Diario de una amiga sin talento para ligar (Talento para el desastre 3) CAPITULO 24
79%

CAPITULO 24

Nuria rompe el silencio apoyando los codos en la barra, inclinándose hacia mí con una sonrisilla que la delata por completo.

—Bueno, y aparte de volver de las islas tan filosófica y decidida a encontrarte a ti misma... ¿qué más has hecho allí, pedazo de vaga?

—Oye, de vaga nada —me defiendo, dándole un trago a mi copa— Que también he disfrutado mucho tomando el sol y bebiendo cócteles a pie de playa como una marquesa.

Nuria se cruza de brazos con una postura de suficiencia.

—A pie de playa y todo lo que tú quieras, pero seguro que ninguno estaba tan bueno como los míos. A ver si ahora vas a comparar un chiringuito de tres al cuarto con los cócteles de lujo de La Resistencia . Un respeto, por favor.

—Mira, ahí te doy la razón —me río, devolviéndole la copa vacía en señal de tregua.

Hugo, que nos observa divertido, desvía la mirada hacia mi bolso, que cuelga del taburete.

—Oye, Lara —dice, señalando con el dedo mientras arruga el entrecejo— ¿Ese libro que asoma no es el que me dijiste? El de Neil Gaiman.

El estómago da tal vuelco que juraría que se me ha dado la vuelta.

Noto cómo la sonrisa se me congela en los labios, convirtiéndose en una mueca y trago saliva.

El momento incómodo del siglo acaba de hacer su entrada triunfal.

Meto la mano en el bolso y saco El océano al final del camino , dejándolo sobre la barra.

—Sí, es este —admito, carraspeando un poco y mirando a Hugo a los ojos— Me lo enviaron al hotel… Marcos, mi ex.

Me quedo quieta, conteniendo el aliento por instinto y buscando cualquier rastro de tensión en la cara de Hugo.

Al fin y al cabo, hasta hace nada él ha sido el chico con el que he intentado rehacer mi vida.

Pero Hugo solo mira el libro y después a mí con sorpresa.

No hay reproche en su mirada, ni rastro de celos absurdos.

—Vaya —murmura Hugo, rascándose la nuca sin perder la sonrisa— O sea, que el fotógrafo va a por todas…¿no?

Al escucharlo, Nuria me mira a cuadros.

—¿Marcos? — pregunta Nuria entornando los ojos— ¿Sigue intentándolo?

—Sí…— admito bajando la mirada a la barra— La verdad es que se está esforzando mucho…

—¿Y tú quieres que siga haciéndolo?— pregunta Hugo agarrándome el antebrazo con suavidad— No sé, no te veo muy ilusionada…

Me quedo unos segundos en silencio, pensando la respuesta, mientras mis dedos empiezan a doblar y desdoblar la esquina de una servilleta de papel de forma inconsciente.

—Estos días he estado pensando mucho en todo esto —admito en voz baja, sin levantar la vista de la servilleta que ya ha quedado reducida a un gurruño arrugado— Marcos se está dejando la piel para que le perdone.

Lo de enviarme el libro con sus notas es una de las cosas más bonitas que ha hecho. Pero…

Hago una pausa, dejando que la música de La Resistencia llene el silencio. Miro a Hugo y a Nuria, antes de animarme a continuar.

—Pero me he dado cuenta de que ya no quiero volver a la vida que teníamos.

Ni a la rutina que teníamos, ni sobre todo a cómo me sentía yo en esa vida.

Cuando se marchó a Londres, algo se rompió para siempre, y por mucho que él intente pegar los trozos ahora, yo ya no soy la misma.

Volver con él sería como intentar meterme en un vestido de hace tres años: a lo mejor me abrocha si hago fuerza, pero me va a costar respirar.

Y paso de vivir con miedo a que todo se vuelva a romper en cualquier momento.

No quiero darle falsas esperanzas. No se lo merece él, pero tampoco me lo merezco yo.

Hugo me suelta el brazo despacio, dedicándome una mirada llena orgullo, mientras Nuria se apoya con las dos manos sobre la barra y busca mi mirada.

—Pues si ya lo tienes tan claro, Lara, no dejes pasar más tiempo —me anima Nuria— Ambos os merecéis pasar página y empezar a vivir de nuevo de verdad, pero no tardes, no lo alargues por pena.

Bajo la mirada hacia el móvil. Nuria tiene razón. Prolongar esta situación solo va a hacer que Marcos se ilusione más y que yo me hunda en la culpa. Cojo el teléfono, respiro hondo para armarme de valor y abro el chat de Marcos, convencida de que estoy haciendo lo correcto, aunque me duela.

