Diario de una soltera convencida Capítulo 6
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Capítulo 6

Traté de no darle importancia a las palabras de Paola, pero como soy un poco obsesiva, al final entré en el pequeño aseo de mi despacho a echar un vistazo.

Estaba delante del espejo y he de confesar que tardé en reconocerme.

No vayáis a pensar que por obra y gracia del Espíritu Santo me había reencarnado en Heidi Klum, pero la verdad era que no estaba nada mal.

Satisfecha con mi aspecto y con la moral por las nubes, terminé de revisar los informes que Paola me había dejado esa mañana y me reuní con Ricardo.

Al contrario que mi ánimo, el de Ricardo no estaba para muchas fiestas.

«Concentración cien por cien, Ana», me había dicho al salir de su despacho.

No podía perder un negocio tan jugoso para la empresa.

Mi misión estaba clara: tenía que conseguir que Adrián firmara ese contrato con Adidas, o con cualquier otra marca deportiva lo suficientemente fuerte para que eso no supusiera ningún obstáculo en su fichaje por el Madrid.

Esa negociación iba a ser mi gran prueba de fuego.

Podía suponer un ascenso fulgurante y la oportunidad de llegar a lo más alto, o el fin de mi carrera.

Esperaba que fuera lo primero, porque aún tenía muchos préstamos que pagar, además de un viaje pendiente ese año a… ¡la semana de la moda de Nueva York!

El tiempo pasó volando; revisé mil veces todos los términos del acuerdo previo al que habíamos llegado, todas las notas de las reuniones anteriores con ambas partes.

Mi investigación finalizó buscando y leyendo todo lo que encontré por internet sobre Adrián.

Sin duda, se trataba del jugador de moda en el panorama futbolístico español: sus números eran impresionantes, y el fichaje por el Madrid no era más que una demostración de lo lejos que podía llegar.

Había tardado en despuntar, pero su futuro era muy prometedor.

—¿Qué es eso? —preguntó Paola con su faceta fisgona activada.

—Paola, ¿alguna vez te he dicho que tienes que llamar antes de entrar? —la regañé quitándome las gafas, que desde hacía unos meses se habían convertido en un complemento imprescindible en mi día a día frente al ordenador—. ¿Ya es la hora?

—¿Qué me estás ocultando, Ana? —Sonrió al verme cambiar de pantalla rápidamente.

—Leía en internet unos artículos sobre Adrián. Si voy a tener que luchar por ese contrato, quiero hacerlo con todas las armas a mi alcance, y ya sabes que me gusta conocer todo lo relacionado con mis clientes.

—A mí no me importaría saber algunas cosas sobre él.

—¡Paola! —volví a increparla con una media sonrisa. Era incorregible—. No empieces con el tema de nuevo. Mi único interés por Adrián es meramente profesional, ¿entendido? Ni un comentario más al respecto.

—Vale, vale, Ana, pero es una pena que no te intereses por otras cuestiones. Creo que sería una buena forma de olvidar y de…

—¡Paola! —censuré, esta vez en serio.

—Lo siento, me he pasado, perdona. Solo venía a decirte que ha llamado Pablo para informar que se iban a retrasar un poco. Estaban aún esperando los últimos resultados de las pruebas.

—Perfecto, avísame en cuanto lleguen, por favor.

—De acuerdo. —Sabía que había metido la pata y me miró con arrepentimiento antes de salir—. Ana, no te enfades conmigo, lo siento de verdad.

Me quedé mirando la calle. A pesar de que la mañana se había despertado despejada, gruesas gotas de lluvia comenzaban a caer sobre la ciudad.

Desde una altura como la que estábamos, se divisaba todo Madrid.

El invierno estaba a punto de llegar, y cada día el frío era más intenso y las lluvias de vez en cuando hacían una leve aparición.

Las palabras de Paola retumbaban en mi mente.

Olvidar, ojalá fuera tan fácil hacerlo. Ojalá tuviera una varita mágica que pudiera borrar el pasado, pero estaba ahí, y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.

Aparté de mis pensamientos los negros nubarrones y seguí con mi búsqueda virtual.

Concentrarme en el trabajo era el bálsamo más eficaz a la hora de taponar viejas heridas que no podía permitirme el lujo de que volvieran a abrirse, y mucho menos en esos momentos.

Ya tendría tiempo de lamerlas en la soledad de mi ático.

