Diario de una soltera convencida Capítulo 12
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Capítulo 12

La rueda de prensa de Adrián iba a tener lugar esa misma mañana, y no podía evitar sentirme nerviosa e inquieta, ya que sabía que, en gran parte, todo lo que viniera después dependería de ese momento.

Me daba miedo pensar cómo iba a actuar Adrián; no estaba convencida de si se comportaría ni si haría todo lo que Pablo me habría prometido.

Al pensar en Pablo sentí cómo el calor teñía, una vez más, mis mejillas.

Y no, no era por culpa de la fiebre, como había querido achacar las primeras diez veces que había sentido ese calor.

No había vuelto a pensar en él y en su beso desde hacía…

cinco minutos. Esa era otra de las cosas que no podía sacarme de la cabeza, y sabía que debía hacerlo.

Pablo estaba prohibido, y sus labios eran un territorio hostil y vetado para mí.

Ricardo, Paola y yo nos reunimos para ver la rueda de prensa.

Habían puesto un par de carteles publicitando la cuenta de Instagram que habíamos abierto.

Esa misma mañana había revisado su perfil y ya tenía más de veinte mil seguidores.

Era buena señal, la cuenta estaba despertando el interés de la gente, y eso, tal y como estaban las cosas, eran buenas noticias.

Pasados apenas cinco minutos de las doce de la mañana, Adrián entró en la sala acompañado de Pablo, que se sentó en primera fila, manteniéndose en un discreto segundo plano.

Adrián saludó a todos los periodistas y empezó a leer el comunicado.

Fue narrando cómo había sucedido el accidente, por qué no había dicho nada al pensar que esa noticia no trascendería, y recalcó que la lesión no había sido causada por el choque, sino resultado de un lance del entrenamiento.

Explicó detalladamente cómo se encontraba su rodilla los días previos y, mediante el informe médico y las radiografías que entregó a todos los presentes, gracias al informe de resonancia posterior demostró que fue un movimiento brusco en el entrenamiento lo que acabó por fracturar el menisco interno.

Enfatizó que, si se cumplían todos los plazos previstos, en menos de dos meses estaría al cien por cien para ayudar al equipo en la recta final de la temporada.

Para terminar, entonó el mea culpa por ocultar el accidente, dejó claro que había aprendido la lección y pidió perdón a todos los que estaban trabajando por su futuro, especialmente a su representante.

—Por último, me gustaría pedir perdón a otra persona —dijo mirando directamente a la cámara, ya sin recurrir al papel—.

Me he comportado contigo como un verdadero imbécil.

Siento mi forma de actuar de los últimos días; a partir de ahora será diferente.

Y, sobre todo, gracias por lo que estás haciendo por mí, por las horas de trabajo y por todo.

Cuando empezó el turno de preguntas, mi cabeza volaba lejos. ¿De verdad me había pedido perdón ante todos?

—Bueno, jefa, creo que no hay que ser un lince para saber a quién se refería, ¿no? —Paola se volvió hacia mí. Yo seguía dando vueltas a las mismas cuestiones en mi mente.

Mi móvil sonó y lo cogí; era un mensaje de Pablo.

Te dije que podías confiar en mí. Todo será más fácil a partir de ahora. Te vemos esta tarde. Un beso.

Sonreí y bloqueé el móvil.

—Ana, ¿me estás escuchando? —insistió mi amiga.

—Perdona. Era Pablo.

—Lo imaginaba. Solo un hombre puede hacer que se te ponga esa cara de boba y que pases de mí. —Me miró con esa media sonrisa suya tan reveladora.

—Paola, no empecemos —la regañé.

—Como quieras. De todas formas, estaba hablándote de la rueda de prensa: no hay que ser muy lista para saber a quién se refería Adrián al pedir perdón y dar las gracias.

—No creo que se refiriera a mí personalmente, sino a todos por el trabajo realizado —dije tratando de desviar el tema—.

Lo que ahora importa es solucionar este embrollo y dejar zanjados los nuevos convenios y, si puede ser, el contrato con Adidas, así que me voy a mi despacho a seguir con lo mío, ¿de acuerdo?

Paola, ¿tienes preparado lo que te pedí?

—Sí, lo tengo todo.

—Tráelo y lo vemos. Por favor, un par de cafés también.

—A la orden, Ana. Dos cafés y un par de informes marchando.

Como siempre, Paola sabía sacarme una sonrisa. De camino a mi oficina, no podía dejar de pensar en Adrián. La verdad era que estaba casi segura de que esas palabras eran para mí y, por alguna razón que no alcanzaba a entender, me había gustado escucharlas.

Aún quedaba un rato hasta que Adrián y Pablo vinieran para la reunión, así que me tumbé con el portátil en el sofá que tenía en el despacho para leer las reacciones que había provocado la rueda de prensa de Adrián.

Una ola de satisfacción me inundó al ver que casi todas eran muy favorables: consideraban que había actuado de forma madura y responsable ante la situación.

Aunque con algunas reticencias, la mayoría creía que ese comunicado marcaría una pauta importante a la hora de encaminar las negociaciones futuras.

Feliz porque parecía que las cosas estaban yendo a mejor, comprobé que el perfil de Instagram de Adrián había triplicado la cifra anterior de seguidores y los comentarios en las publicaciones que había compartido no paraban de aumentar.

Estuve cotilleando perfiles de mis amigas para ver si habían puesto alguna foto del fin de semana, pero aún no había nada.

Estaba contestando un mensaje privado de Gema cuando me llegó una notificación de un nuevo seguidor.

Lo primero que me llamó la atención fue el nombre, Fitzwilliam Darcy, ¿no había otro?

