Capítulo 61
Eran más de las siete de la tarde, y no había aparecido nadie.
Adrián no paraba de dar vueltas por mi despacho, nervioso, y yo no sabía qué hacer para serenarlo ni para sosegarme yo misma.
Aunque nos habíamos tomado un par de tilas cada uno, parecía que, más que calmarnos, nos habían crispado más los nervios.
—¿Deberíamos llamarlo? —preguntó por cuarta vez en cinco minutos.
—No creo —dudé—. No lo sé, Adrián, no sé qué debemos hacer. Tengo una mala sensación respecto a todo esto, no estoy nada convencida de que vaya a llevarnos a ninguna parte. Creo que están jugando con nosotros y…
El sonido de la puerta hizo que me callara. Se oyeron un par de voces, y poco después Paola entró en mi despacho junto a un hombre. Alto, con el pelo blanco, me sonaba su cara de haberla visto alguna vez en la televisión.
—Buenas tardes. Alfredo Díaz —se presentó el recién llegado—. Siento haberos hecho esperar, pero el tráfico estaba fatal.
—Tranquilo. Esta es Ana, una buena amiga —Adrián me señaló— y mi abogada. Espero que no te importe que esté presente en la reunión.
—Por mí no hay ningún problema, aunque, la verdad, no entiendo el motivo de que estemos aquí, no sé en qué puedo ser útil. —Tomó asiento.
—No me andaré con rodeos. Según tengo entendido, fuiste tú quien vendió las fotos mías que han salido en los últimos meses en varias páginas web. —La frase salió de los labios de Adrián sin que apenas se inmutara, pero yo sabía lo mucho que le había costado pronunciarla.
—Yo he sido un mero intermediario —respondió Alfredo con un aplomo que me dio escalofríos. ¿Cómo podía ser tan impasible?
—También lo sé. Fue una agencia quien vendió las fotos, pero tú se las vendiste a ellos. Lo único que me gustaría saber es cómo conseguiste esas fotos, quién te las facilitó. Solo necesito un nombre.
—No. —Ahora sí, todo su temple pareció desvanecerse, y se levantó visiblemente nervioso—. No puedo desvelar mis fuentes.
—Puedo pagarte mucho dinero —contraatacó Adrián.
—No me interesa tu dinero. Creo que esta reunión se ha acabado. Si me perdonáis —dijo dirigiéndose a la puerta.
Me había mantenido al margen durante toda la conversación, observando y evaluando la situación, y había llegado el momento de intervenir.
Si habíamos sido capaces de llegar hasta allí, no iba a dejar que se marchara sin conseguir lo que necesitábamos.
No podía consentir que Adrián siguiera pasando por ese calvario más tiempo.
Además, ambos teníamos que conocer la verdad sobre Pablo.
Por mucho que nos doliera, y aunque eso nos rompiera por dentro, era mejor la verdad que seguir viviendo en una mentira.
—Creo que podemos llegar a algún tipo de entendimiento.
Si no quieres dinero, ¿qué quieres? Si has venido hasta aquí, será por algo.
No creo que te molestaras en concertar esta reunión si no tenías intención de sacar algo a cambio, ¿me equivoco?
Pongamos las cartas sobre la mesa —dije tratando de salvar la situación.
—Está bien. —Me miró con suspicacia. Había acertado—. Un reportaje fotográfico completo y una entrevista exclusiva.
—De acuerdo, pero con nuestras condiciones.
Nosotros elegimos cuándo y dónde. Y el reportaje será solo de Adrián.
Yo misma me encargaré de dar el visto bueno a las preguntas —solté sin dejar de mirarlo, sosteniendo la mirada glacial que usaba en las negociaciones más duras.
Si quiero, soy especialista en convertirme en un témpano de hielo.
—Yo no acepto condiciones —respondió, tajante, ante mi primera oferta. Estaba segura de que iba a tener que negociar, y estaba preparada para ello.
—Alfredo, piénsalo. Estamos hablando de la única entrevista que Adrián Castillo va a conceder respecto a esas fotos —enfaticé mis palabras—.
Sabes perfectamente que nunca ha concedido ninguna; tendrás la exclusiva del año.
Es uno de los temas del momento, pero las modas pasan, y quizá en un mes este tema ya no interese.
—Su gesto cambió y volvió a sentarse. Yo tenía razón, y si quería conseguir ese reportaje, debía hacerlo en ese momento, que estaba en boca de todos y en pleno apogeo.
—En un par de semanas, como mucho, todo se habrá olvidado —aceptó finalmente.