Había pasado más de una hora cuando Paola me avisó que Pablo y Adrián habían llegado y me esperaban en la sala de reuniones. Preparada para el primer round , cogí el portátil y salí hacia allá.

Cuando pasé por delante de Paola, me guiñó un ojo y sonrió con picardía.

Desde la cristalera de la sala de reuniones pude ver a Ricardo hablando con Pablo.

Adrián estaba sentado a la mesa; llevaba en la pierna un vendaje más aparatoso que la noche anterior y aún utilizaba muletas.

Entré en la sala y fui consciente de cómo tres pares de ojos se quedaban fijos en mí.

No pude evitar que me subiera una ráfaga de calor hasta las mejillas.

Ricardo fue el primero en romper el incómodo silencio que se había impuesto.

—Ana, pasa, por favor. Estaba contándoles a Pablo y Adrián que a partir de ahora serás solo tú la encargada de llevar la negociación.

Todo está en tus manos y tienes libertad de movimientos para hacer lo que consideres oportuno.

Estoy seguro de que llegaremos a una solución ventajosa para ambas partes, no espero menos de ti.

—Muchas gracias por la confianza, Ricardo —dije, sabiendo a lo que me enfrentaba, aunque… ¿de verdad lo sabía?

—Bueno, os dejo hablar tranquilos. Pablo, Adrián —estrechó la mano de ambos para despedirse—, os dejo en las mejores manos. Si necesitáis cualquier cosa, sabéis dónde podéis encontrarme.

Ricardo salió de la sala de reuniones y nos quedamos solos. No podía evitar sentirme cohibida. Pablo se acercó y me dio dos besos a modo de saludo. Ese olor otra vez… ¿Por qué olía tan bien?

—Hola, Ana. Sentimos el retraso, pero ya sabes cómo funcionan los hospitales: sabes cuándo entras, pero no cuándo sales.

—No te preocupes, lo entiendo. —Me acerqué a Adrián, que aún no había abierto la boca en el rato que llevábamos allí, para saludarlo—, ¿cómo estás, Adrián? ¿Qué han dicho los médicos? ¿Buenas noticias?

—Según se mire.

Lo había expresado en un tono neutro que no supe cómo interpretar. Adrián me descolocaba por completo, no sabía cómo actuar con él ni cómo entablar una conversación normal. No sabía si era borde por naturaleza o si simplemente tenía algo contra mí.

—Rotura de menisco interno. Entre cuatro y seis semanas, pero si tenemos en cuenta que voy a perderme el tramo más importante de la temporada, no sé decirte si son buenas noticias o no.

Además, esa rodilla ya estaba algo maltrecha, así que no sé qué puedo esperar —continuó con el mismo tono carente de emoción.

«¡No lo soporto!».

—No le hagas caso —interrumpió Pablo, consciente del tenso ambiente que se respiraba—.

Son excelentes noticias, pero mi amigo Adrián no puede alegrarse por las cosas buenas que le pasan.

Es un defecto de fábrica, pero nos lo vendieron así y no podemos poner ahora una hoja de reclamaciones.

—Sonrió y me guiñó un ojo. «Ana, ¡regresa!

Nada de hombres, primera premisa de tu ideario»—.

Está enfadado porque ha visto una encuesta y no le han gustado los resultados.

—¿Encuesta? —pregunté, tratando de ignorar a Adrián.

—Una encuesta del As en la que preguntaban si el Madrid debería ficharlo ya o esperar a comprobar cómo se recupera de la lesión. Casi el setenta por ciento pensaba que era mejor esperar antes de ficharlo.

—Entiendo, pero ese tipo de encuestas no son fiables; la mayoría de las personas que contestan no lo hacen pensando realmente lo que dicen, o lo hacen por fastidiar o por pasar el rato.

Adrián, no le des más importancia de la que merece.

¿Entonces tienes que pasar por el quirófano?

—Intenté aparentar normalidad ante la mirada de Pablo.

—Sí, mañana lo operan y dentro de nada estará dando guerra otra vez. Tenemos que conseguirle a este personaje ese contrato para que después tú y yo podamos ir a celebrarlo.

Me miró sonriendo mientras se sentaba, y yo hice lo mismo al sentir cómo mis piernas flaqueaban.

—De acuerdo, vamos a ello —fue lo único coherente que mi mente consiguió articular mientras tomaba asiento—.

Creo que la táctica con Adidas debería consistir en vender a Adrián como un buen producto y, sobre todo, rentable.

