Diario de una soltera convencida Capítulo 43
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Capítulo 43

Agua caliente, aceite de esencia de naranja, una copa de vino, un poco de música y me metí en la bañera.

Poco a poco mis músculos comenzaron a relajarse tras un día intenso.

Primero en el trabajo, después, con el partidillo en los campos de entrenamiento y, para terminar, una sesión de sexo clandestino en los vestuarios.

Jamás pensé que fuera capaz de algo así, hacer el amor en el vestuario de un equipo de fútbol, aunque debía reconocer que había tenido mucho morbo y había sido muy excitante.

Como Pablo tenía que llevar a Adrián a casa, por primera vez desde que regresamos de Roma iba a dormir sola en mi cama.

Me asombraba la rapidez con la que me había acostumbrado a dormir junto a Pablo cada noche.

Si os soy sincera, echaba de menos un rato de soledad para mí, para poder pensar en todo lo que estaba ocurriendo.

En muy poco tiempo mi vida había dado un giro de ciento ochenta grados, y aún estaba acoplándome al cambio.

Si echaba la vista atrás a todo lo que había sucedido en los últimos días, me costaba creerlo.

Había sido poco tiempo, pero tan intenso que tenía la sensación de estar viviendo todo demasiado deprisa, sin poder llegar a saborear realmente las cosas.

El contrato y el expediente de Adrián permanecían abiertos en mi portátil mientras preparaba algo de cena. Había revisado tantas veces cada palabra, cada cláusula y cada detalle que estaban ahí escritos que era capaz de recitarlos de memoria, así que finalmente lo cerré.

A ún tenía en la cabeza el mensaje de Darcy y no sabía muy bien qué hacer al respecto.

Mientras cenaba y veía la tele, di vueltas al tema, plagiando al gran Shakespeare: «C ontestar o no contestar, he ahí la cuestión » .

El problema era que no sabía qué responder ante sus palabras.

Entonces lo vi claro: quería seguir con esa amistad siempre y cuando no interfiriera en mi relación con Pablo.

Abrí el perfil de Elizabeth y empecé a escribir.

ELIZABETH: Darcy, no te voy a negar que me hayan sorprendido tus últimas palabras.

No me esperaba una reacción así, pero he de decir que me has hecho reflexionar.

En ningún momento he dicho que nuestra amistad sea un error, pero temo que, a la larga, pueda llegar a serlo.

Después de darle vueltas me he dado cuenta de que tampoco deseo dejar de contar contigo, pero siempre que marquemos unos límites y que ambos entendamos que sobrepasarlos significaría el final.

En primer lugar, tengo novio y lo quiero; por tanto, ante cualquier insinuación de una relación más allá de la amistad no volveré a escribir…

Sonaba demasiado a amenaza, ¿no creéis? Borré las últimas líneas y volví a intentarlo sin que pareciera que había sido poseída por el espíritu de Al Capone.

ELIZABETH: Después de darle vueltas me he dado cuenta de que tampoco deseo dejar de contar con tu amistad; si así fuera, ya habría dejado de escribirte hace tiempo, ¿no crees?

Pero antes de que continuemos hablando creo que deberíamos establecer unos límites.

Tengo novio, y lo quiero, y nada de lo que tú puedas decirme va a cambiar eso, por tanto, te ruego que no entremos en ciertos temas, o entonces será cuando deje de escribir para siempre.

Tú tienes la palabra ahora, decide lo que desees. Un beso. Lizzie.

Revisé de nuevo el mensaje y quedé satisfecha. No había amenazado, pero creía que había dejado las cosas claras; aun así, pulsé el botón de enviar con cierto recelo. No sabía por qué insistía en continuar con ese juego, pero, por alguna razón, no podía ponerle fin.

Un minuto, dos minutos…, cinco minutos y el icono junto al perfil de Darcy cambió del rojo al verde.

DARCY: Lizzie, decías que yo tenía la palabra ahora, ahí va: OK . Prefiero ser algo más que el recuerdo de una vieja amistad.

ELIZABETH: Me alegra leer eso.

DARCY: Entonces, a partir de ahora, sinceridad y se acabaron los problemas, ¿no?

ELIZABETH: Siempre que no toquemos los temas tabúes, ja, ja.

DARCY: Perfecto, mantendré la boca cerrada, o más bien los dedos quietos. Es decir, nada de novios, amor/sexo… ¿Alguno más que deba conocer?

ELIZABETH: Creo que con eso bastará.

DARCY: No sabes lo mucho que te he echado de menos.

Y aunque no pensaba decirlo, yo también había echado de menos nuestras conversaciones.

Debéis de estar pensando que no hay quién me entienda; tenía un novio maravilloso y bastantes líos ya con Adrián como para también complicarme la vida con Darcy, pero no logré evitarlo.

No sé si eso significaba que estaba loca o que era masoquista. Ni yo misma alcanzaba a entenderme.

El reloj marcaba más de la una de la mañana cuando nos despedimos.

Habíamos comentado las Navidades y cómo las habíamos pasado; mi viaje a Roma y el contrato de Adrián, obviamente sin nombrarlo, ya que, si lo hiciera, estaría vulnerando el secreto profesional.

Por fin, me volvía a sentir cómoda hablando con él, sabiendo que no malinterpretaría mis palabras.

ELIZABETH: Bueno, Darcy, creo que es hora de irse a la cama. Mañana me espera un día muy estresante y quiero estar descansada y con mi mejor cara.

DARCY: Tienes razón, yo también debería irme a la cama. Mucha suerte para mañana, aunque no la necesitas; ese contrato ya es tuyo.

ELIZABETH: Eso espero. Te contaré la próxima vez que hablemos.

DARCY: Perfecto. Buenas noches, Lizzie.

ELIZABETH: Buenas noches, Darcy.