Días oscuros KAILA #3
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KAILA #3

Kaila miró a su padre; le resultaba increíble estar allí sentada escuchando una historia sobre pactos fáusticos y poderes sobrenaturales y que él esperase que se la creyera…

Y que, hasta cierto punto, se la estuviera creyendo.

Era imposible no hacerlo, después de lo que había vivido en el Camp Heron Market.

« Únete, Kaila.Si no, lo perderás todo. Casi todo… Y yo me comeré lo que quede ».

—A lo largo de los años siguientes, James despejó una gran parte del bosque que rodeaba Lock Haven y fundó su exitosa empresa, Lock Haven Dairy.

Atrajo a trabajadores a la región, la ciudad creció y James se casó con Catherine.

Podría decirse que a mi abuelo le iba bien.

Demasiado bien, por supuesto. Nunca le habló a Catherine de su pacto.

Pero todos los noviembres, cuando los terrenos y la vida de James pasaban por un bache, el Diablo volvía a visitarlo, y James llevaba a alguien al bosque para matarlo.

La mayoría eran trabajadores chinos, porque nadie los echaría de menos.

Una vez, en 1900, se salvó por los pelos cuando su víctima estuvo a punto de escapar.

Escribe sobre ello como si fuera un engorro terrible.

Pero, tras el sacrificio, siempre recuperaba la suerte.

—Qué majo, su abuelo —murmuró Kaila, y bebió un sorbo de latte . Y tocó la piedra que llevaba en el bolsillo.

McKinley se echó a reír.

—No seré yo quien te lleve la contraria.

Tampoco diré que eran otros tiempos ni tonterías por el estilo.

James McKinley había vendido su alma y eso le corrompió.

Cuando Catherine se quedó embarazada un año después, a James le iba tan bien que se le subieron los humos a la cabeza.

Creyó que podría ser más listo que el Diablo y le pegó un tiro a una vaca en el bosque a principios de noviembre.

Unas semanas más tarde, cuando los Días Oscuros no habían hecho más que empeorar, nació mi padre.

Pero hubo complicaciones y, en su lecho de muerte, Catherine gritó que no entendía por qué le estaba pasando aquello.

Que debían de haberla engañado…, que el Diablo, que le había prometido años de prosperidad, debía de haberla engañado.

—¡Venga ya!

—Es verdad. Y James al fin lo entendió. Catherine también había hecho un pacto.

Durante todos esos años, había sabido que James hacía sacrificios en noviembre.

Resultó que Francis la había maltratado durante años, así que se alegraba de que James hubiera matado a ese hijo de puta.

Pero ¿por qué se estaba muriendo ahora? ¿No había hecho él otro sacrificio a principios de mes?

—Ups —musitó Kaila.

—Ups, sí. James se dio cuenta de que lo de la vaca había sido un error, pero ya era demasiado tarde. Había sellado el destino de su esposa. Ahora se estaba quedando sin tiempo y no vio más opción que llevársela al bosque, donde esperó a que exhalara su último aliento y la enterró.

Kaila se echó hacia delante.

—Espere, ¿me está diciendo que hizo que su propia esposa…?

—… contara como sacrificio, sí. Y sé lo que estás pensando.

Su diario indica que no tenía ni idea de lo que les pasaba a las personas que morían ahí arriba.

Menciona las apariciones en varias ocasiones, pero las considera meras invenciones de su culpa.

—Le temblaron los labios y añadió—: Cabría preguntarse si existe alguna diferencia.

Pero Kaila pensó: «La próxima vez, hazte un corte un poco más profundo», y supo que existía alguna diferencia.

McKinley cerró el diario de James y señaló el retrato que había sobre la repisa de la chimenea.

—Mi padre era diferente. John McKinley era brillante, y eso fue tanto su mayor suerte como su talón de Aquiles.

No tardó en aprender a reconocer el patrón de los Días Oscuros, cuando su suerte se volvía en su contra y se sentía como si estuviera perdiendo la cabeza.

Incluso el amor de su padre se volvía contra él y derivaba en un maltrato bastante violento.

Pero, en diciembre, la vida continuaba como si no hubiera pasado nada.

Mi padre me contó todo esto años más tarde.

Y también me contó otra cosa: que todos los noviembres recibía una visita de su madre.

Sabía que era ella, la reconocía por el retrato que había en el pasillo.

También sabía que estaba muerta porque se arrastraba por los espejos y lloraba lágrimas de sangre.

Me dijo que era como si su madre intentase decirle algo, pero no tuviera voz.

Y, con cada año que pasaba, se volvía más monstruosa.

Kaila vio que su padre se estaba comiendo su tarta y bajó la mirada hacia su trozo. Se le había quitado el hambre.

—La prosperidad de mi abuelo no tenía límites.

Llegó el ferrocarril, y la planta maderera y la granja lechera florecieron con él.

Lock Haven Dairy se fusionó con la Carnation Evaporated Milk Company, y a Tolt, Washington, le cambiaron el nombre en su honor.

