Capítulo 7
El japonés justo a la vuelta de la esquina fue nuestra elección.
Discreto y con varias zonas reservadas era ideal para evitar que nadie que pudiera reconocer a Adrián nos molestase.
Estaba muy tranquilo; era tarde y había pasado todo el bullicio de la hora de la comida.
Un combinado de makis y nigiris para tres junto a una rica sopa de miso calentita para acompañarlo fue nuestra comanda.
Estábamos a finales de noviembre y ya comenzaba a notarse el ambiente otoñal en Madrid.
Me quedé atontada mirando cómo Pablo tomaba el trozo de sushi y con delicadeza lo introducía en su boca. «Q ui é n fuera maki para poder estar ahí entre sus labios » . Me estaba volviendo loca. Giré la cabeza y seguí comiendo.
—Entonces, adelante con las redes sociales, ¿no? —señaló Pablo mientras Adrián asentía con cara de pocos amigos—. Seguro que al final te gusta y acabas enganchado —bromeó.
—Claro, como tú, ¿no? Que, entre los vídeos esos de TikTok y las chorradas esas de las historias de Instagram, te pasas la vida delante de una pantalla en lugar de salir a conocer a alguna mujer que te anime un poco.
—Yo no me he metido en tu vida privada ni con quién entras ni sales. Además, ¿tú qué sabes lo que yo hago? —Sonrió con picardía, haciendo que me olvidara hasta de respirar.
Yo seguí comiendo, sin meter baza en la conversación; me resultaba extraño ver cómo dos personas tan diferentes se llevaban tan bien.
«Nota mental: buscar a Pablo y bichear».
—Y tú, ¿Ana? —indagó Pablo. Yo seguía en mi mundo interior, reflexionando sobre la relación entre Adrián y Pablo—.
Tierra llamando a Ana —trató de hacerme reaccionar—.
No hay forma de sacarte de tus pensamientos cuando te pones seria, ¿eh?
—bromeó—. Te preguntaba si eres una habitual o no de las redes sociales.
—Ah, sí, sí tengo, por supuesto. Uso mucho Instagram, sobre todo los mensajes privados con mis amigas.
—Perfecto, pues voy a seguirte ahora mismo. —Sacó su iPhone y empezó a escribir—. ¿Cómo apareces?
—Ana Serrano Marín.
—¿Eres consciente de que te voy a tener controlada a partir de ahora?
—No serás tú solo el que pueda controlar, ¿no?
—¡ Touché ! —dijo sonriendo de nuevo. Me volvía loca esa sonrisa.
«¡Ahí vamos de nuevo con el coqueteo!».
Un leve carraspeo de Adrián, que no había participado en ningún momento en la conversación, fue como una señal para dejarla en ese punto, ya que estaba tomando unos derroteros que no podía permitirme. Decidí cambiar de tema.
—¿Qué os parece quedar la semana que viene? Espero tener para ese momento un listado de posibles marcas con las que probar suerte, así como los datos para hacerle llegar a Adidas cuanto antes y que los estudien.
—Perfecto. La operación de Adrián es mañana viernes, así que el fin de semana, como no podrá moverse demasiado, nos dedicaremos a crear el perfil en Instagram y le explicaré cómo desenvolverse. El lunes tengo una reunión con el Madrid por el asunto del fichaje.
—¿Cómo va ese tema?
—Si hiciera caso a lo que se oye, muy negro, pero aún no he hablado con nadie del club, así que hasta el lunes no sabremos realmente en qué situación nos encontramos.
Pero soy optimista: que la lesión no sea tan grave como se pensaba es bueno, y como sé que vamos a obtener ese contrato con Adidas, todo se va a solucionar y voy a conseguirle al pesado este —dijo señalando a Adrián— el contrato de su vida.
—Eso espero —puntualizó Adrián.
Sonreí, pero no pude evitar poner los ojos en blanco. Adrián me sacaba de quicio.
No tenía ganas de volver a la oficina, pero debía salir de allí y alejarme de los efectos negativos que Pablo estaba causando en mi determinación de soltera convencida.
