Diario de una soltera convencida Capítulo 31
40%

Capítulo 31

Quedaban dos días para que terminara el año y, como diría Mecano, consideré que era un buen momento para hacer balance.

Si lo hubiera hecho un mes atrás, no me equivocaría si hubiera arrojado un resultado parecido a este: trabajo, trabajo y trabajo.

Pero las cosas habían cambiado mucho y, en ese momento, mi balance final era algo así: trabajo, trabajo y…

Pablo. Besos y Pablo; risas y Pablo; paseos y Pablo, y un maravilloso sexo con Pablo.

Mientras tomaba un café y una tostada, leí el periódico en el portátil, aún medio dormida y bastante cansada.

Al final , la noche anterior habíamos estado hasta más de las cinco de la mañana con Adrián y Paola.

Después de aclarar las cosas con Adrián, todo volvió a la normalidad y, entre risas, bailes y copas, los cuatro vivimos una gran noche.

Tengo que reconocer que me reí muchísimo y me lo pasé realmente bien.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de una salida de parejas.

Pablo se había marchado hacía un rato y ya lo echaba de menos. Hasta el último momento insistió en quedarse conmigo a pasar la Nochevieja, metidos bajo el edredón todo el día. Y aunque sonaba maravilloso —de verdad que no sabéis lo maravilloso que sonaba—, fui fuerte y lo dejé salir de mi cama.

Era feliz, pero…

Ya sé lo que estáis pensando: siempre tiene que haber un pero con esta mujer, ¿no? ¿Es que no puede estar contenta con lo que tiene?

Estaba feliz; muy feliz, de hecho, no me malinterpretéis.

En mi vida había un hombre maravilloso, encantador, tremendamente guapo, sexy , simpático y divertido, vamos, un bombón, y ese bombón estaba loco por mí.

Además, las cosas en el trabajo no podían ir mejor, y con un poco de suerte, en unos meses sería socia.

Debería estar viendo el mundo de color de rosa, pero lo cierto era que tenía una sensación extraña que no podía apartar de mí.

Me refiero a esa sensación interna que te alerta de que algo no está bien del todo, como si una nube negra se cerniera sobre tu cabeza, oculta, esperando el momento más adecuado para soltar el chaparrón.

Como la sombra de que algo estaba sobrevolando mi mundo y no me iba a permitir disfrutar al cien por cien el fantástico momento que estaba viviendo.

Tras más de dos horas de ejercicio, subiendo y bajando de la escalera y limpiando todo hasta dejarlo como los chorros del oro, me senté a tomar una Coca-Cola fresquita.

Cogí el portátil para revisar el correo y echar un vistazo a mi Instagram.

Hacía casi tres semanas de mi espantada nocturna de Darcy, y desde entonces no había vuelto a entrar en ese perfil.

En honor a la verdad, no había tenido ni tiempo ni la necesidad de hacerlo.

¿Para qué si tenía al Darcy de carne y hueso entre mis sábanas?

El icono de los mensajes privados estaba resaltado, por lo que entré para leerlos. Cuatro mensajes de Darcy. «¿ A qué viene esta insistencia de Pablo en seguir con el juego?». Aun así, abrí el primero de ellos; era de la última noche en que habíamos hablado.

DARCY: Lizzie, si algo de lo que te he podido decir en nuestra conversación de esta noche te ha molestado, te ruego que me perdones.

No era mi intención tomar a la ligera algo tan importante como los sentimientos.

Siento haber sido tan impetuoso; tal vez ese sea uno de mis mayores defectos, tiendo a decir lo primero que pasa por mi mente antes de pensar y las consecuencias pueden ser nefastas, como en este caso.

Por favor, no desaparezcas y déjame explicarte mis palabras.

El siguiente mensaje era del lunes por la noche.

DARCY: Lizzie, siento mucho lo que pasó ayer. Por favor, permíteme darte una explicación, no me gustaría que esto que tenemos acabara de esta manera.

«¿Esto que tenemos?» . Inevitablemente se me ilumin ó el rostro y no sabía por qué. No sabía si por el hecho de que Pablo tampoco tuviera claro cómo definir lo que habíamos iniciado hacía una semana o porque tuviera miedo de perderlo, significara lo que significara.

Había otros dos mensajes, uno del miércoles por la noche y otro del viernes, justo antes de la fiesta de mi empresa, momento en el que por fin habíamos dado el paso. El del miércoles era corto pero directo.

DARCY: Necesito hablar contigo, Lizzie.

Sin embargo, fue sin duda el del viernes el que me dejó literalmente sin palabras.