—Te estoy ofreciendo una bomba. A cambio solo queremos el origen de esas fotos. ¿Cómo las has conseguido?
—Alguien se puso en contacto conmigo hace unos meses y me dijo que tenía unas fotos que serían un bombazo informativo.
—¿Qué más? ¿Cuánto pagaste por ellas? ¿Quién era esa persona?
—No pagué nada, simplemente me las dio a cambio de mi silencio. A todos los efectos, esas fotos eran mías, única y exclusivamente. Yo podía hacer lo que considerara más oportuno con ellas.
—¿No pagaste por obtenerlas? —preguntó Adrián sorprendido.
Aunque no lo habíamos comentado, en nuestro fuero interno, tanto él como yo, esperábamos que, si de verdad había sido Pablo, se tratara de una cuestión económica. Si no, no entendía los motivos, y eso me asustaba aún más.
—Pues siento decirte que algunas de las fotos son falsas —continué—.
Las publicadas sobre sus supuestas juergas con prostitutas son montajes.
Tenemos pruebas de que esas fotos han sido modificadas digitalmente —dije tirándome un farol—.
Un fotógrafo amigo de Adrián ha confirmado que están retocadas con Photoshop.
—Si eran reales o no, a mí no me importaba. Yo solo me aproveché de un material que llegó a mis manos de forma gratuita. —Tendió un sobre a Adrián—. Ahí lo tienes todo.
—Quiero un nombre, solo dímelo.
—¿De verdad hace falta que os dé ese nombre?
Si me habéis llamado es porque ya lo sabéis.
—Sentí un estremecimiento y repulsa al observar su expresión cínica, consciente de que sus palabras dolían y que solo eran la constatación de la traición sufrida por Adrián—.
Solo te digo una cosa: quien está detrás de todo esto te conoce perfectamente.
Van a aparecer más fotos, y en ellas sales tú. —Me señaló.
—Lo sabemos, muchas gracias por la información —añadió Adrián sin dejar de mirarlo fijamente.
—Una última cosa antes de marcharme —se puso en pie—: me han llegado muchas más fotos que no han salido a la luz.
Con tu anterior novia; con la chica que me ha abierto la puerta también he visto alguna.
Por cierto, habéis dejado muy bonito el lugar —dijo antes de salir de mi despacho—, la decoración es mucho más moderna que la última vez que estuve aquí.
La situación había dado un giro que no esperaba. ¿Cuándo? Yo no recordaba haberlo visto nunca, salvo en las tertulias televisivas del corazón.
—¿Has estado aquí antes? —pregunté.
—Sí, hace unos años conseguí unas fotos muy interesantes de Diego Bianchi. Él era uno de los socios de esta empresa si no me equivoco, ¿no?
—¿Conocías a Diego?
—Por supuesto, todo el mundo lo conocía, era uno de los solteros más codiciados de la noche madrileña, un donjuán siempre rodeado de bellezas. —Aquellas palabras cayeron a plomo sobre mí—. Tal vez ni siquiera lo conociste. Una pena lo de su accidente.
—Sí, lo conocía, era mi prometido —expuse con un hilo de voz a causa de la impresión.
—Sabía que me sonaba tu cara cuando he entrado. En mis archivos aún guardo fotos de él que no llegaron a publicarse nunca. Si quieres, puedo facilitártelas; creo que algunas las encontrarás muy interesantes.
—¿Interesantes en qué sentido?
Apenas podía respirar, ¿a qué se refería?
—Dame una dirección de correo electrónico, y te las envío.
—Me acerqué a mi mesa temblando, escribí mi correo en una tarjeta y se la tendí—.
Perfecto, esta misma noche te las mando.
Ha sido un placer hacer negocios con vosotros.
Seguiremos en contacto para realizar la entrevista lo antes posible; te haré llegar las preguntas en un par de días.
Buenas noches. —Después de despedirnos con un apretón de manos, se dirigió a la puerta—.
No hace falta que me acompañéis a la salida, sé dónde está.
Adrián y yo nos quedamos solos de nuevo; el silencio se instaló entre nosotros. Oímos a Alfredo despedirse de Paola, pero ambos permanecimos callados durante unos minutos tratando de asimilar lo que había ocurrido en la última media hora. Sus palabras sobre Diego aún retumbaban en mi cabeza.
—¿Estás bien, Ana? —Adrián se acercó a mí rompiendo, por fin, el silencio.
—No, no lo estoy, pero no hay tiempo para ello —dije señalando el sobre—. Tenemos que confirmar si Pablo está detrás de todo esto antes de que venga a casa esta noche.