—Lo siento, tengo que volver. Aún debo terminar muchas cosas y no quiero quedarme hasta muy tarde; mañana solo voy a estar un rato, hasta el mediodía. Me voy de fin de semana fuera de Madrid y tengo mucho trabajo por delante.
—¿Escapada de finde con alguien especial? —preguntó, curioso, Pablo.
—No, no —respondí nerviosa—, escapada de chicas, para desconectar y cambiar de aires.
—Me detuve frente al edificio de la oficina—.
Yo me quedo aquí. Mi móvil estará operativo todo el fin de semana, así que, si necesitáis algo más, no dudéis en llamarme, ¿de acuerdo?
Y mañana informadme de cómo ha salido todo.
—No querríamos interrumpir.
—Tranquilo, voy a un spa , así que no voy a hacer nada del otro mundo. Puedes interrumpir cuando quieras.
«¡Ana, para!», me ordené. Se acercó, me dio dos besos y se marchó. Estaba a punto de entrar por la puerta cuando Pablo me llamó.
—Por cierto, estaré observándote. —Guiñó un ojo y se metió en el coche. Bajó la ventanilla—. Cuidado con lo que publicas.
—Tranquilo, contenido apto para todos los públicos.
—Me parece bien —dijo mientras arrancaba—. Aunque no me importaría nada ver algo de contenido no apto. —Sonrió y se fue, dejándome con la boca abierta hasta el suelo y más colorada que los tomates maduros.
Cuando llegué a casa, os podéis imaginar lo primero que hice, ¿verdad? Por supuesto: ¡aceptar la solicitud de amistad de Pablo!
Lo reconozco, fui débil. Mi ideario como soltera convencida estaba tambaleándose en solo dos días, pero es que delante de Pablo me ponía más que nerviosa, histérica. No era capaz de reaccionar ni de pensar con coherencia.
Como no podía ser de otra manera, me puse a cotillear su perfil.
Fue una labor de investigación al más puro estilo detectivesco, vamos, que ni Sherlock Holmes en su mejor época.
El paseo por las fotos resultó bastante rápido, ya que apenas había cinco publicaciones; una en la que salía Homer Simpson jugando al fútbol, había un par de fotos de sus peces, una de su iguana, otra de Karolina Kurkova (lo había etiquetado un amigo y esa la pasé rápidamente, no sin antes comprobar que Pablo no había hecho ningún comentario: minipunto para él) y, por fin, una en la que salía con Adrián jugando al fútbol.
Lo siguiente que pasé a husmear fue su lista de contactos; quería saber cuántos tenía y, para qué vamos a mentir, quería saber cuántas mujeres tenía agregadas y cuántas estaban de buen ver.
A la vigesimoquinta, cerré el listado de amigos, porque me estaba poniendo verde de la envidia.
¿Pero de dónde salía tanta modelo espectacular?
Tengo que hacer algo para sacarme de la cabeza a Pablo, esto no es bueno para mí.
S é que ni él ni n ingún hombre son buenos para mí.
Ya he vivido esto en otras ocasiones. Parece maravilloso, un príncipe azul sin defectos, y justo cuando decido dejar mi coraza a un lado, aparece el sapo en el que se convierte sin remedio.
Se acabaron estos pensamientos, soy soltera convencida (que no solterona) y como tal, tengo que ser fuerte.
Ahí está el punto clave de mi ideario: soy soltera por convencimiento propio.
No necesito un hombre a mi lado para ser feliz ni para sentirme plenamente realizada, lo que significa que mi soltería no viene dada por mi escasez de hombres ni de propuestas (véase el caso de mis tías las solteronas, que no han conocido varón, y teniendo en cuenta el mostacho que se gastan, no es de extrañar).
Mañana me voy de escapada de amigas todo el fin de semana, una oportunidad única de sacar de mi cabeza y olvidar de una vez y para siempre a Pablo y todas esas tonterías que se han colado en mi imaginación.
Seguiremos informando.