Diario de una desaparición Chapter 2
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Chapter 2

A esas horas la nueva y moderna Comisaría estaba solitaria.

El edificio policial, de ladrillo rojo, estaba ubicado en una enorme plaza, con aspiraciones de grandeza moscovita, con sus enormes pilares e inabarcable espacio libre, enlosetado de rosa granítico y sin un sólo columpio.

El supuesto bullicio y trasiego de delincuentes peligrosos en los antros policiales de las películas no cuadraba con el ambiente tranquilo y aspecto burocrático que se respiraba en las dependencias de la ley del barrio.

Un hombre tras un mostrador miró a Antonio por encima de sus gafas, apartando la vista del suplemento dominical del periódico, que mostraba abundante lencería fina sobre jóvenes y flacas quinceañeras de piel pálida y lánguidas ojeras pronunciadas con sombras oscuras.

—Quería poner una denuncia, por favor —Ya se veía contando otra vez la misma historia, pero no tuvo tiempo ni de volver a abrir la boca.

—¿Ha puesto ya la denuncia por teléfono o por Internet?

—Pues no.

—Coja entonces el número blanco, no el azul, de ese expendedor de la pared. Luego vaya a la sala de espera del fondo. Al final del pasillo, a la derecha.

La desangelada sala estaba vacía. No le tocó esperar nada. El instructor le recibió inmediatamente.

—Venía a poner una denuncia —Repitió, otra vez, al oficial de guardia de la oficina de Denuncias, un señor mayor que le hizo pensar en los sargentos chusqueros de la mili.

—Rellenaremos el atestado en el ordenador.

—Oiga, que puede ser urgente, se trata de mi exmujer. No ha vuelto a su casa y ha dejado a los niños solos.

—Pues por eso, dese prisa, cuanto antes lo cumplimentemos, mejor.

Ya le voy preguntando yo e iremos más rápido.

Vamos a ver, objeto de la denuncia— y tecleó en el ordenador con dos dedos a la vez que repetía en voz alta lo que iba poniendo—.

Desaparición. Dígame nombre y datos del compareciente, por favor.

—¿Compareciente?, ¡Ah, mis datos! —y procedió a identificarse según le iba preguntando el policía.

—Nombre de la persona que ha desaparecido, características físicas.

—Rosa Laborda Pardo. Es, bueno, normal, muy normal.

—Ya me imagino, como todas las exmujeres, pero descríbamela, haga un esfuerzo, dígame lo que mide...

—Tiene el pelo castaño, media melena rizada, ojos marrones, metro sesenta y tres, de complexión normal, usa lentillas, 39 años.

—¿Alguna característica peculiar, tatuajes, cicatrices...?

—Nada de eso, es tan, tan normal. Si acaso, pero no se ve mucho si tiene el pelo en la cara, es una especie de grano en la parte inferior de la oreja izquierda.

—¿Vestimenta?

—No lo sabemos, pero lo averiguaré, lo que sí le puedo decir es que venía de excursión. Supongo que llevaría botas, mochila, anorak, todo eso.

—¿Coche?

—Si, parece ser que un amigo la dejó al lado de su coche, un Seat Ibiza blanco, matrícula, espere que piense, GU-4567-P, creo.

—Dígame su número de DNI y lo pasaré a la base de datos nacional. ¿No habrá traído una foto visible, ¿verdad?

—Si, casualmente, me he acordado y he cogido una de un marco que tenía en su dormitorio. Parece reciente.

—Valdrá. También pondremos un fax y comunicaremos con todos los hospitales y con los de tráfico, por si hubiera tenido algún incidente de vuelta a su casa. También podemos buscar su coche en las cercanías de la plaza Castilla, debemos saber si llegó a subirse en él o no.

—Puede haber sufrido un accidente en el camino —No sabía cómo, pero en las últimas horas había llegado a la conclusión de que un accidente de coche y su ocupante herida en un hospital, era la menos grave de las alternativas que pugnaban por asomarse a su pensamiento consciente.

—Déjeme su dirección y números de teléfono donde localizarle y en cuanto sepamos algo nos pondremos en contacto con usted.

Pero no se preocupe, inmediatamente estaremos manos a la obra, ya sabe, las primeras horas son muy importantes.

Ahora no aconsejamos esperar un día, como antes.

No ponga esa cara, más del 80% de los casos de desaparecidos se resuelven en menos de 24 horas.

Mire —le consoló, solícito—, ahora mandamos una copia de esta denuncia al Juzgado, y otra a la Brigada de la Policía Judicial, que tiene competencia en toda la ciudad de Madrid.

Si, cosa que, seguro que no va a suceder, no apareciera la persona desaparecida, se encargaría el grupo de homicidios.

—¡Homicidios! —la forma de tranquilizarle de este policía dejaba mucho que desear.

—Es un decir, eso no significa que..., sencillamente son los que llevarían el caso.

De todas formas, y como por hoy no puede usted hacer nada más, yo le aconsejaría que se fuera usted a la casa de ella, con sus hijos, y que descansara.

Si no le hemos comunicado ninguna novedad, por la mañana vuelva a llamar y ya veremos qué más pasos hemos de dar.

Puede probar, también, a hablar con sus amistades, pero ya de día, hombre—.

Como ya había finalizado el trámite, dio a imprimir, se oyó trabajar a la impresora que estaba a su espalda y le alargó la denuncia para que la leyera—.

Por favor, firme aquí, aquí, aquí y aquí.

A usted le corresponde esta copia, tenga.

Antonio se quedó con su copia correspondiente, con membrete del Ministerio del Interior a la izquierda y el logotipo de la Dirección General de la Policía, Jefatura Superior de Policía de Madrid, a la derecha.

Un sello azul redondo con las palabras Comisaría de Policía del Distrito de Tetuán, sita en la Plaza de La Remonta, Oficina de Denuncias, rubricaba el lado izquierdo del texto.

Tener en sus manos, de manera tan oficial e impersonal, el motivo de su preocupación, le impresionó.