John se incorporó a la empresa de su padre a una edad muy temprana y, cuando cumplió dieciséis años, James decidió iniciarlo también en el pacto para concederle un futuro próspero.

Pero John tenía un corazón honrado, igual que tú, Kaila.

Despreció a su padre por su corrupción y por fin comprendió lo que su madre llevaba intentando decirle todos aquellos años: que la codicia de James había condenado incluso el alma de su esposa.

—Creo que sé cómo acaba la historia —dijo Kaila.

—Podrías pensarlo, sí —contestó McKinley—, pero hay un giro inesperado.

Cuando, a principios de aquel noviembre, James se llevó a su hijo al bosque para que presenciara el sacrificio, John mató a su padre y salvó al otro hombre.

Puede que esa parte ya te la hubieras imaginado.

En cualquier caso, el Diablo se le apareció a John y le dijo que llevaba toda su vida destinado al pacto, puesto que ya había cosechado los frutos.

Pero esos frutos eran amargos, pensó mi padre, y estaban podridos por dentro.

Y había algo más: no se creyó ni por un segundo que la criatura que se le había aparecido fuera el Diablo.

Al menos, no el clásico Diablo cristiano.

Y esto nos lleva a tu pregunta anterior sobre qué es en realidad.

¿Puedo dar por hecho, a efectos de esta conversación, que nos crees cuando decimos que esta entidad existe?

—Pues, eh… —Kaila dudó—. Supongo que sí.

—La verdad es que es una pena que lo hayas descubierto ahora en lugar de antes del brindis del 2 de noviembre, porque tradicionalmente es entonces cuando nos visita. Aún no has tenido la oportunidad de verlo con tus propios ojos. Pero te aseguro que es real.

De repente, le pareció importante no dejar traslucir que sí lo había visto.

Papá le lanzó una mirada inquisitiva.

—¿Estás bien, Kaila?

Asintió de inmediato. La puñetera medicación la convertía en un libro abierto. Ni siquiera era capaz de controlar la cara. Tenía que estar más atenta.

—Nuestro visitante es, desde luego, una entidad sobrenatural —prosiguió McKinley—.

Hay paralelismos con el Diablo cristiano, pero vemos al menos dos diferencias fundamentales.

Una: nunca utiliza terminología religiosa.

Dios, ángeles, pecado, cielo, infierno… Nada de eso.

Es razonable que James pensara que estaba tratando con el Diablo, porque su marco de pensamiento era el de un hombre temeroso de Dios.

La segunda razón por la que nosotros creemos que no lo era es que, según la religión, el Diablo también reina sobre el más allá.

Nuestro trato solo afecta a nuestra vida.

Lo que ocurra o deje de ocurrir después de la muerte nunca ha formado parte de él.

Ni siquiera sabemos si hay algo esperándonos al otro lado.

«Excepto para las personas que sacrificáis —pensó Kaila—. Está claro que a los Jibblymowers sí les espera algo».

Por primera vez, papá intervino:

—Lo contrario también podría ser cierto: que esta criatura sirviera de modelo para la representación cristiana del Diablo. Puede que sea muy viejo. Puede que haya más. Pero no lo sabemos.

—Exacto —dijo McKinley—. Y dado que sus pactos son puramente transaccionales, mi padre le puso un nombre nuevo: el Contable.

Eso lo convertía en un adversario más manejable, por decirlo de algún modo.

Pero ¡no cabe duda de que es poderoso! Muy poderoso.

El Contable amenazó la buena fortuna de mi padre si se negaba a firmar.

En su caso, eso significaba perder la cordura.

Y aquello le dio una idea. John argumentó que necesitaba disponer de todas sus facultades mentales para tomar una decisión de tal magnitud, y le suplicó al Contable que regresara tras los Días Oscuros y se lo preguntara de nuevo.

Él accedió. Y aquí está el giro inesperado.

Mi padre, a diferencia del suyo, sí que fue más listo que el Diablo.

Verás, antes de que su mente se deteriorara demasiado aquel noviembre, llegó a la conclusión de que: a) no le quedaba más remedio que firmar si no quería sacrificarse, y b) no quería que se abusara de ese poder, como su padre había hecho durante años y como sabía que otros volverían a hacer.

Sabía que la psique humana es esencialmente corrupta. Lo que se necesitaba era una reforma.

De repente, Kaila lo comprendió.

—Así que fue a él a quien se le ocurrió vuestro sistema. —No pudo reprimir una sonrisa—. El mal menor.

A McKinley se le ensombrecieron los ojos, estaba claro que lo había ofendido.

—Mi padre se aseguró de que los únicos sacrificados fueran personas que iban a morir de todos modos, por lo que no habría más muertes innecesarias.

Además, quiso que otros participaran de su prosperidad.

Invitó a cinco trabajadores humildes y a sus familias en apuros a Lock Haven y los puso al corriente.

Eran Brennett, Wachowski, Nyholm, Chow… y Lewis.

—George Lewis —añadió papá—. El padre del abuelo.