sábado anterior. En aquella cafetería de Ruzafa.

En la servilleta que Marcos había doblado mientras intentábamos hablar de nuestra ruptura.

En las luces que habíamos visto juntos. Y en todas las cosas que todavía nos quedaban por descubrir del otro.

No sabía si volveríamos a enamorarnos. Ni si conseguiríamos construir algo distinto de lo que habíamos perdido.

Pero empezaba a comprender que no tenía que elegir entre querer a Marcos y querer la vida que había construido sin él.

Si alguna vez volvíamos a estar juntos, tendría que haber espacio para las dos cosas.

Para sus planes. Para los míos. Y para todas las decisiones que todavía no sabíamos que tendríamos que tomar.

Cogí el móvil y respondí:

Yo también me alegro.

Después apagué la pantalla.

Me quedé un rato mirando las luces del árbol, pensando en lo diferente que estaba resultando aquel diciembre.

Lo había empezado convencida de que el pasado era algo que debía dejar cuidadosamente guardado, como aquellas cajas de adornos que solo abríamos una vez al año.

Pero Marcos había vuelto. Y yo estaba descubriendo que algunas historias no necesitaban borrarse para poder continuar.

Aunque todavía quedaba algo importante por averiguar.

Si lo que estábamos sintiendo era el recuerdo de un amor que habíamos perdido o el principio de uno que todavía no conocíamos.

Y esta vez quería tomarme el tiempo necesario para descubrirlo.