Chapter 16 #4
El caso es que ese ser, Andrés, no tenía otro motivo que el de su propia felicidad, cuando consigue un objetivo.
En mi caso personal, ya lo dijo cuando nos vio juntas por primera vez, “yo puedo hacer que las mejores amigas dejen de hablarse para siempre”.
Parecía una broma inocente, una fanfarronada, una gracia.
Por eso, cuando mi amiga me dirigió las palabras más crueles dirigidas nunca ni siquiera a un enemigo, no pensé, ni por un momento que hubiera nadie detrás.
Ahora sé que esas palabras de odio estaban siendo dictadas al oído por ese gusano.
Hablando de este tema con unos amigos y familia, hemos intentado definir la existencia del mal. Hay opiniones para todos los gustos.
— Se podría particularizar en muchas personas.
Como idea abstracta es difícil definirlo.
Como mucho una definición negativa, como ausencia del bien.
El que no hace bien a sabiendas de que daña a una persona.
O como un daño que puedes infringir voluntariamente y con conciencia de lo que haces.
No me he encontrado con que pueda decir tajantemente que una persona es mala cien por cien.
Hasta las personas más crueles tienen su corazoncito, con sus hijos, sus padres.
Los “malos” pueden ser cariñosos con la madre o sensibles con otras personas o en otros campos.
Por ejemplo, mi ex, por despecho, hasta me ha llegado a robar.
Lo ha hecho por hacer daño, por verme sufrir.
Y sin embargo ha hecho muchísimas cosas buenas.
Y mi jefe, es absolutamente egoísta, más bien amoral que malo.
Si tiene que hundirte para salir a flote no lo duda, pero no disfruta con ello: esto me lo decía un amigo muy amigo.
— Yo podría decir que, no habiendo conocido personalmente el MAL en mayúsculas, se podría decir que todos ponemos nuestro granito de arena en este tema.
Es lo que yo llamaría “pequeñas maldades en lo cotidiano”.
En los meses anteriores a mi separación, me dediqué sistemáticamente a llenar la bolsa de la basura hasta los topes, porque así jodía a mi marido.
Era el encargado de tirar la basura (de las pocas cosas de la casa que aún hacía) y se cabreaba enormemente cuando iba a cerrar la bolsa de la basura y se encontraba con que rebosaba.
Era una pequeña satisfacción que me permitía, ante la ofensa de su diario rechazo.
Es decir, que todos podemos ser héroes y villanos: esto me lo comentaba una amiga incapaz de dañar a una mosca.
— Yo sin embargo creo que el mal existe, y si no dale una vuelta al periódico.
Guerras, terrorismo, multinacionales probando medicamentos en países pobres, asesinos, violencia: es el pan nuestro de cada día.
Pero tú me estás preguntando de los individuos particulares que pueden ejercer el mal por disfrute propio, no por conseguir un interés.
Ahí sí creo que no es normal encontrarse a alguien así.
Quizás si nos tocara vivir una situación extrema, o de guerra civil, podríamos saber cómo es cada uno.
Yo siempre he pensado, cuando veo a gente que le encanta encizañar a los demás, ¿cómo serán estas personas en caso de emergencia vital?
¿Serán como la portera de mi abuela en la guerra civil que denunció a toda una familia porque les tenía envidia?
O ¿saldrá el lado bueno del ser humano cuando en caso de accidente de tráfico con riesgo de incendio se acerca a salvar a las víctimas?
Es como el yin y el yan, todo tiene su cara y cruz, y hay personas que están desequilibradas hacia el mal.
Pero una persona que dedique en exclusiva su vida a hacer el mal, en una situación de paz, nacida en un entorno estable familiar y económicamente, eso no lo he conocido yo: esto me lo dijo un familiar.
— Opino que eso entra ya en el terreno de lo patológico: como los psicópatas o algo así, entre los que el discernimiento entre el mal o el bien lo aprenden teóricamente, pero no como algo que vaya con ellos. No tienen el sentimiento de culpa que tenemos los demás mortales: me lo dijo una psicóloga.
— Depende de en qué cultura estés. Lo que está bien en una puede estar mal en otra.
Eso para empezar. En la nuestra, las personas buenas hacen cosas buenas y les pasan cosas buenas y a los malos, que hacen cosas malas les pasan cosas malas.
Es la teoría del mundo justo. Por eso mucha gente culpabiliza a las víctimas.
A esto yo pregunté, ¿y un niño pequeño, qué culpa tiene?
La respuesta no me convenció. El otro día, me dijo, no declararon culpable al padre que abusó de un bebé, porque éste no se resistía.
Y en el mundo árabe no está mal visto tratar fatal a las mujeres, y aquí sí.
Pero, ¿crees en las personas malas?, insistí.
Si, una persona mala quiere el mal y lo fomenta, colabora para ello, son asesinos.
También existe la maldad moral, pero eso no se puede demostrar, no está penado.
¿Qué es maldad moral?, le pregunté y me pareció el concepto más interesante de los vistos hasta ahora.
Personas que sin llegar a cometer un delito real son malas por naturaleza.
Si las ponen en una situación adecuada pueden cometer delitos, pero prefieren seguir las reglas de la sociedad en la que viven para no verse castigados: esto me lo dijo otro familiar.