Capítulo 41
Mi mundo es un lugar perfecto en el que vivir en estos momentos.
Hacía muchos años que no era tan feliz, y tengo miedo a que pase algo que empañe toda la felicidad que estoy sintiendo ahora mismo.
Las cosas van muy bien en el trabajo; estoy a punto de conseguir el ascenso y cumplir mi sueño de ser socia.
Ricardo me ha avisado de que se celebrará una reunión fundamental en el mes de marzo, y espero con ansia ese día.
Las negociaciones con el tema de Adrián no podrían ir mejor; los anuncios de Navidad fueron un éxito rotundo, y el incidente del coche ya está totalmente olvidado.
Eso, unido a su casi completa recuperación, hace que esté más de moda que nunca.
El contrato con Adidas está a punto de firmarse, y las cosas han ido tan bien que su fichaje por el Madrid es cuestión de días; seguramente se concretará antes de que se cierre el mercado de invierno a finales de enero.
En el terreno amoroso, su situación no va igual de bien: el tema con Paola parece que no llegó a cuajar, y no he vuelto a verlos juntos desde antes de Navidad.
Según Paola, incompatibilidad de caracteres; tampoco me ha resultado una sorpresa, porque, conociéndolos, sabía que esa relación no estaba destinada a prosperar.
Respecto a mi relación con Pablo, las cosas no nos podrían ir mejor.
Por supuesto que hemos tenido alguna peleílla, pero nada que no pueda solucionarse con una conversación y un par de besos y abrazos.
En las últimas semanas hemos pasado tanto tiempo en mi casa que parece que estemos viviendo juntos, incluso ya hay ropa suya en mi armario y un cepillo de dientes junto al mío en el baño.
Me encanta esta sensación de tener a alguien a mi lado cada mañana, y al llegar la noche poder compartir con él cómo nos ha ido el día mientras preparamos la cena o simplemente vemos una película tumbados en el sofá.
Hace un par de meses estaba segura de mi vida, y no me arrepiento de las cosas que he hecho en los últimos años, ya que todas y cada una de ellas me han llevado a estar, en este instante, donde estoy.
Todo, desde el accidente hasta este diario de soltera convencida, han hecho de mí lo que soy, y creo que aquí es donde debo estar en este momento, acurrucada en el sofá junto a Pablo mientras tecleo en el ordenador.
—¿Qué haces? —Levanté la vista y Pablo me regaló una de esas miradas suyas que hacían que me derritiera por dentro.
—Nada. —Dejé el portátil a un lado y me estreché más contra él—. Escribo tonterías. Me gusta escribir lo que pienso, es una manera de liberarme de las cargas diarias.
— ¿ Me dejarás algún día leer esas tonterías?
—Si te portas bien, tal vez, pero me muero de la vergüenza. Son mis pensamientos más íntimos, quizá toda mi vida esté plasmada en esas palabras y…
—Tranquila, es tu intimidad y la respeto.
Solo me ha hecho gracia verte tan concentrada mientras escribías; incluso ibas poniendo caras a la vez que tecleabas —bromeó—.
No te voy a presionar. Si algún día quieres compartir esas palabras conmigo, estaré muy honrado de poder leerlas, pero no te sientas obligada.
Yo tengo algo mejor que lo que escribes en ese ordenador: todo lo que me dices a la cara solo con mirarme, y eso es mejor que nada que puedas escribir.
—Por cosas como estas te tengo que querer. —Lo abracé y lo besé—. A veces pienso que eres demasiado bueno para mí.
— ¿ Demasiado bueno? ¿Así que quieres que sea malo? —Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro—. ¿Qué tal si empezamos por unas pocas cosquillas?
—Nooo. —Salí corriendo y riendo sin parar a la vez que Pablo se lanzaba a por mí y empezaba un juego que sabía que acabaría en una noche de amor en mi cama.
En el despacho, al día siguiente, solo podía sonreír al recordar la noche anterior mientras tomaba un café y esperaba a que Paola me trajera los últimos informes.
Esa misma mañana había tenido, vía videoconferencia, una reunión definitiva en la que habíamos pulido los últimos flecos del contrato entre Adidas y Adrián. Parecía que las aguas habían vuelto a su cauce, y todo estaba solucionado.
Decidí conectarme un rato a Instagram y dejar un saludo a mis amigas.
Con todo el tema de Adrián, Pablo y las Navidades, había sabido muy poco de ellas, y tenía ganas de quedar; había pensado en organizar una salida de chicas para ponernos al día de nuestras vidas.
