RALPH #3
Avanzó hacia Marc sin vacilar y le pasó un brazo por los hombros en un gesto que no admitía réplica.
Mientras tanto, el viejo McKinley buscó a Ralph con la mirada, la preocupación evidente en su rostro.
Aquello era algo nuevo, y daba la sensación de que quisiera decir: «Y solo estamos a día uno. ¿Cómo es posible?».
—Laura, ¿eres tú? —La voz de Elizabeth, procedente del teléfono de Harry.
—Sí, soy yo. Graham también está aquí. Graham Sénior, quiero decir. Gray estaba camino del trabajo, pero se ha dado media vuelta y debería llegar en cualquier momento.
—Hagamos una recapitulación —dijo Graham con cierta autoridad—. ¿A qué nos estamos enfrentando? Tengo entendido que cogió la bici, se marchó con ella a pesar de la lluvia y no llegó a casa. ¿A qué hora?
—Hacia las nueve —contestó Joyce—. Al menos eso es lo que nos han dicho Django y Noah.
Marc buscó la confirmación de Ralph, que asintió. Aunque se dio cuenta de que ni siquiera le había hecho esa pregunta a Django.
—¿Y habéis llamado a todos los sitios a los que podría haber ido?
Joyce se lo confirmó.
—¿Pasó algo que pudiera haber impulsado a Liam a escapar? —preguntó Laura.
—Qué va. —Marc.
—Imposible. —Joyce—. ¡Mi hijo no!
—Entonces, ¿qué podría haber pasado? —preguntó Graham.
—¿Cómo demonios quieres que lo sepamos? —replicó Marc—. ¡Quién sabe si no lo habrá secuestrado algún pervertido! Así que, por favor, ¡no perdamos más el tiempo y llamemos a la policía!
—¿Y si se salió de la carretera? —gimoteó Joyce—. ¡Joder, Two Rivers Hill y la carretera del bosque están muy oscuras por la noche! Y, con la lluvia, seguro que todo resbalaba. ¿Y si está en alguna zanja con la cadera rota?
—¿No habría pedido ayuda? —sugirió Harry.
—¡Pues no lo sé! —gruñó la mujer—. A lo mejor está inconsciente. ¡Tenemos que salir a buscarlo!
—Espera un momento —intervino Graham—. No deberíamos precipitarnos. Haya pasado lo que haya pasado, no puede ser grave. Todavía no era noviembre.
—Eso he dicho yo —dijo la voz de sabelotodo de Elizabeth.
—¿Qué más da un día que el siguiente? —saltó Marc—. ¡Fue anoche, joder! ¿Quién dice que aún no había empezado?
—Noviembre nunca empieza antes de tiempo —repuso Graham con el ceño fruncido. Resultaba evidente que era algo que se tomaba muy a pecho.
—En verano —dijo Harry—, cuando los chicos se metieron en el bosque, Liam y Django volvieron con esa historia rara de que se habían caído en un agujero.
Todos sabemos dónde cayeron en realidad, joder.
Imagináoslo solo un segundo. Harper estaba casi hipotérmica cuando la encontramos.
Aquel día también dijimos que se suponía que ese tipo de cosas no debía pasar.
—¿Adónde quieres ir a parar con eso? —preguntó Graham.
—A que la suerte no nos protege de las decisiones estúpidas. Ayer la lluvia fastidió la noche de Halloween. Si Liam se largó con esa bici de acrobacias suya sin decírselo a nadie, fue una decisión bastante estúpida. Quién sabe lo que podría haber pasado.
A través del teléfono, oyeron a Joyce resollar.
—¿Y si ha vuelto al bosque?
—¿Por qué iba a hacer algo así? —preguntó Marc—. Le da un miedo terrible después de lo que pasó allí.
—Pero ¿y si no fue por voluntad propia?
Durante un momento, nadie habló. Ralph miró a sus vecinos uno por uno.
Se había mantenido al margen, pero siempre había sabido que aquello acabaría desembocando en ese punto.
Una vez que determinaran que todas las explicaciones corpóreas y terrenales eran insuficientes, solo quedaría una posibilidad: lo sobrenatural.
No para la gente normal y racional. Pero aquí sí. Porque aquel bosque era distinto.
Ninguno quería abrir esa puerta todavía. Con los accidentes y los pervertidos, al menos cabía la posibilidad de que pudieran tener un final feliz.
—A ver, nos estáis haciendo perder el puto tiempo. —Marc se metió la mano en el bolsillo y sacó el móvil—. Mi hijo ha desaparecido y voy a llamar a la policía ahora mismo.
—Y lo haremos —mintió Graham al mismo tiempo que levantaba una mano—, si ha desaparecido en Carnation o en Lock Haven y no a lo largo de la carretera del bosque. Tendremos que averiguarlo lo antes posible. La pregunta es: ¿cómo?
—Fácil —dijo una voz nueva: Gray Júnior.
Sobresaltados, todos miraron a su alrededor, pero Laura levantó el móvil con un ademán de disculpa.
Por lo visto, su marido estaba en el altavoz—.
El Camp Heron Market. Deben de tener cámaras de seguridad.
Con un poco de suerte, alguna estará enfocada hacia la carretera.
Si Liam aparece en las imágenes, lo sabremos.
A Ralph se le retorcieron las entrañas. Si había cámaras, no habrían grabado solo a Liam, sino que también lo habrían grabado a él.
No sería desastroso de por sí, pero, si comparaban la hora a la que había pasado por allí con la hora mucho más tardía a la que había enfilado su camino de entrada, como sin duda mostrarían las imágenes de las cámaras de seguridad de los Wachowski, habría preguntas. Muchas.
