Capítulo 32
¡Me estaba volviendo loca! Si en ese momento alguien me hubiera visto, habría temido por mi salud mental. Daba vueltas delante de la pantalla del ordenador sin parar. Era demasiado neurótica, lo reconozco, pero no podía evitarlo. ¡Ahhh, estaba escribiendo! ¿Qué hacía? ¿Qué hacía?
« Respira, Ana, no puede verte ».
DARCY: ¡Lizzie! ¡Has vuelto! Pensaba que nunca más volvería a leerte. Si estás aquí es porque has leído mis mensajes; siento mucho lo que pasó la última vez que hablamos. Te he estado esperando cada noche desde entonces.
¿Contestaba ? ¿Lo ignoraba? ¿Cada noche?
No era Pablo, eso era lo único que me quedaba claro en ese momento.
Pablo y yo habíamos pasado juntos todas las noches desde el día de la fiesta de Navidad.
Bueno, casi todas. Tal vez sí había podido conectarse los d ías en que fue a su casa a dormir, pero ahora estaba sin cobertura en el pueblo; me había dicho que no tenía nada de conexión 4G .
Aunque a lo mejor había podido encontrar algo de red, a lo mejor alguien tenía…
« Sí, Ana, y a lo mejor los extraterrestres también existen. Deja de pensar tonterías, ¿no lo ves claro? ¡No es Pablo! ».
DARCY: Creo que la última vez que hablamos me dejé llevar por mi impulsividad y te asusté.
En ningún momento fue mi intención que eso ocurriera.
En ese instante tuve la necesidad de decir lo que sentía y lo hice sin medir mis palabras, y mucho menos sin considerar lo que tú podrías pensar. ¿Estás ahí?
ELIZABETH: Estoy aquí.
Sin saber cómo, mis dedos habían tecleado sin control.
DARCY: Me gustaría aclararte que, cuando hablé de mis sentimientos, en ningún momento me refería a esa palabra de cuatro letras que empieza por a.
Esa palabra es demasiado grande, del mismo modo que tiene un significado desconocido para mí, y jamás me atrevería a menospreciarla ni a usarla a la ligera.
Me refería al sentimiento de cariño y amistad que albergo por ti.
Puede parecerte una locura, pero cada noche he esperado con ansia que volvieras aquí.
Nuestras conversaciones se habían convertido en lo más real de mi rutina diaria.
ELIZABETH: Lo siento, creo que mi reacción fue exagerada. Me pillaste desprevenida y con las defensas bajas.
Mis dedos tenían vida propia y respondí sin ser consciente de ello. Continué escribiendo sin pensar, dejando que mis ideas se expresasen solas y llegasen hasta el teclado.
DARCY: Me alegra leer eso. ¿Entonces volvemos a ser amigos?
ELIZABETH: Sí, eso me parece.
DARCY: Lizzie, como ya te dije en mi mensaje, entiendo tus sombras, ya que yo mismo arrastro unas cuantas de mi pasado.
Aún siento que no lo he superado, sin embargo, creo que no he conocido el verdadero significado de esa palabra por la cual huiste.
Tengo la sensación de que nunca he amado realmente, Lizzie.
ELIZABETH: ¿Hablas en serio? ¿Nunca has estado enamorado?
DARCY: Creo que no. Sé que no. He tenido parejas y he sentido la pasión, el deseo y el cariño.
Al final de todas esas relaciones me di cuenta de que lo único que nos unía era un afecto superfluo y que se terminaba cuando aparecía otra persona, ya fuera en su caso o en el mío.
Y creo que eso no es amor. O eso me gustaría pensar.
ELIZABETH: Tienes razón, eso no es amor.
Al menos, no se parece a lo que yo he experimentado.
He amado a dos personas a lo largo de mi vida y las dos me dejaron; la primera vez, era muy joven e inexperta, y se acabó del mismo modo en que empezó, casi sin darme cuenta, pero sin dolor; la segunda vez…
Tragando el nudo que tenía en la garganta en ese momento, me obligué a continuar. «Ya has llegado hasta aquí, Ana, así que suéltalo».
ELIZABETH: La segunda vez, murió.
Podía sentir, sin verlo, cómo trataba de digerir mi revelación. Estaba acostumbrada a esa reacción cuando salía ese tema en una conversación.
DARCY: Lo lamento, Lizzie. No sé qué decir.
ELIZABETH: Tranquilo, pasó hace mucho tiempo.
Creo que ya lo he superado, pero cuando menos lo espero, algo hace que vuelva a abrirse la herida.
La otra noche, cuando hablaste de los sentimientos de esa manera, me recordaste demasiado a él.
Su forma de mostrarse sin tapujos. Me hizo estremecer, y por eso tuve que escapar.
Mis propios recuerdos son ya demasiado dolorosos como para avivarlos.
DARCY: Lo siento, Lizzie, siento haberte causado dolor, siento que mis palabras despertaran en ti recuerdos que te hacen sufrir. Tengo una proposición, pero, por favor, no salgas huyendo todavía y déjame terminar. ¿Quieres pasar la noche conmigo?
¿Cómo? Se había vuelto loco. ¿Quería que nos viésemos en persona?
DARCY: Me refiero por aquí. Pasa la noche conmigo, sigamos charlando, conociéndonos. Dame esta noche; olvídate de todo lo que hay fuera de esas cuatro paredes.
ELIZABETH: No es tan sencillo, tengo…
DARCY: Shhh, no lo digas, no lo escribas, no lo pienses, por favor. Piensa qué quieres hacer tú ahora mismo, solo eso.
ELIZABETH: Me gustaría decirte que sí, pero…
DARCY: Pero ¿qué?
ELIZABETH: Pero me da miedo, Darcy. Apenas te conozco, no sé nada de ti, y aquí estamos confesando mutuamente que nos hemos echado de menos. Esto no está bien.
DARCY: ¿Por qué no está bien?
«Porque tengo novio. ¡Dilo, Ana, y acaba con esto! Acaba con este jueguecito antes de que te explote entre las manos y sea peor. Sabes que se está convirtiendo en una bomba de relojería».
ELIZABETH: La verdad es que me gustaría darte un motivo para dejarlo aquí ahora mismo, pero no puedo.
El sonido del móvil me asustó; no esperaba un WhatsApp a esas horas. Era de Pablo.
Hola, cariño. Estoy en casa de mi primo y he conseguido robarle un poco de wifi, ja, ja. ¿Te apetece hablar un rato?
Miré la pantalla. La proposición de Darcy seguía ahí.
¿Quieres pasar la noche conmigo?
En mi mano, Pablo, lo que siempre había querido, el hombre que era un sueño hecho realidad. Frente a mí, Darcy, el hombre que podía convertirse en una pesadilla.
Debía de estar loca.
Hola, Pablo, estoy hecha polvo. Mejor hablamos mañana. Un beso.
ELIZABETH: Estoy aquí. Deja que me ponga cómoda y prepare café. Vuelvo en cinco minutos.