Después de escribirles un mensaje privado a cada una, revisé un par de fotos que habían publicado, contesté a un par de comentarios y cerré la sesión.
Aún tenía tiempo, así que entré al perfil de Elizabeth.
Un par de días después de Reyes, pensé que había llegado el momento de poner fin al jueguecito con Darcy.
Las cosas con Adrián estaban más o menos aclaradas, y no estaba dispuesta a permitir que una relación ficticia y platónica a través de Instagram perjudicara mi relación real con Pablo.
Mandé un mensaje privado a Darcy explicándole todo y dando por zanjado ese asunto.
No esperaba obtener respuesta, pero al entrar en la cuenta, ahí estaba el icono de mensajes recibidos.
DARCY: Querida Elizabeth, feliz año nuevo.
Espero que hayas pasado unas navidades agradables; las mías no sé muy bien cómo describirlas.
Creo que la palabra adecuada sería agridulce, y al recibir tu último mensaje han terminado de volverse negras.
¿Por qué dos personas adultas como nosotros no pueden compartir una amistad sincera sin más?
¿Por qué tienes que buscarle una parte oscura y negativa a esto?
Ya sé que tienes novio, pero creo que tener pareja no está reñido con compartir tu tiempo y tu vida con otra persona.
¿Acaso no tienes amigos en tu vida habitual?
¿Por qué motivo tú y yo no podemos ser amigos y conocernos por aquí?
Te puedo asegurar que he sido más sincero contigo en nuestras conversaciones de lo que he sido nunca, con nadie.
Pero esa es una decisión que ya no es mía únicamente; si de verdad deseas romper cualquier tipo de relación conmigo, de acuerdo, no lo entenderé, pero tendré que aceptarlo.
Aunque para ti esto no haya sido más que un error, para mí no lo ha sido y, si me lo permites, yo guardaré un bonito recuerdo tuyo siempre.
Tu amigo y confidente hasta que tú lo desees. Darcy.
A la hora de la comida, Paola y yo nos escapamos fuera de la oficina para desconectar un rato y poder hablar con tranquilidad.
—¿Has vuelto a saber algo de Adrián? —pregunté mientras tomábamos café.
—No, ni una noticia suya, pero bueno, tampoco me importa. Sabía que no íbamos a ningún lado, lo pasamos bien juntos, y punto. Que pase el siguiente.
—No sé cómo puedes tomártelo de esa manera.
—¿Y qué voy a hacer? ¿Llamarlo desesperada? Hay más peces en el mar, y si no he vuelto a llamar a Luis después de todos los años que estuvimos juntos, mucho menos lo voy a hacer con un tío al que me he tirado un par de veces.
—Paola —la recriminé. El sonido de mi móvil dejó a medio camino mi respuesta; era Pablo—.
Hola, cariño. —Paola me miró poniendo los ojos en blanco, como hacía cada vez que me escuchaba hablar con mi novio.
Decía que era demasiado empalagosa—. ¿Al entrenamiento?
¿Y va Adrián? —Paola enarcó una ceja—. Está bien, nos vemos esta tarde. Yo también. Un beso.
—¿Qué pasa?
—Nada, Pablo me ha pedido que lo acompañe a no sé qué entrenamiento del equipo del barrio.
—¿Qué te pasa con Adrián? —preguntó, cazando al vuelo mi gesto.
—Nada, no me pasa nada con él.
—Ana, que nos conocemos, y cuando pones esa cara es porque algo pasa por tu cabecita.
—En serio, nada. —Miré el reloj—. Venga, es hora de volver.
—De acuerdo, pero no te vas a escapar tan fácilmente. S é que te ronda algo por la mente y , cuando quieras, me lo contarás.
—Vamos, pitonisa, hay que trabajar —me burlé.
Tenía razón, las cosas con Adrián habían estado raras los últimos días.
Ninguno de los dos había vuelto a comentar nada respecto a lo ocurrido en Fin de A ño , ni él había hecho ningún tipo de insinuación, pero cuando estábamos los tres juntos, su gesto era serio y siempre evitaba quedarse a solas con los dos, e incluso lo había visto poner mala cara ante nuestras muestras de cariño.
Me daba miedo pensar que Pablo notara algo extraño y le reprochara a Adrián su actitud, pudiendo provocar una guerra entre ambos amigos de la que yo sería la principal responsable.
La situación se estaba convirtiendo en una bomba de relojería que sabía que, tarde o temprano, acabaría por explotar.