—Buena idea —dijo Sénior—. ¿Puedes hackear un sistema así para acceder a él?
Gray se rio entre dientes.
—Como si fuera fácil. Las cámaras de seguridad son de circuito cerrado. Es un coñazo. Es mucho más fácil ir allí y pedirles que te enseñen las imágenes.
—Pero ¿por qué iban a hacerlo? —dijo Ralph, que carraspeó para darle consistencia a su voz. Seguía teniendo las manos entrelazadas con firmeza—. Es decir, no podemos decirles que ha desaparecido un niño.
—El año pasado, Helmut se escapó —dijo Gray—. Lo encontramos más allá de Goat Mountain Road. Decidles que anoche no cerramos bien la caseta y que el perro se ha escapado. Que queremos saber si se ha ido hacia Lock Haven o hacia el lado contrario para no tener que buscar una aguja en un pajar.
—¡Bien pensado! —exclamó Graham—. Vale, al grano. ¿Quién va al Camp Heron?
—Yo —dijo Ralph en un tono un poco más ansioso de la cuenta. Si las imágenes mostraban algo, necesitaba saberlo—. Iré yo. Y le pediré a Luana que saque a Django de clase. Él sabrá la ruta exacta que toman para volver a casa desde la de Noah. Deberíamos tenerlo en cuenta.
«Y quizá me ayude a ganar algo de tiempo».
—Voy contigo —se ofreció Marc.
—No, no irás con él —dijo Graham.
—¡Es mi hijo, joder!
—Y por eso mismo es tan mala idea. Ahora mismo no eres capaz de controlar las emociones, Marc. Nadie te lo reprocha, pero, muestren lo que muestren esas cámaras, tu reacción te delatará. Harry acompañará a Ralph. ¿De acuerdo, Harry?
—Por supuesto.
—Y tú y yo, Marc, nos vamos a ir a dar un paseo por la carretera. Si ha cruzado la valla, encontraremos la bicicleta.
Y, una vez más, Ralph se habría dado de bofetones.
¡La bicicleta de Liam! Estaba en el puto asiento trasero de su Forester.
Aquello podría haber acabado siendo una historia trágica, pero dolorosamente obvia: Liam se había adentrado en el bosque de Snoqualmie y había desaparecido de la faz de la tierra.
Pero la bicicleta sería el eslabón perdido. ¿Por qué no se le había ocurrido antes?
—Joyce y Elizabeth —continuó McKinley—, id por Two Rivers Hill hasta Carnation y registrad la zona para ganar tiempo.
Porque es posible que Ralph tenga razón.
Luana os llamará para indicaros la ruta en cuanto haya recogido a Django.
Tomad nota de las casas y las tiendas que tengan cámaras visibles, podrían ser relevantes más adelante. ¿Todo claro?
—¡Sí!
—Llegaré dentro de quince minutos, listo para ayudar —dijo Gray a través del móvil de su mujer.
—Te esperaré en casa de Joyce y Marc —dijo Laura—, por si Liam vuelve a casa. He dejado a Ricky durmiendo en casa, así que me lo traeré aquí.
—Y, gente, comunicaos, por favor —añadió Sénior—. Pero solo a través de Vember. Si alguien tiene alguna noticia, que la publique, así decidiremos los siguientes pasos.
Todos se pusieron en marcha. Laura y Harry finalizaron sus respectivas llamadas, Marc se puso el abrigo y Harry se volvió hacia Ralph.
—¿Tu coche o el mío?
—Saca el tuyo mientras yo me acerco un momento a poner a Luana al corriente.
—Perfecto.
Cada uno se fue por su lado. Menos mal, porque Ralph no creía que pudiera aguantar mucho más sin que los temblores se le extendieran por el cuerpo.
Consiguió llegar a la puerta delantera de su casa, pero, en cuanto la cerró de un portazo, le fallaron las piernas.
El pánico arremetió contra él con una serie de golpes devastadores, como un torbellino mental que lo apaleaba con los escombros de su plan, ahora difunto.
En un abrir y cerrar de ojos, su suposición de que tenía una suerte endiablada le había estallado en la cara y sentía que su vida y la de sus hijos se le escapaban de entre las manos. Y no lo había visto venir.
¡La bicicleta! Las perspectivas del vídeo del Camp Heron eran malas, pero, si lograba recomponerse, quizá pudiera librarse con una explicación lógica.
Pero la bicicleta desaparecida había abierto un agujero en el único escenario que podría haber logrado que se fuera de rositas.
Habría sido tan diabólicamente perfecto…
porque la bicicleta de Liam estaba intacta. Eso no lo había atropellado.
Una especie de gemido largo se le escapó de los labios.
—Ralph, ¿eres tú? —preguntó Luana desde el piso de arriba.
Vale, había que seguir. Aquel tren ya había pasado. Había que ceñirse al plan original, entonces. Pasar desapercibido. Liam estaba desaparecido. Ralph, como todos los demás vecinos, no sabía nada. Quizá pudiera distraer a Harry de algún modo.
«Y ¿cómo piensas hacerlo? Si Liam aparece en las imágenes, lo primero que querrá saber Harry es si hubo más vehículos. Y entonces, como no podía ser de otra manera, la hora que figure en el vídeo será fundamental».
—¿Ralph? —Luana había bajado la mitad de las escaleras y se le abrieron los ojos como platos—. Uy, no, no se te ocurra derrumbarte, ¿me oyes? ¡Ahora no!