DARCY: Elizabeth, siento haberlo estropeado.

Tal vez te parezca una locura, pero este tiempo contigo ha sido lo más real que me ha sucedido en mucho tiempo.

Por supuesto, en ningún caso he querido tomarme a la ligera tus sentimientos, y si dije lo que dije en ese momento fue porque en verdad lo sentía.

Cuando hablo contigo, tengo la sensación de que te conozco y que por fin he encontrado lo que llevo tanto tiempo buscando.

Lizzie, desconozco cuáles son tus sombras, pero yo también arrastro las mías propias y te puedo asegurar que son más pesadas de lo que me gustaría reconocer.

Mi única intención al escribirte era tratar de convertir esas sombras en luces, ya que pienso que entre dos quizá sea más sencillo.

Te pediré disculpas una y mil veces si es necesario, pero no voy a darme por vencido, no cuando estoy seguro de que esto, llámalo como quieras, puede valer la pena, y cuando sé que lo que me espera al final es lo más valioso que puedo obtener: tú.

Te propongo algo: cada noche, a las doce, estaré aquí conectado, esperándote.

Espero que algún día puedas perdonarme y volver a empezar.

Después de leer por tercera vez el mensaje, tuve que secar las lágrimas que emborronaban mi visión.

Había que reconocer que sabía cómo expresarse, me había encantado esta frase: «Cuando sé que lo que me espera al final es lo más valioso que puedo obtener: tú».

No os miento si os digo que era lo más bonito que me habían dicho nunca.

Pero de todo aquello me surgía una duda: ¿se habría conectado de verdad todas las noches?

¿Por qué insistía tanto en seguir con el juego de la doble identidad?

Desde el principio había dado por hecho que Darcy era Pablo, pero ¿y si no fuera él?

Darcy había aparecido misteriosamente unos días después de que Pablo comenzara a seguirme en Instagram, y di por supuesto que tenía que ser él, ya que había visto los libros en mi oficina, pero por esa regla de tres también podría ser Adrián, ¿no?

Ese pensamiento me arranc ó una carcajada.

Ridículo, ya lo sé, pero él también estaba en el restaurante cuando Pablo me agreg ó , y también vio los libros.

Eso sí, no veía a Adrián metiéndose en Instagram, creando un perfil falso, y menos después de lo que nos había costado convencerlo para crear el suyo propio.

Además, Adrián no era de esos; si hubiera querido algo y yo le hubiera interesado lo más mínimo, no se habría escondido tras una red social, sino que lo habría demostrado en persona.

Si de algo se le podía acusar a Adrián, era de ser directo.

¿Entonces quién podía ser? Tal vez se tratase de alguien con ganas de reírse de mí… ¿Y si era un psicópata?

Pablo me llamó un par de horas después para decirme que había llegado bien al pueblo y que ya me echaba de menos, ¡era tan mono! Me dijo que tenía poca cobertura, así que aprovecharía cuando fuera a casa de sus primos para llamarme, ya que allí disponían de teléfono fijo y podríamos hablar mejor.

¡Eso era! Ya sabía cómo iba a verificar que Pablo era Darcy: si esa noche a las doce no estaba conectado, tenía que ser él.

¿Y si estaba conectado? Bueno, pues eso lo pensaría cuando dieran las doce.

Después de pasar todo el día pensando y tratando de encajar las piezas del misterio, decidí darme una ducha. Tal vez le estaba dando demasiada importancia a algo que no la tenía.

Las doce en punto de la noche; había llegado el momento de la verdad.

Abr í el perfil de Elizabeth y fui a los mensajes privados.

Mi único seguidor, Darcy, no aparecía como conectado.

Lo sabía, sabía que era Pablo, ¿cómo había podido dudarlo?

Claro que era él, y su último mensaje había llegado el día anterior a nuestra gran noche .

Por eso me dijo esas cosas; no estaba seguro de que fuera a pasar nada entre nosotros.

Una sonrisa iluminó mi cara, y solté el aire que, no me había dado cuenta, había estado reteniendo hasta ese momento.

Las doce y cinco minutos. Confirmado: Pablo era Darcy. ¿Por qué resultaba tan importante para mí que fuera Pablo? La verdad, no lo sabía. Pensaba que, si Darcy no era Pablo, sentiría que, de alguna forma, lo estaba engañando, y eso no me gustaba.

Estaba escribiendo mi respuesta a su último mensaje, realmente emocionada y alegre, cuando apareció el icono verde junto a su nombre: estaba CONECTADO .

Si se había conectado, solo podía significar una cosa… ¡Mierda, n o era Pablo!