Lara (22:25): Hola, Marcos. Ya estoy de vuelta en Madrid. Gracias por el libro, de verdad, me ha encantado. Necesito que hablemos tranquilamente. ¿Te vendria bien que quedemos este viernes para tomar un café? Avísame y cuadramos la hora. Un beso.

El mensaje sale disparado sellando una cita que sé que va a ser dura, pero necesaria para cerrar mi pasado.

—Ya está —digo en un susurro, dejando el móvil sobre la barra con una sensación de vacío.

—Muy bien —me dice Hugo, chocando su cerveza suavemente contra mi copa— Un brindis por la nueva Lara. Te lo mereces.

Hugo apura el último trago de su cerveza y mira su reloj, soltando un suspiro de resignación.

—Bueno, reinas, yo me retiro —dice, bajándose del taburete con una expresión perezosa— Mañana me toca madrugar, que tengo una reunión a primera hora. Lara,  muchísima suerte con la presentación. Enseña los dientes y demuéstrales a todos de qué estás hecha.

—Va a ser épico, no te quepa la menor duda —le aseguro con una confianza que ojalá sintiera de verdad, mientras me estiro para darle dos besos.

—¡Buenas noches! —se despide, lanzándole un guiño cómplice a Nuria antes de empujar la puerta.

En cuanto el tintineo de la campana de la entrada deja de sonar y nos quedamos solas, Nuria saca una botella del congelador y desliza un vaso de chupito hacia mí.

—Por fin solas —empieza Nuria, entornando los ojos con una sonrisa de lo más pilla— El pasado ya está más o menos encauzado pero, ¿qué vas a hacer con Bruno?

—¿Con Bruno? —repito, intentando ganar tiempo, haciéndome la tonta— Pues aplastarle mañana sin piedad, ¿acaso lo dudas?

—Lara, a mí no me vaciles —me corta ella, dándome un toque ligero con el trapo en los dedos— Sabes que no me refiero a eso. Tú quieres verle por debajo de ti pero no solo en la oficina.

Me derrumbo sobre la barra, apoyando la barbilla en las palmas de las manos, soltando un suspiro gigante.

—No lo sé, Nuria. No tengo ni idea—admito, sintiendo vértigo— Se está volviendo todo demasiado serio y me asusta.

Al principio solo era el capullo competitivo que me sacaba de quicio.

Pero ahora... joder, la atracción es brutal.

Mañana nos jugamos el puesto de nuestra vida y yo solo puedo pensar en lo que dejamos a medias el otro día en el despacho.

Nuria me sonríe con ternura y me toca el hombro con suavidad.

—Pues si te asusta es porque te importa. Y la única forma de quitarte el miedo es saltar. No te quedes con la duda de lo que podría pasar por miedo a que salga mal. Descúbrelo. Arriésgate por una vez a ver qué pasa cuando juegas a ganar y no a defenderte.

Me quedo mirando la pantalla apagada del móvil, con las palabras de Nuria rebotando en mi cabeza.

Descúbrelo. Una vez más, tiene razón. Si he borrado Tinder para dejar de huir y he plantado cara a mi pasado con Marcos, no puedo acobardarme ahora con lo que tengo delante.

Desbloqueo el teléfono con la adrenalina corriendo por mis venas, abro el chat de Bruno y tecleo sin pensármelo dos veces.

Lara (22:45): Buenas noches. Espero que estés preparado para mañana. No sé qué va a pasar pero, ¿qué te parece si quedamos el sábado para tomar algo?

Le doy a enviar y dejo el móvil bocabajo en la barra como si quemara, con las mejillas ardiendo.

—Madre mía, Nuria, por tu culpa vaya fin de semana me espera, si lo sé no vengo —digo, tapándome la cara con las dos manos, medio riendo— El viernes el café con Marcos va a ser de todo menos agradable y, como las cosas mañana me vayan bien, no sé si Bruno querrá quedar, pero si se anima…

De esta me va a dar un parraque, ya lo verás.

Nuria suelta una carcajada y me guiña un ojo mientras empieza a recoger las copas.

—De parraque nada, reina. Míralo de otra forma: el viernes cierras el pasado para siempre y el sábado... el sábado comienzas tu futuro. Y qué quieres que te diga, tiene una pinta increíble.

No sé si será increíble o un desastre, pero vaya semanita me espera. Si salgo viva, que me den una medalla.