Es un deportista de élite con unos orígenes humildes que está triunfando; sin duda esos son los valores que tenemos que remarcar y hacerles ver.

—Vaya, muchas gracias, así que soy un buen producto. —Algo parecido a una sonrisa se dibujó en su rostro.

No sabía muy bien si esa sonrisa era de aprobación o porque no le había gustado mi comentario, así que, ante la imposibilidad de dar una respuesta, me limité a devolvérsela.

—¿Y cómo lo hacemos? —cuestionó Pablo.

—Fácil: vamos a empezar por un estudio de mercado. Determinaremos el público potencial al que van dirigidos sus productos y en qué lugar encaja Adrián en todo ese entramado. Del tema económico me encargo yo, pero hay que vender bien el producto.

—¿Y el producto soy yo? —apuntó Adrián con sarcasmo.

Estaba tratando de mantener la calma y de hacer oídos sordos a sus continuas pullas, pero no era fácil realizar mi trabajo cuando la persona a la que iban dirigidos mis esfuerzos no ponía nada de su parte y lo único que hacía era sacar pegas a todo y poner malas caras.

—Vamos a conseguir que estés hasta en la sopa. Desde aquí llevamos las campañas publicitarias de muchas marcas, así que, aprovechando que llega la Navidad, vamos a buscarte un par de contratos interesantes. Eso va a hacer que tu cara esté en todos lados.

—¿Qué tipo de publicidad? —saltó, totalmente a la defensiva.

—Será buena. Confía en mí.

—Confiamos en ti —añadió Pablo mirándome a los ojos. Esa mirada hizo que el mundo se tambaleara a mi alrededor.

—Lo siguiente: tenemos que hacerte llegar a la gente, volverte accesible a ellos. ¿Qué tal te llevas con las redes sociales?

—Estás bromeando, ¿verdad? —Adrián me miró con incredulidad.

—Tranquilo, que no hace falta que te hagas tiktoker 2 y hagas todos los challenges 3 , pero las redes sociales son la publicidad del futuro, nada es tan eficiente, rápido y accesible hoy en día.

No hay futbolista que se precie, en activo o retirado, que no tenga una cuenta en Twitter o Instagram.

Desde Cristiano Ronaldo hasta Messi, pasando por Raúl o Iker Casillas suman millones de followers 4 .

Necesitamos que te siga cuanta más gente, mejor; muchos fans suponen publicidad gratuita.

—No pienso retransmitir mi vida en directo como si fuera un programa del corazón.

—No se trata de retransmitir en directo tu vida, Adrián.

No te estoy pidiendo eso —no pude dejar de responder a la defensiva—, sino que te dejes ver, que publiques de vez en cuando, subas noticias de cómo va la recuperación, fotos promocionales de las campañas que hagamos, ese tipo de cosas.

No estoy hablando de hacer prensa rosa, sino que les regales a tus seguidores un poquito más de ti —dije, tratando de defender un argumento que, a mi parecer, era más que razonable, aunque en la cabeza de un niñato engreído sonase a otra cosa—.

Ellos son los que al final van a pagar cada domingo por ir a verte al campo y los que van a estar dispuestos a dejarse sus euros para comprar tus nuevas zapatillas o la camiseta que utilices, y eso implica más ventas para Adidas, que, al fin y al cabo, es lo que la compañía quiere.

A la gente le gusta estar al tanto de las personas que siguen, y hoy en día, la redes nos ofrece esa opción de forma sencilla, solo necesitas un móvil.

Ya eran más de las cuatro de la tarde cuando decidimos hacer una pausa para comer.

Llevaba metida en la oficina desde las nueve de la mañana, tenía la cabeza a punto de estallar y el estómago rugiendo por inanición.

Cuando Pablo propuso salir a tomar algo a alguno de los restaurantes que había por los alrededores, no pude negarme.

Se trataba solo de una comida de trabajo, me dije a mí misma, no era como si tuviéramos una cita. Además, estaba Adrián, así que la cita iba a ser cualquier cosa menos romántica.

2 Un tiktoker es una persona que crea, comparte y consume contenido en la popular plataforma de medios sociales TikTok.

3 Podemos traducir el término challenge como reto o desafío y en redes sociales se refiere a una tendencia viral en la que se invita a las personas usuarias a realizar alguna acción concreta que se graba y comparte.

4 En inglés: «seguidores».