Tenía su gracia, pero no le di mayor importancia y lo dejé estar.

No tenía ni tiempo ni ganas de jueguecitos.

Poco antes de la hora de la reunión, Paola me avisó.

Tenía que recomponer mi aspecto. Las horas que llevaba en la oficina me habían dejado peor de lo que estaba al levantarme; ya casi no tenía voz y sentía como si todo mi cuerpo pesara el doble de lo habitual.

Tener que enfrentarme de nuevo a Pablo después de nuestra despedida del sábado por la noche me costaba mucho trabajo.

No podía sacar de mi cabeza el sabor de sus labios.

«¡Otra vez con lo mismo, Ana!». Un último vistazo en el espejo y salí hacia la sala de juntas.

Adrián estaba sentado con las muletas a un lado, mientras que Pablo miraba a través de la ventana.

—Buenas tardes a los dos —dije sin apenas voz por culpa del catarro y las horas en la oficina.

—¡Vaya vocecita! —Adrián fue el primero en responder a mi saludo—. Buenas tardes, Ana. ¿Te has resfriado?

—Sí, un poquito. —Sonreí un tanto incómoda. Me había pillado por sorpresa su efusividad al levantarse cuando pasé junto a él y darme dos besos.

—Hola, Ana. —Pablo también se acercó.

No sé si fueron imaginaciones mías, pero sentí que su brazo me atraía más hacia él y pude distinguir su olor. El aroma de Pablo me llevó sin remedio al sábado por la noche. El calor hizo que me pusiera colorada y tuve que darme la vuelta para que no lo notaran.

—¿No deberías estar en la cama?

«Perdón, ¿en la cama? ¡Sí, contigo! Dios, pero ¿qué estoy pensando? Debo de tener fiebre».

—Lo siento, Ana. —Gracias a Dios, Adrián rompió el curso de mis pensamientos—. Estás así por mi culpa, lamento mucho lo que pasó el sábado. Pablo me dijo que te encontró perdida por los alrededores de mi casa; debiste de coger frío.

Pablo se lo había contado. ¿Le contaría todo? ¿Le habría dicho lo que me había confesado? ¿También lo del beso?

—Tranquilo, no te preocupes. Tengo tendencia a resfriarme y ya estaba tardando en hacerlo este año.

—Bueno, también quería pedirte disculpas por mi forma de actuar del sábado y de la semana pasada, aunque lo he hecho en la rueda de prensa.

—Mi corazón se aceleró. Esa era la confirmación, sí se había referido a mí—.

Quería hacerlo en persona. Me he comportado como un niñato malcriado, yo no soy así, te lo prometo.

Ana, espero que sepas disculparme. He aprendido de mis errores y, a partir de ahora, voy a hacer solo lo que vosotros digáis, porque está claro que sabéis más que yo, y a las pruebas me remito.

La rueda de prensa ha sido todo un éxito, y la idea del perfil de Instagram ha sido brillante. Ya hay más de cien mil followers .

—Lo he visto. —Me agradó advertir que una sonrisa iluminaba su rostro, la primera sincera que veía desde que lo conocía.

Estaba muy guapo cuando sonreía—. He estado leyendo las noticias en internet y todo el mundo ha quedado muy satisfecho con la rueda de prensa.

Lo de Instagram también es una maravillosa noticia, y yo tengo asimismo novedades: he encontrado un par de anunciantes que estarían muy interesados en poder contar contigo.

—Perfecto. Gracias otra vez. No sé cómo voy a agradecerte todo esto.

Por primera vez en su mirada pude ver que lo decía de corazón. Quizá Pablo tuviera razón después de todo y Adrián no fuera tan mal tipo en el fondo.

Con anterioridad, Pablo había sido quien había llevado el peso de las conversaciones y Adrián apenas si había intervenido, sin embargo, ese día parecía que las tornas se habían cambiado.

Durante las más de dos horas que estuvimos reunidos, Pablo participó en contadas ocasiones en el diálogo, cediendo todo el protagonismo a Adrián, que lo asumió sin inmutarse.

Eso me dio la oportunidad de conocer a un Adrián completamente diferente.

Descubrí a alguien muy interesante, inteligente, buen conversador y divertido.

Me reí mucho con sus bromas y sus ocurrencias, hasta que un ataque de tos acabó con el ambiente que se había creado.

—Creo que es hora de que te vayas a casa —apuntó Pablo—. Ya has hecho bastantes esfuerzos por nosotros en estos días.

—Estoy bien, solo es un poco de tos —rebatí sin éxito, ya que un segundo ataque de tos me volvió a callar.

—Ana, te acompaño a casa ahora mismo y no te voy a dar opción a réplica —dijo Pablo levantándose—. Adrián, ¿necesitas que te lleve?

—No te preocupes, yo me voy en taxi; he quedado. Llévala a ella a casa, por favor.

—Clarisa, imagino. —No me pasó inadvertido el tono de Pablo, no obstante, no dije nada.

No tuve más remedio que aceptar el ofrecimiento de Pablo de llevarme a casa y los tres salimos de la oficina.

Adrián tomó un taxi, y Pablo y yo nos quedamos solos en la calle.

El silencio era muy incómodo, no sabía qué decirle ni cómo actuar.

Un estornudo nos sacó del momento embarazoso.

Sonrió y me rozó con un gesto cariñoso la mejilla.

—Venga, vamos a tu casa. Al final vas a ponerte aún peor y no quiero ser el responsable.

5 Serie estadounidense de televisión, dramática y de terror, sobre un mundo poblado por zombis salvajes.